lunes, 1 de febrero de 2016

#hemeroteca #memoria | Carmen de Mairena, pasión y calvario

Imagen: El Correo Extremadura / Carmen de Mairena
Carmen de Mairena, pasión y calvario.
Víctor M. Casco · Ex diputado IU | El Correo Extremadura, 2016-02-01

http://www.elcorreoextremadura.com/noticias_region/2016-02-01/2/11938/carmen-de-mairena-pasion-y-calvario.html

Nació en el barrio de Sarrià y le pusieron de nombre Miguel. Miguel Brau i Gou. Pero un nombre no determina un género y en Miguel vivía Carmen y Carmen siempre estuvo ahí.

Ser Carmen atrapada en el cuerpo de Miguel no fue fácil, sobre todo si naces bajo el régimen de Franco que no admitía más práctica sexual que la ordenada en el Levítico. Una España que sufría las obsesiones enfermizas de un general amargado por dos hechos en su existencia: el rechazo de su padre y su incapacidad sexual... en su habitación de El Pardo, el brazo de Santa Teresa no era lo único incorruptible.

Trabajó un tiempo como ayudante de farmacia, pero prefería cantar coplas que servir genéricos. El espectáculo atrajo finalmente a Miguel/Carmen y ya en los 60 se ganaba cuatro perras por participar de extra o actuar en los numerosos locales de la noche que jalonaban Barcelona, pues la ciudad condal, pese a todo, era uno de los pocos faros de luz en la inmensidad de un mar de cenizas. Con Pedrito Rico vivió horas de amor y de cárcel. Ninguno de los dos estaba dispuesto a transitar por una vida de fingimiento ni aparentar ser dos buenos “hermanos” que compartían piso. La comisaría fue abundantemente visitada, tanto como las palizas. Finalmente Pedrito emigró (se exilió mejor) a América. Miguel terminó en la cárcel.

La Ley de Vagos y Maleantes o la subsiguiente Ley de Peligrosidad no ahorraban tormentos. Sus víctimas predilectas: los chaperos, los travestis, los maricas con pluma... los visibles, los pobres, los sin nadie. Podían salvarse los sodomitas ricos que pagaban un peaje en forma de soborno, pero para las humildes no había bula.

Quebrado en cuerpo y alma, Miguel trabajó en las canteras de Gavà hasta que finalmente, en los 70, pudo emerger Carmen de Mairena. Tampoco Carmen tuvo tregua: durante años la prostitución fue su sustento de vida. Una vida puta ejercida en el barrio de El Raval.

Los 80 y los 90, ya en los rescoldos de la Movida, ofrecerían una tregua a esta valiente mujer. Una época de gloria que le permitió participar en películas, en programas de televisión y en teatros.

La biografía de Carmen de Mairena es un epítome de las luchas LGBTI y de la violencia de los fariseos de la moral. Nunca fue fácil la vida de Carmen porque nunca aceptó pactar con la podredumbre y miseria de “la mayoría moral, intachable y serena”, por emplear el título de Luis Antonio de Villena a uno de sus poemas en “Asuntos de Delirio”. Esa mayoría que pueden perdonar los vicios a cambio de vivirlos discretamente... “Si no exagerábamos, si no nos excedíamos, estaban dispuestos a tolerarnos, liberales”...

Pero no somos de los suyos. Transitamos las afueras... Carmen (nos) pertenece al margen.

Icono de liberación en nuestra juventud, los gais de ahora, nos criamos a su sombra: ella estaba ahí, diciéndonos que hay más sexualidad que la vivida entre un hombre y una mujer convenientemente casados y que solo deben declinar al misionero en la alcoba.

La historia de las luchas LGBTI es larga y fructífera en ejemplos. Los primeros movimientos en España nacen con fuerza a finales del franquismo, sobre todo en Barcelona. Acabar con la Ley de Peligrosidad fue el primer combate, luego vino lograr eliminar del código penal la “sodomía” como delito y del código médico, la homosexualidad y el lesbianismo como enfermedad. Hace 10 años conquistamos el derecho a casarnos: tenemos tantos derechos y deberes como cualquier español porque la orientación sexual es diversa, sana y enriquecedora.

Carmen de Mairena pagó un precio y lo sigue pagando. Leo que está ingresada en un geriátrico, olvidada y que hace poco todos sus recuerdos amanecieron en un contenedor. El mundo quiere tirar a la basura su existencia.

Me opongo. Desde aquí la reivindico. Me niego a que se silencia su memoria. Porque yo también soy Carmen de Mairena.

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