miércoles, 18 de noviembre de 2020

#hemeroteca #mujeres #politica | Carmen Díez de Rivera


Carmen Díez de Rivera.
María Toca | La Pajarera Magazine, 2020-11-18

https://www.lapajareramagazine.com/carmen-diez-de-rivera

Si hay una historia rocambolesca y digna de un culebrón romántico es la de esta mujer. Si hay una figura olvidada que fue pura estrategia, quizá el fundamento en que se basó la Transición española, es también la de esta mujer que hoy traemos a nuestro magazine.

Carmen Díaz de Rivera fue todo eso y más. Una exquisita mujer, inteligente como pocas, culta, hermosa hasta enamorar a los cercanos. Con una vida trágica de la que supo sacar partido.

Su nacimiento provocó una crisis en el gobierno franquista del momento. Nació el 29 de Agosto de 1942, hija de María Sonsoles de Icaza y de León, distinguida dama de la aristocracia madrileña, hermana a su vez de Carmen de Icaza, escritora famosa en la época y de marcada personalidad. El supuesto padre legal fue Francisco de Paula Díez de Rivera y Casares, marqués de Llanzol, amigo personal de don Juan de Borbón y monárquico destacado, aunque su hermano ejercía un puesto de importancia cerca de Franco y su cuñada, Pura Huetor, era amiga íntima de doña Carmen. Sonsoles de Icaza era la mujer más bella de la época, amiga personal de Balenciaga y musa de su talento, poseedora de un arsenal de vestidos del vasco divino, en su armario. Y amante oficial durante casi veinte años de Ramón Serrano Suñer, atractivo ministro de Exteriores, falangista de pro y cuñado de Franco, ya que su esposa Zita Polo, era hermana de doña Carmen, además de ser el hombre más poderoso del régimen, incluso ensombreciendo a Franco por su brillantez intelectual y las influencias en las potencias del Eje y en el falangismo.

Pura Huetor, a la sazón mejor amiga de doña Carmen, tal como decimos, era cuñada de los Llanzol, casada con el hermano del marqués y espía de los aconteceres en el domicilio de Sonsoles. Como no podía ser de otra manera porque el idilio de Sonsoles y Ramón Serrano, era la comidilla de la ciudad. Todos ellos pertenecientes a una aristocracia que vivía en la opulencia frente a un pueblo que moría de hambre. Recordemos que era plena posguerra, en un marco entre lujo, hipocresía y banalidad se desarrollaron los amores entre Serrano e Icaza.

Pura Huétor comunicó a doña Carmen el embarazo de Sonsoles fruto de los amores prohibidos con Ramón. La indignación de la señora Franco, predispuesta en contra del cuñado por el protagonismo de éste frente a su mediocre marido, contribuyó a la destitución del cargo de ministro y la pérdida de todos sus prebendas, además de la influencia mayestática que ejercía en Franco.

Ramón Serrano Suñer era inteligente, ágil, culto y un fascista de manual. Había perdido un hermano a manos de milicianos republicanos y su odio a lo que representaba la República le hizo militar en Falange desde el principio. Pero no era el típico falangista bruto, al contrario, tenía gustos refinados, hablaba idiomas, y era extremadamente atractivo. Fue oráculo de Franco hasta que perdió poder, además de por el referido embarazo de Sonsoles y en parte por ser demasiado nazi. Al perder Alemania la guerra había que cambiar el color del gobierno. Tornarse aliadófilo Franco y su gobierno, vaya y disimular en lo posible las veleidades nazis anteriores.

Cuando Carmen Díez de Rivera nació, su padre verdadero perdió poder, recibiendo un ultimátum de su esposa Zita Polo “o ella o yo” .Claramente, el señor Serrano optó por la calle de en medio. Quedarse con su mujer y buscar otra amante más joven, sin la problemática de la marquesa de Llanzol.

Sonsoles de Icaza, debía amar profundamente a Serrano y la pequeña Carmen era su vivo retrato. Los mismos ojos azules que se volvían agua al atardecer, la misma sonrisa luminosa, el pelo fuerte y rubio... tanto que despachó contra ella el desasosiego producido por la ruptura.

Madre e hija, jamás tuvieron una relación avenida, el desapego de la marquesa de Llanzol era notorio. En cambio el falso padre fue refugio pleno de ternura paterna para Carmen. Se amaron y se cuidaron, aun cuando el marqués supo la verdad del origen de Carmen desde el principio. Cuando ella se enteró de que no era su padre, lo siguió amando y cuidando de la misma forma.

El desenlace de la historia llega cuando a los diecisiete años, Carmen enamorada desde niña de Ramón Serrano Suñer-Polo, hijo de su padre verdadero, por tanto hermanastro, comunica en casa la intención de casarse con él... El mundo se desmorona cuando su tía, Carmen de Icaza –Sonsoles, su madre, no tuvo ni valor ni ganas de explicarse- le cuenta la verdad. Son hermanos de padre, no pueden casarse. A Carmen, tal como explicó años después, se le partió el alma con la verdad. Era el amor total de su vida... También comprobaba que toda la arquitectura familiar se venía abajo. La infidelidad de la madre, la traición, la falta de explicaciones, los silencios de una familia y una clase social que no habla porque lo que no se nombra no existen, desplazaron la cordura de Carmen.

Durante unos años tiene una conducta errática con tratamientos de sueño en diversas clínicas, profesa como monja de clausura en las Carmelitas de Arenas de San Pedro, donde está enterrada. Hasta que marcha como colaboradora de una ONG a África. Al volver a Madrid, las diferencias con la madre son absolutas, no solo por los motivos obvios sino ideológicos, de carácter, de formas. Sonsoles de Icaza la expulsa de la casa familiar y Carmen Díez de Rivera continúa estudiando mientras trabaja en la Revista de Occidente. Cursa Filosofía, Ciencias Políticas, especializándose en Política Internacional. Habla y escribe a la perfección cuatro idiomas y ya muestra la rebeldía política y un tufo izquierdista que luego desarrollaría.

Pero su vocación, su pasión irrefrenable es la política. Es amiga personal de Juan Carlos de Borbón, entrando a colaborar con Adolfo Suárez cuando éste dirige RTVE. Más tarde, al ser elegido Presidente la reclama para colaborar. En su despacho, que aún olía a Falange, Carmen le espeta que ella no trabaja con y para fascistas...

La joven Carmen tenía conformada su ideología, socialista, ecologista, feminista... Y una forma personal e individualista de entender la vida. Suárez ve en ella una inteligencia sagaz y valiente con la capacidad que necesita para convertir un país autárquico en algo más visible.

Carmen es durante un tiempo todo para Suárez. Y todo para Juan Carlos. Es la mente que dirige los pasos de ambos en dirección a convertir España en un país democrático. Los convence de la necesidad de legalizar todos los partidos políticos, a lo que Suárez es reticente. Carmen tarda, pero consigue hacerle entender que no puede excluir a los comunistas, a su vez negocia con Carrillo la entrada del PCE en los círculos del poder. Todo encaja, la Musa de la Transición, como la llama Umbral, realiza encaje de bolillos y eso que de forma tan ufana se enorgullecen tantos: la Transición, fue tejida por su mente poderosa y sus dulces maneras.

Carmen, milita en la social democracia del PSP de Tierno Galván. Luego, se adhiere al CDS siendo elegida eurodiputada. Se aleja del partido de Suárez cuando el partido se afilia a la Internacional Liberal, afiliándose a su vez al PSOE . Vuelve a salir elegida eurodiputada.

Carmen tiene un olfato político inmenso, capacidad de negociar, de convencer a las personas más dispares. Es bella, inteligente, amable y elegante. En un ambiente machista a ultranza imaginamos su lucha por pervivir.

Nunca se casó, ni tuvo amores conocidos. Se la relacionó tanto con Suárez como con el Rey Juan Carlos, ella siempre lo negó y nunca hubo pruebas de ninguna relación con ellos. Su vida fue la política. Sus amigos cercanos decían que había nacido con una misión: luchar por arreglar el mundo.

Enfermó de cáncer siendo joven aún y eurodiputada. Tuvo que dimitir y los últimos tiempos de su vida y enfermedad los pasó en Menorca, rodeada del mar que tanto amaba y en paz murió en 1999, posiblemente como consecuencia del dolor de corazón por la primera ruptura de la inocencia. Toda su vida se rodeó de una discreción total, tanto que muchos manuales de historia de la época obvian su importante figura dentro de la política de la Transición.

Una mujer importante que como tantas ha sido olvidada con una obra inmensa detrás. Posiblemente sin Carmen Díez de Rivera la Transición no hubiera sido lo mismo.


Y TAMBIÉN…
«Carmen Díez de Rivera era una rebelde indómita».
Luis Herrero recrea en su novela «Dejé de pronunciar tu nombre» la vida de Carmen Díez de Rivera, una mujer fascinante, fruto de la relación adúltera que mantuvieron la marquesa de Llanzol y Serrano Suñer.
Enrique Clemente | La Voz de Galicia, 2017-08-04
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/fugas/2017/09/01/carmen-diez-rivera-era-rebelde-indomitadeje-pronunciar-tu-nombre-vida-prohibida-carmen-diez-rivera/0003_201709SF1P8991.htm

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