domingo, 3 de mayo de 2015

#hemeroteca #historia | Drag kings y marimachos, las grandes estrellas del burlesque en la época victoriana

Drag kings y marimachos, las grandes estrellas del burlesque en la época victoriana
Ragap, 2015-05-03
http://www.ragap.es/actualidad/actualidad/drag-kings-y-marimachos-las-grandes-estrellas-del-burlesque-en-la-epoca-victoriana/998415

No podemos olvidar que Inglaterra fue la cuna de la Buggery Law, la vergonzosa ‘Ley de Sodomía’ en la Inglaterra de Enrique VIII que impulsó la homofobia en el mundo y que exportó a sus colonias junto con el resto del derecho anglosajón. El medio por el cual se introdujeron en muchos países de América, África, Asia y Oceanía. Además de ser la base de legislaciones que siguen en vigor en la actualidad en muchos de ellos castigando y estigmatizando las relaciones entre parejas del mismo sexo. Varios siglos después las cosas no habían cambiado en la encorsetada Inglaterra. En la sociedad en la época victoriana estaba exacerbada de moralismos y disciplina, con rígidos prejuicios y severas interdicciones. Los valores victorianos se podrían clasificar como "puritanos" destacando en la época los valores del ahorro, el afán de trabajo, la extrema importancia de la moral, los deberes de la fe y el descanso dominical.

Los varones dominaban la escena tanto en los espacios públicos como en la privacidad, las mujeres se debían a los lugares privados, con un estatus de sometimiento y del cuidado de sus hijos y del hogar, referente de ello es la novela Ana Karenina mostrando que la sociedad no permite el resquebrajamiento de la moral. Otro claro ejemplo fue la condena por sodomía de Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas a dos años de trabajos forzados, personajes que forman parte de nuestra lista de las 10 parejas gays que hicieron historia.

La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Tan sólo en Londres se calcula que había unas 2.000 prostitutas en los barrios bajos de la ciudad. Generalmente éstas eran mujeres que hacían la calle por unas pocas monedas y que procedían de las más diversas nacionalidades. Londres era una capital terriblemente pujante y era un destino muy popular en los flujos migratorios.

La masiva llegada de foráneos a la zona lanzó a muchas mujeres a la prostitución, siendo esta su única forma de sustento. Este barrio del este de Londres era más bien conocido por sus robos cometidos, la prostitución presente en sus calles, el alcoholismo y su extrema pobreza. Pero en Whitechapel, también se encontraban cerca de teatros y establecimientos de ocio masculino, desde burdeles hasta locales donde los hombres bebían y disfrutaban de espectáculos eróticos que muchas veces estaban protagonizados por menores de edad.

La prostitución homosexual también existía. Se concentraba eso sí en burdeles mucho más secretos ya que el tabú entonces era aún mucho mayor. El puritanismo y la doble moral son propias de la época. En esa época se hizo famoso el escándalo de la redada de un burdel homosexual que salpicó a nombres de la aristocracia.

La reina Victoria I de Inglaterra ordenó alargar los manteles de palacio para que las piernas de las mujeres no incitaran a la lascivia. Bajo ese contexto de represión sexual se desarrolló en Gran Bretaña el ‘music hall’. Allí, entre las distracciones mundanas, las burlas a lo establecido y los espejismos, irrumpieron las ‘drag king’, consolidando el género travesti.

La autora británica Sarah Waters habla de este turbio ambiente en su novela ‘El lustre de la perla’ (‘Tipping the Velvet’), donde recorre tabúes, alegrías y ambientes sórdidos del mundo del espectáculo, del crossdressing y el travestismo; un tipo de burlesque teatral que ridiculizaba los roles de género y que alcanzó una gran popularidad en la segunda mitad del s. XIX. En la novela, una joven Nan Astley logra introducirse en lo más del mundillo de los suburbios de la reprimida sociedad victoriana. Tras enamorarse de una drag king, Kitty Butler, su sexualidad y su identidad se ven disparadas. Nan se convirtió en una estrella de espectáculo como “male impersonator” (imitadora de hombres) bajo el personaje Nan Rey.

El travestismo protagonizado por mujeres fue un hecho recurrente en los musicales. A pesar de ser tachadas de “marimachos” y “vulgares”, la burguesía europea acabó acercándose a estos espectáculos para disfrutar de la “masculinidad femenina” y viceversa.

El cine recogió la apuesta y así han llegado a nuestros ojos escenas como las protagonizadas por Marlene Dietrich en ‘Morocco’ o Greta Garbo en ‘Reina Cristina’. En las revistas musicales el número de travestis –mujeres y hombres- era similar. Sin embargo, en la gran pantalla predominaron los hombres. Hetty King (1883-1972) y Bessie Bonehill (1855-1902) fueron dos grandes estrellas de las tablas.

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