jueves, 11 de diciembre de 2014

#hemeroteca #cine #vih | “Desde que dejó de ser una sentencia de muerte, el sida no interesa al cine”

“Desde que dejó de ser una sentencia de muerte, el sida no interesa al cine”
El realizador portugués Joaquim Pinto triunfa con 'Y ahora qué? Recuérdame', crónica de un año conviviendo con el virus y con su marido Nuno Leonel
Javier Martín | El País, 2014-12-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/04/babelia/1417692549_092228.html

A Rufus el veterinario le había condenado a muerte. No valía la pena gastarse el dinero en una operación porque sus días ya estaban contados. Rufus es una de la cuatro alegrías del cineasta Joaquim Pinto y de su marido Nuno Leonel. Las otras tres también llevan nombres de perro.

Rufus es uno de los muchos personajes silenciosos de "E Agora? Lembra-me" ("Y ahora qué? Recuérdame"), la última película de realizador Joaquim Pinto y la de más reconocimiento de entre su larga y experimental filmografía.

Este realizador portugués (Oporto, 1957) ha trabajado en medio centenar de películas como técnico de sonido. Manoel de Oliveira, Werner Schroeter, Alain Tanner, João Botelho, Raul Ruiz, entre otros directores, recurrieron al trabajo meticuloso de Pinto. A partir de los años 80, firmó sus primeros largometrajes como realizador, siempre fuera del circuito comercial, como "Uma pedra no bolso" (1988), "Onde bate o sol" (1989), "Das tripas coração" (1992) y "Rabo de Peixe" (2003), sobre la comunidad de pescadores de las Azores, donde Pinto y Leonel residieron siete años.

Pero ninguna película ha llamado tanto la atención como su última, "Y ahora qué?", diario personal de un año viviendo, luchando, soportando la enfermedad del sida, que contrajo hace dos décadas. En principio, nada nuevo bajo el sol, sin embargo algo diferente debe de tener cuando recibe varios premios en el festival de Lucarno, se distribuye internacionalmente y llueven las críticas positivas allí donde consigue exhibirse.

“Una extraordinaria, casi indescriptible reflexión personal de la vida, el amor, el sufrimiento y la impermanencia”, escribe The New York Times. En Le monde: “El arte del viaje interior, la inteligencia de la supervivencia, un deseo furioso de reencontrar el camino de los esencial”. La próxima semana, la Casa de América de Madrid dedica una retrospectiva de la obra de este realizador portugués, con la exhibición de "Y ahora qué?".

La enfermedad tiene un largo catálogo de películas con el sida de protagonista, del "Filadelfia" (1993), con protagonismo de Tom Hanks y música de Bruce Springsteen, a la reciente "Dallas Buyers Club" (2014), protagonizada por un genial Matthew McConaughey, pero quizás no tantos documentales y no tantos en los últimos años. “Creo que ha habido dos épocas en el cine y su relación con el VIH”, explica Pinto en su ermitaño retiro cerca de Lisboa. “En la primera época, en los años 80, había un componente dramático, y quizás temáticamente era más interesante. Tener el sida significaba casi una sentencia de muerte; había, inicio, nudo y desenlace; desde que se descubrieron tratamientos eficaces, y el objetivo es soportar la enfermedad, sobrevivir, quizás el desenlace es menos atractivo. El sida ha dejado de interesar tanto al cine".

Pinto contrajo el sida hace veinte años, pero su película "Y ahora qué?..." es de 2013. “Llevaba años con una vida aislada en el campo con mi marido Nuno. No pensaba filmar nunca más, pero empecé a cambiar de idea cuando se murió el montador chileno Claudio Martínez. De repente sentí la necesidad, la urgencia de filmar. Fue un shock muy grande su pérdida y pensé que tenía una responsabilidad de contar a la gente que convive con personas enfermas, que las cuidan, que sufren con ellas, lo que siente el propio enfermo. Por eso era preciso filmar en primera persona, en mi casa y con mis medios”.

A raíz del diagnóstico de su enfermedad, la pareja abandonó las Azores, juntó todos sus ahorros y se compró tres hectáreas de monte salvaje, que tratan de cultivar, entre incendios e inundaciones, entre viajes a los hospitales portugueses, primero, y madrileños, después, donde Pinto se ofrece de conejillo de indias de un nuevo tratamiento contra la enfermedad.

La película, de casi tres horas, es una crónica cruda, pero también entrañable, a veces sarcástica, a veces dolorosa, donde no se guarda nada, ni el sexo ni la desesperación, en un tono a veces filosófico, nunca melodramático. “La semana pasada estuve en París presentándola y me preguntaban qué tecnología digital había empleado. Ninguna, les dije, todo eso es muy caro. La verdad es que la hicimos con lo que hay en casa. Es una película artesanal. Tenemos la suerte de que Nuno y yo sabemos hacer un poco de todo: montaje, sonido, imagen, iluminación...Nos hemos rodado nosotros y cuando salimos los dos, graba una cámara de fotos digital con una resolución bastante básica. Ha sido un pequeño milagro”.

El sonido, el ritmo, los originales recursos, propios del ingenio cuando falta el dinero retratan la cotidianeidad de una pareja, casi sin palabras, de la preocupación por el crecimiento de la lechuga a la obsesión de Nuno, el ex rockero de heavy metal, por la lectura de la Biblia, que dio pie a "El nuevo testamento de Jesucristo según Juan", que exhibirá la Casa América. Sorprende, al menos desde la intelectualidad española, la religiosidad de la pareja. “Eso es más de Nuno que mío. Yo soy agnóstico, pero nos guste o no, la religión forma parte de nuestras vidas. En estos 2.000 años de iglesia organizada, la palabra de Cristo ha ido cambiando, se han ido perdiendo aquellas palabras de tolerancia. Creo que hoy, la palabra de Cristo es un discurso de ruptura social”.

"El nuevo testamento..." también fue rodada y montada en casa de Pinto. “El cine está volviendo un poco a los orígenes, quizás por la crisis. Hemos vivido años en que una película movía a un centenar de personas. Creo que cada vez hay más películas pequeñas, que son posibles con una docena de personas; luego internet y las redes sociales ayudan muchísimo. Sin internet "Y ahora qué?" no habría salido adelante”.

Pinto no aceptó el mal de ojo que aquel veterinario echó sobre Rufus. Se fue a ver a otro, y éste le dijo que había remedio; que no era un tumor, que era una bola de detritus tragados a lo largo de su vida; que tendría que sufrir un tiempo, pero que saldría adelante; que seguiría, con su lametones, animándole a Joaquim Pinto, en los días buenos y en los malos, a que salga de la cama. Y así fue.

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