miércoles, 8 de marzo de 2017

#hemeroteca #memoria | El libro es la artillería del pensamiento

Imagen: Google Imágenes / Quema de libros de la imprenta López Mendizabal, Tolosa, 1936-08-11
El libro es la artillería del pensamiento.
Iñaki Anasagasti | Noticias de Gipuzkoa, 2017-03-08
http://blogs.deia.com/anasagasti/2017/03/06/el-libro-es-la-artilleria-del-pensamiento/

Haga usted la prueba. Pregunte a un político, a un periodista, a un profesional de lo que sea, a un alderdikide… sobre el libro que están leyendo, si es que están leyendo alguno en este país de ágrafos y pocos lectores. Seguramente, le contestará con el nombre del libro que está de moda, o con literatura de cinco quilates como algo de Camus o Rabindranath Tagore. Pero casi nunca le dirá que tiene entre sus manos un libro de la factoría jelkide. Queda como de andar por casa. Quizás sea así o porque no se editan libros de esa factoría del PNV o porque estos tienen mala distribución o porque no da tono hacerle propaganda a lo doméstico. Ir a cualquier librería en Euzkadi y ver todas sus estanterías llenas de historias que como vascos nos importan un pito o son muy agresivas y manipuladoras contra nuestra historia es algo que siempre me ha llamado la atención, sobre todo por la poca respuesta que ofrecemos. Eso sí. Se nos llena la boca de la palabra identidad, pero nuestra identidad y nuestras historias las seguirán contando otros y mal.

¿No hay historias que sacar del pozo de estos 80 años? Pues sí, las hay a cientos. Y no digamos de las gentes que sufrieron persecución, encarcelamiento y exilio. Pero salvo los dos libros de Aguirre y Leizaola, alguno de Irujo y Galarza, y recopilaciones varias, esa vaca no produce ni un litro de leche. Por lo menos, antes, en tiempos de Franco, gentes nacionalistas de posibles donaban alguna cantidad para que se editase o el libro de Steer, o ‘La causa del Pueblo Vasco’ de Landaburu o ‘Los vascos no somos españoles’ de Pantaleón Ramírez Olano... pero pare usted de contar. Y no se dan cuenta nuestros nuevos ricos de hoy que un libro se edita y queda, que una película se filma y queda, que una recopilación de testimonios orales se graba y queda. Pero nada de esto se hace, fundamentalmente o por falta de sensibilidad y conocimiento, o porque solo se valora lo efímero.

Pero no siempre fue así. Ahí está la historia de la editorial Ekin, una obra quijotesca, imposible de realizar hoy con la mentalidad de vuelo gallináceo que impera en nuestro país y mucho menos de gente llamada principal con mente de alicatado funcionario, de esos que solo buscan la pequeña excusa para no hacer nada. Llama la atención que con solo el coste de esos cócteles que llenan las páginas de los periódicos, se podían sacar del armario historias y más historias, editadas en papel reciclado, para que por lo menos no se pierdan. Tengo ejemplos de historiadores jóvenes que han tocado la puerta de nuestros palacios y han recibido el mismo trato que recibió Mariano José de Larra cuando escribió aquello de “Vuelva usted mañana”. La falta de sensibilidad, de una mínima cortesía y profesionalidad, espanta en estos años de conmemoraciones redondas como son los 80 años de aquella tragedia.

Por eso quiero recordar a Don Manuel de Irujo, que tuvo varios hermanos. Uno de ellos, Andrés, fue su secretario en el Madrid sitiado, en Barcelona y en París. Salió de Francia en 1940, después del convenio de Vichy y la partición de Francia, tras ser retenido por Leizaola, quien le pidió que se quedara con él cuando Andrés tenía decidido marchar a Inglaterra con su hermano Manuel. La protección de Argentina y algún otro país le permitieron pasar por Casablanca, Lisboa, Río de Janeiro y por tren llegar a Buenos Aires. Allí pensó que algo tenía que hacer por su patria y para ello habló con el exconsejero de Comercio del Gobierno Vasco y delegado en Argentina, Ramón Aldasoro, ante quien sostuvo la idea de organizar una propaganda seria por medio del libro. A Ramón Aldasoro le pareció una empresa importante, demasiado para la Delegación, que ya tenía desde hacía poco más de un año, el ‘Euzko Deya’, y consideró que se debía hablar con el expresidente del EBB, el tolosarra Ixaka López Mendizabal. Así lo hizo y a este le pareció una buena idea. También habló con los navarros Cunchillos y Archanco, quienes consideraron que era demasiada pretensión de su parte, pues nadie tenía un peso y una editorial lo primero que necesita es dinero.

El único camino abierto para la idea de la editorial que difundiera nuestra historia de pueblo perseguido y los valores vascos en el mundo, fue el conocido editor y patriota López Mendizabal. Pero a éste le interesaba editar obras de cultura exclusivamente y eso a Andrés Irujo no le bastaba. Quería y pretendía recoger además la importante obra que tantos habían realizado en la guerra. Estuvieron días en esa discusión, hasta que por fin determinaron hacer dos secciones: ‘Biblioteca de cultura vasca’ y ‘Obras de actualidad’. Y decidieron que al hacer público su manifiesto y proyecto se refirieran solamente a la primera sección, porque pensaron que la segunda podría tirarse con la firma de otra editorial. Pero la mezcla que ello les crearía en la contabilidad era demasiado complicada.

Una vez sentadas las primeras bases, comenzaron su camino, presentándose a don Sebastián de Amorrortu, en su día editor de Sabino Arana y que era en Buenos Aires el dueño de un taller gráfico importante. Les recibió admirablemente y pudieron explicar y luego desarrollar ante él su quijotesco proyecto. Amorrortu entendió muy bien el problema, la orientación exclusivamente cultural de Ixaka y la marcada por Andrés Irujo con libros que recogieran lo realizado en la guerra por los gudaris y personalidades vascas. Él, como discípulo y colaborador de Sabino, y con tratos incluso profesionales con Daniel Irujo, padre de Andrés, les animó con lo uno y con lo otro, porque los dos aspectos los consideró complementarios e interesantes. Pero además les dio su colaboración y el crédito necesario para iniciar la empresa y para que pudiera asegurarse su continuidad: “En cuanto tengan unos originales hagan el favor de traerlos para comenzar la composición”. Salieron de allí como con traje nuevo después de la visita a don Sebastián y la ratificación, en cierto modo, de alguno de sus hijos, con los que pudieron hablar sobre el tema. Así nació la editorial Ekin en Buenos Aires.

A esta obra dedicaron su vida tanto Ixaka como Andrés. Solamente así se explica que sin un peso llegaran a tirar más de cien títulos y que hicieran nuevas ediciones de alguno de ellos. Lamentablemente, en 1949, acaso un poco antes, Ixaka comenzó a perder su vista y tuvo que ser operado. Desde entonces, su capacidad disminuyó hasta que quedó ciego. No obstante, dictaba a alguna de sus hijas sus trabajos, pero su labor en la editorial llegó a ser casi nula. Esa fue la razón principal por la que ampliaron la sociedad con Pello Irujo, hermano de Andrés, y con Xabier, hijo de Ixaka, en 1951. Pello tuvo que dejarlo por un problema de impuestos y Xabier, a quien su padre cedió su participación, cedió sus cuotas sociales a la esposa de Andrés, María Elena, que es quien lleva en la actualidad el proyecto.

La marcha de Ekin, aunque sin pretensiones, estaba asegurada, pero comenzó la época de la inflación en Argentina y, naturalmente, se vio afectada en un crédito que le permitía desenvolverse bastante bien, crédito absolutamente necesario cuando se carece de capital. En realidad, capital tiene Ekin, pero en libros acumulados y en las bibliotecas, que ojalá muchos sean reeditados, pues son hoy completamente desconocidos y tienen gran valor. Algunos están agotados. Y hubo un tiempo en que estuvieron con deseo de reproducirlos con adiciones de los autores. Las utilidades de Ekin las destinaban a la ‘Colección Aberri ta Azkatasuna’, destinada a la formación de la juventud de Euzkadi, que se regalaba a la resistencia, a la que le llegaba por medio del PNV.

Lo mejor de esta historia de gente altruista es que Ekin sigue existiendo. La esposa de Andrés Irujo, María Elena, continúa la labor. María Elena y Xabier Irujo se reunieron en Lizarra y Ekin sigue en marcha y desde 2015 han sido editados cinco buenos títulos de la ‘Colección Cultura Vasca’ en solo un año. Pero no sé si con una editora nacional o ayudando a editoriales que imprimen libros minoritarios se podría evitar la pérdida de un legado escrito en el exilio por Tellagorri, Galíndez, Iñurrategui, Landaburu, Leizaola, Basaldua… Porque este acerbo no se puede perder.

Nos hacen falta ediciones baratas, de letra gruesa y papel reciclado, de temas de actualidad y de recuerdo de estos 80 años cargados de olvido, como cierre escrito de unas historias que tenemos la obligación de divulgar para que la cadena no se rompa. Y, también, para que tanto preboste a la violeta, cuando le pregunten qué libro está leyendo, tenga la militancia de hacer honor a este esfuerzo de quijotes.

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