viernes, 24 de marzo de 2017

#hemeroteca #violenciasexual | Los abusos sexuales con burundanga son una leyenda urbana

Imagen: El País
Los abusos sexuales con burundanga son una leyenda urbana.
El mayor estudio toxicológico en España no ha hallado ni rastro de casos con la llamada "droga de la violación".
Manuel Ansede | El País, 2017-03-24
http://elpais.com/elpais/2017/03/23/ciencia/1490291399_936808.html

Los abusos sexuales con sumisión química son un grave problema, pero la burundanga no es su protagonista, al menos en España. El mayor estudio hasta la fecha no ha encontrado ni rastro de escopolamina, el nombre técnico de la burundanga, en 152 presuntos casos recibidos en el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, en Madrid, entre los años 2010 y 2013.

En todos los casos de abusos sexuales a personas bajo los efectos de sustancias psicoactivas, los sospechosos eran hombres y las víctimas eran mujeres, con un promedio de 26 años. Los análisis de sangre y orina muestran que el alcohol está implicado en el 77% de los casos y las drogas ilegales, sobre todo la cocaína y la marihuana, en el 29%. En el 36% de las muestras analizadas también aparecen fármacos, sobre todo benzodiazepinas, unos medicamentos con efectos ansiolíticos y sedantes más conocidos por sus nombres comerciales, como Orfidal, Trankimazin, Valium y Lexatin. En chicas en tratamiento médico con benzodiazepinas, los efectos del alcohol se multiplican, subrayan los autores.

En ninguna de las muestras, tomadas entre 6 y 12 horas después de los presuntos abusos, aparece la burundanga. Tampoco se aprecian restos de GHB, una sustancia de diseño, mal llamada éxtasis líquido, que también suele tildarse de "droga de violación" en la prensa.

“Los medios de comunicación le dan tanto bombo a la leyenda urbana que la gente llega al médico pidiendo un análisis de burundanga. Y nos despistamos del verdadero problema. El culpable es el hombre que comete el crimen, pero el tóxico más implicado es el alcohol etílico”, explica el toxicólogo forense Óscar Quintela, del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, un organismo adscrito al Ministerio de Justicia.

Quintela tumba otra idea asentada en la sociedad. “Nuestra sospecha es que la gran mayoría de los abusos sexuales con sumisión química no son proactivos”, señala. Es decir, habitualmente, no hay una mano masculina que echa una droga en el vaso de una chica para anular su voluntad y violarla. En la mayor parte de los casos, se trata de hombres que abusan sexualmente de mujeres con el juicio alterado debido a un consumo voluntario de alcohol o drogas, combinados o no con fármacos ansiolíticos. Según estudios anteriores, apenas el 13% de los abusos con sumisión química son proactivos, afirma el toxicólogo. En el nuevo trabajo, el hallazgo de ketamina, un anestésico alucinógeno, en tres casos sugiere una administración subrepticia.

La burundanga a dosis bajas desaparece de la sangre entre 6 y 12 horas después de su consumo, según detalla Quintela. En la orina permanece entre 12 y 24 horas. “Si fuera cierto que nos inunda la burundanga, como se dice en los medios de comunicación, sería imposible que nosotros no la viéramos. Además, nosotros también analizamos alijos policiales y nunca hemos detectado escopolamina”, remacha.

El año pasado, un hombre fue detenido en Palma de Mallorca por intoxicar con burundanga a su expareja. Fue el primer caso confirmado en España, aunque la intención del sujeto no era abusar sexualmente de la mujer, sino dañar su salud. La escopolamina —derivada de plantas solanáceas, como el estramonio— tiene algunas indicaciones terapéuticas en medicina, como el tratamiento de la incontinencia urinaria y la reducción de la salivación antes de una cirugía. En dosis suficientes, puede provocar mareos, confusión y problemas de memoria.

El nuevo estudio, publicado en la revista especializada Forensic Chemistry, lleva a cabo un retrato robot de los abusos sexuales con sumisión química en España. El sospechoso normalmente es un conocido de las víctimas o, por lo menos, en un tercio de los casos, un hombre con el que han hablado en las horas previas. En un 20% de las denuncias se trataba de un desconocido. El abuso suele ocurrir en lugares de ocio (42%), en casas u hoteles (34%) y en la calle (23%). En el 56% de los casos documentados, las mujeres sufrieron lesiones físicas.

“Las llamadas drogas de la violación, como la escopolamina y el GHB, no son habituales, por lo menos según nuestro estudio”, recalca la médica Angelines Cruz, coautora del trabajo. Esta investigadora de la Universidad de Santiago de Compostela recuerda que hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores español contribuye a la leyenda urbana. “Existe una droga que se denomina escopolamina, o popularmente burundanga, que mezclada con una bebida, un cigarrillo o incluso inhalada (por ejemplo de un papel que se muestra con la apariencia de preguntar por una dirección), hace perder la voluntad en forma absoluta, siendo utilizada para robos, secuestros, asaltos a domicilios”, sostiene el Ministerio en sus recomendaciones de viaje a Colombia.

“Se dice que te pueden soplar burundanga o que puedes absorberla por la piel al tocar algo, pero no hay base científica”, subraya Cruz. En América Latina, añade, hay mucha información “en la prensa amarilla” sobre supuestos ataques con burundanga, pero existen muy pocos datos analíticos que confirmen esas noticias. El psiquiatra David Nutt, expresidente del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, y otros colegas publicaron en 2014 en la revista Science and Justice una reflexión parecida. “Varias informaciones procedentes de Colombia han descrito el presunto uso criminal de la escopolamina, pero a todas les faltan los datos toxicológicos”, alertaban. Los autores recomendaban que “la escopolamina permanezca inocente hasta que se demuestre su culpabilidad”.

El estudio de los 152 casos españoles forma parte de la tesis doctoral del químico Carlos García Caballero en la Universidad Complutense de Madrid. El investigador insiste en que “la mayor parte de los casos parecen una sumisión química oportunista, no proactiva”, pero hace un llamamiento a la sociedad. “No hay que responsabilizar a la víctima porque estuviera muy borracha o hubiese tomado drogas. Cada uno es muy libre de intoxicarse como quiera. La responsabilidad es de la persona que comete la agresión sexual”, remarca.

El investigador anima a las víctimas de abusos sexuales por sumisión química a denunciar lo antes posible. "Muchas personas no denuncian porque les da vergüenza, porque no quieren contar que se emborracharon y se fumaron un porro o se tomaron una pastilla", explica. Sus 152 casos serían pues solo la punta del iceberg.

García Caballero pide a las autoridades que endurezcan el castigo a las personas que abusen sexualmente de otras anulando su voluntad mediante fármacos o drogas. En la actualidad, critica, el Código Penal no establece agravantes respecto a los casos de abuso sexual con una situación previa de privación de sentido, pese a las recomendaciones de la Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas. “No te están sacando una navaja, pero te están drogando para agredirte sexualmente”, ilustra el químico.

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