martes, 14 de marzo de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | El odio no es libertad de expresión

Imagen: Diario de Navarra / Activistas frente al bus tránsfobo en Navarra, 2017-03-21
El odio no es libertad de expresión.
Indetectables, 2017-03-14

http://indetectables.es/el-odio-no-es-libertad-de-expresion

Estos días hemos visto perplejos como una organización ultracatólica persiste en transmitir su mensaje tránsfobo “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva” argumentado su derecho a la, tan manida, “libertad de expresión”. Así, tras pasear no uno, ni dos, sino tres autobuses por las calles de Madrid, han intentado presentarse como víctimas. Primero, tras la suspensión de un “debate” sobre “libertad de expresión” en la Universidad Complutense de Madrid, y luego en el programa de televisión La Sexta Noche, que se ha prestado a seguirles el juego y a dar voz a una organización que ha realizado una campaña contra menores. Todo esto ha dejado en un segundo plano lo ocurrido con la actuación de la dragqueen Sethlas que está siendo investigada por el fiscal general de Las Palmas por un supuesto delito contra los sentimientos religiosos. Los primeros argumentan su derecho a “la libertad de expresión”, los segundos, que esa libertad tiene un límite. La pregunta es ¿hasta dónde llega esa “libertad”?

Es curioso que en los dos casos se utilice esa libertad según interese. Partamos de una base, atacar a alguien por su orientación sexual o identidad de género no es una opinión. Se puede debatir con alguien que tenga una opción política diferente o porque no estemos de acuerdo con algunas de sus acciones pero es absurdo debatir con alguien porque es alto, porque es una condición natural sobre la que no cabe discusión. Por el mismo motivo, es absurdo discutir con alguien sobre su color de piel, es el que es. Teniendo en cuenta esta aclaración, salir con un autobús a la calle diciendo “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen” sería exactamente lo mismo que poner “Tú no eres negro. Que no te engañen” con el agravante de ser un mensaje que claramente va dirigido a los niños: “Tú no existes, eres una mentira”.

¿Han pensado esos supuestos defensores de la infancia cómo se siente un niño trans cuando ve que se pasea por las calles un mensaje que niega su existencia? Por supuesto que no, porque ellos opinan que la transexualidad no existe, y mucho menos la infantil. Que es todo fruto de un adoctrinamiento ideológico. Y nadie más apropiado para hablar de adoctrinamiento que la Santa Madre Iglesia ¿no?

En el caso de la dragqueen de Las Palmas, un grupo de personas se ha sentido ofendido por la utilización de elementos cristianos en una performance realizada en Carnaval. Sí, en el siglo XXI la Iglesia se molesta por las fiestas paganas… Tanto que hasta el Obispo de Canarias llegó a decir, en uso de su libertad de expresión, que lamenta más la actuación de la drag Sethlas que el accidente de Spanair. Luego pidió perdón pero ¿alguien duda de que dijera la verdad?

No vemos que molesten las representaciones en las que se llena de oro, joyas y mantos a la virgen haciéndola parecer una auténtica dragqueen. Tampoco vemos que esas personas ofendidas se molesten cuando salen a la calle en Semana Santa, esas figuras de Cristos con caras de extremo dolor bañados en sangre y que hagan de esas representaciones un auténtico carnaval religioso que tiene poco de fe y mucho de folclore. ¿Por qué entonces cuando se hace precisamente en un espacio ya definido para “la transgresión” (lo que lo hace mucho menos transgresora) es insultante y cuando el carnaval lo organizan ellos es una muestra de respeto a la tradición? Si de algo debe tacharse la actuación es de repetitiva porque Madonna, Lady Gaga y Beyoncé ya habían hecho todas lo mismo.

Desde los medios de comunicación se ha dado una cobertura enorme a estos hechos donde, por supuesto, no han faltado políticos, periodistas y tertulianos varios. Y sorprende ver como el “derecho a la libertad de expresión” ha sido esgrimido defendiendo que cada uno es libre de abrir la boca y decir lo que quiera. Incluso César Strawberry ha salido a defender a HazteOir: “Todo lo que sea reprimir la libertad de expresión me parece un atentado contra los derechos fundamentales de las personas. Hay que aprender a leer y a escuchar cosas con las que no estamos de acuerdo”. Y ese es el problema, que sabemos leer. Que sabemos que detrás de un “los niños tienen pene, las niñas tienen vulva” hay un mensaje de odio. Que detrás de una actuación en un carnaval hay una persecución a la libertad.

Ante el jaleo causado, la propia RTVE ha decidido eliminar el video de su página web, pero mantiene el de la misa de Reig Pla donde dirigía unas palabras a aquellos que “piensan ya desde niños, que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo, y a veces, para comprobarlo se corrompen y se prostituyen o van a clubes de hombres nocturnos” pero a diferencia del caso de la dragqueen, el fiscal aquí no vio indicios de delito.

A estos defensores de la libertad de expresión nos gustaría verlos manifestándose alguna vez a favor de los derechos de todos y no contra los derechos de una minoría. Porque los derechos de las personas no son opinables.

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