lunes, 12 de junio de 2017

#hemeroteca #mujeres #bibliotecas | Se busca sede para biblioteca de mujeres

Imagen: El Mundo / Marisa Mediavilla
Se busca sede para biblioteca de mujeres.
Desde 1985, la bibliotecaria Marisa Mediavilla pelea para que su proyecto, integrado por más de 30.000 volúmenes, tenga un espacio propio en Madrid.
Victoria Gallardo | El Mundo, 2017-06-12
http://www.elmundo.es/madrid/2017/06/11/5931f42e468aeb177a8b45c0.html

"Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro y, el día menos pensado, escribirá un libro mejor".

Para Marisa Mediavilla, la independencia que Virginia Woolf reclamaba para las escritoras en ‘Una habitación propia’, hace casi un siglo, no puede tener más vigencia. Esta bibliotecaria y documentalista asegura que ya no mide las fechas en años. "Para mí, todo fue ayer", dice. En 1985, tras más de tres décadas clasificando documentos con "unos descriptores totalmente sexistas", tomó la decisión de poner en marcha la Biblioteca de Mujeres, un proyecto que hoy cuenta con más de 30.000 volúmenes entre estudios, ensayos, biografías, obras de creación artística y literaria, revistas, calendarios, carteles, folletos y tebeos que ha ido recopilando y catalogando y que permanecen a la espera de una sede física que las cobije.

"Todas las bibliotecas de mujeres que existen en el mundo se han organizado por los mismos motivos, desde Francia hasta Australia: la dificultad a la hora de encontrar información, el afán de saber de ellas, la conservación de la memoria histórica y, en definitiva, la necesidad de que un día se cree otra historia que no sea tan androcéntrica", explica. "Lo peor que traen consigo las dictaduras no es la prohibición, sino la ignorancia. Yo no sabía que todas estas mujeres existían. Si ignoras que han existido, no se te ocurre indagar sobre ellas".

Clara Campoamor, Carmen de Burgos o Concepción Arenal son sólo algunos de los nombres que Mediavilla evoca mientras que, con una mano, sostiene un ejemplar de la Ley del Divorcio de 1932 y, con la otra, un soliloquio fechado en 1891 sobre el rechazo que sufrió Emilia Pardo Bazán cuando se le negó la entrada en la RAE y que lleva por nombre el escueto pero ilustrativo título de ‘¿Académicas?’. Es por eso por lo que su fundadora hace especial hincapié en que esta es "una biblioteca especializada en mujeres, no feminista", ya que también abarca textos misóginos. "Este tipo de documentos tienen que estar igualmente. Es la manera de saber contra qué combatimos. Las mujeres siempre luchamos a la defensiva, por eso tenemos que saber quién ha dicho qué y en qué contexto".

En su particular lucha, las idas y venidas por distintas direcciones en busca de una sede definitiva han sido una constante a lo largo de estas tres décadas. De la calle Barquillo pasaron a la de Villaamil, allá por 1997. Más tarde, en 2005, la falta de espacio les obligó a buscar un nuevo emplazamiento. "Al final, tuve que solicitar la donación al Instituto de la Mujer para que la biblioteca no desapareciera. Aceptaron en noviembre de 2006", recuerda. En 2012, finalmente, los fondos fueron trasladados al Museo del Traje, donde hoy descansan más de 20.000 volúmenes perfectamente conservados.

Agrupados en casi una veintena de temáticas que van desde la antropología y el arte hasta la política o la salud, pasando por la ciencia, el derecho o el deporte, la diversidad de títulos despierta en Mediavilla la siguiente reflexión: "Lo que hemos avanzado en un siglo". "No hay que perder de vista que, hasta 1910, no se nos permitió ir a la universidad, que Concepción Arenal iba a clase vestida de varón y que nuestro derecho al voto le costó a Clara Campoamor su carrera política. Nosotras hemos estado denostadas en todos los ámbitos, pero descubrir a estas mujeres tan valientes y luchadoras, desde escritoras hasta científicas, fue y sigue siendo increíble".

"Las herramientas que hoy tenemos las mujeres para luchar son las mismas que había en la época de Virginia Woolf", prosigue. Por eso, "para que la biblioteca pueda salvarse, son ahora las mujeres jóvenes quienes tienen que asumirla como suya. Es un patrimonio al que todas tenemos derecho. El feminismo no es un pedigrí que alguien te tenga que dar. En el momento en el que tienes conciencia crítica de nuestra situación, ya eres feminista".

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