jueves, 29 de junio de 2017

#hemeroteca #transexualidad | Reunimos a tres generaciones de la lucha por la normalización trans

Eli, Valeria y Topacio
Reunimos a tres generaciones de la lucha por la normalización trans.
Apenas les separan 30 años, pero sus experiencias vitales han sido muy distintas. Eli, Valeria y Topacio se unen para hablar del colectivo, un objetivo para el que todavía queda mucho.
Leticia García | Tentaciones, El País, 2017-06-29
http://elpais.com/elpais/2017/06/26/tentaciones/1498469609_224490.html

La Organización Mundial de la Salud ya no llama "trastorno" a la transexualidad como hasta hace poco; ahora recibe el término de "disforia". Un eufemismo necesario pero para nada suficiente. La disforia de género sigue entrando en la categoría de enfermedades mentales, lo que supone que las personas que la padecen necesitan el diagnóstico de un psiquiatra para comenzar a cambiar sus cuerpos. Una medida con la que muchas transexuales concuerdan y otras rechazan, aunque todas, obviamente, aceptan: su libertad y su dignidad están en juego.

Estas tres mujeres están acostumbradas a que piensen que si ahora son mujeres es porque están enfermas. No quiere decir que no les duela, pero ya no se rasgan las vestiduras ni se ofenden al hablar abiertamente sobre ello. Se han hecho más fuertes que muchas de las mujeres biológicas. Y eso que les separan la edad y, por supuesto, las vivencias.

Elizabeth tiene 17 años y el privilegio de tener una familia que la apoyó desde el principio. Acaba de ganar un premio de Filosofía gracias a su último ensayo y no ve el momento de mudarse a París para estudiar en la Sorbona. Valeria Vegas está a punto de cumplir los 32, es licenciada en Comunicación Audiovisual (hizo la transición durante sus años universitarios) y es la autora de la biografía de la malograda Cristina Ortiz, La Veneno, y de varios documentales en torno a mujeres transexuales míticas, como el reciente sobre Manolita Chen. Topacio Fresh no necesita presentación; por su galería madrileña pasa lo mejor del arte contemporáneo y la cultura ‘underground’ actuales.

Topacio Fresh: Existe una regulación, que sin embargo no se ha puesto en marcha, que exigiría una cuota de transexuales en las empresas, como la hay de otras personas discapacitadas.

Valeria Vegas: Claro. Si me consideras una enferma, entonces haz realidad esa ley y da trabajo a los transexuales. Lo que no puede ser es que nos encasillen ahí pero luego no podamos disfrutar de los beneficios legales.

¿Creéis que esta especie de discriminación positiva podría funcionar? Una forma de normalizar la situación aunque sea por la peor vía posible.

Eli: Claro, como las leyes de paridad con las mujeres. Luego se aplican como se aplican… Por ejemplo, en Francia cumplen la ley, pero a ellas siempre las sitúan en puestos de poca relevancia.

Valeria: Eli, ¿tú te estás operando?

Eli: No, tomo hormonas. No puedo operarme hasta ver cómo se desarrolla mi cuerpo, hasta dónde crezco.

Topacio: Pero tomas bloqueadores, ¿no?

Eli: Sí, sí, claro.

Topacio: Es una maravilla lo de los bloqueadores [fármacos que inhiben la producción de hormonas sexuales]. La pubertad es crítica para una trans y es genial que exista algo que pare el proceso. Te ahorras muchísimo sufrimiento.

Valeria: En mi época no existían. Y eso que Eli y yo no nos llevamos tantos años.

Topacio: Yo comencé con hormonas clandestinas. Por supuesto, no existía la unidad de género, solo estaban tus amigas, que traían hormonas de Europa. Cuando fui creciendo empecé a ir al endocrino y a seguir un proceso médico, pero al principio fue imposible.

Entre ellas median poco menos de treinta años. Pero resulta fascinante comprobar cómo han cambiado las cosas en solo tres décadas. "Es que nosotras somos nuevas", dice Valeria, "hemos nacido con la ciencia".

Eli: Es cierto que las mujeres trans como tal hemos nacido con el desarrollo de la industria médica, pero siempre hemos existido de alguna forma. Mira, por ejemplo, a Margarida Borrás, la valenciana que se vestía de mujer y fue ejecutada.

Topacio: En mi época, y no hace tanto, éramos locas. Tengo compañeras a las que les daban ‘electroshocks’ para "enderezarlas". En treinta años el cambio ha sido muy brusco.

Pero no quiere decir que ahora sea un camino de rosas, por supuesto. Por desgracia, es extraño encontrar a mujeres transexuales en puestos de poder o con negocios propios. Y, hasta hace muy poco, transexualidad, espectáculo y prostitución iban de la mano. En 1983 se estrenaba una de esas pequeñas joyas de culto que ha dado el cine patrio: ‘Vestida de azul’. El documental de Antonio Jiménez Rico, que exponía la realidad transexual en tiempos de aperturismo político, comienza con la escena de una redada policial mientras algunas de las protagonistas esperan a sus clientes en una esquina. En una sociedad hipócrita, que proclama la diversidad en teoría pero la rechaza en la práctica, ellas solo podían existir en la marginalidad, pagando sus alquileres con el mercadeo de sus cuerpos.

Valeria: Todavía hoy hay gente que cree que yo no puedo tener un trabajo como periodista y una carrera universitaria. Y eso que me operé en mis años de universidad.

Eli: La sociedad te lo pone muy, muy difícil. Ahora por fin hay más referentes; están surgiendo otros relatos con los que te puedes sentir identificados.

Pero esa marginación propició la unión de algún modo, ¿no? Por ejemplo, siempre se ha dicho que las transexuales del Raval eran las protectoras del barrio, las que ayudaban a los vecinos y velaban por la seguridad…

Valeria: Sí, al final de algo endogámico surgió algo positivo.

Eli: Pasaba lo mismo, por ejemplo, en el Nueva York de los 70, donde algunas trans con posibles acogían a las que estaban en riesgo de exclusión.

Valeria: A mí esas vidas son las que más me emocionan. Ellas han pasado por todo. Han sido los conejillos de indias de mil cosas. Que hayan llegado hasta aquí es un milagro.

Topacio: Sobre todo porque el índice de vida de una transexual era de 40 años.

Valeria: Igualmente, esos guetos están destinados a desaparecer, del mismo modo que están desapareciendo ciertos barrios. La prostitución no va a dejar de existir, ni la heterosexual ni la transexual, pero sí esos reductos. Aunque para mí, cuando escucho esas vidas, es como si me hablaras de Santa Clara.

A Valeria se le escapa una lágrima mientras susurra: "Nos podía haber tocado vivir eso. Son mujeres que han acabado ayudando al prójimo porque no le desean a nadie lo que ha vivido. Igual que no le deseo a Eli nada de lo que me ha pasado a mí". "A Eli no le va a pasar nada", responde Topacio.

Todavía seguís viviendo la exclusión, aunque en menor medida…

Eli: Yo, por suerte, no he sufrido bullying duro, pero en mi antiguo colegio había comentarios sobre mis uñas largas y mi pelo. Y eso que no había comenzado la transición. Al final fueron los propios directores los que me invitaron a irme si me sentía rechazada. Ahora voy a un instituto en el que me permitieron cambiar mi nombre, me aceptaron, existe una brigada ‘antibullying’… Y ahora ya no llevo ni las uñas ni el pelo largo.

Valeria: Pero porque ahora estás a gusto contigo misma. Estás tan bien por dentro que no te hace falta.

Eli: Yo no tengo miedo. Lo vivo con alegría. Tener diecisiete años, ser trans y sentir apoyo… Hay que darse cuenta del privilegio que tienes.

Valeria: La familia es el eje de nuestras vidas. Siempre tenemos miedo del apoyo o el rechazo de nuestros familiares.

Eli: Tengo compañeros de mi edad a los que han echado de casa, a otros les acosan en la escuela… El odio puede venir de cualquier parte.

Topacio: Por ejemplo, el día que fui a firmar el contrato de la galería, la mujer de la inmobiliaria, al verme, me dijo algo así como: "¿Podría venir su marido mañana a firmar?". Yo dije que sí y no hice caso. Nosotras hemos aprendido a escondernos o a pasar desapercibidas cuando nos ha hecho falta. La vida nos ha enseñado a ser camaleones.

Valeria: En mi caso también me sentí muy apoyada. Empecé la universidad con un nombre y terminé con otro. Al trabajar en el sector audiovisual te encuentras con gente con la mente más abierta. Bueno, también es cierto que no trabajo de cara al público, aunque muchos hoy en día me verán y pensarán que solo sirvo para el espectáculo. Las de la generación anterior a la mía, o se dedicaban a la prostitución (sin demonizarla, por supuesto) o trabajaban porque tenían enchufe. Solo las más privilegiadas podían, por ejemplo, montar una peluquería.

Eli: Ya pero qué haces ahora, por ejemplo, con el curriculum. Yo, por ejemplo, ¿qué hago? Pones un nombre, luego otro….

¿Y dentro del colectivo LGTBI? ¿También os sentís discriminadas?

Valeria: Yo con ese tema me enciendo.

Topacio: Somos la minoría de la minoría.

Eli: Hay tanta discriminación como dentro de la heterosexualidad.

Valeria: Yo me he encontrado con gente que no sabe diferenciar transexual de travesti o transformista. Pues chico, en lo que a mí respecta, me pareces una persona que no está a la altura. Topacio es más permisiva en ese aspecto.

Topacio: Uy, hasta hace muy poco había discotecas gays en las que no podíamos entrar los transexuales.

Valeria: Luego no pidas derechos por tu condición sexual si la condición sexual de otra persona te resulta risible.

¿Y entre vosotras? ¿Hay unión?

Topacio: Hay varias organizaciones. Hay tres en concreto que lideran el panorama: Chrysallis, Fundación Daniela y Transexualia. Y si vas a una ya te miran mal en la otra.

Eli: Hay un odio increíble entre las asociaciones.

Valeria: Pasa también en las asociaciones lesbigays. Las asociaciones segregan. Ahora, nosotras, a título individual, es distinto. Nos tocan a una y nos movilizamos todas.

Eli: Como hace poco, cuando le dieron una paliza a una chica de Vallecas y fuimos todas a manifestarnos.

Topacio: Yo estoy montando mi propia fundación. Pero sin nada de tecnicismos ni palabras acabadas en "e" ni nada de eso.

Valeria: Es que no es ofensivo decir transexual. Hay mujeres y hombres biológicos y mujeres y hombres transexuales. Si algo se dice con respeto no hace falta acuñar "el término del término del término" y dar mil matices para no enfadar a la gente.

¿Qué creéis que ha ocurrido, en positivo, para que la transexualidad se vaya por fin aceptando?

Valeria: El cine y la televisión. Esos padres que hoy dan ese apoyo a sus hijos han visto ejemplos positivos en los medios. Documentales, actrices trans en las series… Nosotras no somos nada sin los medios de comunicación.

¿Y qué es lo que nos falta?

Topacio: Uy, tengo que escribirte un estatuto. Para empezar, la unidad de género funciona fatal.

Eli: En Madrid, por ejemplo, han aprobado una ley trans para facilitar la transición y la protección, pero es un brindis al sol. Se han colgado la medalla pero no hay un duro de presupuesto para ponerla en práctica.

Topacio: Toda la readecuación del cuerpo hasta llegar a la reasignación genital debería tener un seguimiento clínico. Hormonas, prótesis... El problema es que las citas son muy espaciadas.

Valeria: En Andalucía, una comunidad avanzada en este tema, la lista de espera es de 4 años. Se opera a una mujer al mes.

Topacio: Imagínate todo lo que le puede pasar a una mujer en cuatro años. Tengo una amiga en Madrid que acaba de empezar la transición. Su primera cita fue la semana pasada y la segunda será en noviembre. Acaba de cumplir los 18 y hay que tratarla de manera urgente.

Valeria: Es que el factor desesperación es crucial en nuestros casos.

Eli: Yo fui a la unidad de género pero el seguimiento era demasiado espaciado. ¿Qué seguimiento es ese si tardo cuatro meses en volver?

Valeria: Yo fui a lo privado. El psicosexólogo lo hice en la medicina pública y lo demás en la privada.

Topacio: Porque tenemos la suerte de poder pagarlo. Hay mujeres a las que las han echado de casa y no tienen cómo.

Valeria: Por eso, hay que luchar por las que no pueden ir a la medicina privada.

Eli: Yo fui a la Fundación Daniela y ahora me tratan en el hospital de La Paz.

Valeria: Hemos avanzado mucho igualmente. El caso de Eli lo comparo con el mío y… En mi época era imposible hacer lo que has podido hacer, Eli, y eso que no nos llevamos tantos años.

¿Y qué podríamos aprender nosotros, a nivel social?

Topacio: Lo primero, necesitamos manuales de ética para los medios de comunicación. La gente tiene que usar los términos correctos. Los periódicos dicen: "Se murió un travesti…". Mira, la mataron, y era una mujer transexual, no un travesti. Eso no se respeta.

Valeria: Los medios que han querido ayudar lo han hecho. Por ejemplo, en el documental sobre Manolita Chen se veían recortes de prensa en los que se decía: "Mujer travesti adopta a niña subnormal". Es muy fuerte y muy cruel hablar en esos términos.

Topacio: Ah, y por supuesto, mano dura en las redes sociales. No puede haber esa libertad para que algunos locos comenten "muérete, maricón" con esa ligereza, por favor.

Valeria: ¡Ah! Y se me olvidaba, aunque no es tanto social: la regulación quirúrgica. Tú no sabes lo que nos estafan con las operaciones. Juegan con la necesidad que tenemos y suben los precios muchísimo cada año.

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