miércoles, 13 de febrero de 2019

#hemeroteca #relacionessociales | Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor"

Imagen: El Diario / Brigitte Vasallo
Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor".
La escritora ha publicado 'Pensamiento monógamo. Terror Poliamoroso': "En nuestros recorridos amorosos a veces hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones. Muchas las tomamos por defecto". "Una de las cosas importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja quedan muy reducidas", señala. "Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar", dice sobre la construcción de relaciones.
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2019-02-13
https://www.eldiario.es/sociedad/Brigitte-Vasallo_0_867563606.html

'Pensamiento monógamo, terror poliamoroso' (editorial La Oveja Roja) es el último libro de la escritora, activista LGTB y feminista Brigitte Vasallo. Su mezcla de reflexión, crítica y propuesta para desmontar "la pirámide de la monogamia" va por la tercera edición y llena las librerías en las que se presenta. Poco antes del 14 de febrero, aterriza en Madrid para criticar los discursos fáciles sobre el amor y politizar el sexo y los afectos. La monogamia es el sistema, pero las alternativas, como el poliamor, no son necesariamente la solución. No, defiende Vasallo, si las lógicas y valores sobre las que se construyen las relaciones siguen siendo las mismas.

"Hay mucho que plantearse y que desmontar: cuánto tiempo le dedicas a tu pareja y cuánto a tus amigas, si antes de irte a vivir con tu pareja te has planteado si te apetece vivir de otra forma, por ejemplo, con tus amigas aunque parezca que eso solo se puede hacer a los veinte. Si hay espacio para irte de viaje con otras amigas, y no solo con tu pareja... Si desmontamos todas estas cosas, luego, que folles con alguien o no acaba teniendo poquísimo peso, pero hay que quitarle ese peso a través de cuestionar todo el entramado", explica. ¿Por qué nos cuesta cuestionar en voz alta los valores sobre los que se construye una pareja, poner sobre la mesa la exclusividad sexual o afectiva, contar incluso que nos va mal en nuestra relación? "Porque nos va la identidad en ello", defiende. Vasallo carga también contra un modelo de poliamor en el que todo es ideal. "En el poliamor también se puede sentir celos, posesión... En poliamor parece que como te has metido ahí, todo vale. Y no".

P. En el libro no solo habla de monogamia como tal, sino de identidad y de pensamiento monógamo, ¿qué son?


R. Analizo de qué manera este sistema amoroso que nos fija una distribución de nuestros afectos y alianzas se traslada a otras facetas de nuestra construcción de comunidad, si es que se traslada, y creo que sí. El pensamiento monógamo consiste en formar grupos, que son grupos también de salvación y protección: hacer una patria o un grupo activista o una pareja no es una frivolidad, sino que vivimos un mundo muy duro en el que necesitamos tener comunidades y las hemos ido montando así.

Montas esa comunidad a la que te agarras como salvación creyendo que ahí no va a haber desigualdades, porque es la promesa que nos hacen, y que esa identidad va a ser superior a todas las demás y va a estar confrontada a todas las demás. El pensamiento monógamo crea esas identidades, jerárquicas, es una entidad supremacista, enfrentada a las demás. Entendemos que si algo nos gusta tiene que ser para casarte para toda la vida, tienes que comprarte todo el 'pack' para siempre. No pensamos en si nos interesa hacer una alianza puntual.

P. Dice que no es solo la construcción de dos personas, sino la construcción de unos valores e ideas que ni siquiera cuestionamos... ¿qué cosas damos por hecho cuando construimos nuestras relaciones en pareja?

R. Para empezar, que tenga que ser en pareja, y cuando digo pareja, forzando la gramática, no me refiero a que sean dos personas, pueden ser tres o cinco. Damos por hecho que la idea es que los amores y deseos tienen que llevar la proyección de pareja entendiendo eso como generar esa identidad conjunta, esa fusión entre dos personas o entre más, incluso. No nos cuestionamos el recorrido de la pareja, la escalada: si nos gustamos y va bien damos por hecho que vamos a hacer pareja, vamos a vivir juntos...

Muchos y muchas en nuestros recorridos amorosos hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones, porque hay muchas que hemos tomado por defecto, como el único camino que se nos ha enseñado que es válido, que nos irá bien, que nos llevará a una estabilidad emocional, aunque estamos viendo constantemente que no necesariamente lleva a eso. Es necesario que visibilicemos el sistema para que precisamente podamos tomar decisiones.

P. Pero esto es difícil de explicar o de entender cuando hay tantas cosas que damos por hecho o que creemos que son naturales: lo que una siente cuando se enamora, el deseo que parece irrefrenable, la sensación de que no podemos tomar decisiones sobre lo que sentimos... ¿Es eso mentira, podemos tomar decisiones sobre nuestros deseos y afectos?, ¿tenemos que entrenarnos para hacerlo?


R. Totalmente, estamos entrenadas por el sistema para tomarlas de una manera concreta. La gente siempre me dice 'yo siento eso' como si el hecho de sentir algo justificara su naturalidad e incontrolabilidad. Yo pongo un ejemplo: imaginemos que caminamos por un cementerio por la noche, la sensación que tenemos es de miedo, aunque no tengamos ninguna experiencia de un muerto que se haya levantado de la tumba para hacerte nada a ti o a alguien. Lo que sentimos también está muy mediado por narrativas o fantasías que tienen un contenido social. Así que claro que sentimos esas cosas pero podemos vivirlas de otras maneras que nos vayan a ser más sanas y más colectivas. Además si el deseo es algo que nos invade y nos lleva, esto relacionado con la cultura de la violación es un discurso problemático.

P. Repensar, entonces, el deseo o cuestionarlo...

R. Creo que una de las razones de que el deseo haya quedado fuera de la toma de decisiones es que ha quedado previamente fuera de los espacios de politización porque tradicionalmente se trabajaba sobre las cuestiones 'importantes' en términos patriarcales, como la economía. Nuestra afectividad es importante y lo atraviesa todo, hay que ponerla de manera política sobre la mesa.

P. Su crítica la hace no solo a la monogamia sino a las alternativas como el poliamor. En su libro alerta de que pueden reproducirse exactamente la misma escalada de ideas y decisiones en relaciones no monógamas. Una de las cosas que plantea para huir de ello, sea cual sea nuestro tipo de relación, es precisamente cómo sería tomar conciencia de nuestras decisiones o decidir pensando en todas las personas de la red afectiva.

R. Sí, una de las cosas que me parecen importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Eso significa construir las formas sociales que nos permitan bajarle el volumen, que no se ponga tanto en juego entorno a la pareja precisamente por la cuestión de las violencias, de la confrontación femenina, por poder hacer redes que sean más amplias... Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja necesariamente quedan muy reducidas.

P. Cada cierto tiempo nos encontramos con estudios científicos que buscan una especie de validación científica sobre la monogamia o respuestas sobre si ya en el pasado nos relacionábamos de esta manera, ¿por qué esta obsesión por buscar respuestas biológicas a esta forma social de relacionarnos?


R. Si te fijas estos estudios científicos tienden ir a reforzar lo hegemónico. No he leído artículos de resonancia que digan que lo normal es el lesbianismo, o que el capitalismo no es natural. Son conclusiones racistas también, porque hay muchos grupos humanos que no tienen relaciones exclusivas, entonces, ¿qué decimos?, ¿que esos grupos son genéticamente diferentes o inferiores? Viene a reforzar la tesis de la antropología que venimos arrastrando, que la familia heterosexual, burguesa, eurocéntrica es lo normal y lo demás son atrasos.

En el momento en que se impuso la monogamia de forma sistémica -porque la monogamia no es una práctica, es un sistema-, es decir, el momento en que otra posibilidad de vida desapareció, fue el momento de la implantación del capitalismo y de la primera expansión colonial y genocida de Europa. Todos estos sistemas van construyéndose juntos. Pensar que la familia nuclear es una forma superior de relación también hace pensar que esta forma cultural que genera esta familia también es superior.

P. Sostiene que la monogamia no es una práctica, sino un sistema, ¿un sistema opresor?


R. Todos los sistemas lo son en tanto que sistemas porque un sistema se define porque no hay otras alternativas, porque todo te lleva ahí necesariamente, así que en tanto que eso ya es opresor. Si luego hacemos recuento de cuántas violencias hay en nombre de esa forma de amor, pues no solamente es opresor, sino que nos genera violencias. Eso no quiere decir que tu pareja sea en concreto una forma de opresión o que alguien me oprima a mí porque tenga una pareja exclusiva. No va de las soluciones individuales a los problemas colectivos, va de que precisamente el sistema no nos deja otra alternativa.

Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, estupendo, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar.

P. Dice que es evidente que la exclusividad sexual no funciona, pero que nos seguimos empeñando en aplicarla. No solo eso, sino que está socialmente sacralizada. ¿Por qué?

R. La exclusividad sexual en la pareja la seguimos practicando porque la necesitamos, porque cuando hemos construido la relación a partir de todos esos parámetros, cuando hemos construido esa identidad conjunta, la exclusividad casi viene dada. A partir e ahí aceptar que esa persona, cuya relación con ella te da un valor personal, social, construye tu identidad, es muy difícil aceptar que vaya con otra persona. En mi opinión para abordar el tema de la exclusividad habría que abordar la forma en la que antes construimos las relaciones. Creo que la exclusividad no la podemos desmontar así como así para no pasarlo mal y no hacerlo pasarlo mal a los demás.

P. ¿Por ejemplo?, ¿qué hay antes de la exclusividad que tendríamos que desmontar?


R. La manera en la que construimos la pareja. Por ejemplo, todas esas sensaciones físicas que atribuimos al 'amor o pasión verdadera', ponerlas sobre la mesa y alejarnos un rato. Y pensar si eso es lo que realmente queremos vivir: ansiedad, falta de concentración, de sueño, no comes o comes demasiado... todo porque te has encontrado a alguien que te gusta y que tú le gustas. ¿Realmente es necesario estar ahí de esa manera o hay otras formas? Pensar en cuánto estamos poniendo de nuestra parte para que eso sea así, cuánto hay de autosugestión, cuántas cosas que no nos gustan en la otra persona dejamos de lado porque queremos seguir enganchadas a esas sensaciones. Ver esas cosas no es quitarle interés o emoción a una relación, es quitarle riesgo. Me preocupa, por ejemplo, por qué no nos vamos de las relaciones cuando llegan las violencias. Tejer redes nos facilitaría la huida, también hablar de las culpas, construir juntas las líneas de fuga. Mucho criticar el amor romántico pero luego cogemos nuestras redes sociales y es pura propaganda del amor romántico. También le estás mandado mensajes a las demás así, de mira el amor romántico es una mierda pero yo he triunfado en ese mandato.

P. Habla de que tendemos a aplicar dos modelos: o la lógica romantizante de las relaciones de pareja o la lógica del sexo casual, ¿hay que deconstruir eso o construir algo en medio?

R. El discurso poliamoroso menos politizado quizá insiste mucho en 'esto es amor, no es solo sexo'. Entiendo de dónde viene pero también es problemático. Porque no vamos a criminalizar el sexo, vamos a ver como el sexo puede ser cuidadoso y a construir las condiciones para que lo sea. Y al mismo tiempo ver cómo desromantizamos los afectos y construimos de otra manera.

P. Metamor es una de los conceptos que cree que puede marcar la diferencia entre un tipo de relaciones y otras, ¿por qué esa es una de las diferencias?, ¿qué significa?

R. El metamor es la palabra poliamorosa que utilizamos para hablar de la o las otras relaciones de una persona que tiene relación contigo. Seríamos metamores, dos personas que están vinculadas ambas a una tercera. Para mí lo que hace que una relación pueda entenderse como monógama o no es cómo es esa relación entre los metamores. Si es una relación de cooperación, en la que todo el mundo quiere el bien común, eso es un cambio de dinámica. Si es una relación de competición por ver quién se lleva un trozo más grande del pastel, es lo mismo de siempre con otro nombre. La cooperación se tiene que dar entre todas.

P. Hay gente que se suele sentir muy atacada con este tipo de entrevistas o artículos en los que se cuestiona la monogamia o el amor romántico. Puedo imaginar algunos de los comentarios cuando se publique esta: "Yo vivo en pareja porque quiero", "no veo por qué me tienen que decir que estoy eligiendo un modelo opresor" o "he comprobado que si quieres de verdad no te apetece follar con otra persona". ¿Qué les diría?

R. Esto no va de quién está más oprimida, va de que todas hacemos lo que podemos. Pero esto sí que va de que hay un sistema que nos rige a todas y que estamos todas dentro de ese sistema. Visibilizar el sistema es útil, no tenemos que tenerle terror. Y si después de haberlo visto, es lo que te va bien, estupendo. Entender lo que nos pasa, lo que vivimos y cómo viene regido no creo que pueda ser nocivo para nadie.

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