domingo, 9 de agosto de 2015

#hemeroteca #urbanismo | “La ciudad está hecha para el hombre blanco, heterosexual, en edad productiva y con coche”

Imagen: Deia
Arquitectura a pie de calle. “La ciudad está hecha para el hombre blanco, heterosexual, en edad productiva y con coche”
Tres profesionales del sector discurren sobre el urbanismo desde una perspectiva de género, abogando por un espacio público que sea más inclusivo para la ciudadanía
Ane Araluzea | Deia, 2015-08-09
http://www.deia.com/2015/08/09/bizkaia/la-ciudad-esta-hecha-para-el-hombre-blanco-heterosexual-en-edad-productiva-y-con-coche

Cuestiones urbanísticas que pasan inadvertidas para muchos ciudadanos son percibidas como obstáculos que dificultan la igualdad por la antropóloga Maribel Egizabal y las arquitectas Ana Fernández y Oihane Ruiz. Hablan con la sintonía de una mirada que achaca tanto a los intereses económicos como a la orden patriarcal vigente una toma de decisiones que afectan a la forma que todo ciudadano tiene de relacionarse con el entorno urbano en su cotidianidad. Planificar en base a una neutralidad que parte del patrón masculino es uno de los principales errores según estas profesionales, quienes defienden la inclusión de las mujeres en los diagnósticos y procesos participativos con el fin de que puedan dar voz a todos y cada uno de los colectivos sociales.

¿Perciben los ciudadanos los matices urbanísticos que marcan la diferencia a la hora de determinar si una ciudad es equitativa desde la perspectiva de género?
-Maribel Egizabal: Si eres mujer nada te pasa inadvertido. Me gusta hablar de urbanismo feminista porque va con una declaración de intenciones sobre el tipo de ciudad que queremos: para las personas.
-Ana Fernández: El urbanismo es una disciplina que se ha tecnificado mucho, no es nada accesible para la ciudadanía. Hace falta pedagogía para relacionarse con el entorno urbano más allá de tu experiencia cotidiana. Necesitas esa formación saber que tu opinión sobre el uso de la ciudad es importante y que el urbanismo está afectado por la desigualdad.
-M. E.: El problema es que no se tiene en cuenta la voz de las mujeres a la hora de diseñar las ciudades.
-Oihane Ruiz: El urbanismo más que de una perspectiva se trata desde un posicionamiento. Se debe partir desde la idea de que hay una desigualdad. Es difícil trabajar en términos de igualdad, pero se puede hacer incorporando a las mujeres en los procesos participativos. Además de factores como el uso del coche o la zonificación por actividades económicas, sería cuestión de que los diagnósticos incorporasen cuestiones como la seguridad para personas mayores o para la infancia, lo que conlleva la autonomía para estos colectivos.

En ese sentido, ¿cuáles son los aspectos positivos y los negativos que podemos encontrar en Bilbao?

-O. R.: Me llama la atención que haya personas con buenas ideas pero que no haya un plan para la ciudadanía. Quisiera saber cuántas mujeres trabajan en el Área de Obras y Servicios.
-M. E.: Sí que hay un plan. Lo que pasa es que se tiene una idea de Bilbao desde un punto de vista elitista, vinculado a la economía. Se intentan adaptar los barrios, donde las personas quedan perdidas, a ese Bilbao; no se trabaja desde los barrios.
-O. R.: Hay una contradicción entre la apuesta por las grandes arquitecturas y otras zonas como Miribilla, que es muy pobre urbanística y arquitectonicamente hablando. Es el icono del boom especulativo inmobiliario.
-A. F.: Importa la lista de top star de arquitectos en la que, salvo una, Zaha Hadid, son todos hombres.

¿Cuando se habla de las características que debe tener una ciudad desde la perspectiva de género se tienen en cuenta otros factores que pueden marcar diferencias entre clases, culturas, religiones...?

-A. F.: Otro de los nombres que se les da a esta corriente del urbanismo es el inclusivo. El nivel de fragilidad de un colectivo es visible en el espacio urbano, por cuestión de uso, de accesibilidad y de ciudadanía. Es verdad que las mujeres han sido representantes de otros colectivos como el de la infancia o las personas mayores; hay que empezar a tenerlos en cuenta.
-O. R.: Una amiga que trabaja en Caritas en Otxarkoaga me contó que tenían un usuario de Ezkerraldea que acudía andando porque su situación no le permitía comprar un billete. Para la gente que se mueve en un ambiente profesional eso es impensable, pero nuestras decisiones urbanísticas inciden en que esta persona se encuentre barreras para poder andar en bicicleta, por ejemplo. Se deben incorporar otras voces para ser conscientes de otras realidades.
-A. F.: Si tú no visibilizas las situaciones de desigualdad estás privilegiando al sustentador de los privilegios, el sujeto que tiene empleo, recursos económicos, autonomía...
-O. R.: Incides en la brecha social de la que tanto se habla ahora. La vocación del urbanismo es que prime el interés general, el bienestar social.

¿Es cierto que se planifica en base a una falsa neutralidad?
-M. E.: Definitivamente, el patrón es el masculino. Me llama la atención la planificación defensiva, en lugar de abrir los espacios para hacer la ciudad inclusiva se cierran para que ciertos colectivos no la ocupen. Lo veo en los parques: el centro es el niño y todo las madres nos sentamos alrededor.
-O. R.: No somos conscientes de hasta que punto la movilidad en vehículo privado lastra el diseño urbano. La ciudad está pensada para solucionar los problemas de tránsito y eso excluye otro tipo de soluciones. La ciudad se repliega para proteger a la infancia y le prohibe el derecho a la ciudad.
-M. E.: Una de las bases del urbanismo es que el espacio público es de mayor calidad cuanto más usos tiene.
-A. F.: Otro asunto es la movilidad, y todo lo que sucede cuando nos desplazamos. ¿Por qué funciona el Ensanche de Bilbao? Porque la gente camina, eso supone ver escaparates, entrar en tiendas, hablar con personas... dar vida a ese entorno.

¿Perciben un esfuerzo por recuperar espacios antaño otorgados a los vehículos con la peatonalización?

-O. R.: Sí, pero se busca una foto, con bancos y terrazas.
-A. F.: Las peatonalizaciones ocurren en sitios concretos. Cuando lo analizas te das cuenta de que se están configurando centros comerciales a cielo abierto más que espacios pensados para que sean conectores. No hay una red peatonal que conecte lugares.
-M. E.: Bilbao está funcionando mucho por imitación. ¿Por qué no se le da más importancia al espacio público en los parques? Somos las mujeres las que estamos ahí, no es un espacio concebido desde el poder por lo que no es importante.
-O. R.: Me han venido a la mente el parque de la Encarnación y el de Miribilla, que separa Bilbao La Vieja del nuevo ensanche. Son parques desoladores que solo sirven para que la gente pasee a los perros.

¿Cuáles deberían ser los equipamientos necesarios para tejer una ciudad ecuánime?
-M. E.: Primero se les debería dar a las mujeres la posibilidad de hablar.
-O. R.: En un taller que hicimos salió la idea de realizar una estructura pública, como Surbisa, para gestionar toda una red de equipamientos, espacios y relaciones para sostener la vida. En América Latina se habla mucho del buen vivir, así lo llamaría yo.
-A. F.: Que el urbanismo pase a ser una disciplina que asegure la calidad de vida de las personas supondría cambiar el tipo de equipamientos que se desarrollan, su escala... El campo de baloncesto de Miribilla, el estadio San Mamés o el Museo Guggenheim son equipamientos que tienen una escala muy grande y que están distantes. Es una decisión que tiene que ver con una política de Bilbao de ubicarse en un mapa internacional gracias a estos equipamientos que apenas repercuten en la vida cotidiana de las personas. Desde una perspectiva de la inclusión haría que fuesen más pequeños, vinculados a las necesidades de la vida cotidiana, y que fuesen polivalentes: Que se fomente su uso el mayor número de horas posibles por el mayor número de personas.
-O. R.: Un ejemplo es el colegio de Atxuri, cuando los niños salen de la escuela se les da la merienda en el patio del colegio, que está abierto hasta las siete. Es una eficiencia increíble a nivel de espacio y de recursos. En un análisis que hicimos en Bilbao vimos que la plaza donde mayor autonomía infantil había era la plaza de las escuelas de Uribarri, donde la plaza es el patio de la escuela.
-A. F.: Cuando analizas los colegios encuentras una brecha, su dimensión hace que tenga un perímetro inaccesible y vallado. ¿Por qué los colegios tienen ese aspecto tan carcelario? Son la expresión física de la exclusión de la infancia del entorno urbano.

¿Hay consciencia por parte de las instituciones de los factores a tener en cuenta para urbanizar en base a criterios de igualdad?
-O. R.: Sí, pero no se asume la responsabilidad como propia, y menos como prioridad.

En el cuidado de las personas sigue siendo la mujer quien tiene un papel más importante. ¿Es algo que se tiene en cuenta?
-M. E.: No, hay una perspectiva economicista del urbanismo, el que produce es el hombre de una determinada clase social.
-A. F.: Se visualiza desde un enfoque productivo, no importa el sujeto que lo encarne. El cuidador está ausente de la fórmula. La planificación siempre es desde el ojo de dios, a vista de helicóptero. Al no bajar el ojo a pie de calle piensas en la neutralidad, que es la del ojo del privilegiado. La solución consiste en cambiar la estructura del pensamiento de cómo hacemos las cosas. Nos enseñan a dar respuestas sin haber planteado las preguntas, quizás debemos empezar por escuchar para plantear las preguntas.
-O. R.: El gran problema del urbanismo en los últimos 40 años es que estos señores, porque han sido señores en un 99%, no se han relacionado con nadie. La ciudad que han construido es una metáfora de su propio estar en el mundo, donde no dialogan con nadie ni pretenden mirar a nada que no sea a sí mismos. Con la responsabilidad que tenemos después de lo que se ha construido que no haya ningún espacio de reflexión autocrítica es sintomático: No vamos a salir de esta.

Dentro de los factores a tener en cuenta para urbanizar desde la perspectiva de género la seguridad adquiere mucha importancia.
-M. E.: La seguridad se plantea desde un punto de vista policial, no desde conceptos de visibilidad, donde te vean y que veas. No hay espacios solidarios, en los que la gente pasee y haya una interrelación entre las personas.
-A. F.: El estrabismo del planificador provoca que no sea capaz de ver cómo potenciar la vida urbana. Las edificaciones de Le Corbusier, por ejemplo, esos edificios levantados del suelo que dejan los bajos abiertos son el horror desde todos los puntos de vista: no se pueden usar, están llenos de ángulos muertos, tienen un régimen de la propiedad extraño...

De las 280 calles que existen en Bilbao solo 31 tienen nombre de mujer.
-A. F.: ¿Y de esos 31 cuántas son con nombre y apellidos de mujer? Seguramente el porcentaje de vírgenes y santas sea grande.
-M. E.: Anselma de Salces, Viuda de Epalza, que ni siquiera se hace referencia a su persona, Dolores Ibarruri, María Muñoz, María Díaz López de Haro... No hay ninguna calle dedicada a las sirgueras por ejemplo.
-A. F.: En cambio la imagen del minero, del pescador... está muy presente. Es una memoria muy selectiva, y todavía no ha sido reparada.

¿Existe alguna relación con el hecho de que hasta hace poco las mujeres no hayan podido acceder a puestos considerados relevantes a nivel profesional?
-O. R.: El problema del pensamiento machista es que solo se reconoce a sí mismo.
-M. E.: El hombre es la medida del universo. Hombre blanco, heterosexual, en edad productiva, con coche... esa es la medida de la ciudad.
-O. R.: Ante una situación de desigualdad, se opta por la neutralidad, potenciando la desigualdad. Me preocupa que por parte de las instituciones haya una resistencia muy grande a no posicionarse ante la desigualdad para avanzar hacia la igualdad.
-A. F.: El del feminismo es un discurso que escuece. Hay reacciones hostiles, porque significa cambiar cosas que están profundamente arraigadas en nuestra manera de socializarnos.

¿Creen que esta entrevista también escocerá?
-M. E.: Sí, porque el feminismo va más allá de la igualdad. La igualdad se plantea desde la idea que hay que ser igual que los hombres. Cuesta hacer entender que hombres y mujeres debemos ser iguales desde una perspectiva que no sea la masculina.
-O. R.: Como arquitecta que se incorpora al mundo laboral lo que se valora de mí es que no se note que soy mujer, trabajando desde los parámetros de un hombre. El problema es que mi incorporación no cambie las cosas. Eso es imposible.
-M. E.: Luego está la vuelta de hoja, te piden que seas dos personas en uno: hombre en el ámbito profesional y mujer en el hogar.
-O. R.: La igualdad escuece porque hay una parte de la sociedad que tiene que renunciar a sus privilegios.
-M. E.: También incomoda que las mujeres se tengan que plantear: ¿Qué he estado haciendo hasta ahora?

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