viernes, 7 de abril de 2017

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Luis Melgar: “Los derechos LGTB son prioritarios para la Marca España”.
El diplomático Luis Melgar, que estuvo con su marido destinado en la Embajada de España en Guinea Ecuatorial, habla para Shangay_com de la situación de España en el mundo en lo que se refiere a derechos LGTB y de la vida gay dentro del cuerpo diplomático.
Nacho Fresno | Shangay, 2017-04-07
http://shangay.com/luis-melgar-los-derechos-lgtb-son-prioritarios-para-la-marca-espana

Luis Melgar nació en Madrid en 1980 y siempre supo que quería ser diplomático. Con su marido, Pablo, se embarcó rumbo a Guinea Ecuatorial a ocupar la segunda jefatura de la Embajada de España en ese país africano. Lejos de esconderse, dieron la cara como pareja gay, por los derechos LGTB, y aseguran que no sintieron el menor rechazo por parte de los guineanos, salvo la primera sorpresa de Yolanda, la joven bubi que se encargaba del mantenimiento de la casa, cuando se enteró de que Pablo no era su hermano ni su amigo, sino su marido. “Los blancos estáis locos”, dijo Yolanda, que luego pasó a asumirlo como algo normal.

Y esa frase, ‘Los blancos estáis locos’, fue precisamente el título que Luis escogió para el libro que acaba de publicar Ediciones Península, en el que narra su experiencia –y la de su marido– en Guinea Ecuatorial. País en el que, por otro lado, llevaron a cabo la primera experiencia de visibilizar la vida LGTB de allí, y que este año, si todo va bien, tendrá continuidad.

Hoy Luis ya no está en el país africano, actualmente es el primer secretario en la Embajada de España en Venezuela. Charlamos con él y con su marido en una escala que hicieron en Madrid. En la entrevista no omiten ningún tema: desde los derechos LGTB en España, África o en su actual destino caraqueño, hasta sus deseos de ser padres y la situación actual de la reivindicación de la causa homosexual.

Shangay: Guinea Ecuatorial, Venezuela... Destinos complicado, especialmente para el mundo LGTB.
Luis Melgar: Como diplomático español, tengo que decir que siempre hay un apoyo muy grande por parte del ministerio para que nosotros podamos pedir el destino que queramos. Dicho esto, Guinea Ecuatorial nos sorprendió mucho, porque cuando llegamos Pablo y yo todo el mundo pensaba que iba a ser una situación un poco más delicada. Y no hubo ningún tipo de problema. La primera que nos preguntó fue la protagonista del libro, Yolanda, nuestra empleada doméstica. Cuando le dijeron que éramos dos hombres, preguntó: “¿Son hermanos?”. Cuando supo que estábamos casados, respondió con “Los blancos están locos”. Mi teoría es que como el concepto de familia es tan amplio en Guinea Ecuatorial, una vez que se lo explicamos Pablo y yo, dijeron: “Bueno, pues fenomenal”. A partir de entonces, fuimos a un montón de actos sociales, incluso con el Gobierno, y nunca hubo problema, ni con las acreditaciones ni a nivel personal. Venezuela tampoco plantea problemas en ese sentido.

S.: Pero igual es porque hay una especie de ‘inmunidad diplomática’, un por ser vos quien sois, porque son países en los que no resulta fácil ser homosexual...
L.M.: Aquí hay dos cosas: efectivamente, la situación de un diplomático es distinta y podemos ir a cualquier país del mundo porque sí tenemos esa inmunidad, y siempre se acepta el tipo de familia que uno tenga, igual que nosotros tampoco analizamos cómo son las familias de cualquiera que venga a aquí. Pero en el caso de Guinea resultó sorprendente, porque fue un paso más allá, y se aceptó con una normalidad total. En Venezuela, a Pablo no lo reconocen como cónyuge sino como acompañante. En Guinea Ecuatorial, África, Pablo era cónyuge de la segunda jefatura; en Venezuela, como “acompañante permanente”, que conlleva todas las inmunidades diplomáticas para él, pero no como marido. En Venezuela aún hay que hacer muchas mejoras en el ámbito legislativo para regularizar la situación; no así en el social, donde sí hay una normalidad en las calles. En Guinea, a nivel legislativo, no hay nada, es un tema que no se trata, pero hemos vivido una gran aceptación social. Esa fue la sorpresa.

[Interviene Pablo, su marido]

Pablo Martín: Guinea es, por decirlo de esta manera, el tardofranquismo: sigue con la misma legislación, se han quedado con el cuerpo legal franquista, por lo que tienen la ‘Ley de Vagos y Maleantes’ vigente. Lo que ocurre es que no la aplican, a diferencia de Camerún, donde sí estamos perseguidos. En Venezuela hay una ley de ‘no discriminación’, donde sí que puedes denunciar una agresión o un insulto.

S.: ¿Fuisteis los primeros ‘gays oficiales’ en Guinea?

L.M.: La primera pareja abiertamente gay, casada y que llegó como matrimonio, sí. Allí no hay ningún personaje público abiertamente gay.

S.: También fuisteis los primeros en organizar, en 2016, unas jornadas por la visibilidad LGTB…
L.M.: Sí, y estamos muy orgullosos. Fue la Primera Semana de Expresión Cultural LGTB de Guinea Ecuatorial. Hasta ese momento no se había hecho ningún evento relacionado con la comunidad LGTB en el país. Nunca en la historia, no existía nada. Los guineanos tienen un concepto de la familia por el cual todas las personas están avocadas a una relación heterosexual y tener hijos. Eso es una presión enorme en la familia: ser madre en el contexto, lógicamente, de relaciones heterosexuales. Luego, como la moral sexual es muy amplia, no está especialmente mal visto que tú tengas ‘tus cosas’, siempre que seas debidamente discreto. Es un tema del que no se habla, pero que se practica, en la clandestinidad, siempre que no seas problemático. Quisimos dar un paso más, y hacer algo para visibilizar al colectivo, para que pudieran ver que tienen derecho a expresarse. Porque algo también muy extendido allí es que la homosexualidad es ‘cosa de blancos’, que es un invento europeo, que está exportado a África.

S.: ¿Tuvisteis o sentisteis oposición?
L.M.: El primer paso, como es lógico, fue contar con el permiso de mis superiores en Madrid. La Agencia de Cooperación Internacional estuvo completamente de acuerdo, porque también hay que decir que la no discriminación por razones de orientación sexual es uno de las prioridades de derechos humanos de la política exterior de España. Es algo que nosotros estamos obligados a defender en nuestras embajadas y centros culturales, etcétera. Está en la página web del ministerio. Los derechos LGTB son prioritarios en la actividad diplomática de la Marca España, en la acción exterior de nuestra embajada. Entonces empezamos a organizar el acto y contamos con la ayuda indispensable de bastantes asociaciones españolas que se implicaron. Tengo que mencionar, por supuesto, a la Federación Española de Gays y Lesbianas, que se implicó muy activamente, a la Fundación Triángulo, el Festival Zinegoak de cine LGTB de Bilbao, y a dos activistas como Mili Hernández –que fue a Guinea– y Marc Serena. Me acuerdo perfectamente que leí lo que publicasteis en ‘Shangay’ y os lo agradezco muchísimo. Se formó este grupo de activistas y dieron el paso, valiente, de viajar a Guinea. Luego yo hice mis contactos con el Gobierno guineano para tantear hasta qué punto podía ser un problema o no. Y recibimos todo el apoyo desde el principio, eran conscientes de que eso nunca se había hecho y les alegraba que fuera España quien diera el paso. También contactamos con otras embajadas, como las de Estados Unidos, Francia o Alemania, que se unieron. La respuesta fue fantástica: la sociedad civil se implicó y hubo también muchas empresas que colaboraron, porque los presupuestos que manejamos son bastante modestos y nos quedábamos cortos.

S.: ¿Va a tener continuidad?

L.M.: El gran logro de esa semana es que salió la primera asociación LGTB de Guinea Ecuatorial, que no existía hasta ese momento, y que sigue existiendo: un grupo de jóvenes donde hay lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, un éxito, las cuatro letras iniciales están representadas. Ellos siguen reuniéndose, y la vocación es de continuidad. No tiene por qué seguir siendo una semana de expresión cultural, igual es Semana de la Diversidad. Las otras embajadas ya lo han metido también en la programación, no solo el Centro Cultural de España.

S.: ¿Quieres, queréis, continuar en Venezuela con esa dinámica de organizar cosas para la causa LGTB a nivel institucional, utilizando tu posición dentro del cuerpo diplomático?
L.M.: Sí, pero mi situación es diferente. En Guinea Ecuatorial yo era la segunda jefatura, por lo tanto tenía un trabajo que era transversal. Además, durante el último año tuve la suerte de ser el director del Centro Cultural, con una enorme libertad para programar actividades. En Venezuela soy el primer secretario, encargado de Asuntos Políticos y Derechos Humanos. Eso significa que mi trabajo no tiene nada que ver con la cultura, desgraciadamente, pues me gusta mucho. Sin embargo, en derechos humanos sí que trabajo y es una prioridad para España, que ha defendido los derechos de la comunidad LGTB en el Examen Periódico Universal de las Naciones Unidas –al que se acaba de someter Venezuela– con una pregunta específica sobre el tema, por una iniciativa mía. La principal problemática que hay en Venezuela sobre este tema, y sobre la cual preguntó España en este examen periódico es, por un lado, un tema de lenguaje: muchos líderes políticos están utilizando expresiones insultantes que tienen que ver con la homosexualidad para referirse a miembros de oposición política. Y por otro lado, está el tema del ejército: ahora mismo, formalmente, una persona abiertamente homosexual no puede ser miembro del ejército. Esto está en la legislación de la República Bolivariana de Venezuela hoy en día. Por otro lado, hay una gran demanda de la regulación legal de las parejas, un tema que en un país como Venezuela tiene muchas implicaciones, puesto que hay muchos subsidios para que una gran parte de la población tenga acceso a cosas tan básicas como la alimentación. Las parejas del mismo sexo, al no estar reconocidas, no tienen acceso a ello. Y esto, en un país que depende tanto de los subsidios, para cosas tan básicas como el acceso a la vivienda, crea situaciones dramáticas. O para bienes higiénicos, todas las parejas LGTB están excluidas porque su situación no está regularizada. Va más allá de lo que pasó en España cuando pedíamos aquí el matrimonio. En Venezuela, este hecho, tiene un impacto en la vida social diaria.

S.: Y en el día a día cotidiano, en una ciudad como Caracas, ¿como es la vida gay?
L.M.: En general, como en un 80 por ciento, la sociedad es muy abierta. Hay presencia en la sociedad. De hecho hay una diputada de la Asamblea Nacional que es transexual. Ahora bien, en ciertos ámbitos, todavía se ve con mucha extrañeza, parece que no se puede decir. Y esto a nosotros nos ha sorprendido.

S.: Cambiamos de tercio y volvemos a España. Parece que el mundo diplomático y el mundo gay han ‘relajado’ las formas y todo es más visible. Siempre ha existido, pero ahora, por poner un ejemplo, hemos tenido a tres embajadores de países muy importantes que son gays. Primero Francia, luego Estados Unidos [ambos ya en otros destinos] y, ahora, Italia…
L.M.: Varios comentarios al hilo de esto. Respecto a la tolerancia que existe en nuestro país con respecto al mundo LGTB, creo que esto ya se ha convertido en un elemento de la Marca España, es uno de los temas que nos dan buena reputación a nivel mundial: la tolerancia de la sociedad española y el avance de nuestra legislación. Se nos considera internacionalmente uno de los países más avanzados en el tema LGTB. Hay estudios que lo demuestran. Y eso es parte de lo que nosotros, como diplomáticos, tenemos que vender. España sorprendió al mundo con la ley de matrimonio homosexual de Zapatero, y con cómo se aceptó. Todos los que dijeron que esto iba a ser una barbaridad, al final, ¡normal!. Y por eso este año está aquí el WorldPride. España se ha convertido en un ejemplo para el mundo. Esto es bueno, un ejemplo de tolerancia. Segundo, en la carrera diplomática española siempre ha habido fama de que había un porcentaje muy elevado de homosexuales. Esto, antiguamente, era por otros motivos: hablamos de hace muchas décadas, cuando la situación no era la que es hoy, era una salida muy sencilla para los hijos de las familias de buena posición social y que eran gais alejarse de la presión social que podía existir, porque, además, en aquellos años las mujeres raramente accedían a la carrera diplomática. De ahí viene la fama de que en el cuerpo diplomático había muchos homosexuales: era un buena salida, desaparecías de tu círculo, de tu madre, tus tías que te estaban preguntando si te casabas o no, y hacías tu vida. Y volvías con un amigo, de otro país, que no se sabía muy bien cuál era su papel. Hoy, la situación es completamente diferente. Pablo y yo, por ejemplo, somos un caso más de cómo la situación se ha normalizado. Cuando a José Manuel García Margallo lo nombraron ministro, enseguida me propuso que trabajara con él como subdirector de Diplomacia Pública y le dije que sí, pero que en unos meses me casaba y tenía la luna de miel. Al preguntarme cómo se llamaba mi mujer, le dije: “No es mujer, va a ser marido y se llama Pablo”. Inmediatamente quiso conocerlo, y hoy día nos seguimos llevando fenomenal con él y con su mujer, jamás puso el menor problema. Al contrario. Unos meses después nos casamos, yo vestido de uniforme, como es tradicional en los matrimonios de diplomáticos, y con muchos compañeros, con altos cargos, como invitados. Nosotros somos solo un ejemplo. Hay muchos más, que pueden optar por otras vías, pues no todo el mundo quiere casarse.

S.: Hablas de la situación que se vive en España, pero ¿crees que sigue siendo necesario reivindicar?
L.M.: Yo creo que el activismo LGBT siempre ha mantenido dos reivindicaciones, que aparentemente son opuestas, pero que en realidad son las dos caras de la misma moneda: la igualdad y la diferencia. Hay veces que tenemos que reclamar nuestro derecho a ser iguales a los demás, a tener los mismos derechos y a no sufrir discriminación a causa de nuestra orientación sexual. Pero hay otros momentos en que lo hay que reivindicar es precisamente nuestro derecho a ser diferentes, a no obedecer ciegamente los dictados de una norma preestablecida, sino a buscar nuestra propia forma de ser felices... Y la verdad es que no creo que estas dos reivindicaciones sean exclusivas del colectivo LGBT sino de todas las personas, todos tenemos derecho a ser tratados como iguales y al mismo tiempo a ser diferentes, únicos. Pablo y yo creemos mucho en ambas ideas, tanto en la igualdad como en la diferencia. No nos sentimos diferentes a los demás por ser gais, todos somos diferentes porque somos únicos, y eso es precisamente lo que nos hace iguales. Por otro lado, creo que la comunidad LGTB de hoy está donde está, y ha conseguido lo que ha conseguido, gracias a la lucha de todos los que han estado antes de nosotros. Para mí, haber podido conocer durante la semana de Malabo a gente como Mili Hernández, una luchadora de toda la vida, es un privilegio. Creo que tenemos que estar eternamente agradecidos a estas personas que han hecho que tengamos una vida mucho más fácil. Hay que reconocerlo y hay que reivindicarlo.

S.: Vosotros, como matrimonio, ¿queréis formar una familia?
L.M.: Desde nuestra primera cita, la primera vez que cenamos juntos, hablamos de lo que queríamos en el futuro. Y ambos dijimos que queríamos tener hijos, sin especificar el método, dependiendo de cómo fuera el desarrollo de las cosas. Conforme fue consolidándose nuestra relación, y tras casarnos, decidimos hacer una gestación subrogada. Ese fue uno de los motivos por los que decidimos irnos a Venezuela, porque hay varios vuelos diarios a Miami, y allí es más fácil iniciar este proceso. La verdad es que estamos superilusionados. Es la mayor aventura de nuestra vida. Estamos en las fases iniciales, pero si todo va bien, para más o menos dentro de un año se produciría el nacimiento.

S.: ¿Os ha supuesto algún problema moral o ético el tema de gestación subrogada?
L.M.: La verdad es que no, además, cuánto más lo conoces, más claras tienes las cosas. Y una de las cosas buenas de hacerlo en Estados Unidos es que todo está muy medido y el aspecto legal perfectamente claro, y nos quedamos muy tranquilos con todas las partes implicadas: la donante de óvulos, una mujer anónima, a través de un banco de óvulos; por otro lado, la mujer gestante, y Pablo y yo, que somos los padres.

S.: A nivel profesional, ¿has notado algún problema o rechazo en el ministerio?
L.M.: En absoluto. La mayoría de mis compañeros saben que estamos metidos en este proyecto, y lo apoyan y se alegran por nosotros. Nada más allá del reto de cualquier padre o cualquier madre que tiene que enfrentarse a conciliar la vida laboral con la personal.

Y TAMBIÉN…
Un rayo de esperanza gay en Guinea Ecuatorial.

La ‘primera Semana por la expresión cultural LGBT’ celebrada hace unos días en Malabo ha supuesto una acto pionero en el país africano en lo que a visibilidad se refiere.
Joaquín Gasca | Shangay, 2016-07-15
http://shangay.com/un-rayo-de-esperanza-gay-en-guinea-ecuatorial

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