jueves, 8 de junio de 2017

#hemeroteca #aporofobia | Adela Cortina, Catedrática de Ética y Filosofía Política: «Las fobias incitan a la violencia y atacan la dignidad de las personas»

Imagen: El Diario Vasco / Adela Cortina
Adela Cortina, Catedrática de Ética y Filosofía Política: «Las fobias incitan a la violencia y atacan la dignidad de las personas».
La prolífica autora aborda hoy en Donostia cómo surgen los discursos del odio y los fenómenos de intolerancia que pueden suscitar la violencia.
Gaizka Lasa | El Diario Vasco, 2017-06-08
http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201706/08/adela-cortina-catedratica-etica-20170608001012-v.html

Los discursos del odio y fenómenos de intolerancia que últimamente acaparan tanto la actualidad serán abordados hoy en Donostia desde el rigor y la reflexión por la filósofa y catedrática de Ética Adela Cortina (Valencia, 1947). Participará en el Ciclo Diálogos de Ética, Humanismo y Ciencia impulsado por la Diputación de Gipuzkoa, OSI Donostialdea y Laboral Kutxa. La cita es a las 19.30 en el Hotel Londres y por razones de aforo es imprescindible inscribirse en ciclodialogos_com.

- En su último ensayo, titulado 'Aporofobia', habla del rechazo al pobre. ¿En qué basa esa tesis?
- En la observación del distinto trato que reciben extranjeros o gentes de otras razas cuando son ricos o pobres, en la sintonía que aprecio en el público cuando trato del tema y parecen decir «eso es lo que nos pasa», pero también en estudios del cerebro y de antropología evolutiva. Algunos autores aseguran que nuestro cerebro es xenófobo, porque somos animales disociativos, que ponemos entre paréntesis lo que nos molesta para adaptarnos, como los extranjeros, pero yo considero que es aporófobo porque extendemos esa disociación a los pobres.

- ¿Por qué rechazar al pobre?
- Porque creemos que de él no podemos esperar nada bueno a cambio. Hemos organizado nuestras sociedades sobre la base del contrato político, económico y social, y el contractualismo consiste precisamente en el mecanismo de dar y recibir. Las frases «hoy por ti, mañana por mí» o «el que tiene padrinos, le bautizan» son un fiel reflejo de esta propensión a dar con tal de recibir.

- ¿Se rechaza por igual al pobre 'autóctono' que al pobre que llega del extranjero?
- Por desgracia, se rechaza a ambos, pero el que llega del extranjero parece que viene a crear más problemas, porque en nuestra sociedad, mal que bien, nos hemos ido organizando.

- ¿Funciona en esta apreciación el discurso del miedo?
- Algunos se empeñan en propalar que el que viene de fuera nos quitará trabajo, «se aprovechará» de la Seguridad Social, necesitará alojamiento, será un indocumentado y un foco de inconvenientes. Pero también es verdad que rechazamos a los de casa, por la desgraciada tendencia a admirar a los ricos y poderosos y despreciar a los pobres.

- Hablando de miedo. ¿Han temido los gobiernos europeos perder votos si asumían la entrada de refugiados?
- No sólo lo han temido, es que han sido castigados. Cuando Angela Merkel practicó su política de acogida y dijo que Alemania no sería su país si no podía recibir a los inmigrantes con rostro amable, perdió votos entre sus socios y en su propio partido. Mientras, Trump ganó las elecciones en Estados Unidos, entre otras cosas, por su discurso contra mexicanos y gentes de países árabes.

- Ya que lo cita. ¿Cómo valora el fenómeno Trump?
- Como un caso flagrante de incitación a la aporofobia y la xenofobia, con las que, por desgracia, ha tenido votos.

- ¿Y Le Pen?
- Estuvo cerca de la victoria también por hacer de Francia una fortaleza. En todos estos casos parece que la hospitalidad hacia los refugiados no ha vendido en votos. Afortunadamente, Le Pen no ganó, en otros países tampoco se han alzado con la victoria los que se oponen a la acogida de refugiados e inmigrantes, y Merkel recupera votos. Pero no es pensando en los votos como hay que diseñar una política de asilo y refugio, sino pensando en la dignidad de las personas concretas.

- Implica el reconocimiento de la igual dignidad articular ayudas sociales como la Renta de Garantía de Ingresos u otras prestaciones?
- Claro. Una sociedad no puede decir que respeta la dignidad de las gentes y a la vez negarles los recursos más elementales para que lleven adelante sus planes de vida. Ésta es una cuestión de justicia, no de beneficencia.

- ¿Influyen las políticas de derechas o izquierdas en esto de lograr una sociedad más igualitaria?
- Yo preferiría hablar de políticas de progreso y de políticas regresivas, y creo que una política se mostrará como progresista cuando potencie una sociedad más justa. No hay que poner la carreta delante de los bueyes: quien bregue por la reducción de desigualdades mostrará ser progresista.

- ¿Cómo combatir los discursos que erosionan los derechos de los más vulnerables?
- Por una parte, aplicando el derecho, sea penal, administrativo o antidiscriminatorio. El derecho tiene una función comunicativa, que consiste en hacer saber qué es lo que una sociedad no tolera. Y una sociedad democrática no puede permitir que se erosionen los derechos de los más vulnerables.

- La escuela, la familia, los medios...
- Son claves. Es preciso llamar la atención desde todas estas instancias sobre la existencia de fobias, sobre su indignidad y acordar en serio los instrumentos de reducción de desigualdades.

- ¿Tantas fobias detecta?
- Desgraciadamente, son legión. Desde el racismo, la xenofobia, la misoginia o la homofobia, a la cristianofobia, la islamofobia o el antisemitismo.

- ¿Tienen algo en común?
- Todas incitan a denigrar y rechazar a colectivos enteros por tener una característica que odian o desprecian quienes pronuncian los discursos. Pueden incitar a la violencia, pero por sí mismas ya son un atentando contra la dignidad de las personas.

- ¿Y la fobia a la corrupción?
- No existe esa fobia, como se echa de ver urbi et orbi. Lo que existe son las pésimas consecuencias de la corrupción, que empobrece a las sociedades, reduce la igualdad de oportunidades y lleva a quebrar la confianza generalizada.

- ¿Tiene un ciudadano estafado derecho a odiar al estafador?
- El odio es un sentimiento y los sentimientos no son cosa de derechos. Lo que tiene el estafado es un derecho a reclamar, y la sociedad, el deber de reparar el daño que ha sufrido. Justamente ésa es la esencia de una sociedad contractualista: que está obligada a defender los derechos y a restituir lo robado.

- ¿Favorece ese discurso del odio el populismo?
- El populismo establece un vínculo entre un líder carismático y el pueblo, prescindiendo de las instituciones y mediaciones. El pueblo lo forman los descontentos de la situación actual, que se enfrentan a una casta, culpable de esa situación, y el líder les promete la salvación. Es un esquema muy simple y se presta a la manipulación de emociones. Creo que en este asunto hay que tomar muy en serio cuáles son las razones del descontento y tratar de superarlas institucionalmente como una obligación elemental de justicia.

- ¿Son internet y las redes sociales canalizadores de ese odio?
- Por supuesto. Es más importante que nunca, no sólo tomar medidas jurídicas, sino también educativas. Educar moralmente a quienes manejan las redes para que sepan hacerlo responsablemente, ya que tienen en sus manos un enorme poder. A mayor poder, mayor responsabilidad.

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