jueves, 3 de agosto de 2017

#hemeroteca #transexualidad | El futuro ya está aquí

Imagen: El País / Manifestación en Barcelona, 1977-06-26 / Fotografía de Colita
El futuro ya está aquí.
"Gracias a ellas y a las extraviadas que vivieron y pelearon peligrosamente en las décadas posteriores, hoy muchas criaturas transexuales no temen al futuro, incluso en nuestros pueblos. Esto nos hace mejores como país.”
Itziar Ziga · Escritora y feminista | Naiz, 2017-08-03

A las puertas de una de esas cárceles en las que mantienen desterrados a los nuestros, me hablaron este sábado de ella. Aquel crío que fue adoptado por una familia en su baserri, llevaba una diva irrenunciable dentro. Ikerne recuerda las minifaldas abisales de su amiga cuando empezaban a salir de fiesta por Andoain. Ninguna mujer defiende las señas de la feminidad más hasta el límite, incluso de su propia vida, que una transexual. Conjuran toda la misoginia de este mundo cada vez que respiran. A mediados de los ochenta se dirigió hacia Barcelona. Las grandes ciudades y sus barrios bajos acogían a estas quimeras sexuales que se asfixiaban en nuestros pueblos y villas. Allí les esperaban sus hermanas venidas de todas partes, el mercado negro de estrógenos para feminizarse a lo loco, los antros donde brillar como reinas de la noche, la prostitución, la heroína, el SIDA. La única posibilidad de ser ellas mismas que no hubieran cambiado por vivir a medio gas, aunque les precipitó a casi todas hacia una muerte prematura. Esta fue también la historia de Petri.

Treinta años después, en la misma zona, una andereño detecta la zozobra y el dolor de una criatura de tres años y decide actuar. Facilita que se redefina ante la clase y, ese nombre de chico que ya tenía elegido, brota liberando su pánico a no poder existir. Su entorno trabaja colectivamente para eliminar las resistencias, ya no hay marcha atrás. Como en todas las luchas, todo arranca cuando las primeras no pueden más y dan un paso al frente. El valor se contagia colectivamente. Aquellas travestis y mariconas que salieron a las Ramblas con el puño en alto hace cuarenta años habían sido detenidas y vejadas mil veces, ya no tenían nada que perder. Y mucho por ganar. Gracias a ellas y a las extraviadas que vivieron y pelearon peligrosamente en las décadas posteriores, hoy muchas criaturas transexuales no temen al futuro, incluso en nuestros pueblos. Esto nos hace mejores como país. Y Barcelona sigue ahí, irradiándonos posibilidad. Ardo en deseos de la Diada 2017.

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