jueves, 3 de agosto de 2017

#hemeroteca #gestacionsubrogada | Carta abierta a Mónica Oltra sobre los vientres de alquiler

Imagen: Compromís / Mónica Oltra
Carta abierta a Mónica Oltra sobre los vientres de alquiler.
María Pazos | Tribuna Feminista, 2017-08-03
http://www.tribunafeminista.org/2017/08/carta-abierta-a-monica-oltra-sobre-los-vientres-de-alquiler/

Querida Mónica, tu reciente artículo sobre los vientres de alquiler me preocupa y me duele. Como sabes, muchas feministas estamos extremadamente preocupadas por la regularización-legitimación-normalización social de esta práctica que se prepara. Sabemos, por la experiencia en otros países, que cualquier regularización sería un triunfo de las empresas que hoy ya operan a la luz del día nutriéndose de las granjas de mujeres contratadas que a ti y a mí nos ponen la carne de gallina. Volveré sobre esto.

Tu artículo empieza con una declaración que da esperanza: “la maternidad no se subroga“. De tu explicación en lenguaje jurídico se deduce que nadie puede (debería poder) renunciar a su maternidad en favor de otra persona mediante un contrato. Hasta ahí de acuerdo, y eso mismo es lo que dice la ley española actualmente: que todo contrato de subrogación (con o sin precio, es decir, sea donación o venta) será nulo de pleno derecho.

Así que me cuesta comprender que tú saques la conclusión contraria, y así pases en el mismísimo siguiente párrafo a defender que sea legal eso que tú llamas “donación de la capacidad de gestar“. Aunque, y eso sí que me cuesta comprenderlo, defiendes que vaya acompañada por “una indemnización establecida normativamente acorde a lo que supone un embarazo, para lo cual disponemos de múltiples baremos que podemos aplicar por analogía“. O sea, ¿donación con indemnización? Perdona, pero este es un eufemismo más, por si hubiera pocos en este tema.

Así que, si no te hemos comprendido mal, parece que en tu artículo defiendes que sea legal (y por tanto de obligado cumplimiento posterior) un contrato por el que una mujer se compromete a gestar y a transferir (de antemano e irreversiblemente) su futura condición de madre. Las feministas activistas contra este negocio lo llamamos “alquiler de vientres”, tú lo llamas “donación de la capacidad de gestar a cambio de una indemnización” y los lobbies empresariales lo llaman “gestación subrogada“. Pero, por encima de las denominaciones, concentrémonos en la realidad.

Me gustaría preguntarte algunas cosas: ¿Cómo es que no hay (a la luz del día) agencias dedicadas a la compraventa de riñones, pero sí es un grandísimo negocio (también en nuestro país) el de la gestación subrogada? Si ahora la ley no reconoce en nuestro país ninguno de esos contratos, ¿crees que reconocer algunos de ellos aumentará o reducirá esa contratación de mujeres que tú declaras inaceptable? La respuesta está disponible: basta estudiar el efecto de las diferentes políticas de los distintos países. Algunos, como Suecia, no solamente están manteniendo la ilegalidad de esas transacciones sino que, tal como tú propones que se haga, prohíben la inscripción como padres/madres a las personas contratantes de madres en el extranjero. Por el contrario, algunos países (EEUU, Reino Unido) han legalizado esos contratos, y la única diferencia entre ellos es que en los que la regulación es restrictiva (Reino Unido), y/o los precios altos, el gran volumen de negocio sigue en el extranjero.

En España no sabemos qué pasaría, porque aunque la legislación fuera muy restrictiva los precios podrían ser muy bajos, ya que como sabes la precariedad femenina es enorme. Lo que sí sabemos es que, al igual que en el Reino Unido, una legislación restrictiva (como la que tú propones) no iría acompañada de la ilegalización de las agencias para subrogar en el extranjero. Y eso es así porque aquí lo que se dirime socialmente es la aceptación o la condena de la demanda. Como en la prostitución, la demanda es el asunto clave: al igual que no se puede luchar efectivamente contra la trata sin penalizar la compra de servicios sexuales, tampoco es posible combatir las granjas de mujeres gestantes si permitimos la subrogación aquí, aunque sea de forma restrictiva.

Por cierto, ¿crees que es casualidad que sean los países nórdicos los que se siguen negando a permitir esos contratos y a registrar a las criaturas gestadas por subrogación en el extranjero? ¿Crees que es casualidad que también hayan sido los países nórdicos los primeros en adoptar leyes penalizando la compra de servicios sexuales para abolir la prostitución y la trata, que son fenómenos indisociables? No lo es. Te aconsejo este breve y viejo artículo que siempre cito cuando escribo sobre prostitución: ¿Por qué nadie intentó antes la solución sueca a la prostitución?

Condenar la demanda sin paliativos es el único resultado aceptable de este debate social que está abierto. Los lobbies de la gestación subrogada no aspiran a que se admitan las granjas intensivas de mujeres en los países “desarrollados”, sino a que no se prohíba su propia actividad actual. Al igual que sucede con el cambio climático, su objetivo no es que no veamos nada en absoluto, sino que tengamos dudas y que sigamos distorsionando la realidad.

Distorsionar la realidad es poner como icono de la demanda de vientres de alquiler a esa mujer que quiere dar un hijo a su hermana, o como icono de la prostituta a esa mujer que prefiere prostituirse a limpiar; y de paso acusarnos a las feministas abolicionistas de no comprender a ninguna de ellas. La prostitución no es esa chica que está harta de limpiar a la que aludes, sino un fenómeno criminal a escala mundial. Igualmente, el alquiler de vientres no es esa mujer que quiere dar un hijo a su hermana sino las granjas de mujeres gestantes, menos descarnadas en Ucrania que en India pero igualmente granjas. Reducir un fenómeno a casos particulares (y distorsionantes) es tan perjudicial y cegador como confundir el tiempo con el clima. Tan negacionista como cuando Trump dice “hace muchísimo frío” para negar el calentamiento global.

Otro argumento falaz, el emblema del neoliberalismo, es el del derecho de las víctimas a decidir firmar contratos o seguir en situaciones que les oprimen (como prostituirse o renunciar a su futura maternidad). Como jurista sabes que es función de las leyes proteger a las personas en situación de vulnerabilidad, y para ello anular contratos o situaciones abusivas “consentidas”: lo hacen, por ejemplo, la Ley de Arrendamientos Urbanos, o todas las leyes que establecen derechos laborales, o las leyes que tipifican como delito la compra de órganos y la compra de servicios sexuales. La actual Ley de reproducción asistida también aplica este criterio, aunque se queda corta porque solo anula el contrato pero no penaliza al contratante.

Me duele especialmente que tú, que te defines feminista y antineoliberal, te hagas eco de estos argumentos falaces, tanto en la prostitución como en el alquiler de vientres.

Como siempre, la pregunta relevante es: ¿qué sociedad queremos? Sabemos que estos fenómenos van indisolublemente ligados al lugar que ocupan las mujeres en la sociedad, a su consideración como mercancía disponible para trabajar en condiciones de esclavismo, para utilizarlas sexualmente, para gestar o para disponer de sus vidas. Yo quiero un mundo en el que no existan esas granjas de mujeres (sostenidas por las agencias) o esas mafias de la trata/prostitución. Y eso solo sucederá cuando la sociedad no tolere la mercantilización de las mujeres; cuando los países en los que se genera la demanda asuman que esa demanda es ilegítima e inaceptable.

Muchas feministas llevamos toda la vida trabajando estos temas y luchando contra los intereses de los lobbies económicos e ideológicos. Tenemos un criterio formado en base al estudio profundo de los fenómenos y no tenemos dudas. Sabemos que las dudas son la victoria de los lobbies/mafias, la victoria que están teniendo por ahora. Nos duele que personas como tú no veáis que si perdemos esta batalla habremos normalizado (aún más) a las mujeres como pura mercancía, con terribles consecuencias para todas nosotras.

¿Tú no crees, como política y activista, que todo esto también es una cuestión social y de género? ¿No crees, como feminista, que todo esto tiene algo que ver con el Patriarcado? ¿Has considerado, como cargo público relevante, que tu posicionamiento tendrá una influencia en el resultado del debate social que se está produciendo?

Te he contado lo que me duele. Pero la pregunta que me motivó a escribirte es: ¿a ti qué te duele? ¿Qué te motiva a escribir un artículo defendiendo una propuesta sobre la que dices tener muchas dudas? ¿En qué otro tema político declaras que desconfías de la gente que no tiene dudas al respecto?

Algo te tiene que doler, algo te habrá motivado a ser tan proactiva y tan coincidente con los argumentos que esgrimen los lobbies (y Ciudadanos), a pesar de tener tantas dudas. ¿Será verdad que conoces a todas esas mujeres en situación económica acomodada dispuestas a subrogar su futura maternidad en favor de desconocidos? Si son ellas quienes te duelen, quisiera conocerlas, porque yo no conozco a ninguna. Pero por encima de todo quisiera comprenderte a ti.

María Pazos. Investigadora en el Instituto de Estudios Fiscales y activista de la PPIINA. Su último libro publicado es “Desiguales Por Ley. Las Políticas Públicas Contra la Igualdad de Género”.

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