sábado, 5 de agosto de 2017

#hemeroteca #memoria #sida | José Luis Plaza Chillón: «Describo unos hechos olvidados de una de las épocas más homófobas»

Imagen: Ideal / José Luis Plaza Chillón
«Describo unos hechos olvidados de una de las épocas más homófobas».
El jienense es el autor del libro 'Arte y sida en Nueva York. La pasión gay de Delmas Howe', con prólogo de Dioniosio Cañas.
José Luis González | Ideal, 2017-08-05
http://www.ideal.es/culturas/jaen/describo-olvidados-epocas-20170805224039-ntvo.html

Hasta ahora, el irolense José Luis Plaza Chillón -doctor en Historia del Arte- era conocido por su enciclopédico conocimiento de la obra de Federico García Lorca, especialmente en lo referido a los dibujos, las escenografías y el figurinismo del poeta granadino. Desde este momento, a buen seguro que también saldrá a relucir su nombre cuando se unan los conceptos arte y sida. Ello gracias a la obra que vio la luz a finales de mayo, coincidiendo con la madrileña Feria de Libro, y que se titula 'Arte y sida en Nueva York. La pasión gay de Delmas Howe' (Biblioteca Nueva, Madrid 2017). Plaza Chillón cuenta además con la implicación de Dionisio Cañas, poeta y catedrático de la Universidad de Nueva York, que es autor del prólogo y que aporta un testimonio desgarrador de esos primeros años de sufrimiento provocado por la pandemia. IDEAL estuvo con el autor en los días previos a la presentación del libro, entre otros lugares, en Cazorla el día 8 de agosto.

-¿Cómo se gestó este libro?
-Buceando en Internet, en la página de la Leslie Lohman Gallery, una prestigiosa galería neoyorquina de arte LGTBI en la que han expuesto autores de la talla de Andy Warhol, Patrick Angus o Robert Mapplethorpe, encontré la serie de pinturas de Delmas Howe titulada 'Rodeo Pantheon' en la que el artista deconstruía los mitos griegos llevándolos a su terreno, el de un cowboy americano de Nuevo México apasionado por el rodeo. Los reconduce es este universo personal y los homosexualiza. Del mismo modo traduce otros nombres de la tradición cristiana como San Sebastián. Se trata de imágenes poderosísimas que son ejecutadas en los años 70, cuando se escribió Brokeback Mountain, la obra de Annie Proulx que luego fue llevada al cine y a la ópera.

-Pero las 300 páginas del libro se centran en una serie muy concreta de Howe.
-Cuando comencé a indagar me di cuenta de que había una serie de catorce pinturas que representaban las catorce estaciones del viacrucis canónico, reconvertidas en un 'viacrucis' gay que era un homenaje que hacía Howe a los muertos por el sida, entre los que se contaba su propia pareja. Fue por este motivo que el artista entró en una profunda depresión que provocó su marcha a Europa, donde recorrió una gran cantidad de iglesias y museos que contenían arte cristiano. Se fijó en las poderosas imágenes del cristianismo, sobre todo en las barrocas y neoclásicas, con pintores como Rosso Fiorentino o Jacques-Louis David. A partir de ahí, ideó esta pasión gay, que no es ni más ni menos que una representación metafórica del 'cruising' ambientado en el Lower West Side de Nueva York. Interpretación muy heterodoxa pero que mantiene un profundo respeto a la imagen de Cristo porque a él le interesa el Cristo humano, el Cristo encarnado en hombre.

-Se trata, en definitiva, de una disección minuciosa de este 'viacrucis' gay.
-Totalmente. Son cinco capítulos bastante complejos en los que la clave es la ocultación de la que fue objeto la sociedad desde el minuto 1 con respecto la pandemia del sida. Porque desde que se supo de esta enfermedad también se supo que había casos en los que había heterosexuales infectados, y esto se ocultó. Sentí mucha rabia y siempre quise escribir algo alrededor de este tema, sobre la demonización del colectivo homosexual masculino en aquellos años.

-El impacto del 'castigo de Dios', como se dio en llamar en algunos ámbitos, tuvo gran relevancia en el ámbito de las artes.
-Hasta llegar a la descripción de la pasión gay de Howe, hay un preámbulo de cuatro capítulos en los que hablo de este tema. Aquí desgrano la influencia que el sida tuvo en el arte neoyorquino y norteamericano con sus distintas bifurcaciones a Europa y España. Cómo una serie de fotógrafos y artistas, aún vivos, como Rosalind Solomon o Nicholas Nixon, sobresalen y son capaces de producir exposiciones como la de 1988 en el Moma, la primera gran muestra sobre el impacto del Sida en las personas, con imágenes demoledoras y casi revolucionarias desde el punto de vista artístico. De aquí nacieron otros artistas homo y heterosexuales como Peter Hujar o Cindy Sherman, una de mis preferidas. Son artistas que están en la cumbre y que exponen sus obras en los museos más importantes del mundo.

-Pero no es oro todo lo que reluce, aún hay mucha hipocresía sobre este tema
-Claro. Hay que esperar hasta 2015 para que el Tacoma Art Museum de Washington DC organice una exposición sobre el sida, titulada 'Arte y sida en América', y tiene tal impacto que rápidamente se traslada al Metropolitan Museum de Nueva York y a Chicago en 2016. Aun así, algunos artistas como el propio Delmas Howe fueron censurados. Éste, tuvo que soportar que muchas personas ligadas al arte estadounidense le retiraran el saludo por alguna de las imágenes de su 'Pantheón Rodeo', al que le llovieron las críticas por esa metaforización llena de poesía de la pasión de Cristo. Hasta tal punto que dejó Nueva York para regresar a su pueblo de Nuevo México.

-Cuánto hay de artístico, de filosófico y de sociológico en el libro.
-Hay un poco de todo. Al final, creo que me ha salido un libro más teológico que otra cosa, sobre todo en la última parte, donde describo la 'pasión' de Howe. He leído para elaborar este libro mucha crítica teológica jesuítica, tanto americana como española, porque creo que es la más avanzada. Hay un teólogo español llamado Armand Puig que es fascinante porque ofrece una visión de Cristo parecida a la que se desprende de la obra de Delmas Howe, y que no es, ni más ni menos, que la simple visión humana del personaje.

-También toca el complejo tema de la integración.
-La toco en el capítulo tercero. El gueto, el Greenwich Village del Manhattan neoyorkino donde comenzó todo, la lucha por la liberación de la comunidad homosexual. De algún modo, también ahí acabó todo porque ahora vas a Nueva York y ya no hay nada, no hay locales gais como había entonces, incluso el Stonewall Inn ya está catalogado como Monumento Nacional. Ese lugar -sobre todo en los muelles de descarga de la carne- de cruising, de encuentro, de refugio, de amor fugaz, de simple placer, ya no existe. Qué curioso que cuando Federico García Lorca escribe 'Poeta en Nueva York' y llega hasta allí, ese -y el norte de Harlem- ya era un lugar de encuentro de homosexuales. La 'higienización' que comenzó a hacerse a finales de los 80 y principios de los 90 acabó con todo. La zona gay de Manhattan se ha trasladado más al norte y ahora ya es otra historia, es una especie de parque temático.

- El libro tiene mucho del universo lorquiano.
-Claro, como no podría ser de otro modo. He llevado este tema a mi terreno y algunos de los poemas de Lorca aparecen en varias partes del libro; figuras como el desnudo que se describe en 'El Público', que es un ecce homo y que tan relacionado está con la homosexualidad. No cabe duda que Lorca vivió en Nueva York y, aunque no padeciera la plaga del Sida, si sufrió la de la marginación y el desprecio.

-Dionisio Cañas, autor del prólogo, sí vivió aquella época en primera persona.
-Él sí que vivió allí y sí que se le murieron muchos de sus amigos. El prólogo te llega al alma porque es completamente descarnado. Cuando se lo pedí me dijo que le había pedido una cosa muy difícil: volver a vivir todo aquello. Es un prólogo maravilloso que quiero reivindicar porque yo quería que me hablara de él mismo, del impacto que tuvo el Sida en su vida. Es catedrático de la Universidad de Nueva York, un estupendo ensayista y un magnífico poeta, aunque desconocido de un modo muy injusto en España, a donde ha regresado tras su jubilación.

-¿Es una lectura pesimista?
-No, es más bien reivindicativa. No es que enarbole una bandera, es simplemente la descripción de unos hechos que fueron olvidados y que ocurrieron en uno de los momentos más homófobos de las historia de los EEUU y del resto del mundo. Sí queda un regusto amargo, aunque hay algo de esperanza, sobre todo en el último cuadro, 'El triunfo', que es la resurrección metafórica, la redención de los homosexuales y de la homosexualidad asolada por el Sida. Pero el pesimismo está ahí, con una enfermedad que sigue matando gente, sobre todo en África.

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