viernes, 14 de octubre de 2016

#hemeroteca #homofobia | Carlos Velasco · Técnico de Salud de Gehitu: “Es indignante que una persona se tenga que acostumbrar a que le llamen maricón”

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Carlos Velasco
Carlos Velasco · Técnico de Salud de Gehitu: “Es indignante que una persona se tenga que acostumbrar a que le llamen maricón”.
El testimonio que ofreció el martes a este periódico un hostelero irundarra cansado de las agresiones homófobas ha sorprendido al colectivo Gehitu. “Llama la atención por la persistencia en el tiempo de las amenazas”, subraya el técnico de Salud.
Jorge Napal / Javi Colmenero | Noticias de Gipuzkoa, 2016-10-14
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2016/10/14/sociedad/es-indignante-que-una-persona-se-tenga-que-acostumbrar-a-que-le-llamen-maricon

Dos días después de hacer público su caso, el joven atendía ayer a varios medios de comunicación un tanto sobrepasado. “He destapado la liebre y corre mucho más rápido de lo que puedo hacerlo”. El gerente del establecimiento irundarra bar Eskina Mosku, que se propuso hace tres años no pasar por alto ni una sola agresión homófoba más, reconocía ayer que la tensión acumulada le impide estos días conciliar el sueño. Recibió un sinfín de llamadas de apoyo. Una de ellas fue la de la Asociación de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales del País Vasco, Gehitu. El técnico de Salud de este colectivo, Carlos Velasco, habla del caso sin rodeos: “No rebajemos el grado de la amenaza poniendo paños calientes. Estamos hablando de un delito de odio”.

¿Han tenido ocasión de hablar con Pablo?
-Sí, y la verdad es que nos ha sorprendido que el problema haya durado tanto tiempo y se haya enquistado.

¿No suele ser lo habitual?
-No. Cuando surge alguna amenaza de estas características, habitualmente se denuncia y acaba por atajarse el problema, o bien se diluye en el tiempo. En este caso llama la atención la persistencia. Nos ha sorprendido que Pablo esté acostumbrado a recibir insultos. Nos parece indignante e inaceptable que una persona se tenga que acostumbrar a que le llamen maricón. Nadie puede aceptar que le insulten por hacer su vida, por vivir el día a día acudiendo al trabajo con total normalidad. Es algo absolutamente inconcebible.

¿Las agresiones homófobas son habituales en Gipuzkoa?
-Podemos decir que ha habido un descenso de las agresiones físicas respecto a lo que conocíamos hace una década. Pero estamos convencidos de que las agresiones verbales son diarias en el ámbito escolar. El 80% de los alumnos manifiesta que ha sido testigo de algún insulto o vejación por la orientación sexual. Es decir, sigue siendo un motivo de burla y discriminación, y es algo mucho más habitual de lo que creemos. En los casos de agresiones físicas, sucede menos porque todos nos alarmamos y ya no lo permitimos.

-Se sorprende de que persista el problema en el establecimiento de Irun, pero el caso es que el joven ha hablado con todas las instituciones... ¿Qué más se puede hacer?

-Nos parece una pena que no haya un protocolo eficaz, porque parece que puedes insultar y vejarle a una persona por la calle sin que ocurra nada. El protocolo no es eficaz, porque a la víctima se le sigue molestando pese a que denuncie, convirtiéndose así en víctima de los agresores y del propio sistema. Es algo que no podemos permitir.

¿Y qué propone?
-Se trata de una cuestión de voluntades. De hecho, en otras comunidades autónomas existen leyes que sirve de freno a las agresiones que sufren las personas del LGBT. Entretanto, aquí en el País Vasco sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes que tenemos. Es necesaria una ley de Igualdad Social para el colectivo que luche contra la discriminación en el País Vasco. Es una asignatura pendiente desde hace varias legislaturas, y es una de las cuestiones que tenemos que abordar en esta que viene.

¿Los derechos sociales no están tan garantizados como pensamos?
-Creo que no. De hecho, no puede hablarse de normalidad cuando las muestras de afecto entre personas del mismo sexo no se hacen tan públicas como las del resto. Ocurrió hace poco en Bilbao, cuando dos mujeres lesbianas tuvieron que abandonar el bar. Les echaron porque estaban demostrando “demasiado afecto” entre ellas. Quiero decir que existe una aparente normalización social, pero rascas un poco y descubres que las cosas no son así. Es a partir de ahí cuando alguien se cree con derecho a señalar e insultar. A nivel institucional se han conseguido muchas metas pero, en ocasiones, persiste el odio a nivel social, algo frente a lo cual estamos luchando desde la asociación, haciendo siempre un llamamiento por la defensa de los derechos humanos.

¿Existe la coordinación suficiente en el colectivo, o cuando vienen mal dadas un escolar homosexual, por ejemplo, se ve obligado a buscarse la vida como puede?
-Gehitu dispone de protocolos que, en ocasiones, hemos tenido que utilizar y, lamentablemente, lo seguiremos haciendo. Para nosotros es muy importante estar ahí.

¿Hace falta más mediación, como reclamaban desde Irun?
-Que se pida mediación en este caso nos llama la atención, porque si fuera una agresión a una persona heterosexual nadie estaría hablando de mediación sino de un delito de amenazas... Debe haber mayor concienciación. La mediación es pertinente en el ámbito de la escuela, pero aquí estamos hablando de un delito, no rebajemos el grado de la amenaza poniendo paños calientes.

¿Un delito de odio?
-Está claro que el motivo de las amenazas y los insultos vienen motivados por la orientación sexual de la persona a la que se dirigen, lo que entraría dentro de la categoría de delito de odio. El problema es que en el ámbito de nuestra comunidad no existe una ley que recoja los delitos de odio para el colectivo LGBT.

¿Demanda una ley ‘ad hoc’?
-No, sería suficiente con una de carácter más general siempre y cuando tuviera sus atribuciones y medios eficaces.

¿La Iglesia obstaculiza el reconocimiento de la diversidad sexual?
-No tenemos una opinión en contra de la Iglesia. No creo que la Iglesia ejerza una influencia directa, aunque algunos de sus obispos por supuesto que sí. No se puede juzgar a toda la institución por unas personas.

Para el obispo de Donostia, por ejemplo, ustedes padecen “una enfermedad”.
-Con tal de que nos dejen tranquilos viviendo la vida en libertad no tenemos necesidad de curarnos de nada...

Sonríe...
-Es que resulta realmente sorprendente que todavía hoy en día tengamos que hablar en esta serie de términos. El problema es que esas personas pueden llegar a alimentar esos rasgos de odio y discriminación.

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