lunes, 10 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | La Veneno: “Me he acostado con gente que con un dedo mueve España”

Imagen: La Vanguardia / Cristina Ortiz, La Veneno
La Veneno: “Me he acostado con gente que con un dedo mueve España”.
Personaje estrella de televisión en la segunda mitad de los 90, ha vuelto con un libro de memorias que ya está provocando temblores, asegura, en algunos de los hombres más poderosos del país.
Andrés Guerra | La Vanguardia, 2016-10-10
http://www.lavanguardia.com/gente/20161009/41882327209/la-veneno-libro-memorias.html

No hay nadie en este país mayor de 30 años que no conozca a la Veneno. Ni de 20. Mmm… Incluso por debajo de diez la reconocen. Así lo asegura ella misma. “Todo el mundo me ha visto en Internet”, celebra con alegría. Cristina Ortiz (Almería, 1964) apareció como un tsunami en ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, el primer ‘late night’ que se hizo en España y que abriría el camino de la noche canalla en televisión, fórmula hoy abandonada en la pantalla generalista. La Veneno, que nació como José Antonio, se dedicaba a la prostitución cuando alcanzó la fama. También durante. El éxito le permitió grabar dos singles, hacer bolos por todo el país, viajar a Argentina, ser reclamada por los platós una y otra vez hasta que su estrella pareció apagarse. En estos últimos años ha estado en la cárcel. Dos veces.

La Veneno ha vuelto con libro de memorias, ‘¡Digo! Ni Puta Ni Santa’, exigiendo para sí la condición de diva que siempre le fue negada. También para sembrar de minas antipersona el morboso campo de la especulación: en su libro hay pistas suficientes para reconocer a algunos de sus clientes. En esta empresa, hercúlea para una persona de escasa biblioteca, la ha ayudado la periodista Valeria Vegas: “Conocí a Cristina hace diez años. Me pareció muy divertida, muy auténtica; me contaba anécdotas e historias distintas a las que cuenta en televisión. Particularmente creí interesantes los códigos que giran en torno la prostitución callejera. Le dije que tenía que contar sus memorias y, con su desparpajo, me respondió que lo hiciese yo, que tenía estudios”.

Cristina no se maneja bien con la electrónica. Su teléfono, de aquellos de tapa, no admite app. No tiene cuenta alguna en redes sociales. Es una persona sencilla, al margen del napalm semántico con que riega cualquier conversación: “Su vida es una montaña rusa, de vino y rosas”, nos cuenta Valeria. “¿Si es un juguete roto? Quizá si cayese en el olvido, pero ella es tan icónica que la gente no la ha olvidado. Tiene deseos pero no ambiciones. Venía de prostituirse en la calle y las cámaras la descubrieron; la fama la encontró a ella y no al revés. Nunca fue a un casting. Ella no tiene filtro, sigue igual que antes. No siente que deba ser correcta aunque sabe ser educada y es muy cariñosa. Si tuviese un hueco en televisión, debería ser obligatoriamente a partir de las diez de la noche, si bien ella aún piensa que encaja perfectamente en Ana Rosa porque no cree que haga nada malo. En realidad, es muy tierna”.

Es momento de saber quién es hoy Cristina, la Veneno.

Cristina, este mismo sábado presentaste tu libro en la sesión Ultrapop de la sala Safari Disco Club de Barcelona. Cuéntame cómo fue tu sensación al presentarte ante el público.
Salí al escenario con un vídeo detrás que se me ve un cuerpo que parece hecho con ordenador. Llevaba un conjunto de Versace y corpiño, abierto hasta arriba, con una cadena. Vamos, nunca me había visto un cuerpo como ese. Mido 1,78 y la estilista me decía “¿Tú haces gimnasia o algo?” y en mi vida he cogido una pesa. Sí tengo un caminar explosivo, supersexy. Si me meto en un cementerio, levanto a los muertos de la sepultura.

¿Cómo te recibió el público?
Estaba la discoteca llenísima. Conocí un chico guapísimo, catalán, altísimo. Me echó el ojo encima desde que entré y al terminar nos fuimos a jugar a la oca.

En la segunda mitad de los 90, desde que debutaste en televisión con el programa ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, llegarías a ser tan famosa como luego sería Belén Esteban. ¿Echas de menos la tele?
No, no la echo de menos. Creo que ahora soy el doble de famosa. En aquella época no había Internet y ahora todo el mundo lo tiene en el teléfono. El otro día estaba en el aeropuerto y un niño de seis años gritó: “¡Mama, la Veneno, la Veneno!”. Me quedé… ¡Si ese niño ni estaría en los h… de su padre cuando yo salía con Pepe Navarro! Hace poco unas chicas sacaron un remix de mi canción ‘Veneno pa tu piel’; todo el mundo ha imitado a Rocío Jurado y Lola Flores, que me imiten a mí es un orgullo. Creo que soy un mito.

¿Quién sería hoy tu relevo en televisión? ¿O no hay nadie comparable?
Si quieres que te diga la verdad, nadie. Yo soy exclusiva. Hay mucha gente que ha intentado imitarme pero la Veneno es un personaje creado por ella misma. A mí nadie me ha dado un guión, siempre he sido una persona espontánea y tal como me salía las palabras, pum, ahí lo decía. Tampoco ha habido un periodista en España que me haya callado a mí. Ni Jesús Mariñas, que tiene una lengua como una bata de cola, ha podido conmigo.

A pesar de ser muy lenguaraz, eres también extremadamente discreta con las personas que han pasado por tu vida. En tu libro, no obstante, hablas de un lío múltiple en la discoteca Joy Eslava, hace años, con jugadores del Real Madrid. Y te fuiste a la cama con uno, del que solo das las iniciales.
Fue cuando yo estaba en el programa ‘La sonrisa del pelícano’. Es que yo con 30 años era un bellezón, traía a los tíos de calle. Aparecen en el libro las iniciales, sí. Quien quiera saberlo que vaya a ‘Pasapalabra’.

En ese momento, en la cúspide de tu fama, te dedicabas a la prostitución, como ya has explicado muchas veces. ¿Acudían a conocerte personajes famosos atraídos por tu propia fama?
Y desde antes de la tele. Muchísimos. Yo estaba trabajando en Pintor Rosales y me preguntaban: “Oye, ¿tú me conoces?”. Nunca dije que sí, si no, se marchaban. Algunos venían en coches con cristales tintados. Me he acostado con gente que con un dedo mueve España. Yo se lo contaba a mi madre y me advertía: “Ni se te ocurra dar su nombre”. Me han ofrecido millones para que los dijese pero fue gente tan importante, que si lo hago, no llego viva a la puerta de mi casa. De dos tiros me han quitado de en medio.

Entiendo que algunos de esos personajes pueden estar ahora temblando por si su nombre sale en tu libro.
Muchos. Al ver las iniciales, sabrán que son ellos.

¿Cómo estás ahora?
Acabo de separarme de un novio que era un estúpido. Pero el sábado ligué con un chico guapísimo, 1,87 que se vino conmigo a la sala vip... Estoy muy contenta porque me acaban de hacer una sesión de fotos, vestida de Gucci y también desnuda, para un libro fotográfico en el que han salido Madonna y Lady Gaga. Es internacional, un libro gordísimo, que si le das con él a alguien en la cabeza lo escalabras. Se verá en el mundo entero dentro de dos meses. Salgo como una geisha de guapa, con una peluca color violín por la cintura que si voy a un programa así, a España le da un infarto.

Te da a conocer en televisión Pepe Navarro, luego pasas por el plató de ‘Crónicas Marcianas’, de ‘DEC’… ¿Has mantenido luego relación, aunque fuese de tanto en tanto, con Pepe o con algún otro presentador de aquella época?
Sí, sigo teniendo amistad con Pepe. Lo quería muchísimo. Sabía llevarme. También picarme en el programa y yo contestaba cosas como “Me vas a comer la cocorota del c…”. Le encantaba eso. Me veía tan guapa que se quedaba muerto. Llegó a decirme “Si tú llegas a ser mujer biológica, hubieses sido la madre de mi hijo, porque no he visto una mujer con los ojos más bonitos”. Un gran tipo, Pepe.

Tienes 54 años. Si echas la vista atrás, ¿Cuál sería el momento más feliz que recuerdas?
Cuando era prostituta. Me encantaba prostituirme. Era tan feliz… Yo tenía una cabalgata de niños guapos que llegaba a Albacete. Los miraba a la cara y pensaba “si este está para ponerle un piso en la Castellana, puede ligar con quien quiera en una discoteca”. Y hombres casados con la silla del crío en el asiento de atrás. Con hombres mayores normalmente no, porque los clientes mayores buscaban un buen tiburón y lo mío… Es más bien una aceitunita. Pero tenía una belleza y un cuerpazo, con el pelo rubio y largo, que me comparaban con Elle McPherson, Brigitte Bardot o Raquel Welch y yo decía “¿Y esas quién son?”.

Has pasado dos veces por prisión. La primera, entre 2003 y 2006, fue durísima. Llegaste a denunciar una serie de graves y repetidos abusos sexuales.
Sí, y como no le interesó a Instituciones Penitenciarias, no sé si alguien metió mano pero se archivó el caso para que no pudiese hablar más de ello en televisión. Pero yo tenía las pruebas suficientes. Mi novio italiano, hijo de la gran (…), era muy dañino, ludópata y estafador, y como yo no entiendo, me enredó en una estafa. Firmaba lo que él me decía. Me condenaron a tres años y cumplí los tres en una cárcel de hombres. Imagínate, yo que me vestía de mujer… Me raparon, me llamaban la teniente O’Neill. Hubo gente con condenas de cuatro años y salían muy pronto; yo cumplí los tres años. Me daban pastillas de cortisona y por eso estaba hinchada y salí en televisión que parecía un monstruo.

Y la segunda ocasión fue por…
En 2014 estuve ocho meses porque se confundieron de persona, hasta que salió el juicio y se vio que era inocente. La fiscal, que era una cotorra, me metió en prisión por si me fugaba de España. Sí, a rodar una película con Stallone me iba a ir. Al menos la experiencia fue mejor, me metieron con las gitanas y me pasaba el día bailando. Eso, cuando no me metían un parte y me aislaban como castigo, porque le decía de todo al director.

¿De qué te arrepientes?
De los novios que he tenido. Entraron de burros y salieron de caballos: los vestía de Moschino, de Versace, los ponía guapísimos, aunque yo me tuviese que vestir en los chinos. Salvo si voy a televisión, que me pongo como una diosa. O como en la discoteca este sábado, que parecía Thalía. Cuando salí de la cárcel llegué a pesar 122 y ahora peso 64 kilos, tengo una cadera que me la cojo con una sola mano. Se piensan que me he quitado costillas.

Debió ser por 2007, uno de esos novios y con quien llevabas tres años de relación, se fugó con tus ahorros. ¿Te fías hoy de alguien? ¿Aún crees en el amor?
Sí creo en el amor, pero con españoles. No más rumanos. Pero hay un Dios muy grande y mira, ese que se me llevó 60.000 euros está ahora tirado por las calles a causa de la droga. Yo en cambio jamás he tomado droga, ni un porro. Comencé a fumar tabaco a partir de los 40 y fumo poquísimo, cuando estoy nerviosa. No le debo nada a nadie, tengo mi casa pagada y soy feliz con lo que tengo.

Dices que has llevado una vida bastante sana. ¿Te has cuidado de algún modo especial para estar en tan buena forma y tan contenta contigo misma a los 54 años?
Tampoco me cuido, no te creas. Ni hago gimnasia ni me pongo crema. Me lavo la cara con jabón Lagarto.

¿Me estás diciendo que usas jabón Lagarto de modo habitual?
Sí, los demás me pican. He sacado una piel a mi abuela materna que no tengo una pata de gallo. Y si me he quedado sin champú y gel, me he llegado a duchar con Mistol de fregar los platos. No lo niego. Cuando era pequeño lo hacía en casa de mi madre, me subía al terrado y me metía entero en un balde de agua con Mistol. Arranca más la porquería que el champú.

Acabas de referirte a ti misma en masculino.
En aquella época era un niño, un chico con cara de chica. De espaldas me confundían porque ni mis hermanas tienen las caderas que yo tenía. Mi madre me echó de casa con 13 años y me fui a casa de mi tía Isabel, de ahí a Marbella. Comencé a vestirme de mujer con 28 años y antes de hormonarme tenía dos caras: iba a discotecas gays y como era tan guapo se me acercaban todos. Tuve un novio que era J. P. T, el mejor modelo que había en la época, que me tocaba las piernas tan bien depiladas y le decía que hacía bicicleta. Mentira, es que me estaba prostituyendo por la noche. En una ocasión, estando en una discoteca en Marbella escuché la canción ‘A quién le importa’ de Alaska y me llegó al corazón: digan lo que digan, me da igual. Así que me fui a Madrid con lo puesto. He llegado a comer de los contenedores de basura y no me da vergüenza decirlo. Aquí está la Veneno.

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