sábado, 1 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | Cuando Grande-Marlaska le dijo a su familia que era homosexual

Imagen: El Mundo / Fernando Grande-Marlaskoa, Nativel Preciado y Gorka
Cuando Grande-Marlaska le dijo a su familia que era homosexual.
Su madre "se agarró de los pelos, se metió en la cama vestida y estuvo 15 días sin salir". Lo cuenta en su autobiografía, 'Ni pena ni miedo'.
Cote Villar | El Mundo, 2016-10-01
http://www.elmundo.es/loc/2016/10/01/57ee25f9e2704e3d018b4609.html

"He sido un hombre con suerte, creo. Bueno, según... Si se entiende que no es buena suerte la incomprensión total del entorno familiar más próximo a la hora de desvelar mi identidad sexual". Ésta es una de las primeras reflexiones que se hace Fernando Grande-Marlaska (54) en su autobiografía 'Ni pena ni miedo' (Editorial Ariel), donde hace un ejercicio de nudismo sentimental impactante y a ratos conmovedor. Aunque el presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional habla de muchos otros asuntos (su experiencia como juez, su amor por los animales, la necesidad de un pacto de Estado por la Justicia o el terrorismo), LOC entresaca los fragmentos más personales del libro, en los que explica cómo fue su traumática salida del armario, cuando ya era un adulto, y cómo esa opción sexual le llevó a estar más de seis años sin mantener relación con la persona que más quería en el mundo: su madre.

De hecho, todo el libro parece un diálogo con esa madre recientemente fallecida, un reconocimiento de los errores mutuos, un exorcizar las culpas tras años de desencuentros. La madre, que tenía un taller de costura en casa, mujer independiente y de ideas abiertas, fue sin embargo la persona que menos entendió la diferencia en Grande-Marlaska. "En fin, había que contárselo a mamá [...] Creí que había que hacerlo y lo hice, eufórico por mi recién estrenada relación con Gorka [...] Se lo dije mientras tomábamos apaciblemente café después de comer el día 3 de febrero (¡ay, la memoria!). Yo tenía 35 años... se dice pronto. Su reacción fue la peor posible: se agarró de los pelos, se metió en la cama vestida y estuvo quince días sin salir". El magistrado fue a visitarla todos los días durante dos semanas, pero la madre no reaccionaba. "Rompí con todos ellos, con toda mi familia [...] Fue una ruptura muy dolorosa, sobre todo porque nunca había vivido presiones familiares de ningún tipo, ni religiosas ni ideológicas. Por eso el chasco fue mayúsculo. Y ese estado de cosas duró desde 1998 hasta 2004".

La reacción de la familia de su marido fue mucho más natural. Emociona leer cómo, pocas horas después de fallecer la madre de Gorka, encontraron "una nota manuscrita en la que con mano temblorosa, pocos días antes de su muerte, indicaba su deseo de que yo [Grande-Marlaska] figurara como miembro de la familia en todos los actos derivados de su fallecimiento: esquela, funeral, etc: 'Fernando y Ciro, ya ven que no les pongo apellido. Yo siempre los he querido como hijos, pero vosotros veréis lo que hacéis, no os quiero comprometer en nada. Sabéis que a todos os llevo en mi corazón...'".

Paternidad
Aunque hoy es un activista conocido de los derechos de la comunidad LGTB, el magistrado reconoce en el libro que a él mismo le costó asumir y reconocer su propia identidad sexual. "A eso de los nueve o diez años empecé yo a tener una vaga conciencia de mis apetencias sexuales. Aún no era una atracción erótica, pero sí que sentía algo especial. Y no debía vivirlo yo como algo muy normal, de otro modo habría sido más natural [...] Tenía la necesidad, por ejemplo, de llamar por teléfono a algún compañero de colegio muy especial para mí y buscaba un pretexto escolar para hacerlo, aunque de sobra sabía yo que lo que quería era charlar un rato y escuchar su voz". Durante años, "se impuso más la represión". Hasta los 25 años. "En febrero de 1988 me trasladé a Madrid, a la escuela judicial. Aquella fue una época fantástica [...]. Por entonces me declaré gay por primera vez".

Fernando Grande-Marlaska relata entonces sus primeras relaciones (incluso con un hombre que hoy tiene mujer e hijos), hasta la llegada de Gorka a su vida, del que ya no se ha separado. "Le conocí en enero de 1998 [...] En la entrada del bar me topé con un amigo que iba con otra persona. Ya se iban. Me lo presentó, nos miramos y decidimos entrar los tres a tomar algo [...] Estuvimos charlando y me pareció una persona interesante. No siempre es fácil topar con gente interesante en ese ambiente. Una semana después ya vivíamos juntos Gorka y yo. Lo que se llama vulgarmente un amor a primera vista". Por aquella época, Grande-Marlaska estaba tramitando la adopción de un niño, un proyecto que dejó aparcado para siempre por la fuerte convicción de Gorka, que es profesor, de que no quería ser padre. Se casaron en 2005.

Los pasajes más emotivos, sin embargo, son los últimos, cuando vuelve a conversar inconscientemente con la madre (mientras escribía el libro, ella estaba muriéndose): "Al cabo de ese tiempo fue ella quien volvió. Fue ella quien, como siempre había pasado, entendió que aquella ruptura no podía ser [...] Lo que siguió fue una incomprensión cerril por mi parte de lo esencial del cambio de actitud de ella, que pasó así de ser verdugo a ser víctima [...] Gorka no pasó a ser un peaje que debía abonar cada vez que quería ver a su hijo, no, pasó a ser un hijo de quien incluso (y luego lo he sabido con certeza) se enorgullecía". Justo a tiempo.

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