sábado, 11 de febrero de 2017

#hemeroteca #mujeres #salud | La libertad de 100.000 mujeres

Imagen: Deia / Ana González Garayalde y Belén Bilbao, módulo Auxolan
La libertad de 100.000 mujeres.
Los módulos psicosociales de Bilbao, pioneros en el Estado, comenzaron hace treinta años a atender problemas sexuales cuando todavía eran tabú. Hoy en día, Rekalde, Deusto y San Francisco siguen muy activos, con cien consultas diarias.
Olga Sáez | Deia, 2017-02-11
http://www.deia.com/2017/02/11/bizkaia/bilbao/la-libertad-de-100000-mujeres

Hace treinta años nacía en Bilbao el módulo psicosocial de Rekalde, pionero en todo el Estado por su atención a la mujer en temas que en los 80 eran tabú, como la educación sexual o la reproducción. Le siguieron dos módulos más en Deusto y San Francisco. De la mano del movimiento feminista y con la participación de un grupo de profesionales que pretendían cubrir las necesidades asistenciales que la red pública no atendía se convirtieron en viveros de libertad. Desde entonces han dado cobijo y atención a las preocupaciones y problemas de más 100.000 mujeres. Y aun cuando la sociedad ha evolucionado, no ha hecho falta que se reinventen, siguen atendiendo a muchas mujeres y son el amparo de los colectivos más vulnerables. Solo por el de San Francisco pasa cada día una media de cien personas; cifras similares registran los otros dos centros.

El compromiso de sus profesionales se ganó con el tiempo el respaldo del Ayuntamiento de Bilbao y el Gobierno vasco, gracias a lo cual han podido caminar hasta ahora como núcleos autónomos con un gran componente social.

Para las generaciones que vivieron el franquismo, el módulo de Rekalde es sinónimo de libertad y también de amparo en todo lo que tenía que ver con la mujer. “Fuimos al módulo para que nos informaran sobre métodos anticonceptivos. Entonces daba apuro ir al ginecólogo”. El testimonio de Mar es similar al de tantos otras bilbainas que han pasado por estos centros. De hecho, incluso en otros territorios eran conocidos por la atención que prestaban a las mujeres y a nivel estatal era considerado como uno de los servicios más revolucionarios de atención a la mujer.

Ahora, son centros socio-sanitarios que prestan una atención ambulatoria integral con un enfoque biosicosocial en todas sus intervenciones y diferentes programas. Atienden a personas derivadas de los servicios sociales y de los Centros de Atención Primaria y también a personas que acuden por iniciativa propia. Pero siguen manteniendo el espíritu solidario con el que nacieron. De hecho, no es requisito indispensable estar en situación administrativa regulada, lo que permite el acceso a muchas personas en situación de vulnerabilidad. “Tanto para las instituciones como para las personas los módulos son inspiradores de confianza”, señala el concejal de Políticas Sociales, Iñigo Pombo.

Por el centro Auzolan situado en la calle Dos de Mayo pasa un centenar de personas al día aproximadamente, según explica su directora, Ana Fernández Garayalde. En total 30.000 al año. El resto de los centros manejan cifras de asistencia similares. “Nuestra función sigue siendo atender aquellas necesidades de las personas que requieren de intervención psicosocial o sociosanitaria y que están deficitariamente atendidas por los servicios públicos”, añade Belén Bilbao, médica del centro. En este sentido señalan que “atendemos a todas las mujeres, pero priorizando a las más vulnerables”, dicen.

Cada módulo actúa prioritariamente en una zona geográfica determinada sin perjuicio de acciones concretas que se puedan llevar a cabo en otras zonas de Bilbao o en beneficio de personas residentes fuera de su ámbito natural de referencia. Así, desde su ubicación en Rekalde, San Francisco y Deusto atienden a vecinos de todos los distritos de Bilbao. “Seguimos siendo en cierta forma complementarios de la red pública”, expresa Garayalde. Pero, además, pone en valor las facilidades que ofrecen a la población. “Nosotros hacemos que la gente acceda de una manera muy fácil, prácticamente no hay papeleo, y si tienen una urgencia tampoco es necesario que tengan cita”.

Cuando empezaron, su trabajo se centraba sobre todo en la salud reproductiva, no había educación sexual, ni anticonceptivos y el aborto estaba penalizado. “No había ningún tipo de asistencia”. Y según dicen “prácticamente ni se hablaba de maltrato”. En este sentido, la concejala de Igualdad, Itziar Urtasun, recuerda que “era un recurso que fundamentalmente utilizábamos las mujeres jóvenes”.

En estos treinta años que han pasado “el gran cambio que percibimos es la aparición de la población inmigrante. Una cosa es cómo ha evolucionado nuestra generación y otra el bagaje de las mujeres que llegan de otros países, porque en muchos casos tenemos que abordar mentalidades que ya habíamos abandonado”, relatan.

Atenciones
En los módulos se persigue fundamentalmente mejorar la salud, calidad y condiciones de vida de las personas que acuden. Se da prioridad a personas vulnerables, en riesgo o situación de maltrato, desigualdad o exclusión y a personas con dificultades o barreras en el acceso a los servicios normalizados.

En este sentido, solo en los primeros seis meses del año en el módulo de San Francisco se realizaron programas para atender problemas de salud mental y toxicomanías en los que participaron 1.411 personas, de las cuales el 51% eran mujeres y el 49% hombres. Además, un 17% eran inmigrantes.

Según explica Belén Bilbao, también se prestó atención psicológica a 212 mujeres, un 30% inmigrantes. “Prioritariamente atendimos a mujeres en situación de violencia de género, maltrato doméstico, agresiones sexuales así como a personas víctimas de agresiones xenófobas, racistas u homófobas”. Casi 700 personas de las que un 90% eran mujeres y un 20% inmigrantes recibieron asistencia jurídica fundamentalmente relacionado con la defensa de personas víctimas de violencia de género, de violencia intrafamiliar, de agresiones sexuales y xenófobas y también otros casos en los que pudieran concurrir situaciones de desprotección o exclusión. Otros programas como el de reagrupamiento familiar han atendido veinte demandas de información, 18 atenciones, todas a inmigrantes.

Con los datos encima de la mesa “a veces te puedes poner un poco pesimista”, exponen, porque en el fondo reflejan situaciones no superadas. Sin embargo, su valoración es positiva porque “se ha avanzado muchísimo. Vivimos grandes cambios. La ventaja que tenemos aquí es que no hay brechas sociales y eso hace que se avance en conjunto”.

Por ello creen que “servicios como estos permiten una discriminación positiva para gente que tiene menos facilidades”.

Educación sexual
Los tiempos han cambiando, pero hay problemas de ayer que siguen siendo preocupaciones principales. Entre ellos, abundan en el embarazo precoz. “Puede afectar a cualquier niña de cualquier clase social”. En estos momentos “disponemos de métodos anticonceptivos muy fáciles de usar y con una prevención muy segura. Además de los preservativos que nos ayudan con las enfermedades nos van a permitir que no se frustre ese desarrollo de las jóvenes”.

De hecho, según señalan “hoy en día se considera que el embarazo en la adolescencia es uno de los factores de pobreza más importante y una de las mayores diferencias entre hombres y mujeres”.

Para las trabajadoras de Auzolan “el trabajo en prevención en embarazo adolescente es muy importante, sobre todo en culturas que lo tienen muy arraigado. Hay que tener en cuenta que en Latinoamérica, por ejemplo, el 25% de las mujeres son madres adolescentes. Las chicas de etnia gitana son madres adolescentes en su inmensa mayoría y también en África. Una de las cosas que más llama la atención en la cultura reproductiva es esa precisamente”.

Esta es precisamente una de las problemáticas a las que tienen que hacer frente de los módulos pero no es la única. Por sus salas pasan cada día problemas mentales, de toxicomanías, de violencia de genero o de reagrupación. Siguen siendo esos centros solidarios que nacieron en los 80 para atender las necesidades sociales.

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