sábado, 6 de mayo de 2017

#hemeroteca #testimonios | Marlene Dietrich, la diva en pantalones

Imagen: El Español / Marlene Dietrich
Marlene Dietrich, la diva en pantalones.
Hace 25 años desaparecía la estrella que no dejó que los hombres le dictaran su sexualidad, su moral y su ideología.
Miguel Á. Delgado | El Español, 2017-05-06
http://www.elespanol.com/cultura/historia/20170505/213728832_0.html

Hace justo 25 años, el 6 de mayo de 1992, Marlene Dietrich moría en su pequeño apartamento parisino. Llevaba más de una década prácticamente sin abandonarlo, hurtando al mundo la visión de lo que la vejez había hecho a uno de los rostros fundacionales de la época gloriosa de Hollywood. Muy consciente de que era eso lo que había sido, una figura de connotaciones casi divinas, aunque no tan frías como la de su presunta rival Greta Garbo, no quiso que se supiera que, en realidad, había sido mortal.

Tan mortal como para nacer el 27 de diciembre de 1901 en Schöneberg, un pueblo hoy integrado en Berlín. Hija de un padre policía que murió cuando ella tenía seis años, su madre se casó en 1916 con otro militar, que también fallecería poco después a causa de las heridas recibidas durante la Primera Guerra Mundial. Esta presencia/ausencia de padres tan proclives a la disciplina tuvo un efecto muy poderoso en la entonces niña: por un lado, en sus casas se estimaban los valores castrenses, pero en realidad quien los encarnaba era su madre.

Quizá fue esa combinación la que, desde muy joven, la hizo abandonar los estudios de violín para lanzarse a disfrutar de la efervescencia del Berlín de entreguerras, donde la joven Marlene (nombre procedente de la fusión de sus dos de pila, Marie y Magdalene) pronto se significó por su querencia por vestir ropas masculinas, en un contexto en el que el travestismo era moneda común.

Lo mejor es que se llevó consigo todo eso cuando, tras unos pequeños papeles, logró fama mundial a las órdenes de Josef von Sternberg interpretando a la poco glamurosa cabaretera Lola-Lola en ‘El ángel azul’ (1930). Cuando el éxito de la cinta les abrió las puertas de Hollywood, Von Sternberg entendió que debía pulir esa imagen para convertirla en un icono y ella, inteligentemente, se dejó hacer.

Indiferente, nadie
La referente por entonces era la Garbo, y precisamente la Dietrich fue contratada para competir con esa belleza gélida que tanto fascinaba en Hollywood. Dice la leyenda que Von Sternberg llegó a hacerle quitar las muelas del juicio para ayudar a marcar el rostro de la actriz, que reforzó además con el uso de la iluminación para acentuar su condición de diva. La hizo adelgazar, la vistió con lujo hasta en las más mínimas apariciones, y juntos firmaron una ristra de títulos que la convirtieron en gran estrella, un abanico entre el que destaca, por méritos propios, ‘El expreso de Shangai’ (1932). Antes, ‘Marruecos’ (1930), junto al galán Gary Cooper, ya le sirvió de estruendosa carta de presentación al vestir frac y besar en la boca a una mujer: no dejó a nadie indiferente.

Porque fue la libertad con la que vivía la sexualidad la que también la convirtió en un icono. Bisexual declarada, se había casado en 1923 con el director de reparto Rudolf Sieber, con quien un año después tuvo su única hija, Maria, hoy conocida por su apellido de casada, Riva. Pero cuando se fue a vivir a Estados Unidos, ambos se separaron, aunque nunca llegaron a divorciarse. De hecho, mantuvieron una gran amistad, e incluso en ocasiones viajaban junto a sus respectivos amantes.

Y en el caso de ella, la nómina, tanto de reconocidos como de rumoreados, prácticamente recorre el 'Who is Who' de la industria: Gary Cooper, John Wayne, James Stewart, Errol Flynn, Frank Sinatra, Yul Brynner... Y no sólo actores, ni siquiera sólo mujeres: la misma Dietrich bautizó como "el círculo de costura" a las famosas de Hollywood que llevaban en secreto su lesbianismo, y al que pertenecería junto a estrellas como la Garbo, Joan Crawford, Barbara Stanwyck o Dolores del Río. Y también entre ellas dejó sentir su magnetismo.

La Dietrich nunca abdicó del tener voz propia. Rechazó los cantos de sirena del nazismo, que la querían convertir en su estrella, y se lanzó a apoyar el esfuerzo de guerra de Estados Unidos, país del que tomó entusiasta la nacionalidad. Actuaba ante las tropas a pocos kilómetros del frente, incluso cuando éste había penetrado ya en suelo alemán, y popularizó la canción Lili Marleen, adorada por los soldados de ambos bandos. Por eso, cuando años después volvió a su país de origen para cantar, recibió abucheos en la zona occidental, mientras que en Berlín Este fue recibida como una heroína.

En sus últimas apariciones en Hollywood, y en sus actuaciones musicales, procuró mantener viva su condición de estrella. Cuando tuvo claro que ya no podía seguir brillando, se retiró. Ya sólo le quedó languidecer hasta desaparecer, adicta a los analgésicos y el alcohol, y con problemas para pagar el alquiler. Pero eso sólo afectó a su carne mortal: la otra Dietrich, la estrella, sigue fascinando a través de su media sonrisa en glorioso blanco y negro.

Y TAMBIÉN…
Alemania recuerda a Marlene Dietrich 25 años después de su muerte.
EFE | El Diario, 2017-05-06

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