domingo, 11 de diciembre de 2016

#hemeroteca #cine #homofobia | Julián Quintanilla, director de cine: «La diversidad es el único hecho más claro de la vida, por eso esta película de La Chary es un símbolo contra todas las discriminaciones y hace de catarsis curativa»

Imagen: El Periódico de Extremadura / Miguel Ángel Muñoz y Julián Quintanilla
Julián Quintanilla, director de cine: «La diversidad es el único hecho más claro de la vida, por eso esta película de La Chary es un símbolo contra todas las discriminaciones y hace de catarsis curativa».
En casa de ‘la Encarna’ y de Nandi, sus vecinos de toda la vida, revolotean los pájaros con las alas más bonitas del mundo y huele a café con miel recién hecho. En este universo creativo del barrio de San Roque donde se crió el director de cine, se desarrolla una entrevista en la que se ríe, se llora y se siente al mismo tiempo. Julián Quintanilla, alquimista de los sueños, acaba de estrenar ‘El mundo entero’, un mediometraje que habla de La Chary, su madre, la mujer que hizo de la libertad el don más hermoso de la vida.
Miguel Ángel Muñoz Rubio | El Periódico de Extremadura, 2016-12-11
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/caceres/la-diversidad-es-unico-hecho-mas-claro-vida-eso-pelicula-chary-es-simbolo-todas-discriminaciones-hace-catarsis-curativa_983548.html

-Tras su estreno el 3 de octubre en el Cine Capitol de la Gran Vía de Madrid, acaba de estrenarse en el Teatro López de Ayala de Badajoz su mediometraje ‘El mundo entero’. Lo primero que puede venir a la mente al verlo es ‘La Chacona’, la obra que Bach compuso como un ‘tombeau’, un lamento en memoria de su esposa muerta, en el caso de su película aplicado a Chary Quintanilla, su madre. ¿Este trabajo es, en primera instancia, un recuerdo a la mujer que le dio la vida?

-Como mi madre se ocupó tantísimo de mí cuando vivía, la tengo tan presente que no es un recuerdo. Está viva y está conmigo porque vive en mí. Hago las películas con ella porque es una actriz más de mi paleta de personajes. Y no solo es un homenaje a mi madre sino a toda esa gente desconocida que también tiene cabida en el séptimo arte.

-Esta cinta de 30 minutos de duración aborda el tema de la homosexualidad en la España de los años 80. Refleja, de algún modo, las vivencias de todos esos niños a los que el mundo les parecía hostil y peligroso, un lugar aislado donde se sentían culpables al saberse homosexuales...

-Es una parte de la trama que habla de la discriminación, y que puede ser por cualquier tipo de condición. Por tener un lunar en medio de la cara, por haberte quemado un día con un coche, por ser negro, chino, ruso o hijo de madre soltera... Estoy muy contento con eso porque me han venido madres diciéndome que a sus hijos los discriminaban al ser parapléjicos o tener síndrome de down. Toda esa gente se ha sentido muy identificada con la película, que es un símbolo contra todas las discriminaciones.

-Ahora lo llaman bullying o mobbing. Es un ejercicio de maquillar el lenguaje, porque en verdad es acoso, persecución, hostigamiento, cacería. En su película se habla de ello, de la soledad de ‘El Peter’, ese adolescente que como tenía pluma era el mariquita del barrio y los niños, sin piedad, lo machacaban insultándole...

-Me gusta mucho esa escena de la película porque los niños no son agresivos sino que están jugando y ven normal el acoso: «Es marica, vamos a insultarle». Y se ríen, y eso es más duro todavía porque refleja un problema mucho más anclado en la sociedad española, que es la educación.

-El Colectivo Gay de Madrid realizó en 2003 un estudio que no pierde vigencia. En un curso de 4º de la ESO un chico afirmaba que si su mejor amigo le dijera que es gay, le pegaría. Otro sostenía que «habría que matar a todos los maricones». ¿Sigue siendo necesaria la reivindicación?

-Seguirá siendo siempre necesario porque la homofobia existe en el corazón del ser humano, igual que existe el amor, el odio y los demás sentimientos. Y es muy difícil de erradicar de las mentes que no entienden la diversidad, cuando la diversidad es el único hecho más claro de la vida. Una persona me comentó el otro día: «Mi hermano tenía un hijo homosexual y no lo aceptaba; cuando fue a ver tu película me dijo: menuda hostia en la cara me habéis pegado». Por eso, a fuerza de educar, se conseguirá que muchas personas piensen: «Dios mío, qué equivocado estaba».

-La película aborda la pasividad social: la gente de alrededor sabe que se produce la cacería pero nadie hace nada para evitarlo, nadie excepto su madre...

-Me gustó mucho poner eso en el personaje de La Chary porque mi madre se enfrentaba a todo esto. Siempre tiene que haber alguien que diga basta, que no se puede, que tolerancia cero. ¿Si nadie levanta la voz, dónde queda la humanidad?

-El papel de la familia se hace visible en su película. A los padres no se les enseña a tener un hijo gay, lesbiana o transexual... La alternativa pasaba por meterlos a curas o que hicieran la mili para que se enderezaran...

-Cuando la gente está desesperada hace lo que puede. Las alternativas a no aceptar lo que un hijo es son múltiples y variadas, pero lo que me emociona es el profundo dolor de esas madres preguntándose: «¿qué hago yo ahora?»; ese estar entre la espada y la pared, ese tener un hijo que les parecía que no encajaba en sus familias acomodadas, de militares, muy estrictas o estructuradas. Y hay casos en que los echaban o los trataban como apestados cuando los pillaban o los veían vestirse de mujer. De pronto pensaban que era un error, una enfermedad. Eso refleja la educación ancestral de una España anclada en unos valores que no nos representan. Muchas madres tomaban la solución más fácil que tenían a mano, porque no disponían ni de la educación ni de la opción vital de la Chary: «Perdonaaaa, que mi hijo está sanísimo», decía ella. Y como sostiene uno de los personajes de la película: «Todos somos diferentes». Es la gran lección de la vida.

-Hablando de la familia, la película se adentra en el papel que juegan en ella los psicólogos...

-La psicología se implantó mucho en Europa a través de la Escuela de Freud, y en Argentina también, pero en España, no. Tengo una teoría y es que como aquí hablamos mucho, cuando nos queremos curar se lo contamos al vecino. El psicólogo me parece estupendo porque si no tienes a nadie a quién contárselo, él te va a escuchar. Mi madre tenía una mercería y las mercerías son confesionarios. Era muy bonito porque en la entrada había una mesa camilla con dos sillas, como una pitonisa. Yo desde la trastienda lo escuchaba todo. Y sí, si no vas al psicólogo vas a ver a una amiga y le tienes que contar la verdad, aunque duela.

-¿Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero no le parece una jodida mentira para aquellos que sufrieron el estigma? Por eso es inevitable el llanto durante el visionado...

-Me alegra que la película haga de catarsis curativa. Es verdad que todo el mundo necesita una sanación. Una espectadora en Estados Unidos me dijo: «Me ha gustado mucho tu película porque le hice daño a una persona, 40 años después me fui a su casa, le pedí perdón y me curé yo». Sí creo que el tiempo cura todas las heridas, alguien que te insulta es alguien que ve algo en ti que quiere tener y no puede, o que ve una brillantez y una libertad en ti que no puede siquiera asumir. Creo que en la agresión hay ganas de ser el otro, de no estar contento con uno mismo. El que más se hace daño no es el que recibe el insulto sino el que lo lanza.

-No todo el mundo tiene un micrófono. Usted lo ha tenido y ha hecho posible que desde esta industria que es el cine se hable de este tema para evitar que siga sucediendo... ¿Está contento?

-Estaría contento si no sucediese nunca más. Nací cuando murió Franco y ya no estamos en la época en la que todo estaba preestablecido. Ahora la sociedad tiene resortes para comprender todo tipo de estructura familiar y de relación amorosa. Estoy contento porque a través de la emoción mi película ayuda a sentir y a entender la diversidad.

-El mediometraje bucea también en el concepto de la muerte. ¿Su película es un ejercicio para sobreponerse al desconsuelo?

-No. Porque no puede haber desconsuelo ante la grandísima alegría y el grandísimo amor que mi madre me dio durante el tiempo que estuvo aquí. Me vale para 50 vidas. No hago la película para llorar la muerte de mi madre, hago la película para celebrar su paso por la vida. Es una invitación a la alegría.

-Otra idea muy potente en elmediometraje es el binomio madre-mujer. Madre coraje, madre trabajadora, madre soltera, mujer atractiva, divertida, herida por los golpes de la vida...

-Mi madre es el tipo de mujer que admiro. Me parecía una heroína en muchos casos, en otros una tragedia, un drama tremendo, una comedia... Era impredecible, una especie de personaje de novela gigantesca de realismo mágico. Mi tía Josefa siempre le decía: «Hija mía, contigo no ganamos ‘pa’ celuloide». Fue una mujer luchadora, trabajadora, que rompió su destino. Era la tercera hija muy esperada de un matrimonio que había perdido a sus dos hijas, una al mes y otra al año. Mi abuelo era taxista y mi abuela bordadora y la criaron entre algodones. Ella, de pronto, por un acontecimiento de su vida, cambia su destino y se convierte en otra cosa. Y tiene que emprender una lucha a pulmón con lo que tenía, que era poco, como mujer, madre soltera, criando a un hijo con todos los comentarios de la sociedad, y como mujer trabajadora buscarse la vida. Mi madre trabajaba en el Inem y mucha gente me cuenta lo mucho que ayudaba a todo el mundo, recuerdo que me decía: «Hoy ha venido a verme un mariquita y le he dicho, tú no te preocupes que yo te ayudo». Y lo hacía porque vivió en sus propias carnes las dificultades de ser un símbolo de otra feminidad, de otra manera de vivir, diferente a lo que en principio tendría que estilarse. Encarna a las mujeres a las que yo admiro; y a mí me gustaría, algún día, ser como ella.

-El cáncer también desfila por la película...

-Un poquito. Mi madre se enfrentó a una enfermedad terrible de la que prefiero no hablar.

-Y por supuesto desfila el barrio de San Roque, el barrio de los Machas, el barrio donde hoy desarrollamos esta entrevista...

-Es el escenario natural de mi infancia. Mi sueño era hacer una película en mi barrio, porque conozco a los personajes, me divierten, me entretienen. Me parece un universo mágico impresionante porque la infancia es un lugar que se ha quedado para siempre en mi memoria, en mi mundo artístico, como si viviera allí. Sé que me quieren y es un universo creativo que me inspira. San Roque es para mí el Macondo de Extremadura.

-Su película es, en definitiva, un canto a la libertad, a la igualdad, a la raíz y a la diversidad...

-Y sobre todo a la alegría.

-Y todo de la mano de Loles León, que hace de La Chary; y de usted, que hace de sí mismo...

-Loles es una mujer con la misma esencia que La Chary. Tienen la misma edad y comparten idéntica filosofía: luchadoras, libres sin importarles lo que opinen de ellas, que dicen lo que piensan intentando no hacer daño a nadie y que luchan porque la sociedad evolucione y todos seamos más felices. Y sí, hago de mí mismo porque me dolía mucho pensar en el contraplano del cementerio y ver a otro actor hablando con mi madre muerta.

-La cinta ya ha sido galardonada con el premio al mejor drama en el Festival Internacional de Cine de San José, en California. Además, Loles León ha recibido por su papel el premio a la mejor actriz en el Festival Internacional Woodengate de Rumanía y el de Hermosillo en México...

-La gente tiene ganas de cambio y estos premios simbolizan que hay que seguir luchando porque seamos un poco más libres.

-Hablemos ahora del cine español ante sus tres principales problemas: el IVA del 21%, el pago de las ayudas a la amortización y el cambio del modelo de financiación ¿Ser director es una heroicidad o una insensatez?

-Lo único que se me pasa por la cabeza cuando oigo todo esto es que ¡tengo que escribir buenos guiones!

-Usted es licenciado en dirección artística por la RESAD y fue el primer español en ser admitido en la Escuela de Guionistas de Francia. ¿La vocación sin formación es nada?

-Opino que sí. Sobre todo para ser guionista.

-Quintanilla atesora un gran currículum, de manera que es algo más que ‘El Mundo Entero’...

-Llevo 20 años trabajando. Haciendo teatro desde que con 19 años me fui de San Roque a Madrid, estuve 10 en Madrid y 7 en París. En el teatro he trabajado haciendo de todo. En el cine he trabajado de director de producción, de guionista en televisión, he escrito muchísimas obras, he sido ayudante de dirección durante 10 años en el Teatro Nacional... Y por todo este bagaje y estos 20 años de formación me sentía muy preparado para hacer este mediometraje. A mí me gusta hacer esto, disfruto con lo que hago, trabajo no para hacerme famoso, no me interesa nada eso, me interesa que yo ponga la peli y la gente disfrute porque nosotros estamos aquí solo para eso. Y nada más... y nada menos.

-¿Qué es el realismo?

-Interpretar lo que pasa en la vida para que la gente se vea identificada con ello. Pero el realismo no es la vida. No es poner una cámara en un jardín y grabar lo que pasa. El realismo es la reconstrucción de la vida para que sea más vida que la propia vida.

-Hablemos de política... ¿Cree que el entendimiento entre PP y PSOE en asuntos como el salario mínimo interprofesional o la ley de educación será beneficioso?

-Soy artista. Mi país se llama arte. Deberían mandarme a casa un veto que dijera: «Usted es artista, dedíquese a su arte. Gracias».

-La política internacional sigue siendo portada de nuestra vida. Austria ha dado un respiro a Europa al votar ‘no’ a la ultraderecha pero Italia le ha dado su enésimo revés tras la dimisión de Renzi por el rechazo italiano a la reforma constitucional. ¿Qué está pasando en el mundo?

-Que tiene miedo. Y el miedo es una cosa que no vale para nada. El miedo crea monstruos, guerras. Enfrentarte a la vida sin miedo es la mayor libertad.

-Y para terminar (da pena pero hay que terminar)... usted es un hombre lleno de vida que tiene mucho de alquimista, porque posee la capacidad de hacer de los fracasos emocionales éxitos ficcionales, estar al quite y ocuparse, por duro que sea, de convertir los sueños en realidad...

-El artista debe darse a sí mismo la misión de ser mago, porque si alguien te da un don es para hacer feliz a los demás. Solo así te harás feliz a ti mismo.

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