jueves, 22 de diciembre de 2016

#hemeroteca #mujres #historia | La mujer que aprendió a tocar el piano sin piano

Imagen: El País / Mili Porta
La mujer que aprendió a tocar el piano sin piano.
Isabel Valdés | Mujeres, El País, 2016-12-22
http://elpais.com/elpais/2016/12/12/mujeres/1481568512_034423.html

Mili Porta nació aquel año en el que la gripe española arrasó con la vida de 50 millones de personas en todo el mundo. Era 1918 en una familia coruñesa en la que la música no existía, y sin embargo, ella se sentaba cada día frente a la mesa del comedor y tocaba un piano que había dibujado sobre ella. Desde entonces, desde siempre, vivió dedicada a la música sin que eso excluyera a nadie ni nada: fue la primera directora de orquesta de España con 17 años, le concedieron la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio con 34, y obtuvo la primera cátedra de Solfeo del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid una década después.

El pasado viernes 16 de diciembre un acto reivindicó su nombre en la ciudad donde nació. Lo cuentan sus hijas, Mariví y Ana María Navarrete, y su nieta, Estefanía Cortés, días después de que se cumpla el 45 aniversario de su muerte, el 9 de noviembre de 1971, con 53 años. “No te paras a pensar lo joven que era cuando murió hasta que no pasas tú esa barrera”, apunta Mariví. Rodeadas de imágenes de Porta esparcidas sobre la mesa, aseguran no haber sido conscientes mientras ella vivió de la cantidad de cosas a las que le dio tiempo a llegar.

Describen una fotografía de su madre con su abuela, caminando por Madrid en 1932: “Vino a examinarse al Conservatorio Superior de Música, hasta entonces había estudiado con una profesora particular y con los medios que todo el mundo se puede imaginar: ningunos. Tenía 14 años y se fue de aquí con la carrera de piano terminada”.

Al volver a Galicia empezó una nueva vida dedicada plenamente a la música: “Dirigió la orquesta de A Coruña e interpretó en el Teatro Rosalía de Castro la zarzuela ‘La fama del tartanero’, con la Agrupación Ofelia Nieto, y siguió con ellos varios años más”. Mariví y Ana María eligen de entre todas una imagen de su madre con un traje blanco, largo, vaporoso: “Con aquel vestido dirigió esa primera orquesta”.

Los recuerdos de sus hijas empiezan cuando Porta, junto a su marido, el barítono Fernando Navarrete, ya se había mudado a Madrid, en 1944. “Aquí la vida empezó a tomar diferentes facetas”, dice Mariví. “Y las de mamá eran todas las del mundo”, secunda Ana María. Aunque ambas dicen que en su casa parecía que nunca había nada que hacer: “Jamás tuvimos sensación de agobio, ni de que ella estuviera a mil cosas. Cuando le pedíamos que nos contase un cuento, ella se iba al piano, comenzaba alguna pieza de Grieg y se lo inventaba. '¡Ahora los enanos, ahora el ogro!'. Nos hipnotizaba”.

Durante aquellos años estrenó en el Teatro Español la opereta infantil ‘Malibú, los cerditos y tú’; fue nombrada auxiliar interina de Solfeo en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde poco después obtuvo, “frente a las candidaturas de Antón García Abril y Manuel Angulo”, la primera cátedra de Solfeo en España; dirigió la coral Alalá de Veiga, la de Anaquiños da Terra del Centro Gallego de Madrid, la del Grupo de Ópera de Madrid y el coro de voces blancas Iria Flavia, creado por ella; grabó discos; participó en las emisiones para América Latina de Radio Nacional de España; y viajó, becada por la Fundación Juan March, por Alemania, Bélgica y Francia para conocer los métodos de enseñanza europeos y unificar los que había en España, armonizó casi todo el repertorio gallego para coro…

La lista sigue. “¿Da vértigo, verdad?”, espeta Ana María, catedrática ahora en el mismo conservatorio en el que lo fue su madre. Mariví, profesora también de conservatorio de nivel medio en el madrileño Amaniel, se queda pensando mientras mira las fotos que se extienden ahora por el sofá: “¿Recuerdas a aquel personaje de Mafalda que iba destilando una especie de polvillo? Mi madre era igual, salía de clase y tenía una corro de alumnos esperándola. Era de esas mujeres que te piden tres y tú devuelves 30. Así era ella”.

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