viernes, 11 de noviembre de 2016

#hemeroteca #inmemoriam | El artista del espectáculo total

Imagen: El País / Francisco Nieva
El artista del espectáculo total.
Francisco Nieva murió el jueves a los 91 años. El también director de escena Gerardo Vera rememora su figura y la obra transgresora, visualmente deslumbrante.
Gerardo Vera | El País, 2016-11-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/11/11/actualidad/1478885621_940675.html

Con Francisco Nieva se va una parte importante del alma de la Cultura Española con mayúsculas. Sin duda uno de los creadores más personales, más innovadores del teatro español contemporáneo. No dudé un momento en dedicarle una sala en el Centro Dramático Nacional al tomar posesión de mi cargo [Vera dirigió el CDN del 2004 al 2011]. Y la sala Nieva se convirtió en un espacio para experimentar nuevas propuestas escénicas, algo que a él siempre le llenó de satisfacción.

Mi primer contacto con Nieva fue a principios de los setenta. Acababa de llegar de Londres, donde había estudiado escenografía. En mis numerosos viajes a España estuve en contacto con casi todos los escenógrafos del momento. Trabajé incluso de ayudante con alguno: Emilio Burgos, Sigfredo Burmann, Victor María Cortezo en sus últimos años... Y ya se empezaba a hablar en los círculos teatrales de un pintor y escritor con una enorme personalidad. La primera persona que me habló de él fue José Luis Alonso. Luego tuve la oportunidad de ver un espectáculo suyo que realmente me deslumbró: ‘Pigmalión’, de Bernard Shaw, en el teatro Goya con la compañía de Adolfo Marsillach. Ese fue mi primer contacto con el mundo de Nieva. Aún me acuerdo de la impresión que me causó. Dominaba el color rojo. La escenografía era brechtiana: un decorado base con distintos elementos sugiriendo los diferentes espacios donde transcurría el espectáculo. Descubrí esa noche el extraordinario talento y la fuerte personalidad de un creador. No era un decorado, era un “espacio escénico” diseñado y pensado desde la contemporaneidad más rabiosa, desde un compromiso estético que rebasaba con creces los límites, a veces muy precarios, en los que se movía la escena española. Era otra mirada al teatro desde otro punto de vista que tenía que ver con el teatro total, con una nueva plástica escénica y con algo que siempre fue una característica el trabajo de Paco Nieva: su vastísima cultura y su poderosa imaginación. Era un transgresor de la realidad. Sus decorados, incluso partiendo de elementos reales, transitaban por mundos imaginarios. No era un escenógrafo al uso. Su aportación al espectáculo era total, impregnaba cada detalle.

Después se acumularon los éxitos. No es casual que ese gran artista plástico y hombre de teatro acabase dirigiendo y escribiendo sus espectáculos, convirtiéndose así en uno de los más importantes autores de la dramaturgia española contemporánea.

Yo seguía su carrera con verdadera avidez. Recuerdo otro espectáculo que marcó una época, o al menos fue el más importante que Paco Nieva y José Luis Alonso crearon juntos: ‘El rey se muere’, de Eugène Ionesco, en el teatro María Guerrero de Madrid. Recuerdo el impacto visual que nos causó, porque Nieva creó uno de los espacios escénicos más hermosos y sugerentes de la historia del teatro español.

Luego ‘El zapato de raso’, ‘Rosas rojas para mí’, ‘El primo’, ‘Tartufo’, ‘El burlador de Sevilla’, ‘La muerte de Danton’, ‘Los baños de Argel’, ‘Coronada y el toro’, y tantos otros. Paco Nieva se convirtió en una referencia indiscutible del mejor teatro y consiguió que la escenografía tuviese la importancia que ya tenía en otros países europeos. Madrid se convirtió en un centro de producción teatral a nivel europeo gracias a Nieva y a los directores con los que trabajó más: Miguel Narros, José Tamayo,Adolfo Marsillach y, sobre todo, José Luis Alonso, quizás el mejor director de escena en nuestro país y, desde luego, el más querido y recordado por nosotros.

Sería interminable hablar de todos y cada uno de sus espectáculos, pero no quiero pasar por alto una de sus mejores aportaciones a la historia reciente del teatro español, la que yo considero su obra maestra: ‘Marat-Sade’ de Peter Weiss. Yo ya había visto la película de Peter Brook y aún conservaba imágenes muy poderosas del filme cuando acudí al teatro Español a ver la producción de Marsillach-Nieva. La simbiosis Artaud-Brecht en estado puro. Fui el último día. Solo pudieron representarla tres veces porque inmediatamente fue prohibida por la censura. No exagero si digo que nunca un espectáculo teatral me había producido tal emoción. Todos los espectadores éramos conscientes de que asistíamos a un hecho histórico. Todo era perfecto: el extraordinario reparto con José María Prada, Serena Vergano, el propio Marsillach como Sade al frente y, desde luego, el espacio escénico de Nieva.

He sido afortunado por poderme considerar su amigo. Tuvimos una relación muy cercana y una enorme amistad. Hemos sido sobre todo cómplices dentro de esta aventura apasionante que es el teatro; dos escenógrafos apasionados por nuestro oficio, sobre todo en nuestros respectivos comienzos, y esa complicidad se ha mantenido a través de los años. Siempre encontré en Nieva admiración, respeto, apoyo y cariño. Aprovecho estas líneas para recordarle, para echar de menos nuestras risas. Siempre tendré presente su talento, su constante rigor y su compromiso con la realidad del tiempo que vivió. Paco, sabes que tu recuerdo me acompañará para siempre.

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