domingo, 8 de enero de 2017

#hemeroteca #testimonios | Un año sin David Bowie

Imagen: El Mundo / David Bowie
Un año sin David Bowie.
En el aniversario de la muerte de la estrella, Movistar + emite este martes el documental de la BBC 'David Bowie: The last five years', que arroja luz sobre la oscuridad y el secretismo de sus últimos días.
Darío Prieto | El Mundo, 2017-01-08
http://www.elmundo.es/cultura/2017/01/08/58717ce9ca474156138b4604.html

"Buenas tardes. Aquí hay un señor que quiere verla... ¿cómo me dijo que se llamaba? Sí: David". Un día la pianista y directora Maria Schneider recibió la visita de uno de los iconos del siglo XX, la persona que revolucionó la música y el concepto de estrella, el extraterrestre que cayó a la Tierra... Pero el portero de su edificio no vio a David Bowie, sino a un tipo corriente que esperaba en el hall. Al final de su vida, el hombre que utilizó la fama y su imagen pública como recursos artísticos sólo quería pasar desapercibido y vivir recluido. Deshacer lo hecho. En una época en la que resulta imposible guardar un secreto, consiguió rodear sus últimas obras de un halo de misterio que aún hoy las hace extrañas y fascinantes. Este martes se cumple un año de la muerte de Bowie, pero parece como si hubiesen pasado 10... o tan sólo un par de días. Así es el legado de confusión e incógnitas que nos deja. Ahora un documental pone el foco sobre esos oscuros últimos días del genio que este domingo habría cumplido 70 años: ‘David Bowie: The last five years’, estrenado el sábado en el Reino Unido y que Movistar + emite en España el martes, coincidiendo con el aniversario.

Dirigida por Francis Whately, que ya había realizado en 2013 otro proyecto sobre su carrera (‘David Bowie: Five years’), la película no pretende aclarar los detalles de su muerte. Al contrario, según el propio director, quiere "ayudar a comprender en conjunto la carrera de Bowie, alguien que al final de su vida y de su historia quiso terminar su obra, como quien completa un cuadro, con algunos de sus mejores trabajos. Igual que hizo Rembrandt". Y lo consiguió, explica Whateley a El Mundo, cerrando un círculo: "Si analizas los cinco primeros años de su carrera, con todos los cambios que experimentó y con los logros increíbles que alcanzó en tan poco tiempo, te das cuenta de que los temas son exactamente los mismos que aparecen en el lustro final: la mortalidad, la alienación, la cultura de la celebridad...".

En un nuevo juego de sorpresas, en esos cinco últimos años que abarca el documental el autor de ‘Heroes’ volvió a desafiar todas las expectativas que se tenían de él. Primero rompió el retiro que se impuso tras sufrir un accidente cardiovascular durante una gira en 2004 para publicar de improviso, sin dar explicaciones ni conceder entrevistas, ‘The next day’ (2013), el primer disco en el que el músico que siempre había mirado al futuro parecía echar la vista atrás con nostalgia. Luego llegó el musical de Broadway ‘Lazarus’ (2015), donde recuperaba el personaje al que dio vida en ‘El hombre que vino de las estrellas’ (1976) y avanzaba el personaje bíblico que articularía su disco final, ‘Blackstar’, entre explosiones de jazz de vanguardia. Y como inesperado colofón, su propia muerte, acaecida un par de días después de su 69º cumpleaños y de la publicación de dicho álbum, que se entendió como una gran obra de despedida orquestada que se podía descifrar a través de los mensajes del disco. Pero igual que sus letras no siguen una narrativa lineal y se abren a múltiples interpretaciones, Whately sostiene que con Bowie las cosas nunca están claras del todo. "En su arte, cada individuo puede leer lo que quiera", explica el cineasta. "Cualquiera puede conectarse de alguna forma con algo de sus letras. Como dice en una de sus últimas canciones, ‘I can't give everything away’, nunca quiso revelarse totalmente". Por eso quedan esas imágenes sueltas que componen el mosaico Bowie: el hombre increíblemente inteligente que en la conclusión de su vida leía un libro al día, pero también el aficionado a las películas de animación infantil y el experto en jugadoras anglosajonas de fútbol femenino.

Tanto si la estrella era consciente de su muerte durante la grabación de ‘Blackstar’ como si le pilló desprevenido, el documental es una fuente de información única sobre el mito y la persona. Colaboradores como los músicos Carlos Alomar, Mike Garson o la citada Maria Schneider, la cineasta Floria Sigismondi, el director de escena Ivo Van Hove, el diseñador gráfico Jonathan Barnbrook o el productor que le acompañó durante la mayor parte de su carrera, Tony Visconti, van conectando el desenlace de su historia con el resto de su trayectoria entre abundante material inédito en forma de fotografías, filmaciones y archivos sonoros. "Mi objetivo era que se hablase de música. No estaba interesado en la parte emocional, por eso no quise entrevistar a su familia", apunta Whately. "La enfermedad era sólo relevante en cuanto servía para ayudar a comprender el proceso de creación. Había momentos en los que, por ejemplo, explicaba que, debido al tratamiento, tal vez no podría estar siempre presente durante la producción del musical. En general, a su círculo más cercano de familiares y colaboradores les decía siempre lo mismo: 'Estoy enfermo; volvamos al trabajo'". En un momento de la película, Johan Renck, director de su último videoclip, ‘Lazarus’, señala que la idea del mismo (en el que Bowie aparece en una cama con los ojos vendados) fue anterior a la noticia de su final: "Fue tiempo después que descubrí que la semana de octubre en que rodamos fue cuando él supo que el cáncer que sufría era terminal". En otra escena se le ve durante la premiére en Broadway de ‘Lazarus’, el 7 de diciembre de 2015, apenas un mes antes de su muerte. Entre bambalinas le dijo al director, Ivo Van Hove: "Hay que hacer una secuela".

Nunca se rindió, coinciden todos los que estuvieron junto a él durante la enfermedad. Y prueba de ello es la última grabación con Visconti, la del tema ‘Lazarus’, donde canta: "Mirad aquí arriba, estoy en el cielo. / Tengo cicatrices que no se pueden ver. / Tengo un drama que no pueden quitarme. / Todo el mundo me conoce ahora". El productor recuerda cómo sacaba sus últimas fuerzas durante el registro de la pista de su voz. Y el resultado va más allá del análisis biográfico: "Lo que tenemos aquí es un hombre en lo más alto de su arte".

Bowie está presente en el documental de forma ausente, a través de extractos de entrevistas del pasado y frases sueltas. Una de ellas aparece al final: "Hay vidas en las que miras atrás con arrepentimiento y dices: 'Hay tantas cosas que no hice'. No quiero estar en esa situación de ninguna manera". Para Whateley, la música fue el medio artístico que escogió para encauzar una forma de expresión mucho más amplia. "Él era un enigma, pero también alguien valiente a la hora de explorar y con capacidad para compatibilizarlo con números uno en las listas de ventas", apunta. "Y resulta interesante que, en una época en la que se celebra la juventud, alguien tan extraordinariamente bello pudo confrontarse a las expectativas del público y, en vídeos como el de ‘Where are we now’ o ‘Lazarus’, decirle: 'Miradme. Ya no soy hermoso'". Por eso le molesta que el análisis de su envoltorio estético se quede en lo superficial. "Se dice de forma errónea que era un camaleón. Pero lo que éste hace es adaptarse al entorno circundante. Bowie hizo siempre lo contrario y, cuando cambió, fue para enfrentarse a la sociedad". De ahí la broma final del documental, cuando recuperan una vieja entrevista en la que le preguntan sobre cuál le gustaría que fuese su legado: "Me encantaría que la gente creyese que llevé unos peinados realmente guapos".

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