sábado, 6 de mayo de 2017

#hemeroteca #poblacionromani | Siglos de convivencia gitana en Euskal Herria

Imagen: Deia
Siglos de convivencia gitana en Euskal Herria.
El historiador David Martín habla sobre la convivencia entre ambos pueblos, marcada por la estigmatización. El primer texto que se refiere a ellos es de 1435. “Como peregrinos son bien recibidos pero, cuando ven que vienen para quedarse, se legisla contra ellos”.
Leticia de las Heras | Deia, 2017-05-06
http://www.deia.com/2017/05/06/sociedad/euskadi/siglos-de-convivencia-gitana-en-euskal-herria

Nafarroa es el primer lugar en el que se constata documentalmente la presencia del pueblo gitano en Euskal Herria. El primer texto que se refiere a ellos está datado en 1435 y recoge la entrega de limosna por parte del tesorero del reino a un grupo de gitanos que aseguraba estar en peregrinación para cumplir las penitencias que les había mandado el’ Padre Sacto’. Numerosos estudios apuntan a que los gitanos llegaron al occidente de Europa desde la India en el siglo XV, que marca el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna, un siglo con grandes hitos como el descubrimiento de América.

En cuanto a sus motivaciones, los documentos de la época coinciden en que llegaron como peregrinos que viajaban a los lugares santos de la cristiandad para redimirse de su pasado con el Islam. Los primeros encuentros fueron cordiales, pero según apunta el historiador David Martín Sánchez, autor del libro ‘El pueblo gitano en Euskal Herria’, la forma de ver a este nuevo pueblo cambió a medida que los residentes percibieron que no estaban de paso y venían para quedarse. No estaban equivocados, pues aquellas familias que se asentaron en el siglo XV en los territorios de la CAV, Nafarroa e Iparralde ya no abandonaron estas tierras, adquiriendo su idioma y costumbres y participando activamente de la historia de Euskal Herria.

“Muchas veces se les ha visto como extranjeros que no forman parte de nuestra sociedad, pero hay que desmontar ese mito porque tienen mucho arraigo. Llevan viviendo aquí más de cinco siglos”, recordó Martín. Viajaron y se fueron estableciendo por toda Europa, adaptándose a la cultura de los lugares en los que se establecían. Muestra de ello es, por ejemplo, su religión. “Los que vivían en la zona del imperio otomano adoptaban el Islam y aquí adoptaron el cristianismo, se adaptaron a la cultura y, dentro de esto, entra también la religión”, ilustraba el historiador.

Leyes antigitanas
Ser gitano llegó incluso a considerarse como un tipo penal propio, incluyéndoseles además en otros tipos más generales como el de ‘vago’ -que englobaba a los sospechosos de mala reputación, amancebados, borrachos, falsos mendigos o poseedores de armas prohibidas-. La estigmatización fue común en toda la península, aunque en Euskal Herria sufrieron también el peso de los fueros. En Nafarroa, en particular, tardaron más de un siglo en legislar en contra de los gitanos; sin embargo aplicaron directamente contra ellos penas como su captura, azotes, vergüenza pública y expulsión, que más tarde se endurecería hasta los cinco años de galeras en el caso de los hombres.

En una sociedad en la que todo el mundo tenía un oficio y un lugar determinado chocaba que llegara un nuevo grupo humano que fuera itinerante y que no desarrollase los oficios del resto, así que se busca su control social, obligándoles a asentarse, a abandonar su traje, su lengua, sus costumbres y sus oficios tradicionales. Pese a eso, señala Martín en su libro, la ejecución de estas normas en Nafarroa fue bastante laxa, cuestionándose su eficacia.

La constante represión que sufrió el pueblo gitano concluyó en que en toda la península perdiesen sus rasgos característicos. “Un gitano sueco puede comunicarse con un gitano búlgaro en romaní, que es su lengua original, pero aquí se les prohibió y lo perdieron”, ejemplificaba Martín, quien asegura que esta pérdida de sus raíces se extendió también a sus ropas o sus empleos tradicionales. “Aunque hoy en día muchas personas gitanas se sientan muy orgullosas de serlo, durante el Antiguo Régimen era mejor camuflarse” alude en el libro, al tiempo que reconoce que “hoy en día, dentro de la idiosincrasia gitana, pervive esta resistencia a querer formar parte de un sistema ajeno”.

Para David Martín es importante hacer entender que el pueblo gitano no tiene una historia paralela a la de Euskal Herria sino que comparten la misma. Además, explica, la convivencia durante casi seis siglos ha propiciado que haya un intercambio recíproco de rasgos culturales. “En Andalucía la gente reconoce que lo gitano está muy integrado, pero aquí, en Navarra y el País Vasco, aunque es algo que es muy evidente y que la historia lo muestra, no se reconoce”, comentaba.

A juicio del historiador, existen periodos claves como la Guerra Civil en la que parece obviarse su presencia, pero los gitanos también formaron parte activa de este conflicto. “El pueblo gitano sufrió, luchó y vivió la Guerra Civil, pero se ha obviado”, critica. Una muestra clara de la gran presencia de los gitanos en Nafarroa se encuentra en los apellidos. “Existen una serie de apellidos que no son exclusivamente gitanos, pero sí predominan entre ellos”, apunta.

Entre ellos hay algunos ejemplos destacables como la presencia en la zona de la Ribera hasta el siglo XVIII de muchas personas de origen gitano de apellido Bustamante y que, en los últimos años, se han ido diluyendo entre la sociedad.

Lo gitano, lo vasco y la mujer
Lo mismo ocurre en el norte del territorio con familias como los Echeverría, a los que Martín considera como los “gitanos euskaldunes por antonomasia”, representando estos, agregaba el historiador, la esencia de esa mezcla cultural entre lo gitano y lo vasco. También cuentan con numerosos representantes en esta zona las familias Echepare, Urrutia o Berrio.

Según David Martín, la historia muestra que en el pueblo gitano la mujer tiene un papel muy importante en la casa; de hecho, a muchas familias se les reconoce por una mujer en concreto. En este sentido, el historiador advirtió que “hay que tener cuidado en querer imponer desde fuera un proceso de emancipación de la mujer a una cultura que igual no sigue los mismos ritmos”, aludiendo a la necesidad de preguntar primero a los propios gitanos por sus deseos y necesidades y respetando cada cultura sin buscar imponer algo por considerarlo mejor.

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