La paliza al árbitro alemán Pascal Kaiser pretende ser más que una agresión homófoba. Es un mensaje.
Enrique Alpañés | El País, 2026-02-12
https://elpais.com/espana/madrid/2026-02-12/nuestra-pluma-es-mas-fuerte-que-sus-punos.html
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| Pascal Kaiser tras la brutal agresión // |
Manolito pasó a ser el maricón oficial del colegio y yo ascendí al puesto de simple marginal. Durante ese año de tregua me junté con los chicos, gocé de un ascenso social e intenté incluso jugar al fútbol. Evité de todas las maneras posibles al pobre Manolito. Con el tiempo me he dado cuenta de que en realidad el pobre era yo, que Manolito no era más maricón, sino más valiente, más de verdad. En un mundo de niños que luchaban por ser hiperadaptados y uniformes, él supo llevar a gala sus diferencias.
Fui a un colegio público madrileño en una periferia de ladrillo visto y toldo verde. Tenía un patio modesto, de tres campos de fútbol. No es esta una forma de medir el espacio metafórica, aludiendo a un concepto espacial que todos conocemos. Era literalmente lo que había: tres campos de fútbol. Uno era el campo de los mayores, otro el de los pequeños y un tercero reconquistado para combinar fútbol y baloncesto. El resto era periferia. Los campos estaban delimitados por líneas de colores, fronteras infranqueables que separaban a unos niños de otros. Traspasarlas significaba ocupar el centro, formar parte de algo, dejar de ser público y pasar al escenario, al lugar donde pasaban las cosas. Yo siempre me moví en la periferia, flotaba en los márgenes, con el aire solícito del marginado. Aquel año me adentré en el campo de fútbol como quien entra en una guerra: esquivando golpes e intentando no llamar la atención. Pronto se recrudecieron los insultos. Era malo porque era un maricón.
Decía Alana S. Portero que “antes de definirte tú mismo, los demás te dibujan los contornos con sus palabras y sus violencias”. Y fue eso lo que nos pasó, en distintos grados, a Manolito y a mí. Eso fue lo que nos pasó a muchos niños LGTBIQ+, que aprendimos en un patio de colegio que nuestro lugar estaba en los márgenes. Fue el fútbol, antes que el sexo, el que nos marcó a muchos como maricones.
He pensado mucho en este tema estos días, al leer primero con alegría, después con rabia, la historia de Pascal Kaiser. La semana pasada, este árbitro alemán de 27 años le propuso matrimonio a su novio, Moritz, ante unos 40.000 espectadores antes de un partido de la liga de fútbol alemana. En el estadio la gente aplaudió, pero en las redes sociales empezó el acoso. Lo amenazaron, lo insultaron y filtraron su dirección. También se escribieron mensajes de apoyo y de gente escandalizada ante tanta homofobia. A estos les replicaban esa vieja letanía cacatúa: “¿Qué necesidad de exhibirse de esta manera?” “Prueba a hacer eso en Palestina”. Pero Kaiser no tuvo que irse a Palestina para sufrir las consecuencias. Estas llegaron hasta su casa.
El pasado domingo por la noche el árbitro llamó a la policía para denunciar, que restó importancia a sus palabras. 20 minutos después de colgar, tres hombres lo sorprendieron en la puerta de su casa y le dieron una paliza, según confirmaba —con una serie de fotografías escalofriantes— el diario francés L’ Equipe.
En Madrid se registra una agresión LGTBIfóbica al día. Es una dinámica que se repite; basta echar un vistazo a la hemeroteca. Homosexuales apaleados, mujeres trans hinchadas y amoratadas. Enseñamos las cicatrices, mostramos nuestros cuerpos como una cartografía del desastre. Nuestras heridas son el mensaje, nos dicen lo que puede pasar si no andamos con cuidado. La paliza a Pascal Kaiser no fue solo un delito de odio, fue un mensaje de advertencia. Para él y para todos los que somos como él. Nos están diciendo que deberíamos seguir en los márgenes, que hay espacios en los que no podemos estar, donde no podemos ser.
Me dan asco los violentos, pero también me dan rabia los tibios, los que dicen que la sexualidad es algo privado. La que se sale de la norma, claro. ¿Cuántas pedidas de mano heterosexuales y públicas hemos visto que no han acabado en paliza?

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