sábado, 7 de febrero de 2015

#hemeroteca #literatura | Davide Martini: "El dinero está quitando el espacio a las cosas que hacen preciosa la vida"

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Davide Martini: "El dinero está quitando el espacio a las cosas que hacen preciosa la vida"
Eduardo Nabal Aragón | Diario Progresista, 2015-02-07

http://www.diarioprogresista.es/davide-martini-el-dinero-estando-quitando-el-espacio-a-las-cosas-60468.htm

Davide Martini (Benevento, Italia, 1981) acaba de publicar su primera novela "49 goles espectaculares" en la editorial Dos Bigotes. El autor reside en Roma hasta el 2007, donde se licencia en Medicina y Cirugía. Vive en Madrid desde 2010. Con 22 años gana el Premio Moravia por un breve relato sobre Roma del Fondo Alberto Moravia y el Premio para relato sobre la resistencia histórica del Museo della Resistenza di Ca’Malanca.

Actualmente, colabora en el guión del próximo largometraje de Horacio Alcalá. “49 goles espectaculares”, de inminente aparición en librerías, es su primera obra traducida al castellano.

Diario Progresista: Hola Davide, tu novela llama la atención no solo por la juventud de los personajes o la mirada del autor, sino por la mezcla entre elementos de la llamada “alta literatura” y la “cultura popular”. ¿Querías ganarte a un público nuevo con otro tipo de narrativa?

Davide Martini: Cuando escribo intento olvidarme de «un público». Escribo lo que creo necesario escribir. Por otro lado, soy partidario de las mezclas de diferentes niveles. Creo que se puede y se debe mediar entre la alta cultura y la cultura popular. Pienso que es una reflexión que los artistas en general deberían hacer: ¿qué sentido tiene crear algo cuando tu obra no puede ser decodificada? Esta no es una época para el esnobismo intelectual.

D.P.: Hablando con Alberto Mira sobre Imre llegamos a la conclusión de que la literatura nunca nos refleja del todo. Es decir, que no hay dos adolescencias iguales aunque sí elementos coincidentes en el caso del llamado colectivo LGTB. ¿Crees que los cambios sociales se reflejan en la actitud más abierta de los protagonistas de tu libro o en Italia estos cambios no son generales o no se han llegado a producir?
D.M.: La realidad está cambiando, hasta en un país tan conservador como Italia. Hay una profunda separación entre el poder institucional y la gente, el pueblo. Cada vez más, la política es un espectáculo de marionetas en el que nos cuesta reconocernos. Observamos a los políticos moverse en un mundo que no existe. Los medios, la Iglesia, las instituciones italianas siguen trasmitiendo mensajes retrógrados y homófobos, pero la sociedad, afortunadamente, está en otro punto distinto.

D.P.: Hay algo que engancha mucho y es que el protagonista se auto-engaña. ¿Te resultó difícil desarrollar la aceptación de su primer amor y de su (homo) sexualidad evitando lugares ya comunes?

D.M.: Creo que la función de la escritura es evitar los lugares comunes, observarlos desde dentro y hacerlos explotar. Si un personaje suena a tópico, algo estás haciendo mal. Si escribir tiene una función, en mi opinión es ésta y ninguna otra.

D.P.: ¿El paso del relato a la novela ha supuesto mucho trabajo o las dos cosas requieren tiempo y dedicación?
D.M.: Son dos técnicas muy diferentes. Por naturaleza soy más de novela, me gusta moverme en el espacio incierto del desarrollo psicológico de los personajes. Para el relato se necesita una acción muy rápida y cerrada que dé sentido a tanta brevedad. Supone más programación, sobre todo antes de empezar.

D.P.: Hay novelas llamadas juveniles que te preceden. Me refiero por ejemplo a “Jim en el espejo”. ¿Pero no crees que esa separación sea un poco artificiosa cuando tus propios personajes leen a Proust siendo muy jóvenes?
D.M.: Depende lo que entendamos por juvenil. Hoy en día, ¿qué es ser joven? Desde luego no es un dato anagráfico, y hoy vivo con la misma incertidumbre de cuando tenía veinte años, incertidumbre sentimental, económica y de metas. Tengo la sensación de que una segunda parte de mi novela seguiría siendo una novela juvenil. Pertenezco a una generación obligada a vivir en una eterna adolescencia.

D.P.: ¿Va a ser fácil compatibilizar la literatura con el trabajo que realizas?
D.M: Sí, el hecho de no tener que vivir de la literatura me permite escribir lo que realmente me apetece. Esto siempre ha sido muy importante para mí.

D.P.: ¿Qué opinas de la Europa de hoy y de la situación socioeconómica en la que empieza a encontrarse gran parte de la juventud, entre el paro, la emigración y la vuelta a casa por falta de oportunidades?

D.M.: Tengo la sensación de que es un gran engaño. He nacido en una época de crecimiento económico, de bienestar quizás excesivo e inflado, donde cierta retórica, desde la perspectiva de ahora, del mérito, de la importancia de la cultura, de los derechos y de la igualdad, parecía prometernos un futuro mejor, que luego nos han quitado. A día de hoy seguimos ahí, compartiendo piso como en los tiempos de la carrera, sin posibilidad de proyectar un futuro, con trabajos miserables tras años de duro estudio mientras a tú alrededor reina la mediocridad, la envidia y la lucha del «sálvese quien pueda». Siguen desgranando una retórica de los sagrados «valores», pero la práctica es de una falta de ética social, sentimental y civil. El dinero no está dejando espacio para las cosas que hacen preciosa la vida: el arte, las risas, los afectos, la ilusión, la cooperación.

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