domingo, 8 de febrero de 2009

#hemeroteca #juventud | La generación sin armario

La generación sin armario
Luz Sánchez-Mellado | El País, 2009-02-08
http://elpais.com/diario/2009/02/08/eps/1234078015_850215.html
 
Es posible que los peces gordos de Telecinco no se hayan enterado. Pero Macarena, “Maca”, Fernández, pediatra de “Hospital Central”, la teleserie decana de la casa, es un icono para ciertas chicas españolas. Maca es guapa. Competente. Carismática. Y lesbiana. Rocío Fernández no se pierde un capítulo. No los mira en la tele de su casa, donde vive con sus padres. Prefiere verlos sola. Por eso se los baja de Internet. Fue en cualquier parte, con el portátil acunado en el regazo, donde la adolescente Rocío visualizó cómo quería ser de mayor.

"Gracias a la historia de amor entre Maca y Esther vi que es posible amar a otras mujeres, casarse, ser madre con otra, tener éxito y respeto social. Que esto es natural y bonito, que no eres un bicho raro ni tienes que sufrir por ello. Maca me ayudó a salir de mi propio armario, el de mi familia y el del mundo".

Rocío tiene 21 años, estudia Ingeniería de Obras Públicas y es lesbiana. No lo va pregonando. Tampoco lo oculta. Vive como siente, punto. Ellas han tenido a Maca. O a Diana, la devoramujeres de “Siete vidas”. O a Lindsay Lohan, ex novia adolescente de América, hoy pareja de la dj Samantha Ronson. Los chicos, a Fidel, el chaval hipersensible de “Aída”. Al comunicador estrella Jesús Vázquez. O al mismísimo Fernando Grande-Marlaska, juez de la Audiencia Nacional, aconsejando en las vallas el uso del preservativo a los hombres que, como él, tienen relaciones sexuales con otros hombres.

Todos, ellos y ellas, han visto el cielo abrirse ante sus ojos con sólo teclear la palabra gay o lesbiana seguida del nombre de su ciudad en Internet. La nueva generación de homosexuales españoles ha crecido con referentes. Espejos donde mirarse. Ejemplos en los que reconocerse. Y derechos adquiridos. Rocío estrenó su mayoría de edad en 2005, el año en que se aprobó la ley de matrimonio de personas del mismo sexo. El cuarentón Marlaska no tuvo esa suerte.

Su señoría lo confesaba ante los chavales de un instituto madrileño. "Tuve clara mi orientación sexual desde muy joven, pero perdí 25 años de mi vida afectiva por la ley del silencio. Hasta los 35 años no lo reconocí ante el mundo". Marlaska y muchos de sus coetáneos han pasado su juventud apolillándose en el ropero. Entre otras cosas porque hasta los ochenta no se derogó la Ley de Peligrosidad Social, que consideraba delincuentes a los homosexuales. Algunos, habituados a una confortable reclusión privada o reprimidos por la intolerancia social, han elegido quedarse a vivir dentro. La generación de Rocío no está dispuesta a perderse nada.

Criados en la cultura de la inmediatez, acostumbrados desde bebés a pedir y que se les conceda, los nuevos gays y lesbianas no conciben esperar para empezar a vivir como son. Sin alardes, sin complejos. Por eso cada vez son más los que deciden contarlo en casa en cuanto ellos mismos lo tienen claro. Cuando se produce su despertar sexual. Cuando se enamoran. Cuando se lo pide el cuerpo. Aunque sufran. Aunque duela. A ellos y a los suyos. Una vez que descerrajan el armario de casa, el resto es más sencillo de franquear. El problema pasa a ser de los demás. De quien no les acepta. Pagado el peaje de la confesión de su “diferencia”, suelen ponerse el mundo por montera.

Nadie dijo que fuera fácil. Ni gratis. No es casual que casi todos los que aquí dan la cara sean universitarios urbanos. El grado de visibilidad de los jóvenes gays es directamente proporcional a su extracción social, su nivel de estudios y el número de habitantes de su localidad. El 9,1% de los escolares de secundaria se declara homosexual. Pero la homosexualidad es la primera causa de acoso en los institutos, según los colectivos gays. Uno de cada tres chicos cambiaría de pupitre si supiera que su compañero es gay. Un 90% del alumnado cree que lesbianas y gays son peor tratados que los demás. Y lo más terrible: un tercio de los suicidios juveniles tiene su causa en la dificultad para asumir o ejercer en libertad la propia orientación sexual, si se extrapolan los datos de un estudio del Instituto de la Salud de Francia.

"Maricón es la palabra más usada en el instituto, vale para todo", confirma Álex Quesada, de 21 años, estudiante de Comunicación. "Yo sufrí acoso. No concretamente por gay, sino por ser el “pringao”, el débil, y encima “delicado”. Me machacaban. A los 13 años me atraían los chicos, pero también algunas chicas. Estaba en pleno desarrollo de mi sexualidad. Lo que más teme un adolescente es el rechazo, quedarse aislado, y yo estaba cagado". Quesada pasó años "emparanoiado". Ya no tiene miedo.

"En casa me pillaron mirando páginas de tíos en Internet. La reacción de mis padres fue negarlo, aplazar el conflicto: 'Es una etapa, ya se te pasará', dijeron. Pero no se me pasó". Así que a los 16 años se plantó delante de sus progenitores -profesionales liberales- y les soltó: "Esto no es una etapa ni quiero que lo sea. Yo soy así, esto es lo que hay". Tras esa fachada de seguridad, Álex temblaba. "El miedo al rechazo depende de lo que te importe la persona. Y no lo hubo. Sospecho que mi madre lo sabía. Ellas lo saben. Y que a mi padre no le hizo ni puta gracia. Les costó asumirlo, supongo que es normal, son generaciones distintas. Nadie les preparó para tener un hijo homosexual".

Estamos en una cafetería de barrio. Las señoras de al lado están fascinadas. El local está casi vacío, pero Quesada ha escogido este velador codo con codo con ellas. No tiene nada que ocultar. "Tampoco creo que haya que ir diciendo: 'Hola, me llamo Álex y soy gay'. Para empezar, se me nota".

-¿En qué?

-¿No ves cómo cojo el cigarro? Además, tengo espejos en casa. De chaval no tenía tanta pluma. Pero cuando sales del armario te quitas la losa y actúas con naturalidad.

Quesada estudió en el instituto Duque de Rivas, de Rivas-Vaciamadrid. Fue allí donde el juez Marlaska confesó su pasado en el armario. Álex abrió el suyo con la llave de Internet. "Es el gran aliado", dice. "Ahí conocí a los primeros chicos. No puedo imaginar la vida de los que tenían que ir a un cine o bar de ambiente para ver gente como ellos. Esa sordidez me la he ahorrado".

El horizonte terminó de despejársele al acabar la ESO. "En el insti hay mucho cafre. Manda la masa, y la masa es heterosexual. Fuera también, pero incluso en los ambientes más retrógrados la homofobia es políticamente incorrecta. En otros, ser gay es hasta chic". La cultura, el arte y la moda son algunos de esos ámbitos. Las facultades de Audiovisuales, como la de Álex, también. "Claro que hay gente de mi generación dentro del armario. Me parece legítimo. A mí se me quedó pequeño: apestaba a naftalina".

Marta Gómez no ha estado un minuto dentro. Ni siquiera el mes que duró lo que esta estudiante de Comunicación de 22 años llama su "lucha interna". "En el instituto empecé a fijarme en chicas", relata. "Vi que las personas que me atraían eran de mi sexo. Para mí no fue una opción consciente. Soy así. Pero la sociedad te empuja a ser heterosexual. Tú eres la primera que lo consideras raro. Primero te planteas que cómo vas a ser lesbiana; como mucho, bisexual. Hasta que lo vas asumiendo, aceptando, y entonces viene otro problema: decírselo a los tuyos".

La madre de Marta no se desmayó cuando su hija de 14 años le confesó sus sentimientos. Carmen Garrido, de 56 años, lleva décadas oyendo cuitas de adolescentes en los colegios donde ha ejercido de psicóloga. Ahora tenía trabajo en casa. "Algo había notado. Tenía otro tipo de antenas además de las de madre", confirma. Marta ha invitado a sus padres a la entrevista. "Al principio creímos que podía ser la ambivalencia de la adolescencia. Le dijimos que no se pusiera etiquetas, que viviera abierta a evolucionar de una forma u otra. Nosotros estuvimos alerta, presentes sin presionar, hay que tener paciencia. Te preocupa que sufra, que la hieran. Pero a un hijo no se le ponen condiciones. No es tuyo, es una persona".

Marta tomó el consejo al pie de la letra. Siguió su vida. Libre. Sin miedo. Empezó a llevar amigas a casa. A invitar a sus novias -"soy de relaciones largas"- a los eventos familiares. La fuerza de los hechos y la costumbre hicieron el resto. Ahora las cosas están claras. Para todos. "La sorpresa de los allegados es gradual y se supera", dice Mariano, su padre, un consultor de 50 años. "Somos una familia unida que acepta a la gente como es".

-Disculpen que se lo diga, pero parecen ustedes unos padres de anuncio.

-Soy consciente de que nuestro caso puede no ser mayoritario. Tengo compañeros que me dicen marica porque me doy crema de manos. Mentiría si dijera que no tenemos cierta inquietud: esto no lo acepta todo el mundo. Somos católicos, y la manifestación de los obispos contra el matrimonio gay nos ofendió profundamente.

Marta conoce su suerte. "Mi pareja está aún en proceso de contárselo a sus padres". Ella no se esconde, pero tampoco se exhibe. En el instituto no lo contó a nadie. "Si te insultaban por sacar buenas notas, imagínate por lesbiana". Luego lo ha dicho a quien más le importa. "Al resto, ¿para qué?". Lo que sí ha hecho es colgar en YouTube la presentación de “Vidas de cristal helado” (Atlantis), la novela que escribió a los 18 años. La protagoniza una chica lesbiana que vive en Reata, "un sitio en el que no puedes ser tú mismo". Alguien que no tuvo su suerte.

La exposición en Internet es el activismo particular de Marta. "Sé que tenemos libertad gracias a la lucha de los mayores. Pero yo soy diferente. No he tenido esa amargura. Vivo con alegría. Eso también es activismo".

Ella es una 'nativa digital'. Forma parte de la generación que no recuerda el mundo sin Internet. Para la que la Red es el medio natural. La frontera se sitúa en torno a la treintena. Los mayores son ya “inmigrantes digitales”. El 83% de los jóvenes españoles son usuarios de redes sociales. Gays y lesbianas las usan el doble que los heterosexuales, según la firma MediaMetrix. Internet bulle de testimonios “arcoíris”. Lesbianas y gays que se confiesan a la ciudad y al mundo. "Viviendo a pleno, sintiendo por primera vez, experimentando, sexualidad, 17 años, gilipollez, adolescencia", declara un tal Mikami en su perfil personal (creciendodeprisa) en Blogspot. También los hay colectivos.

En cuanto acabe esta reunión, sus asistentes colgarán las fotos en YouTube, Tuenti, Facebook, MySpace y Fotolog. Así levantan acta los activistas digitales. Autoafirmándose. Dejándose ver. Poniéndose a un golpe de ratón de quien lo desee. Estamos en la Facultad de Arquitectura. Un grupo de chicos y chicas ocupan el aula. Son estudiantes de “teleco”, informática, aeronáutica, derecho. Y miembros de Arcópoli, la asociación LGTBH (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales y Heterosexuales) de las universidades Politécnica y Complutense de Madrid.

Creada en 2004, Arcópoli es una asociación innovadora. Gays y lesbianas; “homos” y “heteros” trabajando -"y divirtiéndose"- juntos. "No somos feministas, ni machistas, ni de un partido ni otro, sino un grupo de iguales luchando por la igualdad", dice Rubén López, ingeniero de telecomunicaciones. Ló­pez, de 29 años, se creía "el único maricón de ingeniería" cuando vio un cartel de Arcópoli. "Tenemos referentes, sí, pero nos faltan arquitectos/as, ingenieros/as, médicos/as, y no sólo actores o artistas", dice. "Aquí estamos, somos profesionales fuera del armario. Algo se mueve y no tiene vuelta atrás".

Araceli Cuevas y Esther Martínez conocen sus derechos y los ejercen. A sus 26 años, llevan tres casadas. No fue un impulso. Llevaban 10 años de noviazgo. Cuevas y Martínez practican "activismo de hecho". No creen que declararse lesbianas sea parte de su intimidad. "Decir en el trabajo que vas con tu mujer a una casa rural es activismo puro y duro. Intimidad sería contar qué hacemos en la cama". Esther y Araceli también pasaron su "calvario". Cuando supieron lo suyo, sus padres las llevaron al psicólogo "a ver quién estaba equivocado". "Yo te he parido y sé lo que sientes", le dijo a Esther su madre. "Se le pasó cuando me preguntó si yo lo sentía como una putada de la vida y le respondí que soy más feliz de lo que nunca imaginé. Ahí se acabó el drama".

"Hay que entenderlos. Para ellos es un marrón, es un trauma decir a todos que tu hijo es homosexual. Cuando tú sales del armario, les metes a ellos", confirma Rocío. "En sus expectativas no entra que su hijo sea gay. Creen que no tendrán nietos, que su árbol genealógico se seca, pero como te quieren, lo acaban aceptando", zanja Araceli.

Gritos, lágrimas y, al final, un abrazo. Muchos describen así el momento en que confiesan a sus padres su homosexualidad. Duele, pero compensa, dicen. A todos. "Esta generación es la más planificada de la historia", aporta Gerardo Meil, sociólogo y autor del ensayo “Relaciones entre padres e hijos en la España actual” (La Caixa, 2006). "Son los reyes de la casa. Las relaciones dentro de la familia han cambiado. Hay que negociar antes de llegar al conflicto porque los lazos ya no se suponen para toda la vida, se pueden romper. Ese abrazo significa: 'Eres diferente, pero te integramos'. Los padres saben que o les aceptan o les pierden".

Omar Hossain no olvida el achuchón de su padre en la hora de la verdad. El señor Hossain fue el último en enterarse. A Omar le atraían los chicos desde el parvulario. "Tenía un instinto sexual fuerte, pero esperaba que se me fuera. Hasta que pensé: 'Joder, ¿qué va a ser de mí? Esto no se me quita".

Hossain, hijo de padres separados, siguió el itinerario habitual: Internet, primeras citas, primeros amores. Fue saliendo del armario de amigo en amigo. "Según lo iba diciendo, me sentía mejor". Hasta que, a los 19 años, estudiando fuera de casa, se confesó. Primero a su madre, por teléfono. Después a su padre, mientras iban en coche. "No dijo nada. Salió en una gasolinera y al volver me abrazó. Él es musulmán. Me dijo que mi vida era mía. Hasta hoy", dice Omar, de 23 años. Sólo lamenta el tiempo perdido. "Salí tarde y no pierdo un minuto. Tengo derecho a disfrutar de mi sexualidad".

Silvia y Neus Sanchis son artistas y tienen 23 años. Se apellidan igual, pero no son familia. Aún. Planean casarse. Tener hijos: "Uno cada una". Por ahora viven juntas en un piso que pagan con los 210 euros de la renta de emancipación del Gobierno. Todo esto en Ontinyent, un pueblo valenciano de 45.000 habitantes. Silvia y Neus son novias desde los 16. Sobrevivieron al “aquí huele a tortilla” del instituto. Confesaron su amor a sus padres: "En pareja es más fácil: una apoya a la otra". Recibieron el correspondiente abrazo. Y pusieron tierra de por medio.

En Barcelona, donde estudiaron, vieron el cielo abierto. "Vivíamos juntas. Había locales, librerías, gente como tú por la calle. Hizo falta irse para poder volver". Están de nuevo en casa. "Nos fuimos huyendo y volvimos para pagarles la huida a nuestros padres", dice Neus. "Se lo debíamos", confirma Silvia. "Si no, el muerto siempre estaría aquí. Ya lo hemos llorado juntos y estamos en paz".

Su cuarto está lleno de autorretratos. Una bella durmiente Silvia recibe el beso de la princesa Neus. Las dos en la cama, hechas un ovillo de piernas y brazos. Su obra completa está en Internet (silviayneus.com). No hay que salir para ver a esta pareja visible.

Carmen Hernández siente "alegría y envidia". Hernández, de 34 años, es la coordinadora de políticas lésbicas del histórico colectivo FELGTB. "Hay un cambio generacional brutal. Yo ya no pillé Internet de adolescente. Estas chicas se han ahorrado traumas, soledad y dolor".

Javier Díaz, de 37 años, concejal de Juventud en Arganda (Madrid), se congratula de la novedad. Díaz, del PP, conoce la homofobia de primera mano. En noviembre tuvo que soportar comentarios jocosos sobre su homosexualidad por parte de un colega socialista, también gay. No se arredró. "He seguido una política de hechos consumados. Llegué al PP con pareja. Ésa es la vía". El edil asiste con una mezcla de satisfacción y distancia a la eclosión de la nueva generación gay. "Traen de serie normalidad, visibilidad y libertad. Ser como son sin que les señalen. Estupendo. Pero les veo algo subiditos. Ser gay no es guay, sólo una condición sexual".

Marce Rodríguez, periodista de 44 años, salió del armario de su casa a los 40, en la portada de esta revista. "Queremos casarnos", decía el titular poco antes de la aprobación del matrimonio gay. Rodríguez, que se casó finalmente con su novio, publica “Mis padres no lo saben” (Plaza y Janés), un libro donde cuenta la vida de homosexuales de su generación. "La falta de referencias era absoluta. Demoledora. Jesús Encinar, el fundador de idealista.com, me confesó que de joven pensaba que los únicos gays del mundo eran los griegos, Federico García Lorca y él. Figúrate yo, hijo de una familia humilde de Móstoles sin clásicos en la biblioteca. El único gay del planeta era yo".

Acaba la reunión de Arcópoli. Alessandro Baldo, un “erasmus" italiano, toma notas. Flipa. Quiere montar algo así en su pueblo, Udine. Para él, España sí que es diferente.

sábado, 31 de enero de 2009

#libros #homosexualidad | La homosexualidad imaginada : vigencia y ocaso de un tabú


La homosexualidad imaginada : vigencia y ocaso de un tabú / Norbeto Chaves
Maia, Madrid : 2009
136 p.
Colección: Claves para comprender…
ISBN 9788493664145 [2009-01] / 9 €

/ ES / ENS
/ Cultura gay / Homosexualidad / Identidad sexual / Identidad colectiva / Sexualidad

La noción de «homosexualidad» es una construcción ideológica derivada de un modelo sexual histórico y en crisis: aquel que se asienta en el vínculo procreativo macho-hembra. Desde esta óptica, en este ensayo se analizan los grandes tópicos de la ideología dominante acerca de la homosexualidad y su naturaleza paradójica, y se explica el actual proceso democratizador como efecto de una obsolescencia del tabú como consecuencia de la expansión del modelo de consumo.

viernes, 30 de enero de 2009

#filmak #homosexualitatea | Ander


Ander.
Dirección y guión: Roberto Castón.
Reparto: Josean Bengoetxea (Ander), Christian Esquivel (José), Mamen Rivera (Reme), Pilar Rodríguez (madre), Leire Ucha (Arantza), Pako Revueltas (Peio), Pedro Otaegi (Evaristo), Eriz Alberdi (Iñaki), Juancho Kerejeta, José Cruz Gurruchaga.
España, 2009 / 128 min.
Estreno en España: 2009-01-30
/ ES / EUS / Drama / SH
/ Aceptación / Euskal Herria / Homosexualidad / Población migrante / Vida rural

Ander, un soltero cuarentón, lleva una vida rutinaria, entre su puesto de operario de una fábrica de bicicletas y las labores agrarias de su caserío, donde vive junto a su madre y su hermana. Un día tiene un accidente y se rompe una pierna, por lo que la familia, a pesar de las reticencias de la madre, decide contratar a un inmigrante peruano, José, para realizar las tareas del caserío. La llegada de José modifica la vida de la casa y la vida de Ander, ya que empiezan a surgirle sentimientos que no sabía que tenía, provocándole un fuerte conflicto interior. Su relación con Peio, su mejor amigo, y con Reme, la prostituta de la zona, también se ve modificada por este personaje, que les obliga a posicionarse.

ENLACES
FilmAffinity | Ander
http://www.filmaffinity.com/es/film465060.html
La Butaca | Ander
http://www.labutaca.net/peliculas/ander/

sábado, 3 de enero de 2009

#hemeroteca #jeangenet | La santidad de Genet

La santidad de Genet
La prostitución, el robo, la miseria y las humillaciones formaban parte de la cotidianidad en el Barrio Chino de Barcelona, en los años treinta, que Jean Genet narró de manera descarnada en Diario del ladrón. El escritor Juan Goytisolo, que conoció bien al autor francés, repasa la potente influencia que tuvo esa época en su obra posterior.
Juan Goytisolo / Jean Genet | Babelia, El País, 2009-01-03
http://elpais.com/diario/2009/01/03/babelia/1230943152_850215.html

1932. España estaba cubierta entonces de vagabundos: sus mendigos iban de pueblo en pueblo, por Andalucía en razón de su buen clima; por Cataluña, de su riqueza, pero todo el país nos era favorable. Fui así un piojo con la conciencia de serlo. En Barcelona, frecuentábamos sobre todo la calle Mediodía y la del Carmen. Nos acostábamos a veces seis en un jergón sin sábanas y, al amanecer, íbamos a pordiosear por los mercados. Salíamos en banda del Barrio Chino y nos dispersábamos con un capacho bajo el brazo, pues las amas de casa nos daban más bien un puerro o un nabo que unos céntimos. A mediodía regresábamos y nos hacíamos la sopa con lo recaudado. Lo que voy a describir son los hábitos de la canalla.

Caído en la abyección, Genet decidirá asumirla y convertirla en virtud suprema. La escala de valores de la sociedad biempensante no será la suya sino dándole la vuelta: lo vil se transmutará en noble y lo noble en vil. El proceso de subversión íntima iniciado en el antiguo Barrio Chino barcelonés será largo y accidentado, y se plasmará en la siguiente década en sus primeras obras poéticas y narrativas escritas en la cárcel parisiense de la Santé. El joven inclusero, mísero e indocumentado se consagrará al robo, la prostitución y la mendicidad en su anhelo de alcanzar la dureza empedernida del criminal con la misma entrega de quien se inicia en los arcanos de una creencia mística y de su áspero camino de perfección espiritual.

Los piojos, escribe en Diario del ladrón, eran el signo más visible de su indignidad, tan representativos de su condición de paria como las joyas que adornan a aristócratas y burgueses de la de su estatus de gente guapa. Los harapos y las llagas amorosamente cuidados para atraer la conmiseración mudarán en su fuero interior la vergüenza en gloria. El orgullo necesario para enfrentarse al desprecio ajeno, sólido y resistente como esa roca que parte la corriente de un río, se afianzará en su voluntad de envilecimiento: su patria será la chusma, y él su cronista y cantor.

Las fechas de la estancia de Genet en España no pueden fijarse con exactitud. Aunque en Diario del ladrón habla de 1932, lo cierto es que, tras alistarse por primera vez en el ejército a su salida del reformatorio de Mettray y ser destinado como "jenízaro colonial" a Siria en 1930, de donde fue repatriado el siguiente año, firmó un nuevo contrato de alistamiento y fue enviado al Séptimo Regimiento de tropas indígenas de Meknés, en el que permaneció hasta enero de 1933. Ni la exhaustiva biografía de Edmund White ni la cronología establecida por Albert Dichy fijan claramente la duración de su etapa española. Probablemente ésta se extienda de noviembre de 1933 a abril de 1934. La única prueba documental de la misma es la carta dirigida a André Gide el 12-12-1933 en la que, después de pintar su poco brillante situación material ("estoy sin un céntimo en Barcelona, el cónsul es intratable, soy huérfano y vagabundeo de tasca en tasca"), solicita su ayuda y da como remite el Apartado de Correos de la ciudad.

Tras su iniciación en la querencia barcelonesa del antiguo Distrito Quinto, la carrera de ladronzuelo de Genet continuará, primero por Europa Central y luego en Francia, hasta la publicación de sus primeras obras, escritas en la cárcel, a mediados de los cuarenta. Un breve repaso a sus sentencias condenatorias, reproducidas en el libro de Albert Dichy y Pascal Fouché (Jean Genet. Essai de Chronologie), revela que su fascinación juvenil por el crimen y devoción por sus profesionales no le llevaron a emular sus hazañas sino de forma muy modesta. Junto a los "delitos" de vagabundeo —el equivalente de nuestra infame Ley de Vagos y Maleantes—, carencia de carné antropométrico de identidad o intento de viajar en tren con una tarjeta militar falsificada, leemos: substracción fraudulenta de una docena de pañuelos en los almacenes La Samaritaine; idem, de autógrafos en una librería de la Rue Bonaparte; hurto de una camisa de seda en los almacenes del Louvre; de un retal de sábana en el Bazar de l'Hôtel de Ville; de una billetera y una maleta, etcétera.

Su fallida carrera en el robo le condujo no obstante a su condición de gran escritor: a convertirse en esa bomba literaria descubierta por Cocteau y cuya potencia subversiva no tardaría en conmocionar a Sartre.

"Detrás del Paralelo se extendía un solar en el que los marginados jugaban a cartas (El Paralelo es una avenida de Barcelona paralela a las célebres Ramblas. Entre estas vías, muy amplias, un laberinto de calles estrechas, oscuras y sucias forman el Barrio Chino)".

Con estas palabras, propias de una pequeña guía para turistas, Genet nos introduce en lo que será para él en adelante su "territorio moral" —el del robo, prostitución masculina, traición, humillaciones, miseria—, vinculado para siempre a España y a su iniciática experiencia barcelonesa. Su aprendizaje en el mal, de la mano izquierda de su mentor, el manco Stilitano, será el de un pícaro de escaso oficio y exiguo beneficio: hurto en los cepillos de las iglesias, timos menores, demanda en el consulado de su país de un bono de repatriación hasta la frontera con el correspondiente billete de tren que venderá en la estación de Francia, prostitución con marinos extranjeros por un puñado de pesetas. Su acto más audaz consistirá en el robo de la esclavina de un carabinero en los muelles del puerto. Después de satisfacer los deseos de éste en su garita de guardia, aprovechará el momento en que va a lavarse en la pila de una fuente cercana para apropiarse de la prenda y huir envuelto con ella a su querencia del Barrio Chino. La modesta hazaña le engrandece a ojos de su mentor, a quien confía la venta de su botín en muestra de su devota sumisión (El carabinero burlado irá a buscarle a La Criolla pero, advertido del peligro, Genet "toma las del Paralelo" y desaparece por un tiempo del local).

Extramuros de los reformatorios en los que fue internado desde la adolescencia y de los cuarteles en los que a continuación se alistó, Genet hallará en la España convulsa de la época el punto en el que asentará su aventura estética y moral. El Barrio Chino barcelonés —el actual Raval— era la guarida ideal para las heces y detritus de la sociedad. La "librea de la miseria" de la que hablan irónicamente nuestros clásicos —esto es, los harapos, la mugre y las alpargatas usadas hasta la trama— identificaba a la hermandad de mendigos y rateros acampada en él. La galería de personajes genetianos —buscavidas, rufianes, prostitutas, pordioseros, desertores, travestidos— se amadrigaba en la espesura urbana del ámbito como quien se acogía anteriormente a lo sagrado y no difiere mucho del hampa sevillana que conoció Cervantes. El aura sacra del execrado Distrito Quinto guiará a Genet, como veremos, por los caminos de su peculiar santidad.

El Genet ramblero e hijo espurio del Paralelo se adentrará en el territorio de la ignominia resuelto a convertirse en objeto de desdén y de asco, en una busca de acendramiento íntimo que en otra ocasión comparé con la de los malamatís del Islam, a quienes Ibn Arabi situaba en la esfera más alta de los bienaventurados. Él y sus cofrades de la miseria lucirán a través de España, nos dice, "una magnificencia secreta, humilde y sin arrogancia". Su empeño se cifrará en "dar un sentido sublime a una apariencia tan Mísera". La soledad moral a la que aspira convertirá su destino en una conciencia irreductible de la que surge una obra luminosa y de perturbadora singularidad. La aspiración al crimen condenado por sociedad, asociada a la de la traición, adquirirá una dureza y fulgor comparables a los del diamante.

La admiración de Genet por las locas españolas que frecuentó en Barcelona y Cádiz apareció más de una vez en nuestras conversaciones. Eran las más audaces y provocadoras de Europa, decía, como reacción natural al rechazo que suscitaban. Asumían el oprobio de la opinión común con un ritual de disfraces, gestos y voces agudas que, a partir de la histeria, alcanzaba la sublimidad.

Cuando me adentré por primera vez en el Barrio Chino en 1949 de la mano de un compañero de universidad aficionado como yo a los libros y experto en las zonas desaconsejadas de la ciudad, La Criolla y los bares en los que anidaba la especie maldita no existían ya. La red de callejuelas que se extendía del Portal de Santa Madrona a la calle del Carme albergaba tan sólo numerosos prostíbulos a cinco pesetas por ficha y la miseria reinante no debía diferir mucho de la que conoció Genet. El célebre burdel de Madame Petite, en el que posiblemente se inspiró al componer Querelle de Brest ("La Feria", de Madame Lysiane), era una sombra de sí mismo y la progenie de las execradas en público (y apreciadas por algunos en privado) ocultaban su maquillaje, abanicos, peinetas y faralaes a los ojos del ciudadano "decente".

Una foto publicada recientemente en El País, en la que dos travestidos merodean por La Rambla, avanzada ya la noche, a la caza de un turista borracho a fin de desvalijarlo me trajo a la memoria un pasaje de “Diario del ladrón” en el que dos "mariconas" muy compuestas, de ojos admirables y cejas inmensas pasean por las cercanías de una vespasiana (así se llamaba en Francia a los urinarios públicos, de chapa circular de metal, despiadadamente demolidos por el alcalde Chirac) con un mono amaestrado en los hombros. A la señal de una de ellas, el mono saltaba de un brinco sobre el ligón de apariencia más burguesa y, aprovechando su confusión, le robaban la cartera.

La procesión fúnebre de las llamadas también Carolinas (valientes precursoras de las "gasolinas" parisienses de Mayo de 68) al emplazamiento de uno de los meaderos destruidos durante los disturbios callejeros de 1933 es uno de los momentos más bellos de Diario del ladrón:

Estaba cerca del puerto y del cuartel, y la cálida orina de millares de soldados había corroído su chapa de metal. Al constatar su muerte definitiva, las Carolinas con chales, mantillas, trajes de seda y chaquetillas ajustadas acudieron a ella en solemne delegación para depositar un ramo de flores rojas anudado con un crespón de gasa. El cortejo partió del Paralelo, torció por la calle San Pablo, bajó por La Rambla hasta la estatua de Colón. Eran las ocho de la mañana, el sol iluminaba la escena. Las vi pasar y las acompañé de lejos. Sabía que mi puesto estaba en la comitiva: sus voces heridas, sus gritos de dolor, sus gestos exagerados, se proponían atravesar el espeso desprecio del mundo. Las Carolinas eran grandiosas: las Hijas de la Vergüenza.

Llegadas al puerto, torcieron a la derecha en dirección al cuartel, y sobre la chapa herrumbrosa y hedionda del meadero público, sobre su chatarra muerta, depositaron las flores.

¿Qué cineasta de genio filmará algún día la escena con la bella precisión de un Visconti y el humor cruel de Fassbinder? El heroísmo tragicómico de las Carolinas merece un recordatorio y su inclusión en los breviarios de una nueva forma de santidad en los antípodas de la de Monseñor Escrivá y de la del fundador de los Legionarios de Cristo Rey. Genet se reprochó siempre, me dijo, su falta de arrojo. Permaneció junto a la multitud indulgente e irónica que acogía su duelo en vez de ocupar el lugar honroso que le correspondía.

Una de las páginas más bellas de Diario del ladrón es la del episodio del tubo de vaselina. Detenido en una redada y conducido con otros sospechosos a la comisaría del distrito (imagino muy bien la escena, pues el poeta Jaime Gil de Biedma y yo corrimos la misma suerte a fines de los cincuenta del pasado siglo, cuando callejeábamos de noche por el barrio, en el cruce de San Pau y Robadors), el policía que cachea a Genet le saca del bolsillo el lubrificante empleado para la penetración anal (que yo acostumbraba a llevar también en mis primeras incursiones por Barbés y la Gare de Nord): un tubo usado ya y cuya mera presencia en el lugar es la prueba palmaria de su pertenencia al gremio de las "mariconas" (Genet emplea siempre la palabra española, consciente de su brutal carga peyorativa):
"En medio de los objetos elegantes sacados de los bolsillos de los detenidos en esta redada, era el símbolo mismo del oprobio que se disimula con el mayor cuidado, pero el signo también de una gracia secreta que iba a salvarme pronto del desprecio […]. Estaba en el calabozo, y sabía que toda la noche mi tubo de vaselina sería objeto de burla —a la inversa de una Adoración Perpetua— de un grupo de policías […]. No obstante, me animaba la certeza de que este frágil y humilde objeto les resistiría y, por su simple existencia, derrotaría a todas las policías del mundo".

Invulnerable al insulto —pienso en el I'm completely dead to decency de T. E. Lawrence—, la comparación de la prueba concreta de su deshonra con el Santísimo Sacramento permitirá a Genet rehabilitar y ensalzar su vida de indigente en el Barrio Chino, y luego su erranza hasta Cádiz y San Fernando, mediante el recurso a los términos más sagrados y nobles. Su victoria verbal le llevará así a bendecir la miseria que la suscita y le imanta a una nueva forma de perfección moral:

Cuanto mayor sea mi culpabilidad a vuestros ojos, entera y totalmente asumida, mayor será mi libertad y más perfectas mi soledad y mi unicidad.

El encuentro con Stilitano, el serbio desertor de la Legión Extranjera francesa, marca un antes y un después en la vida de Genet y será el primer eslabón de una cadena de fascinaciones sucesivas por criminales o gente del hampa —los Harcamone, Bulkaen, Maurice Pilorge, etcétera—, elevados por él al altar de la excelencia y la gloria. Sus primeros robos en el Barrio Chino los dedicará, nos dice, a su fortaleza e impudor severos, a la singularidad de su brazo derecho amputado, cuya mano se pudre bajo un castaño en algún bosque de Europa Central. La fuerza irradiante de este muñón le galvanizará con una imantación similar a la que experimentará, cuarenta años después, por el sudanés Mubarak en los campos palestinos, cuando le pide que tenga su cigarrillo mientras se desabotona y orina tranquilamente junto a él: el timbre gutural de su voz es en ambos el de un sexo en erección.

Stilitano reúne en su persona el rigor del soldado, el aventurero, el sicario, el hampón. Aunque admite la intimidad física con Genet —los dos duermen en el mismo catre en un hotelucho del barrio— le niega el sexo. Desprecia a las "mariconas" y ejerce ocasionalmente de chulo. No obstante, para atraer a aquellas y a las prostitutas, sujeta con un imperdible un racimo con granos de celulosa y algodón en rama en el interior de la bragueta, de modo que abulte y la realce por pura provocación. Genet se encarga de la tarea, sin poder evitar el temblor de las manos mientras prende y desprende el racimo al comienzo y fin de la jornada de merodeo y cambalache. Un día, en vez de dejarlo sobre la estufa, como de costumbre no pude retenerme de guardarlo entre mis manos y llevarlo a mis mejillas. El rostro de Stilitano, encima de mí, se endureció.

—¡Suéltalo, cabrón!

Me había agachado para abrir la bragueta, pero la furia de Stilitano, como si mi fervor habitual no bastara, me hizo caer de rodillas, en la posición que mentalmente anhelaba. Con sus dos pies y su único puño me golpeó. Hubiera podido huir y me quedé allí.

Su delación posterior a la policía del amigo común a ambos, Pepe el Gitano, por su homicidio cometido en las cercanías del Paralelo, no rebajará la devoción de Genet por él: la revestirá al revés, nos dice, con los atributos luminosos de la traición.

Las numerosas referencias de Genet a La Criolla, el cabaré en donde se prostituía por devoción a Stilitano, no mencionan su ubicación en el Barrio Chino ni incluyen una descripción del local.

Nits de Barcelona, publicado en 1931, esto es, dos años antes de su venida a España —obra reeditada por Proa, con las ilustraciones de Oleguer Junyent y el prólogo de Josep M. de Segarra de la edición original—, subsana dicha laguna y nos procura una valiosa información. Su autor, Josep M. Planes, colaborador de la mítica revista Mirador y empedernido noctámbulo, fue asesinado el 24 de agosto de 1936 en la Arrabassada por unos pistoleros incontrolados de la FAI a quienes había consagrado un reportaje poco ameno semanas antes del levantamiento militar contra la República. Segarra esboza un sugerente retrato suyo y coincide con Planes en su aguda percepción de la ciudad durante el periodo que va de la dictadura de Primo de Rivera al 14 de abril: "Quienes más aprovechan la noche en Barcelona son los turistas, los ladrones, los poetas, las prostitutas, la gente que no tiene un centavo y la que dispone de dinero a espuertas".

La Criolla —escribe Planes— se encuentra en plena calle del Cid. El cartel luminoso que cuelga verticalmente de la fachada emborrona el pobre paisaje urbano con un resplandor rojizo […] inmuebles y personas comparten el mismo aire de miseria y nunca se sabe si la suciedad de las paredes viene de los hombres y las mujeres que se apoyan en ellos o viceversa […]. El gentío aglomerado en la calzada y las prostitutas e invertidos que se exhiben por las aceras flotan en este fondo bermellón decorativos y estilizados, como en las ilustraciones en las que debe de soñar Francis Carco para sus libros.

La calle del Cid (¡qué ironía el nombre del Campeador, mantenido hasta hoy en lo que queda de ella, entre el Paralelo y la avenida de Les Drassanes!) está entonces llena de basuras, soldados, prostitutas, marineros, mendigos. Cualquier navajero puede sacar de improviso su útil de siete filos y asaltar a los viandantes acomodados que se asoman a él. El local de La Criolla, una antigua fábrica textil reconvertida en cabaré, encubre la austera desnudez de sus columnas con un decorado chillón de palmeras ornadas con falsas pencas verdes, cocos, monos y negros de tebeo de Tarzán que le confieren un menesteroso esplendor tropical. Una orquesta de tangos ocupa el estrado, ensordece al cliente y contagia su furia a las parejas que bailan en la pista.

(Genet evoca en Diario del ladrón los aires de "Ramona" mas no la voz de Irusta —en realidad del trío formado por éste, Fugazot y Demare— mencionado por Planes, cuya música barriobajera arrasaba en los años anteriores a la Guerra Civil. En una vieja gramola de manivela con bocina exterior, escuché en mi niñez la canción citada por Genet —cuya letra me sé de memoria— y los discos del, en aquel tiempo en boga, conjunto argentino, no sé si epígono o antecesor de Gardel. Mi familiaridad retrospectiva con La Criolla sale así reforzada. Su repertorio musical acunó mis oídos en la Barcelona "decente" de los barrios altos).

Al trazar su pintura del cabaré, Planes señala la existencia, en la acera de enfrente —perdóneme el lector el involuntario juego de palabras—, del bar de Cal Sagristà, famoso, dice, por sus "invertidos" —la gente bien de la época empleaba dicha palabreja: ¡se hallaba aún muy lejos la era de la identidad gay!—, al que acudían jovencitos de labios pintados y cabello untado de gomina. Curiosamente, Genet no habla de él.

Actualmente, el remozado Carrer del Cid no evoca ni remotamente el de la cochambre y bullicio de setenta años atrás. Cuando el Ayuntamiento de Barcelona puso el nombre del escritor a la plazuela o jardincillo del otro lado de la avenida de Les Drassanes, fui invitado a pronunciar unas palabras en la ceremonia de su rotulación. Inútil decir que no acepté: temía que Genet, encolerizado, resucitase de su tumba en Larache y me abrumara con el peso de sus burlas e insultos. Su percepción a la inversa de los términos honor y deshonor es también la mía. Prefiero volver a la pintura cruel de Planes con la que cierra el capítulo de su libro: la calle desierta al amanecer tras el cierre de La Criolla, la luz lívida, la visión goyesca de dos viejas horrendas y de los tricornios de una pareja de la Guardia Civil. 

Los hurtos y trapacerías de los que viven Genet y Stilitano no bastan para sacarles de la miseria. Aunque el futuro autor de Diario del ladrón entrega a su "protector" las pocas pesetas que gana o sisa en los urinarios públicos, éste decide que se prostituya en La Criolla. Allí, la vestimenta femenina se impone. Algunos amigos españoles de Genet la llevan y le dan las señas de vendedoras de prendas de segunda mano. Si bien "resulta muy difícil", escribe, "acceder a la luz a través del pus y las llagas de la vergüenza", el dueño del cabaré le exige que se exhiba "en señorita". Tragándose el sonrojo y convirtiéndolo en una especie de dardo dirigido contra quienes se lo provocan, Genet va a La Criolla y es invitado, con otro travestido, a la mesa de un grupo de oficiales franceses. La dama que les acompaña le pregunta con afectada indulgencia si le gustan los hombres. Genet resiste el impulso de abofetearla y, para vengarse, sustrae la cartera a uno de los mílites.

Una de las páginas más bellas del Diario se sitúa durante el Carnaval, época en la que es más fácil disfrazarse sin llamar la atención. Tras robar un traje de faralaes y una blusa, a los que agregará su complemento de abanico y mantilla, Genet cruza el Barrio Chino para ir a la calle del Cid. Como última trinchera de defensa, conserva el pantalón bajo la falda. Pero, apenas llegado a la barra, la cola de su traje se desgarra. Un joven ha tropezado con sus encajes y, por más que pida excusas y le indique que cojea, la actriz trágica oculta en su interior aúlla "¡No se cojea en mis faldas!", con esa histeria que rompe con la fuerza de un géiser la dura corteza del mundo.

Humillado, Genet sale del local en medio de las risas de los clientes y de las Carolinas. Aunque, al releer el texto, su autor rectifique y precise en una nota a pie de página que el lance ocurrió en Cádiz, en donde también se prostituyó con ropas de andaluza, el prestigio de La Criolla sale indemne del lapsus. La teatralidad de la escena alcanza ese punto en el que vileza y orgullo se confunden. La falda, blusa, abanico y mantilla arrojados al mar componen un ceremonial esperpéntico del que el vagabundo cubierto de oprobio extraerá la fortaleza necesaria para enfrentarse a la crueldad e hipocresía de la sociedad biempensante: la de ayer, la de hoy y sin duda también la que nos sucederá al correr de los días.

Poco después de ello, Genet y Stilitano abandonaron su querencia barcelonesa en un tren de mercancías y buscaron un nuevo refugio en Cádiz.

"Nací en París el 19 diciembre 1910. Pupilo de la Asistencia Pública, no pude conocer nada más de mi estado civil. Cuando cumplí veintiún años, obtuve una partida de nacimiento. Mi madre se llamaba Gabrielle Genet. Mi padre es desconocido. Vine al mundo en el 22 de la Rue d'Assas".

Aunque en la Maternidad le negaron toda información sobre sus orígenes, la imagen de la madre oculta aparece de forma intermitente a lo largo de su obra. Genet se aferra a su apellido, el de Genêt d'Espagne o retoma con el que saludó Cocteau su volcánica irrupción en la literatura, para identificarse con el mundo vegetal y considerar, dirá, que todas las flores son de su familia. A través de ellas, se comparará con los helechos arborescentes de las ciénagas y soñará con las supuestas especies vegetales del planeta Urano, en una metempsicosis que le convertiría en un ser rastrero, como la chusma del Paralelo, sin otra compañía que la de los presidiarios de su raza.

Pero ese malditismo literario no se corresponde en modo alguno con su futura rebelión contra el orden establecido, tanto en el campo social y político como en el artístico y moral. La madre ausente será el punto de partida de su andadura por una cartografía literaria que culminará en su obra maestra, Un cautivo enamorado.

En Diario del ladrón, Genet evoca la imagen de una mendiga anciana, de rostro macilento; chato y circular como la luna, que le pide unas monedas. Su estampa humilde e hipócrita le induce a creer que acaba de salir de la cárcel. Una descuidera, piensa, e inmediatamente la asocia, en una ensoñación efímera, con la mujer que le abandonó en la cuna:

¿Y si fuera ella? me dije mientras me alejaba de la pordiosera. Si lo fuese, iría a cubrirla de flores y de besos. Lloraría de ternura sobre sus ojos de pez luna, sobre su cara obtusa y boba.

La visión de la madre del fedai Hamza, de quien fue huésped en el campo de refugiados palestinos de Irbid en 1970, es mucho más elaborada y compleja. La mujer, más joven que Genet, que le acoge en el lecho de su hijo, partido en misión de combate a los Territorios Ocupados por Israel, y le lleva a oscuras, de puntillas, creyéndolo dormido, una taza de café, se transforma, como la Mater Dolorosa de las estatuas, en la madre simbólica del escritor, la que vela por él, como en aquella noche sagrada, a lo largo de su vida: una fantasía, nos dice, acariciada desde la infancia, cuando el escritor tenía cinco años.

La estampa de Hamza y su madre —la suya y la del guerrillero palestino—, superpuesta en calcomanía a la de la Pietà y el Crucificado, enlazará sucesivamente con la de la Virgen portada en procesión por las Falanges maronitas libanesas y con la Virgen Negra del monasterio de Montserrat. "Dios, creador del cielo y de la tierra, debió de divertirse mucho esculpiendo sus rocas rojizas y faloides", nos dice Genet, que asistió en su vejez, en la abadía, a la conmemoración religiosa de Pentecostés, con música de Palestrina evocadora en su mente de Palestina. El abad, refiere en Un cautivo enamorado, besa a los fieles y él acepta su doble ósculo, pero no lo trasmite a su vecino, como es la norma, con lo que rompe la cadena de confraternidad.

En su correspondencia conmigo de aquella época —substraída por un cleptómano compulsivo, que tuvo no obstante la delicadeza de dejar una fotocopia, durante su exhibición en la Diputación de Almería—, describe su viaje por la España del tardofranquismo, se burla del aburguesamiento de Barcelona y refiere un ligue con un chapero que se dice estudiante de sociología, en las faldas del Tibidabo. Por estas fechas, ya no es el delincuente en el que soñaba ser cuarenta años antes sino el escritor voluntariamente marginal que busca primero en las Panteras Negras y luego en los fedayín la causa que le aleje de una Francia y una Europa de las que se ha distanciado para siempre.

Al final de Diario del ladrón, Genet anuncia una segunda parte que nunca escribió: se propone en ella, dice, "relatar, descubrir, comentar, los fastos del presidio íntimo que hallé en mí después de atravesar este espacio interior que he llamado España". Su deseo juvenil de cubrir el mundo con su progenie abominable cederá paso, tras su estancia en los campos de refugiados palestinos de Líbano y Jordania, a un retorno a su origen desconocido. "Esta última página de mi libro —escribe en El cautivo enamorado— es transparente". Transparencia que deja pasar la luz: su camino de perfección moral a través de vericuetos imprevisibles y por vías distintas de las de Juan de la Cruz y del derviche sufí Mawlana, le ha conducido a una subversiva y pagana forma de santidad.

Lecturas francesas
El "territorio moral" de Genet atrajo, después del alzamiento popular de la Semana Trágica y de la bonanza originada por la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial a numerosos escritores franceses, seducidos por el bullicio y promiscuidad del Barrio Chino.

- Paul Morand, “La nuit catalane” (1929)
- Montherland, “La petite infante de Castille” (1929)
- Francis Carco, “Printemps d'Espagne” (1931)
- Pierre Mac Orlan, La Bandera, (1931), “Rues secrètes” (1934)
- Jérôme y Jean Tharaud, “Cruelle Espagne” (1937)
- Georges Bataille, “Bleu du ciel” (1935)

La perspectiva adoptada por estos escritores, excepto el último, es muy semejante a la de los viajeros orientalistas en busca de color local (vicio, miseria, pintoresquismo) con todos los atributos del voyeur.
Entre los autores catalanes de la época, además de Planes, cabe citar a Josep Maria de Sagarra, Vida privada (1932). Con posterioridad a la Guerra Civil, el Barrio Chino tuvo dos minuciosos cronistas que desmitificaron la realidad descrita por los novelistas franceses antes citados: Sebastian Gasch, en Barcelona de nit (1956), y Lluís Permanyer, en Cites et testimonis de Barcelona (1993).

El libro mejor documentado sobre la estancia de Genet en el Raval es sin duda el de Jérôme Neutres, “Genet sur le routes du Sud” (Fayard, París 2002), que recomiendo vivamente al lector. J. Goytisolo

miércoles, 31 de diciembre de 2008

#libros #pornografia #historia | El otro Hollywood : una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno

El otro Hollywood : una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno / Legs McNeil y Jennifer Osborne ; con Peter Pavia ; traducción de Óscar Palmer.
Madrid : Es Pop Ediciones, 2008 [12]
688 p.
ISBN 9788493686413 / 30 €

/ ES / EN* / ENS
/ Cine / Crónicas / Estados Unidos / Historia / Industria del sexo / Pornografía / Testimonios

Legs McNeil, autor del celebrado ‘Por favor mátame, la historia oral del punk’, reúne en esta nueva, atrevida y reveladora crónica las voces de más de un centenar de entrevistados para narrar la historia del nacimiento y auge de la industria del cine porno, desde las chicas de calendario y las primeras películas nudistas de los años cincuenta hasta llegar a nuestros días. Siguiendo a lo largo de cinco décadas el progreso de tres grupos en permanente colisión (los intérpretes y directores que realizaron las películas; las turbias figuras del submundo que las financiaron y distribuyeron; y las fuerzas de la ley que intentaron acabar con la industria), McNeil reúne aquí decenas de historias que oscilan entre lo épico, lo humorístico, lo sórdido y lo conmovedor, desde la realización de ‘Garganta Profunda’ o los asesinatos de Wonderland al suicidio de Savannah y las películas caseras de Pamela Anderson y Tommy Lee; pasando, cómo no, por el escándalo Traci Lords. A través de las voces de personajes como Marilyn Chambers, Linda Lovelace, Fred Lincoln, John Holmes, Ron Jeremy, Traci Lords, Ginger Lynn, Jill Kelly, Nina Hartley, John Stagliano o Sharon Mitchell, ‘El otro Hollywood’ le brinda a la industria del porno aquello que faltaba en todas sus crónicas anteriores: una vívida, tragicómica e irresistible humanidad.

#libros #lesbianismo | Voces de mujeres en la diversidad sexual

Voces de mujeres en la diversidad sexual / Arantza Campos, Paloma Fernández, Inmaculada Mujika, Ana Ureta, Amparo Villar, Nekane Zabaleta
Aldarte, Bilbao : 2008 [12]
3 vol.
ISBN 9788469171967

/ ES / Investigaciones / Aldarte / SH / Open Access
/ Documentación / Euskal Herria / Historia – Siglo XX / Lesbianas / Lesbianismo / Mujeres / Navarra / Testimonios
TEXTO COMPLETO | Aldarte
Vol. 1: Historia

http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/libro1-ok-interior.pdf
Vol. 2: Encuesta
http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/libro2-ok-interior.pdf
Vol. 3: Objetivos de la investigación / Relatos de vida
http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/libro3-ok-interior.pdf
Resumen
http://www.aldarte.org/comun/imagenes/documentos/RESUMEN%20VOCES%20DE%20MUJERES%20EN%20LA%20DIVERSIDAD.pdf
Biblioteca UPV/EHU
Vol. 1: Historia

https://millennium.ehu.es/record=b1566848~S1*spi
Vol. 2: Encuesta
https://millennium.ehu.es/record=b1566862~S1*spi
Vol. 3: Objetivos de la investigación
https://millennium.ehu.es/record=b1566864~S1*spi

Una doble necesidad justifica la realización de este trabajo. La primera y más urgente es la de dar voz a las mujeres lesbianas de la Comunidad Autónoma del País Vasco y de la Comunidad Foral de Navarra que nacieron en plena época franquista y a todas aquellas que han vivido la transición y el momento actual. La segunda persigue rescatar del olvido los documentos escritos por anteriores generaciones de lesbianas y dejar clasificada toda esta información. Se trata de una tarea pretenciosa e ingente y somos conscientes de que ésta no ha hecho nada más que empezar.

La herramienta que aquí presentamos, además de novedosa por inexistente hasta el momento, puede resultar de utilidad a todas las personas interesadas en conocer e investigar sobre las mujeres lesbianas y el lesbianismo.

¿Qué sabemos de las mujeres lesbianas durante el franquismo y la transición?; ¿qué sabemos sobre sus vivencias, su represión interior y/o exterior?; ¿cómo surge un movimiento asociativo de mujeres lesbianas que empieza a dar visibilidad al lesbianismo?; ¿cuál es la realidad actual de las mujeres lesbianas?, encontrar respuestas a estas preguntas ha guiado la actividad de este equipo investigador formado por: Paloma Fernández, Inmaculada Mujika, Ana Ureta, Amparo Villar, Nekane Zabaleta y Arantza Campos.

Las respuestas a estas preguntas aparecen estructuradas en tres volúmenes. En el primero pretendemos sacar a la luz las fuentes escritas, individuales y colectivas, de aquellas mujeres lesbianas que durante los últimos treinta años han plasmado sus inquietudes en diversos documentos escritos y audiovisuales. En el segundo nos proponemos dar voz a las mujeres lesbianas de la Comunidad Autónoma del País Vasco y de la Comunidad Foral de Navarra para recabar información sobre sus condiciones de vida y modo de pensar. Para ello hemos utilizado los datos aportados por una encuesta realizada a 468 mujeres lesbianas. En el tercero queremos aportar soluciones eficaces y positivas para resolver los conflictos y problemas originados por la intolerancia sexual y el desconocimiento del que es objeto el colectivo de mujeres lesbianas. Pretendemos transferir buenas prácticas aplicables a políticas públicas, recursos de atención y educativos, de sensibilización social, de cambio de actitudes y de visibilización social. Para la consecución de tal fin nos hemos basado en el análisis de la información obtenida a partir de los relatos de vida realizados a 30 mujeres lesbianas.

Aldarte publica un estudio sobre las mujeres lesbianas en el País Vasco y Navarra

Tres de cada cuatro encuestadas declaran la importancia de que el entorno conozca su orientación sexual. Confesar que se sienten atraídas por sus iguales sigue siendo una decisión difícil o muy difícil para el 51,5% de las mujeres encuestadas.
Vida Solidaria, 2009-04-06
http://www.vidasolidaria.com/noticias/2009-04-06/aldarte-publica-estudio-mujeres-lesbianas-0950.html

La publicación ‘Voces de mujeres en la diversidad sexual’, realizado con la colaboración del Programa de Apoyo a Proyectos Sociales de bbk obra social, incluye una crónica del movimiento lésbico desde los tiempos previos a la Transición política hasta el momento presente.

Tres de cada cuatro mujeres lesbianas creen que es importante que su entorno sepa su condición sexual, según un informe elaborado por el Centro de atención a gais, lesbianas y transexuales Aldarte. Esta afirmación se deduce del análisis de las respuestas de 468 encuestadas procedentes del País Vasco y Navarra, un sondeo de opinión que no se había llevado a cabo hasta ahora en el seno del colectivo. La publicación ‘Voces de mujeres en la diversidad sexual’, realizado con la colaboración del Programa de Apoyo a Proyectos Sociales de BBK obra social, también incluye una crónica del movimiento lésbico desde los tiempos previos a la Transición política hasta el momento presente.

Según la organización, la afirmación anterior evidencia que la importancia de expresarlo supera todas las dificultades que implica expresarse libremente. No obstante, confesar que se sienten atraídas por sus iguales sigue siendo una decisión difícil o muy difícil para el 51,5% de las interpeladas.

Vivir como gay o lesbiana en el ámbito rural

El estudio también señala a las más jóvenes como aquellas que más reclaman la importancia de manifestarlo y también, curiosamente, que son las residentes en municipios de menos de 5.000 habitantes las que hallan más fácil verbalizarlo, lo que viene a desmentir el supuesto tradicional sobre la complejidad de vivir como gay o lesbiana en el ámbito rural.

Para Inmaculada Mujika, una de las responsables de este ‘dossier’, psicóloga y miembro de la junta directiva de Aldarte, estos datos pueden explicar la escasa presencia de las lesbianas en el espacio público, a pesar de los logros conseguidos y la creencia en la necesidad de ser visibles. “Nos encontramos en desventaja frente a los hombres gais, hoy prácticamente representados en todas las áreas profesionales”.

Dificultades para contarlo a los demás cuando se produce en la madurez
El trabajo también revela la conexión entre la edad temprana en descubrir la homosexualidad y la mayor facilidad en hacerlo saber a los allegados y, por el contrario, la dificultad en indicarlo a los demás cuando se produce en la madurez. El análisis indica que los medios de comunicación, la familia y el sistema educativo no tienen un papel determinante a la hora de informar sobre la diversidad en la orientación sexual, y que es el círculo de amistades donde la mayoría se conciencia sobre su condición y también el medio en el que, por primera vez, es revelada la diferencia.

Asimismo, la encuesta indica que aunque el 74,4% de las participantes son solteras, más de la mitad afirma su interés por legalizar situaciones de pareja. El 50,2% de quienes mantienen una relación sentimental se decantan por el matrimonio, mientras que un 37% opta por la pareja de hecho.

La responsable también alude a la permanente demanda de ámbitos de socialización. “En espacios abrumadoramente heterosexuales resulta muy importante que existen lugares de encuentro donde se puedan compartir valores y un modelo de vida”, alega y subraya su influencia en el desarrollo emocional. “Es una manera de aprender a gestionar sus pensamientos porque la soledad y la inexperiencia pasan factura, y mucha gente atraviesa la adolescencia personal en plena madurez física”.

Aunque se han producido grandes avances en el aspecto legal, la encuesta también evidencia problemas. Un 4,9% de las mujeres denuncia haber sufrido agresiones físicas, principalmente en la calle. Entre otras exigencias aún no satisfechas, Mújika también alude al escaso conocimiento en torno al ‘mobbing’ homofóbico, el requerimiento de que la diversidad sexual sea incorporada al currículum educativo o la creación de medios específicos para la población mayor y los grupos inmigrantes. “El recurso contra la ley de Matrimonio o la oposición a la adopción por gais y lesbianas prueba que aún cabe la involución”.

Además de recabar la opinión de la población lesbiana, ‘Voces de mujeres en la diversidad sexual’ ha analizado vivencias afectivas y sexuales de mujeres a lo largo de las últimas décadas, sus conflictos y soluciones. La publicación se estructura en tres volúmenes. El primero aporta fuentes bibliográficas y genealogías de autoras sobre dicha temática y recoge los apuntes históricos. El segundo incluye la encuesta y se completa con las experiencias de treinta mujeres entre 40 y 67 años y diverso perfil personal y profesional. Por último, el tercer libro sugiere medidas para mejorar la calidad de vida del colectivo y favorecer su visibilidad social. “El cambio de mentalidades siempre es el reto más complicado”, advierte la responsable.

AUDIOVISUALES
Voces de mujeres en la diversidad sexual
Aldarte | YouTube, 2009-04-21

http://youtu.be/Ek3YVL0i8ao

#articulos #historia | El modelo de sexualidad de la sociedad cristiana medieval : norma y transgresión


El modelo de sexualidad de la sociedad cristiana medieval : norma y transgresión / Iñaki Bazán Díaz · UPV/EHU
En: Cuadernos del CEMyR (ISSN 1135-125-X), n. 16 (2008), p. 167-191
/ ES / Artículo / UPV-EHU / ADDI / Open Access
/ Edad Media / Historia / Iglesia católica / Sexualidad
TEXTO COMPLETO | UPV/EHU · ADDI
https://addi.ehu.es/handle/10810/11756
Biblioteca UPV/EHU. Revista
http://millennium.ehu.es/record=b1663761~S1*spi

En estas páginas se analiza el modelo de sexualidad conyugal establecido por la Iglesia medieval para poder responder a la pregunta de qué era lícito y qué no en las relaciones sexuales. Así, entre otras cuestiones, se pasa revista a las posturas, a los momentos, las frecuencias, etc. Igualmente se exponen diversas estrategias arbitradas por la sociedad medieval para vivir en pareja y disfrutar del sexo al margen del matrimonio canónico, como la barraganía, el amancebamiento o el estupro.

#llibres #franquisme | Homosexuals i transsexuals : els altres represaliats i discriminats del franquisme, des de la memòria històric

Homosexuals i transsexuals : els altres represaliats i discriminats del franquisme, des de la memòria històric / José Benito Eres Rigueira y Carlos Villagrasa Alcaide (coordinadors)
Barcelona : Bellaterra, 2008
192 p.
ISBN 9788472904354 [2008-12] / 15 €

/ CAT / ENS / REC
/ Derechos / Franquismo / Historia - Siglo XX / Homosexuales / Lesbianas / Memoria colectiva / Persecuciones políticas / Testimonios / Transexuales

Les persones homosexuals i transsexuals van patir persecució legal, política i social durant el franquisme, i també han patit l’oblit posterior, ja que molt sovint han estat absents en els homenatges o actes de reconeixement públic a altres col·lectius que van ser objecte de la repressió per motius polítics o socials. Aquesta obra col·lectiva ofereix, per primer cop, un estudi acurat i rigorós sobre la repressió i la discriminació de les persones homosexuals i transsexuals al llarg del franquisme. Des de la perspectiva de la memòria històrica, presenta les recerques dels experts més reconeguts en aquest àmbit i testimonis dels protagonistes d’una persecució vergonyosa. Algunes de les contribucions a l’obra posen l’accent en les connexions del franquisme amb el nazisme i els elements comuns en la vulneració dels drets humans per raó de l’orientació sexual i la identitat de gènere a altres països europeus el segle passat. D’altres, incorporen l’estudi sobre la invisibilitat de les dones lesbianes durant aquest període. I tot això amb un llenguatge directe, clar i senzill, que en facilita la lectura i la comprensió, ja que el llibre no es dirigeix només a experts o estudiosos, sinó a totes les persones interessades a avançar en la consolidació del principi d’igualtat i en els valors democràtics.

DOCUMENTACIÓN
Presentaron en Barcelona un libro sobre los homosexuales bajo el franquismo

Entre otros aportes, la obra revela que en España se abrieron 50.000 expedientes a personas debido a su orientación sexual
Andres Bacigalupo | Universo Gay, 2009-04-24
http://libros.universogay.com/presentaron-en-barcelona-un-libro-sobre-los-homosexuales-bajo-el-franquismo__24042009.html
Los gais temen ser los grandes olvidados de la memoria histórica
Un libro recoge la represión que sufrió el colectivo durante la época franquista
El Periódico, 2008-04-22
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/20090422/los-gais-temen-ser-los-grandes-olvidados-memoria-historica/99807.shtml
Un libro relata la represión a homosexuales y transexuales en la Barcelona franquista
Europa Press, 2009-04-21

http://www.europapress.es/epsocial/noticia-libro-relata-represion-homosexuales-transexuales-barcelona-franquista-20090421133240.html