viernes, 19 de abril de 2024

#hemeroteca #trans | Lucy Sante: «Me esforcé por ser un hombre pero nunca lo conseguí»

Lucy Sante //

Lucy Sante: «Me esforcé por ser un hombre pero nunca lo conseguí»
Lucía Tolosa | Ethic, 2024-04-19

https://ethic.es/2024/04/entrevista-lucy-sante/

El 17 de febrero de 2021, la escritora Lucy Sante (Verviers, 1954) se descargó una aplicación de modificación de rostro y su vida entera dio un vuelco. El reflejo de la imagen de una mujer de melena castaña en su móvil contrastó con su físico e identidad de entonces, los de un escritor estadounidense de origen belga, un aclamado y famoso ensayista dedicado a la crítica literaria, y al análisis del urbanismo y la fotografía. Lucy Sante tenía entonces 66 años y era socialmente conocida como Luc cuando tomó la decisión de comunicar a su entorno su transición de género. La talentosa cronista del 'underground' neoyorquino decidió volcar en el libro ‘Ella era yo’ (Libros del K.O.) el viaje que arrancó hace ya varios años. La obra que ofrece la incisiva comentarista es ante todo la historia de su vida, un mosaico de dudas, alegrías y tristezas, pero también una invitación a luchar por ser uno mismo sin perder el humor acerbo, la ternura y la valentía de vivir sin esconderse.

P. Afirma que se le cayó la venda de los ojos y decidió tomar la decisión de transicionar al ver una imagen de su físico como mujer en FaceApp. ¿Qué pasó por su cabeza en aquel momento?

Sentí que me transferían a otra dimensión. Cuando pasé todas las fotos que tenía de mí misma, desde los 12 años hasta el presente, vi pasar delante de mis ojos una vida paralela que siempre me había negado por miedo y vergüenza. Yo sabía que era trans desde los nueve años, pero era un secreto que pretendía llevarme a la tumba. Esa vida posible que me mostraba la aplicación de modificación de rostros había estado siempre en mi cabeza, pero me daba terror reconocerlo. A veces creemos que negando la realidad viviremos más tranquilas, por eso traté a toda costa de ser un hombre heterosexual.

P. En el libro menciona la represión del deseo y el autocastigo consciente. ¿La transición le ha liberado de estos bucles?


Mi transición ha sido un proceso de eliminación de todos los estereotipos masculinos con los que intenté identificarme sin éxito durante sesenta años. Cuando te niegas a ti misma ser quien realmente eres, vives como una espectadora todo lo que te ocurre y sientes mucha frustración. Esto es algo que solo pueden entender las personas trans, es difícil que lo entiendan las personas cisgénero. Lo que más me sorprendió cuando empecé la transición fue sentir que todo ese nuevo mundo ya lo conocía. Yo nunca he creído en vidas pasadas, pero si lo hiciera, seguro que fui una mujer en alguna vida anterior.

P. ¿Cómo definiría lo que significa ser mujer?


Ser mujer son muchas cosas, y es difícil definirlo. Yo sé que lo soy, aunque no tenga el aparato reproductivo de una mujer. A muchas personas solo les importa la parte biológica, pero creo que ser mujer tiene que ver con una forma de mirar y estar en el mundo, una forma mucho más sensible. Para mí ser mujer es alejarse de la masculinidad y sus cosas negativas, como la violencia o la competición. Mi forma de actuar, de sentir y de ser es la de una mujer.

P. ¿Asociar determinadas características como la competitividad a los hombres y la sensibilidad a las mujeres no es una forma de generalizar y alimentar los estereotipos?


Son construcciones culturales nefastas, pero tienen cierta veracidad. A los hombres se les enseña desde pequeños que deben ser fuertes y se les repite que no deben llorar como una niña, y eso hace que más adelante los adultos no se permitan cosas como la vulnerabilidad o el romanticismo. En la vida nos encontramos con imposiciones socioculturales que ninguno hemos elegido, pero nos condicionan profundamente. Si a las niñas les damos un carrito rosa con un bebé de plástico para que juegue, y a los niños una pelota de fútbol, estamos alimentando unos clichés que más adelante se reflejarán en su adultez. Reproducimos inevitablemente estereotipos culturales.

P. ¿Cuando en el libro afirma que nunca se le dio bien ser hombre, aunque lo intentó, se refiere a estos estereotipos?


Sí, me esforcé por ser un hombre pero nunca lo conseguí. Nunca encajé en el prototipo de hombre porque sentía que se relacionaban de un modo que me resultaba muy ajeno. No estaba cómoda relacionándome con hombres, porque tenía la sensación de estar compitiendo en una lucha en la que yo nunca me había querido apuntar. Me tocaba participar en toda esa basura masculina, pero el problema es que por mucho que me esfuerce, no puedo fingir que me interesa el poder, el fútbol, el ansia de acumular dinero… Siento que los hombres pertenecen a un mundo del que yo nunca he formado parte.

P. En su libro menciona que haber nacido sin cuello del útero, no menstruar y no poder dar a luz le hacía sentir que no cumplía con las expectativas de las mujeres.

Es verdad, me siento mujer, pero las dudas vuelven todos los días. Soy mujer, pero no he tenido que enfrentarme a la menopausia, ni a un cáncer de mama, ni a infecciones vaginales. Nunca me he arrepentido de haber iniciado la transición, pero sí he sentido que no podía sufrir como sufrían ellas y que no estaba a la altura. Hace poco vi un artículo en la prensa donde decían que no éramos mujeres, que éramos hombres con fetiches, y aunque pueda argumentar en contra de ese artículo, me sigue doliendo. Siempre hay una reacción interna que no puedo evitar y me hace pensar que estoy engañando a todos, a veces me llamo a mí misma mentirosa. Esto lo he hablado con otras mujeres trans y es un sentimiento habitual. Todas tenemos días malos en los que sentimos que somos impostoras, por cuestiones como no poder parir.

P. ¿Considera que se atribuye a la maternidad una importancia desmedida para definir a una mujer?

Absolutamente, la capacidad de parir de las mujeres constituye un gran porcentaje de su valor mercantil y por tanto de su opresión. Es parte del contrato, tienes que ser deseable y además poder ofrecer descendencia, y si no eres capaz, pierdes valor. En este tema también hay un componente social y cultural que arrastramos de muchos años atrás y tiene que ver con asumir que una mujer sin hijos es una mujer incompleta. Por suerte esto está cambiando, tengo la suerte de tener un hijo con el que me entiendo muy bien, y es de una generación que comprende que tener hijos o no tenerlos es igual de respetable y no nos hace mejores ni peores.

P. En su libro también aparecen las relaciones amorosas, con sus esperanzas y desilusiones. ¿Diría que el concepto de amor romántico ha sido nocivo para las mujeres?

El amor romántico puede oprimir a las mujeres, transformarse en una esclavitud y en otra forma de dominación. Soy muy romántica y no quiero tirar piedras contra mi propio tejado, el romanticismo es maravilloso, pero creo que puede encerrar dinámicas muy nefastas. En nombre del romanticismo, una mujer puede ir convirtiéndose en la propiedad de un hombre, o justificar dejar toda su vida apartada solo por él y perder su independencia. En este tema creo que la juventud actual está mucho más concienciada, las mujeres ya no se conforman y exigen que el hombre respete su espacio y su libertad.

P. Sostiene en un determinado fragmento que la disforia de género en la juventud no es un capricho pasajero. ¿Qué le diría a los que piensan diferente?

No soy científica, pero me preocupa la reacción de personas intransigentes que afirman que ser transexual es algo psicológico, una especie de enfermedad mental. Mi intuición es que tiene que ver más con el cuerpo, es una cuestión fisiológica. Ser trans no es algo que pueda elegirse. Lamento profundamente que haya jóvenes que se arrepientan de su transición, pero son una minoría. Me preocupa que se estén usando estos casos que son mínimos para camuflar el verdadero problema: los niños trans que desean iniciar una transición y no tienen herramientas ni acompañamiento para hacerlo. En mi época había muy poca información y por tanto ningún acompañamiento, hasta que no llegó internet ni siquiera sabía los efectos de los estrógenos. Ojalá no haber pasado por el sufrimiento que pasé si desde los nueve años hubiera podido hacer mi transición.

P. El anterior Ejecutivo en España legisló sobre estas cuestiones. ¿Qué opina de la reacción a la Ley Trans española?


No he leído la legislación española, pero conozco otras como la de Gran Bretaña, y tengo claro que hay personas horribles que están dedicadas a terminar con las personas trans por motivos ideológicos. La transexualidad amenaza el poder masculino, cambia los paradigmas y la forma de relacionarnos que conocíamos hasta ahora. Si admitimos que las personas son fluidas, que el sexo y el género pueden no corresponderse, concluimos que no hay un sexo poderoso y otro más débil. La supremacía masculina desaparece, y hay mucha gente que no tolera eso. Pero me alegro de ver que la reacción crítica no suele venir de los más jóvenes. Es una alegría darme cuenta de que la juventud entiende mucho mejor que las líneas de género son porosas que las personas de mi generación. El género abarca un espectro amplísimo.

P. Ahora que menciona la juventud, en su libro explica que cuando era joven evitaba a mujeres trans como Teri Toye o Greer Lankton.

No me enorgullece decirlo, pero huía de ese tipo de círculos porque sabía que si las frecuentaba no podría seguir ocultándome. Yo tenía muchas ambiciones literarias, y me daba mucho miedo ser etiquetada como «la autora trans». Me veía marginada para siempre, sin capacidad de ser amada y rechazada por mi entorno cercano. Los referentes son importantísimos, pero en aquella época me daba miedo hasta hablarles. Para esconder un secreto tan grande como el mío, debía alejarme completamente de las mujeres trans para seguir en mi cascarón.

P. ¿La escritura, y en general la cultura, te ha ayudado a sobrevivir en aquel cascarón?

Sí, ha supuesto una apertura a la vida y un lugar ficticio donde podía navegar más fácilmente que en el mundo real. La cultura, y especialmente la literatura, ha sido siempre una forma de encontrarme, de rehacerme. Cuando era pequeña tuve que dejar Francia, mudarme a Estados Unidos y aprender el inglés, y ese cambio de lenguaje ya supuso una transformación enorme. Por eso cuando comencé la transición, había cosas que me resultaban familiares porque, en cierto modo, ya había realizado una transición cuando era una cría. La música me acompaña mucho también, el primer año de mi transición solo escuchaba discos de Nico, me ayudó a hacer de puente entre lo masculino y lo femenino. El arte me ayuda a ordenar los pensamientos y entenderme mejor.

P. Ha sido una gran cronista del ‘underground’ neoyorquino y testigo del ‘boom’ de la cultura de los 80. ¿Cómo ve la evolución con la actualidad?

Ahora la cultura no se disfruta, se consume compulsivamente con ansiedad. Hay una cuestión clave en este asunto, y es el precio de la vivienda. En mi época se podía trabajar en una librería o en una tienda de discos y ganar lo suficiente para pagarte un techo, la comida, las salidas y el consumo de arte. Ahora hay apartamentos que parecen zulos a un precio inasumible, cuesta diez veces más de lo que costaba cuando yo era joven. La gente vive para trabajar y subsistir, y además está cada vez más conectada a las redes y menos a la vida real. Se ha perdido la vida social y de barrio, y eso se refleja en el modo de disfrutar de la cultura, pero también en el modo de relacionarnos. Estamos mucho más solos y aislados ahora que cuando yo era joven.

P. ¿Qué rasgos destacaría del cambio en la relación con su entorno, desde que dejó de ser Luc y pasó a ser Lucy?


Siendo Luc, he sentido muchas veces que la vida no tenía sentido. Me resultaba difícil comunicarme con los demás porque estaba obsesionada con esconder mi secreto, entonces me costaba hablar de muchos asuntos y construía barreras para protegerme. Lucy está mucho más abierta a descubrir cosas nuevas, a relacionarse de forma sincera, a hablar de cualquier tema con franqueza. Soy mucho más feliz ahora, pero sí noto que hay ciertas barreras.

P. ¿A qué barreras se refiere?

No me quejo, tengo suerte en muchos aspectos porque soy una escritora reconocida, tengo estabilidad económica y además soy vieja. No soy objeto de deseo, por tanto, no soy objeto de violencia. Pero, por ejemplo, el amor es para mí una utopía ya lejana. Tiene que ver con barreras generacionales… Yo soy muy mayor, voy a cumplir 70 años dentro de poco y siento cierta soledad. Sigo conservando a mis amigos de siempre, respetan mi elección y me quieren, pero no me comprenden. Solo me siento de verdad comprendida cuando estoy con jóvenes, y especialmente con mujeres trans que me han ayudado mucho. Ser trans con 25 años es algo mucho más aceptado socialmente que serlo con 70.

P. En su libro explica cómo se volvió una experta de su rostro y estudiaba poses catalogadas como femeninas. ¿La disforia de género genera una obsesión por el físico?

La disforia de género te genera una carga brutal que luego te desborda. Han pasado ya varios años desde que decidí ser yo misma y estoy menos obsesionada con mi rostro, pero durante mucho tiempo me impuse un estudio microscópico de mi cara. Viví un tiempo en una montaña rusa de emociones, me veía fenomenal y de pronto fatal, y así todo el rato. Recuerdo que cuando tomé la decisión de iniciar la transición, me compré emocionada pelucas, lencería y ropa. Me afeité todo el vello corporal, adelgacé seis kilos, me maquillaba, probaba poses y gestos femeninos, incluso asistí a clases de voz por internet. Pero actualmente sé que tengo que aceptar mi físico y mi envejecimiento. A estas alturas, lo que los demás piensen de mí ya me da igual, me basta con saberlo yo.

P. ¿Qué opina de la división del movimiento feminista, especialmente en el tema de las mujeres antitransgénero?

Este tema me produce una inmensa tristeza. Un feminismo que no entiende que el sexo y el género no tienen que corresponderse por fuerza y que margina a las personas trans es un feminismo excluyente. Hace cincuenta años ya era trágica esa postura, pero hoy en día, con todos los avances que se han hecho y la información de la que disponemos, es desoladora. No quiero sonar pesimista, pero ahora hay fuerzas reaccionarias más fuertes que nunca y están apoyadas por personas que se dicen feministas. En EE. UU. hay una decena de estados que han prohibido el tratamiento hormonal para jóvenes, e incluso hay un par de estados que están prohibiéndolo para adultos también. Hay una división cultural y política que me preocupa.

jueves, 18 de abril de 2024

#libros #feminsimo #historia | Mujeres Libres : nuestra historia, nuestras luchas

Mujeres Libres : nuestra historia, nuestras luchas / Deyanira Schurjin Benedetto.

Madrid : Imperdible, 2024 [04-18].
64 p.

/ ES / Libros / ENS / Activismo / Anarquismo / Feminismo / Historia / Mujeres / Mujeres Libres / Segunda República

📘 Ed. impresa: ISBN 9788412776850 / 5.00 €
📝 Cita APA-7: Schurjin Benedetto, Deyanira (2024). Mujeres Libres: nuestra historia, nuestras luchas. Imperdible.


«Mujeres Libres» es sin duda una de las organizaciones más extraordinarias e importantes del siglo xx en el territorio español. Constituida en el seno del movimiento libertario en 1936, abogaron por la unidad de las mujeres de la clase obrera para luchar por su emancipación. El objetivo, acabar con la triple esclavitud: esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora. Impulsoras de la Revolución Social y constituidas en agrupaciones locales, Mujeres Libres elaboró un extenso programa para la capacitación y concienciación de las mujeres de la clase trabajadora y pobres. Y «aunque el número total de agrupaciones de Mujeres Libres está aún por descubrir» -nos dice la autora-, en el presente trabajo podremos encontrar una a una; un total de 166 agrupaciones de Mujeres Libres repartidas por toda la zona republicana. Esta es, luego del pionero trabajo de Mary Nash, la cifra más exacta que se ha alcanzado hasta nuestros días.

#hemeroteca #vih | La lucha contra el VIH ya no es un reto de la ciencia, sino de equidad

Mujeres jóvenes asisten a una sesión informativa sobre prevención de VIH, en Toumodi (Costa de Marfil) //

La lucha contra el VIH ya no es un reto de la ciencia, sino de equidad

Unas 4.000 niñas y mujeres jóvenes en el mundo siguen infectándose de VIH cada semana, principalmente en África subsahariana
Bience Gawanas | Planeta Futuro, El País, 2024-04-18
https://elpais.com/planeta-futuro/2024-04-18/la-lucha-contra-el-vih-ya-no-es-un-reto-de-la-ciencia-sino-de-equidad.html

Cada paso que demos hoy en la lucha contra el VIH va a ser laborioso: debemos presionar más para avanzar. Los profesionales de este virus se reúnen esta semana en Yaundé (Camerún) con motivo de AFRAVIH, la mayor conferencia internacional francófona sobre el VIH/sida. En los primeros años de la lucha contra este virus, nuestros avances fueron a menudo rápidos e inmensos porque, miraras donde miraras, había grandes necesidades. Fueron tiempos devastadores: la enfermedad mató a tres millones de personas en el año 2000, más de 2,4 millones de ellas en África. En el extremo sur del continente, de donde soy, la enfermedad amenazaba con desintegrar el tejido social.

Cuando el mundo se unió para formar asociaciones como la del Fondo Mundial de Lucha contra el sida, la Tuberculosis y la Malaria y el PEPFAR, desafió la injusticia de que solo los ricos pudieran recibir tratamiento contra el VIH. Fue para frenar la posibilidad de perder a una generación de personas en muchos países de ingresos bajos y medios, así como a quienes eran estigmatizados y discriminados por ser considerados diferentes.

Me enorgullece decir que desde entonces hemos recorrido un largo camino. De menos de 50.000 personas en tratamiento contra el VIH en África en el año 2000 a más de 20 millones en la actualidad, las innovaciones en materia de prevención del VIH han proliferado, reduciendo drásticamente las infecciones por el virus. Sin embargo, más de 1,3 millones de personas se infectaron por el virus en 2022 en todo el mundo.

Estas infecciones se producen ahora principalmente entre hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, personas que se inyectan drogas, mujeres trans y trabajadores del sexo. Además, sus voces son cada vez más silenciadas y se encuentran bajo la amenaza constante de la violencia y el abuso, ya que la legislación discriminatoria dirigida contra las personas LGBTI está surgiendo en todo el mundo. Entre estos grupos, los jóvenes de 15 a 24 años soportan una carga desproporcionada de VIH y son aún más vulnerables, ya que se enfrentan a mayores barreras para acceder a los servicios sanitarios.

La lucha contra el VIH ya no es un reto de la ciencia, sino de la equidad. Para que volvamos a acelerar los avances, debemos recuperar ese firme espíritu de equidad que nos animó hace dos décadas. Eso significa centrarnos en las comunidades más afectadas por el VIH. En África, centrarse en los adolescentes de ambos sexos es un imperativo urgente.

Aunque la incidencia del VIH entre las adolescentes y las mujeres jóvenes ha disminuido enormemente en la última década, 4.000 niñas y mujeres jóvenes siguen infectándose por el VIH cada semana en todo el mundo, principalmente en el África subsahariana. Esto es inaceptable. Este grupo sigue sufriendo las condiciones más inicuas de todas, con injusticias estructurales que las predisponen a las enfermedades.

Si queremos prevenir las infecciones por VIH entre esta población, debemos reunir a diversos socios para invertir en esfuerzos a largo plazo para mantener a las niñas en las escuelas. La educación convierte a las niñas en mujeres con la posibilidad de una mayor igualdad de oportunidades, y las protege de enfermedades como el VIH. Las niñas educadas registran tasas más bajas de embarazos adolescentes, violencia sexual, matrimonios precoces y, en última instancia, menos infecciones por el VIH. También debemos acelerar las inversiones en programas que apoyen la salud y los derechos sexuales y reproductivos integrales, especialmente para las adolescentes y las mujeres jóvenes.

Y debemos asegurarnos de que las mujeres jóvenes y las niñas estén en el centro de los proyectos que buscan su participación. Estos son algunos de los objetivos que la asociación del Fondo Mundial trata de alcanzar con proyectos como Voix EssentiELLES y el Fondo HER Voice, que se esfuerzan por implicar de manera significativa a las mujeres jóvenes y las niñas en los programas de salud clave y en los foros de toma de decisiones de sus comunidades.

Para acabar con las infecciones por VIH entre las mujeres jóvenes y las niñas, también debemos reducir las infecciones entre sus parejas sexuales. Esto significa invertir en esfuerzos para transformar las normas culturales y sociales que predisponen a los hombres y los niños al VIH y que determinan su relación con las niñas y las mujeres en sus comunidades. También significa que los hombres con alto riesgo de infección por el VIH se sometan a pruebas y reciban apoyo para iniciar y mantener el tratamiento. Proteger a los hombres y niños heterosexuales del VIH también puede ayudar a proteger a las mujeres y niñas.

Se trata de renovar nuestro enfoque en la promoción de la equidad. Sabemos cómo hacerlo. Lo hicimos en el cambio de milenio con nuestro impulso a la equidad en el tratamiento del VIH. Faltan tres meses para la 25ª Conferencia Internacional sobre el sida de Múnich. Avancemos ahora y pongamos fin a esta lucha inacabada, reduciendo las infecciones por el VIH entre los grupos más afectados. Para conseguirlo, podemos reenergizarnos con los objetivos y el espíritu inquebrantable de aquellos años dorados de progreso en la lucha contra el VIH.

miércoles, 17 de abril de 2024

#hemeroteca #poblacionracializada #cine | El activista 'Putochinomaricón' estalla contra la directora Arantxa Echevarría por la película 'Chinas': ''Me quería arrancar los ojos''

Miradas de Cine / Fotograma de 'Chinas' //

El activista 'Putochinomaricón' estalla contra la directora Arantxa Echevarría por la película 'Chinas': ''Me quería arrancar los ojos''

Chenta Tsai ha explotado en su cuenta de Instagram contra el trabajo de la cineasta vasca
José Luis Martín Rojas | La Vanguardia, 2024-04-17
https://www.lavanguardia.com/gente/20240417/9597045/activista-putochinomaricon-estalla-directora-arantxa-echevarria-pelicula-chinas-me-queria-arrancar-ojos-mmn.html

Arantxa Echevarría estrenó en octubre de 2023 ‘Chinas’, una película dramática española escrita por ella misma y protagonizada por Valeria Fernández, Yeju Ji, Ella Qiu y Shiman Yang que habla de la dureza de la migración china en nuestro país y de los diferentes problemas a los que se enfrenta dicha comunidad al llegar a España.

El ‘film’ fue todo un éxito. Además de cinco nominaciones a los Premios Goya, una nominación a los Premios Forqué y diferentes galardones, el proyecto tuvo una gran acogida por parte del público.

Sin embargo, la pieza despertó una gran polémica debido a que se trata de una historia sobre una minoría contada por una mujer española que no tiene nada que ver con el país asiático. Después de seis meses, el activista y cantante Chenta Tsai, conocido popularmente como 'Putochinomaricón', ha estallado en su cuenta de Instagram y ha dado su opinión de la película.

''Me he callado durante mucho tiempo (...) A excepción de los actores y actrices que hicieron un trabajo excepcional, esta peli es un experimento paternalista con moraleja bañada en leche con nata que nos muestra el terror de hasta dónde puede llegar los seudofilántropos blancos (en este caso directora) si no le ponemos freno'', ha empezado el cantante.

''Tiene de salvadora blanca lo que le falta en guion. Esta peli es equivalente a usar ‘El Hormiguero’ para hablar sobre el transfeminismo. Es más probable que Broncano se prepare bien para una entrevista que yo acepte una invitación para hablar de esta película'', ha terminado de manera tajante.

El creador de contenido ha usado también el humor para lidiar con esta polémica. ''Arantxa Echevarría he aquí una lista de películas de salvadora blanca que podrías hacer en caso de que quieras continuar con ‘Chinas’: 'Chinas 2 - Más chinas que nunca', 'Chinas 3D: No hay dos chin tres','Chin4s. Fully Reloaded', 'Chinas 5: Chin luz, chin agua y a todo gas'''.

Además de publicar varios memes, el activista ha subido diferentes vídeos hablando directamente a cámara para explicar su punto de vista: ''He estado acumulando esta ira desde que vi ‘Carmen y Lola’ (...) Me quería arrancar los ojos (...) ‘Stop’ directores blancos instrumentalizando nuestro dolor, instrumentalizando nuestras experiencias y nuestras historias desde el paternalismo''.

El joven artista se ha mostrado totalmente honesto y ha opinado con libertad que el comportamiento de Echevarría a lo largo de los años ha revelado que no tiene nada propio que mostrar como directora, lo que ha provocado un gran debate en la red.

Además de dar a conocer su punto de vista, el intérprete de ‘Gente de mierda’ o ‘Se me da mal ser mayor’ ha dejado caer que la directora robó varias ideas para el guion de la escritora Quan Zhou, conocida como 'Gazpacho Agridulce'.

Dicha escritora ha publicado un comunicado en redes sociales diciendo que está totalmente de acuerdo con el activista: ''No he hablado de que me copió porque se me hace demasiado doloroso. Lo peor es que me han dicho que es una práctica habitual''.

Un gran debate
El gran público general ha mostrado su apoyo a los artistas anteriormente mencionados y decenas de usuarios en la red han criticado a la cineasta de origen vasco por hablar siempre de historias ajenas en sus películas.

Para responder a todos aquellos que defienden que cada artista puede crear de manera libre, Chenta Tsai ha publicado una aclaración: ''No estoy diciendo que la gente blanca no debería hacer series o películas sobre personas racializadas. Si se hace bien, genial, qué quieres que te diga''.

#hemeroteca #lgtbi #queer #liteartura | El esplendor de la imparable literatura 'queer': "No es una identidad, es una forma de ver el mundo"

Ángelo Néstore, Alana Portero, Rosario Villajos y Carlos Barea //

El esplendor de la imparable literatura 'queer': "No es una identidad, es una forma de ver el mundo"

El Segundo Encuentro de Literatura Queer, en el Museo Reina Sofía, aborda todas las formas para salir del armario y vivir la vida de otra manera.
Angelica Francesca Rimini | El Cultural, El Español, 2024-04-17
https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20240417/esplendor-imparable-literatura-queer-no-identidad-forma-ver-mundo/847915602_0.html

Albert Camus en ‘L'Étranger’ (1942) muestra un personaje incomprendido a los ojos de la sociedad que se convierte en un extranjero para sí mismo y para los demás. ‘Uno, ninguno y cien mil’ (1926) de Luigi Pirandello trata las diferentes formas de ver y percibir las identidades. Jorge Luis Borges nos enseña en ‘Everything and Nothing’ (1958) que en el gran escenario de la vida podemos ser todos y nadie al mismo tiempo.

Desde siempre la escritura literaria se ha dedicado a intentar resolver la pregunta que le hacen a Ulises en la ‘Odisea’ (VIII a.C): ¿Quién eres tú? El famoso poema épico, de hecho, no es otra cosa que la historia de un viaje entre las tierras más lejanas y lugares impensables, a la búsqueda de una identidad.

Hoy las identidades son múltiples, la realidad es siempre más ambigua y la literatura necesita abarcar todas las formas de ser. "Para mí la literatura te muestra otras realidades que no son las que tú has vivido", afirma la escritora Rosario Villajos (1978).

Por esto nació la literatura ‘queer’. "La sociedad se está dando cuenta de que hay un gran número de personas que viven en los márgenes. Hay muchos problemas compartidos de clase, sociales, identitarios. Necesitamos espacios para visibilizarlos", afirma Carlos Barea (1987), escritor, editor y activista cultural.

La librería MaryRead organizó hace unos días en Madrid el segundo encuentro de Literatura ‘queer’. Tres días donde autores y autoras se ponen a dialogar, sacando diferentes vivencias y realidades que atraviesan la comunidad ‘queer’. "Necesitamos generar nuevos referentes para la comunidad", explica una de las socias, Ana Murillo.

En las charlas de este año, celebradas en el Museo Reina Sofía, han participado muchos rostros conocidos: Alana S. Portero, Elisa Coll Blanco, Ana Flecha Marco, Carolina Meloni, Mafe Moscoso, Ángelo Néstore, Eugenia Tenenbaum, Sara Torres, Rosario Villajos. Hablamos con algunos de los referentes principales sobre la historia de la Literatura ‘queer’.

Un mundo disidente

"’Queer’ es pensar nuevas maneras de vivir, que no sean desde el individualismo o desde el capitalismo, desde la cultura de la violación o de la guerra. ‘Queer’ son nuevas maneras de hacer las cosas", afirma Gloria Fortún (1977), escritora, poeta y traductor.

"Lo ‘queer’ no es una identidad, es una forma de ver el mundo. Es toda aquella literatura que enrarece, que aporta algo raro", cuenta Ángelo Néstore (1986). Esta 'nueva' corriente cuenta historias de cuerpos que han vivido de forma incómoda y que necesitan buscar otros lugares para ser. "Un cuerpo incómodo es un cuerpo que no se espera dentro de la norma, algo que no es deseable normativamente hablando".

‘Queer’ no incluye solamente las realidades homosexuales, lesbianas, trans, bolleras. Visibiliza las identidades no normativas, que han sufrido varios tipos de opresiones. Los personajes miran desde un lugar que no es hegemónico y desde el que no se suele mirar. "Es pensar en otras formas de amor que no sean jerárquicas, otra manera de mirarnos. ¿Cómo podemos amar sin utilizar el lenguaje de poder, de posesión?", pregunta Gloria Fortún.

La literatura es la respuesta. "Uno de los objetivos de lo ‘queer’ es darnos herramientas para que unas realidades sean entendibles y ampliar el espectro del deseo, y nombrar nuestras existencias a través de la literatura nos permite crear nuestra imaginaciones y nuevas formas de estar en el mundo".

Historias literarias
Este tipo de literatura pretende establecer otro canon que sea rebelde y disidente. "Pongo en el centro de mi escritura mujeres bolleras con cuerpos disidentes en cuanto a género, cuerpo, personas que no son normativas", cuenta Gloria Fortún. El propio texto refleja esta disidencia: no sigue las normas clásicas de una novela o de un poema. ‘Roja Catedral’ (Dos Bigotes, 2022) es un texto muy experimental, mezcla poesía, prosa e inventa palabras. "He intentado desobedecer todas las reglas de escritura".

"Me interesaba mucho escribir sobre mi identidad homosexual". Carlos Barea escribió ‘Bendita tú eres’ (Egales, 2020), una novela que trata la identidad de una forma muy amplia para intentar llegar a todo el mundo. "Yo creo que tienes que encontrar la forma de conectar con el señor heterosexual que vive en Vallecas hace 40 años". Según él, esto se hace a través de la exploración de elementos comunes y mostrar las diferencias para dar a conocerlas.

"’La mala costumbre’ de Alana S.Portero decía que cuando se sale del armario hay que tener en cuenta que existen muchos tipos de armarios. Entonces yo sentía que mi protagonista estaba en un armario". Rosario Villajos ganó el Premio Biblioteca Breve con su último libro ‘La educación física’ (Seix Barral, 2023). "La considero una obra muy valiente". Habla de una adolescente que no tiene deseo sexual, no sabe lo que le gusta. "Lo escribí porque yo misma, todavía hoy, considero que no lo tengo claro. Creo que estoy tan limitada por lo que me han dicho que me tiene que gustar que no me atrevo a explorar otros deseos".

"Siempre he trabajado desde lo ‘queer’ pero no ha habido una voluntad explícita, es mi forma de estar en el mundo". Néstore cuenta su propia experiencia, que también está ligada al fracaso. "Aun siendo homosexual he vivido una opresión patriarcal en el colectivo LGTB, debido a esa educación dentro de las matrices heterosexual".

La teoría de la interpretación
"Estamos tan acostumbrados simplemente a ver a través de las gafas patriarcales y heterosexuales que realmente no nos damos cuenta de que las otras realidades están aquí", afirma Barea. La literatura ‘queer’ ha estado siempre, aunque estuvo durante mucho tiempo ocultada, los escritores escribían bajo seudónimo y siempre había que leer entre líneas para encontrar validaciones de estas realidades.

La misma ‘Epopeya de Gilgamesh’ (2.500 a.C), los poemas de Luis Cernuda y varias películas como ‘Ricas y Famosas’ (1981) esconden deseos homosexuales. Barea coordinó tres libros que analizan, desde una perspectiva feminista y ‘queer’ a Lola Flores, José Pérez Ocaña y Pepe Espaliú.

"Si se analizan algunos escritores antiguos con nueva lente, se traducen diferentemente ahora", afirma Gloria Fortún, siguiendo la teoría de la interpretación de Gadamer. "Jeanette Winterson no utilizaba el género en su novela ‘Escrito en cuerpo’ y en su momento lo traducimos utilizándolo, porque no existía esta posibilidad en España. Ahora volvería a traducirlo sin marcar el género".

"Me gusta mucho ver la escritura como una herramienta de recuperación y de transformación social". Barea piensa que es más difícil que la gente vaya a escuchar un encuentro sobre realidades diversas, en cambio, un libro puede llegarte directamente a las comodidades de tu sofá. Así se conquista el señor de 40 años de Vallecas.

Una nueva escritura
La visibilidad ha llegado a muchos espacios que antes no llegaba. "Yo me maravillo de las cantidades de libros que tenemos al alcance de la mano. Cuando me crié en un pueblo de la Mancha no encontraba ningún referente". Ahora mucha gente joven va a la librería, "vienen sin pedir perdón ni permiso", dice entusiasta Murillo.

La literatura ‘queer’ empezó a divulgarse a partir de la apertura de librerías y editoriales en España. Se empezó a establecer un primer canon básico y luego en 2006 se produjo un verdadero éxito. "Los autores están intentando escribir de otra manera. El género ahora es más cerrado, más identitario", analiza Ramón Martínez Rodríguez, filólogo, ensayista y novelista.

‘La mala costumbre’ (Seix Barral, 2023) de Alana S. Portero (1978) ha estado entre los libros más vendidos a nivel nacional e internacional. ‘Lo que hay’ (Reservoir Books, 2022) de Sara Torres (1991) es una historia que interpela a muchas bolleras y fue uno de los libros con más clubs de lectura. La lista de los nombres es larga, mucho más de lo que pensaríamos. Además de los ya citados, encontramos: Christo Casas, Melani Penna Tosso, Marta Vusquets, Elena Portero Bueno, Enrique Aparicio, Milena Busquets, Luis Bravo, Carlos Catena Cózar, Juan Gallego Bueno.

Aun así, existe la gran limitación que suponen las etiquetas. "No me gusta la etiqueta, la verdad, porque digo que hay muchos tipos de armarios", afirma Villajos. Según ella, el mercado todavía no está preparado. "El simple hecho de que un libro se identifique con Literatura ‘queer’ provoca rechazo. Estoy segura de que si le hubiera puesto otro tipo de cubierta a mi libro, pues a lo mejor lo habrían leído más hombres".

"Ahora parece que está de moda, pero para nosotras no es una moda, es nuestra propia vida", afirma Murillo. Existe una dificultad enorme en visibilizar estas disidencias."Llevamos ya unos años de un aumento de los discursos de odio contra la comunidad LGTBQ y las compañeras Trans. Hay un retroceso absoluto de libertades y derechos. Necesitamos apoyarnos todas juntas porque sino es difícil sobrevivir en un mundo tan hostil".

Una nueva libertad de ser
Hoy en día estas cuestiones siguen estando abiertas. La sociedad material, gobernada por la voluntad de poder, nos obliga a elegir una forma en la que identificarnos. Sin embargo, el final de ‘L'Étranger’ muestra que Meursault, en prisión, decide rechazar cualquier identidad impuesta por la sociedad. El protagonista de ‘Uno, ninguno y cien mil’ decide ser un "ninguno", así como Ulises y el personaje de Shakespeare de Borges.

"La realidad es cambiante, como la propia identidad y la literatura también", afirma Ana Flecha Marco. No se trata de normalizar las disidencias ‘queer’ porque la normalización pasa por entrar en un marco que no está hecho para que estos colectivos quepan. "Hay que crear nuevos moldes para que entre más gente".

Aceptar la fluidez de la vida es la única libertad que nos salva de esta paradoja, la de poder ser libres de ser lo que queramos. "A veces aspiro a que todos seamos tan diferentes, que no tengamos más remedio que convivir en paz".

martes, 16 de abril de 2024

#hemeroteca #consentimientosexual | Clara Serra: “Legislar el sexo con arreglo al deseo es la vía directa al punitivismo”

Clara Serra: “Legislar el sexo con arreglo al deseo es la vía directa al punitivismo”
En ‘El sentido de consentir’, la filósofa defiende que el concepto de consentimiento es precario y ambiguo. Pese a su utilidad jurídica para hacer leyes, argumenta, no puede convertirse en la receta mágica mientras se obvia una conversación más profunda sobre la ética del deseo.
Patricia Reguero Ríos | El Salto, 2024-04-16
https://www.elsaltodiario.com/violencia-sexual/clara-serra-legislar-sexo-arreglo-al-deseo-es-via-directa-al-punitivismo

Clara Serra //
“Cuando se trata de consentimiento, no hay límites difusos” es la frase que encabezaba una campaña de ONU Mujeres que en 2019 defendía la claridad de este concepto que en España ha acompañado el debate en torno a la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual aprobada en 2022. Pero, para la filósofa Clara Serra, el consentimiento es precario y ambiguo. Esa es la línea base de ‘El sentido de consentir’ (Anagrama, 2024), un libro de poco más de cien páginas donde Serra aborda el origen de esta discusión en los feminismos y esboza su propuesta de un consentimiento jurídico y limitado.

Investigadora, activista y profesora, Serra es una de las voces feministas que ha alertado del punitivismo que conllevan las tesis con las que se ha defendido la ley del solo sí es sí que, pese a tener algunas medidas necesarias, se asienta en una confianza total en el contractualismo en su parte penal que ha conducido a medidas nada emancipadoras para las mujeres, argumenta. Serra cree que ha faltado en este proceso un debate político y profundo sobre el consentimiento. Y que no es tarde para que este debate pueda darse.

P. Tras estos meses de presentaciones desde que en enero se publicó 'El sentido de consentir', ¿dirías que el asunto del consentimiento suscita interés? ¿O es un tema que se da por debatido y cerrado?

Creo que el interés que ha suscitado el libro tiene que ver con varias cosas. En primer lugar, con que a pesar de que el consentimiento ha estado muy presente en los debates mediáticos, creo que no se ha abordado el debate político en su profundidad y eso era uno de los motivos principales para escribir el libro. Mucha gente tiene la sensación de que se ha pasado por encima del debate, de que se ha instalado un cierto mensaje, unos ciertos lemas, pero sin dar más profundidad al asunto y sin abordar sus aristas. Más allá de nuestro contexto en particular, creo que el consentimiento es un tema de nuestro tiempo que desborda por completo las fronteras del contexto español. Ahora está debatiéndose en Francia, o hay unas una serie de propuestas europeas, y creo que la perspectiva dominante que yo discuto en el libro es una perspectiva que Europa va a tratar de proponer a todos los países. Porque hay una perspectiva oficial, que muchos organismos van a asumir y, en ese sentido, el debate va a estar abierto en general en las democracias liberales y en el contexto europeo especialmente.

P. Partes de que el consentimiento, que ha servido de base a decisiones legislativas, es un concepto ambiguo.

Sí, aunque esto tiene varios sentidos. Por un lado, yo discuto un discurso oficial que persistentemente, al mismo tiempo que define el consentimiento, insiste en que es un concepto clarísimo y que todo el mundo entiende igual, cosa que yo quiero plantear que debe ser sometida a crítica. Lo que oculta esa insistencia en la claridad del consentimiento es una batalla política; está encubriendo que hay un debate político en juego y que “consentimiento” puede estar significando cosas diferentes y, por tanto, que en su nombre se pueda estar defendiendo proyectos políticos diferentes, incluso diría que confrontados. En el debate español se ha eclipsado un debate político feminista que nos precede. Una de las primeras cosas que pretendo es sacar a la luz una memoria y una historia feminista donde el consentimiento ha sido objeto de las mayores controversias. Si vamos en nombre del feminismo a “defender”, y lo pongo con todas las comillas, el consentimiento, hagámoslo haciéndole justicia a los debates feministas que nos preceden, donde las posiciones han sido radicalmente contrarias y donde se muestra muy bien que, en nombre del consentimiento, se pueden defender cosas muy distintas. Este es el primer sentido del que yo quiero discutir.

En segundo lugar, una vez delimitadas las diferentes posiciones posibles, yo argumento que el consentimiento merece ser defendido, y tiene que ser defendido, como una herramienta jurídica necesaria y que necesitan las leyes, pero no como una receta mágica. Defender el consentimiento como algo imperfecto, precario, que no sirve para todo y que tiene límites me parece muy legítimo. Parece que, o se defiende el consentimiento y se lo convierte en una especie de panacea que resuelve todo, o se lo impugna por completo. Mi posición es que tiene límites.

En ese sentido, yo discuto dos cosas. Una, un discurso de invalidación del consentimiento ligado a un feminismo que yo creo que es un feminismo abolicionista, podríamos decir, un feminismo de la dominación que considera que las mujeres están siempre secuestradas y nunca saben muy bien lo que quieren. Ese es un feminismo que impugna la voluntad de la trabajadora sexual, pero que yo creo que impugna la voluntad de las mujeres en muchos aspectos. Y, segundo, otra línea por la cual hay discursos actualmente muy ‘mainstream’ que están diciendo que consentir garantiza un sexo placentero, gratificante, deseado, que garantiza un encuentro satisfactorio.

Es una especie de idealización total del consentimiento. A mí me parece que el consentimiento es una delimitación de la violencia. Pero más allá de que el sexo no sea violento, el sexo puede ser malísimo, puede ser una mierda, y no ser violento... Discuto esa especie de sacralización, a mi juicio superingenua, por la cual el consentimiento se ha convertido en una promesa de felicidad, en una lógica hiperneoliberal del contrato, donde parece que la libertad de los sujetos depende de que contratemos cosas.

P. Hemos venido escuchando, explicando, que el consentimiento llega al debate en España como respuesta a la necesidad de adaptar nuestra normativa al Convenio de Estambul de 2011, un documento que sirve de guía en Europa para el abordaje de la violencia contra las mujeres. Pero una de las primeras cosas que haces en el libro es recoger una genealogía del debate que se remonta a varias décadas atrás, hasta los años 90 en Estados Unidos.

Sí, la propia expresión “solo sí es sí”, exactamente así, es una expresión que lleva oyéndose en el contexto norteamericano muchísimo tiempo. La hemos importado, y quería llamar la atención sobre el hecho de que hemos sido poco críticos con esto. Porque las izquierdas y los feminismos tenemos desde hace tiempo una posición crítica con respecto a las culturas que dominan otras culturas por razones coloniales o por razones imperialistas y que se imponen sobre otras, pero ha habido poca crítica sobre qué tipo de cosas se importan en el debate sobre las violencias de la sociedad norteamericana, que está en una situación de dominio cultural. Por ejemplo, el ‘MeToo’, que procede de EE UU, viene de una sociedad muy concreta, con una mirada sobre el sexo muy concreta. Creo que la sociedad norteamericana tiene perspectiva mucho más puritana del sexo que, por ejemplo, las culturas latinoamericanas y creo, por cierto, que el ‘MeToo’ viene de una determinada clase social. Localizar la geografía de las ideas y los viajes de las ideas me parece de lo primero que tendríamos que hacer cuando tenemos este tipo de posiciones. Como decía Rita Segato, el ‘MeToo’ vale en un sentido mientras que en otro sentido puede estar adherido a determinadas posiciones puritanas de una sociedad como la norteamericana que no es la nuestra, no es la sociedad latinoamericana.

El solo sí es sí viene del contexto norteamericano y esto ha sido ocultado. Vayamos allí y miremos entonces cuáles son los debates allí. Y entonces veremos que no es para nada algo que haya tenido una posición uniforme del feminismo. Una gran parte del feminismo norteamericano ha hecho desde hace bastante rato unas críticas muy profundas de esa perspectiva, entendiendo que va acompañado de una serie de cosas dudosamente emancipatorias.

P. Tú reclamas el “no es no” cuando el discurso dominante es el del “sí es sí”. ¿Qué supone ese salto de un lema a otro y por qué tú dices estar más en el “no lo sé”?

Cuando se dice “no es no”, lo que se dice es que tenemos que tener la posibilidad del rechazo, de rechazar una oferta, o un deseo masculino o una proposición masculina. ¿Quiere eso decir que cuando no decimos que no es un sí? No lo creo. Igual es un “no sé”, un “estoy viendo” o un “ya veremos”. Me parece importante que exista para las mujeres la posibilidad de no saber, porque la posibilidad de descubrir cosas en el sexo va ligada a que no se nos pida saber siempre de antemano si sí o si no. El terreno del deseo de la exploración sexual, que es eso a lo que no se nos ha permitido acceder realmente, va de la mano de un cierto relax: igual no lo sé, igual tengo derecho a no saberlo, igual yo no tengo por qué ir al terreno sexual con absoluta claridad y teniendo que clarificar lo que quiero y lo que no quiero. El lema de “solo sí es sí” lo que nos promete precisamente es claridad, se dice que es un lema más seguro para las mujeres porque todo lo que no sea un no clarísimo es un clarísimo sí: pero es que esa clarificación acaba posándose en nuestros hombros y nos hace responsables.

Y es como decir que ahora las mujeres vamos a decir clarísimamente “sí” y que la única manera de que el sexo no sea delito es que la mujer clarifique exhaustivamente su deseo. Y yo estoy muy de acuerdo con algunas autoras que están preguntando si eso es liberador para nosotras o si se nos está haciendo a nosotras ser las depositarias de la responsabilidad de que, para no ser violentadas, para estar a salvo de la violencia, para que el Estado nos proteja, tengamos que llegar a la relación sexual con una transparencia total y pudiendo verbalizar nuestro deseo. Creo que no va por ahí la cosa.

Me parece que es mucho mejor un marco en el que las mujeres podamos decir que no, en el que podamos rechazar, refutar al otro. Me parece importante para que, mientras no digamos que no, no tengamos que decir qué deseamos. Hay que construir un mundo en el que la mujer pueda decir lo que no quiere para que, mientras tanto, pueda no tener que saber lo que se quiere y, por tanto, investigar lo que sí quiere.

¿Pero estamos en un mundo en el que la mujer pueda decir lo que no quiere? Yo creo que aquí está el trabajo político. El mundo está lleno de obstáculos para que las mujeres no podamos expresar libremente una negativa. El análisis feminista ha de partir de esta constatación. En este mundo es muy difícil para las mujeres y para otros sujetos subalternos decir que no. No solamente porque nuestro “no”, a veces, no se tiene en cuenta o no se respeta por condiciones estructurales, sino que en un mundo donde tienes menos poder, donde tienes menos dinero o donde tienes menos estatus somos menos libres para decir que no en el terreno sexual o en cualquier otro.

Ahora bien, me parece imprescindible para las izquierdas plantear si un feminismo de la emancipación es ese que renuncia a la ampliación del campo del no. Porque se nos está vendiendo como progreso y como paso adelante una especie de renuncia y de cambio de tercio. Se dice que es más seguro asumir la imposibilidad del no, y por lo tanto que vamos a cambiar de juego. Me parece bastante preocupante: la libertad de la mujer y de cualquiera va ligada a la posibilidad del rechazo. No creo que tenga ningún sentido decir que tú eres libre de elegir una cosa cuando no eres libre de rechazar otra, sea un trabajo, una familia, un novio, un marido o una tradición. La posibilidad del rechazo para mí es inseparable de la libertad en un sentido emancipador. Se nos dice: asumamos que las mujeres no podemos decir que no y trabajemos en un marco de protección. Eso me parece la renuncia del feminismo de la emancipación. Una vez dices que decir que no es imposible, ya no trabajas por hacerlo más posible. Esto es una derrota. ¿Hay que cambiar el mundo para que decir que no sea más fácil? Sí, pero esto nos compromete con toda una tarea política.

Al mismo tiempo, quiero decir que, aunque a mí me parezca que el marco de la emancipación sexual va ligado a la posibilidad de la negativa, me parece que cuando hay coacción y violencia, esas condiciones han sido truncadas. En determinadas circunstancias, tú ya no eres libre para decir que no. No eres libre para decir que no en un portal donde cinco hombres se te imponen amenazantes. Y no eres libre para decir que no si un tipo que se llama Dani Alves te encierra en un baño y no te deja salir. Y el derecho tiene que saber muy bien reconocer dónde eso ha sido vulnerado.

Lo que me parece preocupante es que el discurso diga, no ya que en el portal de La Manada no se pueda decir que no, sino que en general, en el mundo en el que vivimos, no se puede decir que no, que es lo que presupone el cambio de lema. Allí donde no se puede decir que no, y estoy comprometida con la necesidad de que el derecho identifique a veces esas circunstancias, no sé en qué sentido un sí salva la situación. Allá donde no se puede decir que no, el sí es inválido. El caso de Dani Alves no es una agresión sexual porque ella no haya dicho que sí, el caso de Dani Alves es una agresión sexual porque ese tipo ha construido unas circunstancias y una situación en la que ya no se puede decir libremente ni que no ni que sí.

P. Un problema que identificas es el de mezclar violencia y poder. Se banaliza lo que es violencia porque si todo es violencia nada lo es. En un caso como el de Dani Alves, ¿se puede hacer esa distinción?

Estamos en un contexto en el que cuando sale un caso como ese, un montón de gente sale a decir solo sí o sí. Pero este caso es muy nítidamente claro con respecto al Código Penal precedente; ahí sí hay violencia. De hecho, es un caso más nítido que el de La Manada, donde hubo un debate acerca de si se trataba de una intimidación ambiental o un abuso de poder, de si se entraba dentro de la categoría de intimidación o de prevalimiento. En el caso de Dani Alves, el Código Penal anterior a eso es clarísimo. Si un tipo que te encierra en un baño y tú das muestras de querer salir y el tipo no te deja, es un caso donde hay violencia y es un caso de agresión sexual.

Lo que pasa cuando se confunde el poder con la violencia es no solo que el poder empieza a parecer violento, sino que la violencia empieza a difuminarse y no la localizamos bien. Por eso defiendo el consentimiento, porque ha sido ese criterio que ha servido para delimitar el poder de la violencia. ¿Qué distingue una lógica proderechos a la trata y la explotación de la prostitución? Que en un caso no hay consentimiento y en el otro sí. Y que no haya consentimiento en el caso de la trata quiere decir evidentemente que hay violencia, hay un grado de violencia, o de coacción o de intimidación por el cual esa mujer no está en condiciones de dar un sí libre. Es muy peligroso confundir el poder con la violencia, porque el poder está por doquier. En un análisis feminista estructural, no podemos decir que ninguna de nosotras esté a salvo del poder.

Pero claro, si lo confundimos, entonces la violencia está por doquier. Y, si la violencia está por doquier, entonces todo es asunto del Código Penal, porque evidentemente el derecho penal tiene como objetivo, y ha de tenerlo, la persecución de la violencia, su delimitación y su respuesta. En la lógica de un cierto feminismo, se empiezan a difuminar en poder la violencia con lo cual pasa que la prostitución voluntaria es igual de coactiva y violenta que la trata, y esa distinción carece por completo de sentido.

A ese feminismo le dará igual que en una relación sadomasoquista la mujer diga que ha consentido. Dirán: “No, este sexo es violento y por tanto es delito”. A eso nos lleva la confusión del poder con la violencia. Si queremos no acabar ahí, entonces hay que saber que, en condiciones de desigualdad de poder, no obstante, puede haber consentimiento y por tanto, no violencia. Luego, la desigualdad de poder no puede ser el argumento por el cual se invalida el consentimiento. No se puede decir: “Ella tenía 30 años menos que él, hay una gran desigualdad de poder”. Y a mí me parece que en el debate español hemos ido adoptando una cierta lógica de difuminación entre la violencia y el poder.

P. Diría que las trabajadoras sexuales tienen mucho que enseñar sobre el consentimiento y lo han estado diciendo en todo este proceso. Empezaba preguntándote si el debate estaba cerrado, pero también creo que la propuesta del PSOE para “prohibir el proxenetismo en todas sus formas”. El texto propuesto pasa por reformar el artículo 187 del Código Penal, que actualmente solo castiga la obtención de lucro de la prostitución si ha habido “explotación”, que pasaría a castigarse para quien “promueva, favorezca o facilite la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma”. ¿Qué pueden enseñar las trabajadoras sexuales sobre el consentimiento? ¿Por qué vale todo consentimiento excepto el de ellas?

Se va a volver a abrir, efectivamente. Y diría, además, que va a entrar en el debate el porno, un tema que se está abriendo por el lugar, digamos, más posible, que es el de los menores. Que el porno supone un problema para los menores, es algo con lo que estoy de acuerdo. Pero también creo que algunas posiciones feministas quieren prohibir el porno no porque sea malo para los menores, sino porque consideran que es malo en general. Pero se usa el tema de los menores como una vía de entrada a esas posiciones donde hay también una posición de invalidación del consentimiento de la actriz porno.

Y el tema del trabajo sexual hace emerger este este asunto. La gran paradoja de nuestro momento es esta por la cual todo el mundo dice defender el consentimiento y todo el mundo dice hay que “poner el consentimiento en el centro”, con esta fórmula repetida que sugiere algo así como que el consentimiento no solo ha de ser necesario, sino suficiente. Y estas posiciones las están defendiendo las mismas personas que van a traer una propuesta legislativa de invalidación del consentimiento de las trabajadoras sexuales. Es clamorosa la contradicción.

Yo quería parar un momento y preguntarnos a qué estamos llamando consentimiento. Si una posición va a decir que algo es delito, aun cuando la mujer consienta, lo que está en el centro ahí no es el consentimiento. Será otra cosa. Será considerar que eso es tan malo como para que el consentimiento de la trabajadora sexual dé igual. Será considerar que hay un abuso. Pero el consentimiento no está siendo el criterio.

Por otra parte, estoy de acuerdo en que las trabajadoras sexuales pueden decir sobre el consentimiento es muy interesante para el feminismo, no solamente en el sentido de reclamar la validez de su consentimiento frente al Estado, sino porque creo que una trabajadora sexual nos diría también otras cosas como que cuando una consiente no es porque lo desee profundamente, sino que puede ser por otras cosas, y que puede ser por dinero.

Fijémonos en esto. Es algo que se reclama, pero no es algo que las trabajadoras sexuales conviertan en algo así como lo que lo que da cuenta de su deseo erótico profundo. Te diría una profesional: “No, perdona. Yo defiendo que se valide el consentimiento. Pero después que ningún feminismo me imponga que ese consentimiento tiene además que ser mi profundo deseo.

P. Hablas con ironía de un “consentimiento entusiasta”.

Es que el feminismo que está reivindicando el consentimiento también está diciendo una cosa sobre lo que debería ser el consentimiento de las trabajadoras sexuales con la que tampoco estoy de acuerdo, que es que debería ser entusiasta, que debería ser deseoso, deseante, ligado al placer sexual. ¿Por qué? ¿Por qué el consentimiento o nos lo cargamos o tiene que convertirse en una especie de receta de felicidad y de placer y de deseo profundo? Lo que está ocurriendo es una especie de transmutación del sentido del consentimiento.

El consentimiento en una lógica anterior, en todo texto jurídico se suele nombrar junto a la palabra “voluntad”: se habla, por ejemplo, de la voluntad del paciente en el contexto de un consentimiento informado médico. Y la palabra voluntad nunca ha venido, definida por el deseo. Yo me puedo casar sin ganas, pero nadie se plantea invalidar ese matrimonio por eso. Es como si esa noción de voluntad, que siempre ha sido la del consentimiento, estuviera dando paso a otro sentido de consentir. El sentido de consentir se está transformando, está dando lugar a una cosa que me parece que tiene más que ver con el deseo que con lo que clásicamente podríamos decir que es la voluntad de alguien. Y algunos organismos consideran que esto es un paso adelante: a mí me parece que debe ser discutido.

Soy súper partidaria de que, en general, hagamos las cosas con deseo, y más si se trata del sexo, pero me parece que igual no nos estamos dando cuenta de que este debate lo estamos teniendo en términos legislativos, legales, penales, en términos de políticas del Estado. Si vamos a darle al consentimiento la noción de deseo, que tengamos muy claro que le estamos diciendo al Estado que tiene legislar el sexo con arreglo al deseo de los sujetos. Para mí, esto es la vía directa a una perspectiva punitiva de la ley. Yo no quiero que la ley tenga nada que ver con mi deseo. Yo no quiero que la ley crea que conoce mi deseo. Yo no quiero que la ley me exija conocer mi deseo. Y yo no creo que los sujetos muchas veces lo sepamos, mucho menos que lo sepa un tribunal. Entonces, el debate sobre el punitivismo, a mi juicio, está aquí.

Y más allá del caso español, lo que es problemático es una filosofía que muchas veces va en la letra pequeña. Yo en el libro quiero discutir lo que me parece que son presupuestos filosóficos no explicitados, que están sobrevolando. Es el debate que un feminismo no punitivo, tiene que tener: si la ley pretende legislar delitos en función de los deseos profundos de las personas, les estamos dando un poder ilimitado a las leyes.

P. Acabas concluyendo que el sentido de consentir que se ha impuesto es neoliberal, reaccionario y es punitivista, algo que afirmas en un contexto en el que este debate ha estado liderado por un Ministerio de Igualdad de izquierdas, y además de una fuerza a la izquierda del PSOE. ¿Qué crees que ha pasado para que se imponga esto?

La tarea de la filosofía es recorrer la coherencia de las ideas, y yo he querido mostrar esas líneas. Alerto de la posible deriva. Pero no estoy discutiendo con una ley en concreto, porque me parece que habría que hilar mucho más fino con respecto a los distintos aterrizajes de esto. Dicho de otra manera, una ley puede tener una filosofía y luego, en su concreción, llevarla más o menos a cabo de manera más o menos coherente. Lo que me parece más preocupante de la ley del solo sí es sí es el discurso con el que se ha defendido. Porque si entráramos en la materia de la ley, primero diría que hay una gran parte de lo que esa ley propone que me parece defendible: todo lo que no es lo penal, y que lamentablemente no ha sido de lo que más se ha hablado. Ahora bien, la filosofía que esta ley deja, el discurso con el que se la ha defendido, me parece que conlleva un tipo de perspectiva, a mi juicio, muy peligrosa.

Yo acuso a unas ideas de llegar de conducirnos hacia unos lugares peligrosos. Creo que se ha defendido ciertas cosas sin ser muy conscientes de su origen y de a qué han conducido en otros lugares. Por eso creo que es importante que abramos este debate. No es cosa de arrojar todo por la borda con respecto a una ley de la que no he querido entrar en su contenido, sino una filosofía sobre el sexo, sobre el consentimiento, que tiene consecuencias jurídicas, penales, sociales y políticas de largo alcance. Quizás ese es el debate de los próximos años. ¿Estas puertas que abrimos, a dónde nos pueden llevar?

P. Tú llegas a explicar cómo el consentimiento en Estados Unidos está en el mismo centro de la división del feminismo. ¿Crees que eso es extrapolable al contexto español?

Creo aquí que progresará este debate, pero que no lo ha habido. El feminismo se ha dividido fundamentalmente, al menos a nivel más mediático, por la cuestión trans, aunque a mi juicio estas dos cuestiones están vinculadas. Lo que hay en el fondo de la posición de un feminismo contrario a los derechos trans es una acusación de que las personas trans son esclavas de un sistema y de una ideología de género y, por tanto, no saben lo que quieren, que es la acusación que se les hace a las trabajadoras sexuales. El feminismo del PSOE es muy coherente con respecto a esto.

P. Es decir, que el sí de una trabajadora sexual no vale igual de la misma forma que que no vale el sí de una persona trans.

Exacto. Y también hay una discusión sobre el consentimiento aquí, con respecto a la cuestión trans, la hormonación y muchas decisiones de estas. Hay un feminismo muy coherente que siempre opta por invalidar la voluntad de los sujetos, acusándoles de no saber lo que quieren y ser cómplices del poder y de la estructura, aunque no lo sepan. Ese debate se ha tenido poco con respecto a la violencia sexual y algunas hemos querido hacer ver que algo de ese debate tiene que darse, que una cierta posición de victimización total de las mujeres es peligrosa en el terreno de la de la violencia sexual. Que cuando se asume la imposibilidad de decir que no, se está asumiendo una premisa donde creo que lo coherente es la posición abolicionista: si tú asumes la imposibilidad de decir que no, y eres coherente, tienes que cargarte el sí.

Por eso creo que la única manera de defender la validez del sí de la trabajadora sexual y de muchos otros sujetos es el horizonte en el que esos sujetos puedan decir que no; esa es la cuestión que no ha aparecido tanto en el debate, pero está aquí como un elefante en el salón. La llegada de una ley abolicionista por parte del Partido Socialista, y ahora ya no con Podemos, lo va a hacer emerger mucho más.

P. La salida de tu libro es cercana a otro título, 'Ceder no es consentir' (Ned Ediciones, 2023), de la psicoanalista francesa Clotilde Leguil, que también reflexiona sobre la ambigüedad del consentimiento. Sin embargo, el debate francés es diferente en el sentido de que se plantea en torno al consentimiento sexual de las personas menores de edad. ¿Cómo dialogan vuestros libros?

Hice el prólogo a ese libro y me pareció muy importante advertir de la diferencia de contextos, porque si no podríamos estar transportando posiciones que no son hermanas. La pregunta interesante para los feminismos es esta: si defendemos el consentimiento, ¿cuál es el punto de apoyo para que podamos decir que estamos defendiendo algo que no es encubrir una cesión? Lo que diría el feminismo de la dominación es que todas las que defienden el consentimiento están validando la cesión de las mujeres en poder de los hombres. Hasta ese punto el debate es confrontado. Pero algunas queremos defender el consentimiento sin que se convierta en una manera de encubrir o de legitimar lo que más bien es una cesión ante el otro.

Francia viene de una tradición que no quiso legislar el sexo por considerar que era una intromisión ilegítima del Estado el imponer una edad de consentimiento sexual. Esto no solo lo defendieron Jacques Derrida o Foucault, lo defendió Simone de Beauvoir. Nosotras estamos en un momento en el que, en la sociedad española, donde debatimos del consentimiento de las mujeres, y Francia está en una situación de debate sobre el consentimiento de las mujeres menores de edad. Ojo, porque si lo transportamos podemos estar tratando a las mujeres mayores de edad en España como las menores de edad y eso es una de las cosas que yo quería decir en mi libro, que no puede ser así.

Ahora bien, como diálogo con el libro, Clotilde Leguil defiende la ambigüedad del consentimiento, defiende la oscuridad del consentimiento porque es una psicoanalista y porque sabe que, en realidad, aunque el derecho tenga que tratarnos como sujetos que saben lo que quieren, por ejemplo, cuando firmamos un consentimiento médico, ella sabe, como psicoanalista, que el sujeto es mucho más opaco para sí mismo de lo que la ley reconoce el Estado.

Entonces, a mí me parece valiente que como feministas podamos pensar el consentimiento desde ahí. Y me parece muy problemático que al decir que el consentimiento es complejo o ambiguo se considere que se rechaza. Ambas lo defendemos, pero con sus dificultades. Mi preocupación es más jurídica, y Clotilde Leguil lo piensa desde el psicoanálisis. A ella le da un poco igual que una cosa sea delito o no, y me parece muy importante que esta posición exista. Hay un sentido ético del consentimiento en el que el consentimiento sí que tiene que ver con el deseo. Un sujeto puede decir: “¿Por qué le valió con un frío sí y le dio igual mi deseo?”. Los feminismos se tienen que hacer esta pregunta porque creo que muchos de los malestares del sexo tienen que ver con esto. Ahora bien, lo que creo es que eso no se resuelve en un tribunal y eso no va a poder ser resuelto por la ley penal.

P. En el libro mencionas a El Xocas, el ‘influencer’ que explicó en su canal su “técnica” para ligar, que consistía en tratar de tener relaciones con mujeres “colocadas”. Los comentarios en su canal de Twitch desataron una serie de análisis sobre si esto era delictivo. ¿Dirías que El Xocas es un imbécil y no un delincuente?


Lo que vengo a decir es que, si creemos que todo tipo machista es un delincuente, al final nos va a pasar que si no es un delincuente no es un machista. Y no: es que puede seguir siendo machista y una persona deleznable y una persona que debe ser criticada y ante la que tenemos que tener herramientas las mujeres para identificar lo que no es aceptable, pero no porque me lo valide un tribunal. Si se solapa en el terreno ético y el terreno jurídico, no nos volvemos una sociedad más despierta y más abierta a pensar el patriarcado sino una sociedad más sorda a ciertas cosas.

Una de las cosas que hace la película ‘How to have sex’ es mostrar cómo una de las relaciones sexuales que ocurre, ocurre con ella diciendo que sí, lo que no resuelve que el tipo sea un imbécil y que allí haya pasado algo que no debería haber pasado. Hay formas de tratar mal al otro que pasan por utilizarlo y por desoír su deseo, y esa es una conversación sobre el sexo que tenemos que tener. Lo que me preocupa es que una conversación donde todo está emburruñado nos ha hecho pensar que una herramienta de una ley penal nos va a solucionar estos problemas. Eso no solo no es así, sino que está impidiendo que se abra una conversación que tenemos pendiente y que tiene que ver con la ética de la sexualidad, con el machismo y con la utilización del otro. En una ética feminista de la sexualidad, el deseo del otro es importante, y una gran parte de las maneras de utilizar y tratar mal a la otra persona es pedirle su frío sí y en realidad utilizar a la otra persona de una manera en la que eso genera un daño… pero es que esta es otra conversación diferente a la que hemos tenido en España.

#hemeroteca #vih #terminologia | ¿Se debería dejar de utilizar el término “sida”?

Una imagen publicitaria del grupo Stop //

¿Se debería dejar de utilizar el término “sida”?

Miguel Vázquez | gTt-VIH, 2024-04-16

https://www.gtt-vih.org/publicaciones/la-noticia-del-dia/16-04-24/

Según algunos expertos, este acrónimo resulta redundante y está cargado de estigma, por lo que proponen sustituirlo por el término “enfermedad avanzada por VIH”

El acrónimo “sida” ha perdido su utilidad y debería sustituirse por un término más descriptivo en consonancia con los desafíos contemporáneos en relación con el VIH, según afirma un grupo de expertos en un artículo de opinión publicado en ‘The Lancet HIV’. Para muchas personas, el término “sida” se asocia a personas sin opciones de tratamiento disponibles y una esperanza de vida corta. Para los autores, esto puede influir en las decisiones terapéuticas tanto de las propias personas con el VIH como del personal sanitario que las tratan, propiciando que se tomen medidas de control de infecciones sobredimensionadas. En cuanto al uso del término combinado “VIH/sida”, consideran que implica una equivalencia errónea y puede generar confusión en la población general.

El acrónimo sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) fue acuñado en 1982 por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés) para referirse a una enfermedad de origen desconocido que debilitaba la inmunidad celular de las personas. El término se concibió originalmente como una definición de caso con fines de vigilancia epidemiológica. Las decisiones de tratamiento se basaban en si los pacientes cumplían o no el criterio de caso de sida.

Sin embargo, los autores del artículo en ‘The Lancet HIV’ consideran que este término dejó de ser necesario una vez se descubrió que el VIH era el origen de dicha afección. Consideran que seguir utilizándolo hoy en día puede resultar engañoso, e incluso perjudicial. Sin la etiqueta “sida”, el personal médico puede centrarse en aspectos más relevantes del cuidado, como si la persona toma tratamiento y durante cuánto tiempo lo ha hecho o si ha realizado algún cambio terapéutico, entre otros factores que ayudarán a establecer una pauta de atención adecuada para la persona.

Para los autores, su uso fomenta el estigma no solo del personal sanitario, sino de la propia persona con el VIH, el autoestigma, que puede impedir que las personas accedan a la atención sanitaria y al resto de servicios. Por otro lado, la vinculación entre “sida” y los mal llamados “grupos de riesgo”, como, por ejemplo, los hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) o las personas usuarias de drogas –que se forjó durante los primeros años de la epidemia– induce a error en cuanto a qué personas se consideran en situación de riesgo, lo que puede retrasar el diagnóstico y fomenta la discriminación y la estigmatización de los grupos de población más afectados.

En la actualidad, varias asociaciones profesionales desaconsejan el uso del término “sida”, algunas de las cuales, irónicamente, tienen la palabra como parte de su nombre. No obstante, algunas organizaciones y entidades públicas ya han empezado a eliminar esta sigla de sus nombres como, por ejemplo, la organización comunitaria española STOP SIDA que recientemente decidió sumarse a esta tendencia y pasó a llamarse simplemente STOP tras un proceso de reflexión y consenso entre las personas socias, el voluntariado, el equipo técnico y la junta directiva.

No obstante, existen otros expertos en el ámbito que, aunque reconocen que “sida” es un término anacrónico, consideran que hacer hincapié en este cambio de terminología es un asunto menor, en vista de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la comunidad del VIH. En este sentido, consideran que en un momento en que la financiación mundial frente al VIH se encuentra en una situación muy precaria, el que se use el término “sida” o “VIH” no supone ninguna diferencia a la hora de intentar paliar ese peligro.

También afirman que el estigma y la persecución y, en algunos casos, la criminalización de las personas con el VIH o el sida no van a desaparecer simplemente por un cambio de nombre. Por este motivo, consideran que lo prioritario es centrarse en los determinantes sociales de la salud, ya que eso es lo que va a hacer cambiar la situación de las personas con el VIH, más que el cambio de términos.

Greg Millett –de la histórica Fundación Americana para la Investigación sobre el Sida (amfAR, por sus siglas en ingles), que lleva trabajando en la respuesta frente al VIH desde 1985– hace una equiparación con los debates que hubo en EE UU en los años 90 sobre el uso del término “afroamericano” frente a “negro”. Para este activista, está claro que el hecho de usar la terminología de “afroamericano” no ha servido para solucionar problemas graves de este colectivo, como la pobreza, el racismo estructural, entre otras desigualdades.

En esta misma línea, otros expertos consideran que los autores del artículo malinterpretan el impacto del término “sida” sobre el estigma. Así, “sida” se referiría más bien al carácter mortal de la propia infección sin un tratamiento adecuado y al modo de transmisión. Según este punto de vista, se trata de un término que se utiliza de forma generalizada desde hace 40 años y está reconocido en todo el mundo. Por tanto, eliminar “sida” de la terminología puede aumentar la confusión, contribuyendo a que la gente piense que la epidemia ha terminado.

Es decir, admiten que mantener el término puede resultar dañino, tal como afirman los autores, pero eliminarlo podría empeorar otro tipo de daños ya existente, ya que no puede descartarse la posibilidad de que se reduzca la importancia del problema, sin que ello tenga un impacto significativo sobre el estigma.

Los autores del artículo también consideran que eliminar el término sida no va a erradicar el estigma. Sin embargo, consideran que este término ha superado su utilidad y que se debería hacer una transición hacia un lenguaje más descriptivo que se ajuste a los retos contemporáneos del VIH.
  • Fuente: Medscape Medical News/Elaboración propia (gTt-VIH)
  • Referencia: Núñez I, Piñeirúa-Menéndez A, Valdés-Ferrer SI, et al. Retiring the term AIDS for more descriptive language. The Lancet HIV March, 2024. DOI: https://doi.org/10.1016/S2352-3018(23)00331-4

lunes, 15 de abril de 2024

#libros #lgtbi #iconos | Nada es eterno salvo la Carrà

Nada es eterno salvo la Carrà / Pedro Ángel Sánchez ; prólogo de Jorge Javier Vázquez.
Madrid : Dos Bigotes, 2024 [04-15].
352 p.

/ ES / Libros / Biografías / Cultura pop / Espectáculos / Iconos / LGTBI / Música / Raffaella Carrà / Televisión

📘 Ed. Impresa: ISBN 9788412765755 / 21.95 €
📝 Cita APA-7: Sánchez, Pedro Ángel (2024). Nada es eterno salvo la Carrà.

La primera biografía escrita en España sobre Raffaella Carrà, una de las artistas internacionales más queridas. ¿Cómo era Raffaella Carrà cuando se apagaban los focos? ¿Qué la llevó a ser la presentadora mejor pagada de Europa? ¿Por qué la censuró el Vaticano? ¿Qué le supuso España a nivel personal y profesional? A estas y a otras muchas preguntas responde Pedro Ángel Sánchez en ‘Nada es eterno salvo la Carrà’, una biografía que nos desvela la cara más íntima de la artista italiana.

Con más de 60 millones de discos vendidos y audiencias televisivas millonarias, la figura de la Carrà siempre estará ligada a una parte de nuestras vidas y de nuestra memoria sentimental; a esas canciones que derrochaban alegría y a esos programas de televisión que, entre risas, bailes, entrevistas y llamadas telefónicas, nos permitían soñar con un mundo sin preocupaciones. Pero Raffaella era mucho más que esa estrella de melena rubia que contagiaba entusiasmo y una vitalidad desbordante: era una trabajadora infatigable que siempre demostró su amor por las cosas bien hechas.

Pedro Ángel Sánchez, periodista al que Raffaella Carrà concedió su última entrevista en España en diciembre de 2020, nos guía por la trayectoria vital y profesional de la cantante de ‘Fiesta’ o ‘Hay que venir al sur’ a través de sus propias palabras y de testimonios exclusivos de decenas de personas que vieron en ella un referente o que formaron parte de su círculo más próximo; entre ellas: Danilo Vaona, Ramón García, Loles León, Miriam Díaz-Aroca, José Luis Gil, Isabel Gemio, Enrique del Pozo, Juan Luis Iborra, Mónica Naranjo, Supremme de Luxe, Paco Clavel o Jorge Javier Vázquez, autor del prólogo.

Este libro, que presta especial atención a la relación de la italiana con España, cuya sociedad evolucionó al ritmo de sus canciones, sirve de homenaje a una leyenda del espectáculo que en vida parecía inmortal y que, tras su marcha, ha demostrado que nada es eterno… ¡salvo la Carrà!

#hemeroteca #lgtbi #politica | La militancia lavanda: ¿qué tan diferente es la militancia gay en el PAN y MORENA?

Visibilidad de la militancia LGTBI de MORENA //

La militancia lavanda: ¿qué tan diferente es la militancia gay en el PAN y MORENA?

Para entender la militancia política homosexual, también conocida como militancia lavanda, es fundamental romper los prejuicios sobre esta. El principal es que no hay militantes gays en la derecha. Aunque la izquierda ha sido históricamente más afín a la diversidad sexual, hoy en día hay personas LGBT que militan en la derecha —aunque parezca contraintuitivo—. ¿Qué tan diferentes son estas militancias?
Bernardo Alonso Aguilar López | Animal Político, 2024-04-15
https://animalpolitico.com/analisis/organizaciones/el-blog-del-seminario-sobre-violencia-y-paz/militancia-gay-pan-morena

La Cámara de Diputados aprobó el pasado 22 de marzo una propuesta de ley para prohibir los esfuerzos para “corregir” la orientación sexual y la identidad de género (ECOSIG), mal llamadas terapias de conversión puesto que pretenden “curar” la homosexualidad y en realidad terminan torturando a las personas sometidas a ellas. En la votación, la mayoría del PAN se opuso a su prohibición, incluso algunos diputados usaron información falsa para justificar su postura. Mientras, la mayoría de MORENA votó a favor y el resto se abstuvo. En redes sociales muchas personas LGBT criticaron al panismo por sus acciones y dirigieron sus críticas a los gays que apoyan al PAN: ¿cómo es posible que haya gays que apoyen un partido político con posturas abiertamente homofóbicas como mostró la reciente votación de los ECOSIG?

La existencia y estudio del conservadurismo homosexual no es nuevo. Hay investigaciones sobre los gays republicanos que apoyan a Trump, los gays bolsonaristas, y los gays que votan por la extrema derecha francesa. El objetivo de la investigación que realicé no es cuestionar la militancia de estas personas, sino entenderla y compararla con los militantes gays de izquierda. ¿Tienen diferentes objetivos, medios y alcances? A continuación, ofrezco los principales contrastes de ambas formas de vivir la militancia política. Aclaro que estas reflexiones no son necesariamente generalizables a todas las experiencias de hombres gays militantes en estos partidos, ya que las entrevistas no son representativas. En todo caso, hace falta mayor investigación.

Una primera diferencia es que los militantes tienen diferentes visiones sobre su razón de estar en el partido. Por un lado, en el caso del PAN, justifica su militancia en el individualismo, como parte de una defensa de la dignidad individual de la persona. Por otro lado, los morenistas lo hacen desde el colectivismo. Curiosamente, los militantes morenistas hacían una jerarquización de la urgencia en que tenían que atender las causas, colocando en primer lugar la injusticia social, y después la discriminación debido a orientación sexual y de género.

Un segundo elemento es que ninguna de las personas entrevistadas argumentó que su orientación sexual fue un factor que motivara su incorporación al partido, sino que la politización del individuo fue un proceso paralelo a su descubrimiento de su identidad sexual. Esto es interesante porque yo pensaba inicialmente que la identidad sexual sería un elemento fundamental para entrar en la vida partidista en el caso de los gays. Ahora bien, los entrevistados sí consideran que su participación en el partido está atravesada por su identidad sexual y que comparten un sentimiento de responsabilidad con respecto a promover la agenda de la diversidad dentro del partido.

Con respecto a la vida partidaria, los panistas se consideran luchadores sociales al promover su agenda dentro del partido, pero señalaron que hay miedo a organizarse al interior del partido como lo hacen otros partidos alrededor de estructuras internas como las secretarías de diversidad sexual. En este sentido, los panistas prefieren tácticas más “discretas” de activismo en vez de marchas o expresiones públicas sobre la agenda. En cambio, todos los morenistas opinaron que el mecanismo a través del cual sería posible avanzar sus causas sería la representación identitaria, de forma que el activismo en las calles permite respaldar a las representantes. Se prefiere la representación porque las acciones vía secretarías de diversidad pueden ser limitadas, ya que los conflictos del partido dejaron acéfalos a las secretarías estatales de diversidad sexual durante la pandemia.

En conclusión, el activismo homosexual en MORENA y PAN tiene objetivos diferentes, pero también tiene retos comunes. En ambos casos, los militantes deben enfrentarse a las sinergias institucionales para poder avanzar sus agendas. Aunque ambos partidos tienen cosas que mejorar —en ambos hay políticos homofóbicos— es entendible que busquen apropiarse de la narrativa de la diversidad sexual: como escribió Stephen Epstein, en la diversidad que hay dentro de la diversidad, hay esfuerzos de reclamar para sí la legitimidad de considerarse en los verdaderos defensores de la diversidad sexual. ¿Qué tan útil es esta interminable descalificación entre militantes gays de un partido contra otro para los ciudadanos de a pie que formamos parte de la diversidad sexual?

* Bernardo Alonso Aguilar López es tesista de la licenciatura en Relaciones Internacionales de El Colegio de México.
 

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La diversidad sexual tiene hoy un espacio en Morena
Jaime López Vela | Regeneración, 2017-06-23

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