domingo, 17 de noviembre de 2019

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Mujeres votando en Madrid en 1977, primeras legislativas de la transición //

Marido, autoríceme usted para trabajar

La revista 'Vindicación Feminista', de cuyo cierre se cumplen 40 años, se adelantó en los setenta en los temas clave de igualdad
Sara Mesa | El País, 2019-11-17
https://elpais.com/elpais/2019/11/14/ideas/1573758654_162725.html

1976. Se aprueba la nueva Ley de Relaciones Laborales. Por fin, las mujeres no están obligadas a contar con la autorización de sus maridos para trabajar fuera de casa. Ese mismo año, y tan solo ocho meses después de la muerte de Franco, salía a la calle el primer número de ‘Vindicación Feminista’, la revista más luchadora por los derechos de las mujeres durante la Transición y la menos complaciente con los discursos dominantes, incluidos los de la izquierda. Fundada por la escritora y abogada Lidia Falcón y la periodista Carmen Alcalde, en su nacimiento colaboraron también la poeta Ana María Moix, la periodista Marisa Híjar y la filósofa Anna Estany. El feminismo, visto con recelo por numerosos sectores políticos y sociales —incluidos la izquierda tradicional y los medios de comunicación—, se vio obligado a buscar su propio espacio a través de esta publicación realizada por y para mujeres. Con unas ventas medias que rondaron los 25.000 ejemplares, la difusión de ‘Vindicación’, conocida por su firmeza y beligerancia, es sorprendente. Hay que recordar que hasta 1978 no se legalizó la píldora ni se logró, al menos de facto, la igualdad en ámbitos laborales —previamente, las mujeres no podían ser diplomáticas, juezas, notarias, inspectoras de Hacienda ni registradoras—. Hasta 1981 no se permitió el divorcio y en 1985 se despenalizó el aborto con la ley de supuestos.

La profesora María Ángeles Larumbe, autora de ‘Vindicación feminista: una voz colectiva, una historia propia’, señala el importante papel de la revista en la concienciación de las mujeres en la España posfranquista. La voluntad de intervención social estaba clara desde el título, inspirado en la obra ‘Vindicación de los derechos de la mujer’ (Cátedra), de la pionera Mary Wollstonecraft, así como en su lectura de los acontecimientos políticos del momento: la reforma de la Constitución, las primeras elecciones democráticas, las huelgas y reivindicaciones laborales… Entre sus colaboradoras se contaron figuras tan relevantes como Nativel Preciado, Carmen Sarmiento, Cristina Alberdi, Marta Pessarrodona, Maruja Torres y Rosa Montero.

Larumbe subraya que, desde sus inicios, ‘Vindicación’ eligió no vincularse a ninguna opción política concreta. Aunque su lectura del feminismo partía de una perspectiva marxista y de clase, era profundamente heterodoxa frente a los enfoques tradicionales de la izquierda, acusándola de olvidar lo que ya apuntó la feminista del siglo XIX Flora Tristán: “Hay alguien más explotado que el obrero: su mujer”. Su diseño desenfadado, el uso de un lenguaje sencillo y la abundancia de material gráfico hicieron de ‘Vindicación’ una revista asequible a un público amplio. Paradójicamente, por no contar con las secciones típicas de las revistas femeninas (moda, belleza, cuidado del hogar y crianza...), algunos sectores la acusaron de elitista. Frente a esto, ofrecía crítica cinematográfica y teatral desde una perspectiva de género y reportajes sobre escritoras como Marguerite Duras, Doris Lessing, Virginia Woolf y Kate Millett.

‘Vindicación’ se caracterizó por su lenguaje directo y sin rodeos, que algunos consideraron agresivo. Definió al catolicismo, por su oposición a los anticonceptivos, como “religión patriarcal, hecha por el hombre con su predominio total”. El matrimonio irrompible fue calificado como “el principio de la muerte para la mujer”. Temas tabú como la prostitución, la sexualidad de las discapacitadas y la Monarquía como institución desigualitaria fueron abordados sin tapujos. El texto de Lidia Falcón, con afirmaciones como “resulta una buena suerte eso de tener pene, que permite vivir, a quien lo posee, una serie de divertidas y excitantes experiencias vedadas a las mujeres, que van a través de una extensa gama, desde violar a reinar”, difícilmente podría encontrarse hoy en prensa —y en ficción, posiblemente solo en la literatura de Cristina Morales, reciente premio Nacional de Narrativa por ‘Lectura fácil’—.

La revista prestó especial atención a los colectivos más discriminados: gitanas, discapacitadas, prostitutas y presas. Las fotografías de Colita ilustraron reportajes sobre las trabas que estas mujeres encuentran para vivir con dignidad. Se ofrecieron testimonios como el de la escritora Jeanne Cordelier, que afirmaba: “Nunca volvería a ser la vagina colectiva de una sociedad falocrática”. Dentro de la corriente de la antipsiquiatría se enmarcó el reportaje de Txiki Laorden ‘Ser mujer: un bono en blanco hacia el manicomio’, que se ocupaba no solo de las adolescentes internadas en psiquiátricos por su rebeldía ante la opresión familiar, sino también de las mujeres menopáusicas supuestamente depresivas que ya no son deseables sexualmente. Especialmente contundente resultó el trabajo de Anna Estany sobre presas víctimas de explotación sexual en la cárcel. En aquella época podían ser causa de encarcelamiento no solo el aborto, sino también la prostitución y el adulterio.

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