viernes, 2 de diciembre de 2016

#hemeroteca #identidades | Crucificados por la moda: el revival ‘bomber’, una apropiación cultural

Imagen: Jot Down
Crucificados por la moda: el revival ‘bomber’, una apropiación cultural.
Carles A. Foguet y Carles Viñas | Jot Down, 2016-12-02
http://www.jotdown.es/2016/12/crucificados-la-moda-revival-bomber-una-apropiacion-cultural/

«Del este de Londres la potencia resurgió, por el resto del mundo, la estirpe floreció», cantaban en 1985, proféticos, los Decibelios, en su adaptación al castellano del mítico «Chaos» de los ingleses 4 Skins. «Vuelven los ‘skinheads’, otra vez las bandas (…) ‘Skins’ en todas partes, unidos para luchar. ‘Skinheads’ en el paro, ‘skinheads’ en el bar, ‘skinheads’ en el metro, controlando la ciudad». Poco podían imaginar esos pioneros del ‘Oi!’ patrio cuando alcanzaron la cima de su exigua popularidad a finales de los ochenta que esa imagen iba a producirse, sí, pero treinta años después. Las bombers son hoy, por fin, omnipresentes. Pero ya no las visten los ‘skinheads’, ni siquiera los ‘pelaos bakalas’ noventeros, sino hordas de ‘fashion victims’ urbanitas que apenas son conscientes de las décadas de historia que llevan a cuestas.

La revista Vogue anticipaba, en febrero de este año, que las ‘bombers’ iban a ser «un exitazo» de ventas, después de haber detectado, el noviembre anterior, que «no hay ‘celebrity’ sin su bomber» (Kendall Jenner o Gigi Hadid se dejaron ver con ellas). A pesar de que los círculos más vanguardistas ya las habían recuperado para sus ‘looks’ pretendidamente más transgresores desde hacía unas temporadas, el modelo en seda de la firma The Upside llamado «The Souvenir» supuso un verdadero punto de inflexión. Lo irónico de la situación es que Ashlea Holdsworth, su diseñadora, vinculaba erróneamente ese modelo a las chaquetas que vistieron los soldados yanquis destinados en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Y con ello, de paso, obviaba las distintas subculturas urbanas que habían mantenido viva la prenda con respiración asistida durante tantos años, ajena —como sus clientas— a los nuevos significados que habían adquirido dichas cazadoras desde la década de los setenta.

Las ‘bombers’ de nailon, las auténticas antepasadas de las que hoy se pasean por las calles de tu ciudad, nunca sobrevolaron el imperio del sol naciente. No fue hasta 1948, en plena resaca de la Segunda Guerra Mundial, cuando el matrimonio formado por Robert y Helen Lane consiguió un contrato con el Departamento de Defensa de Estados Unidos para fabricar chaquetas de vuelo para los pilotos de la Fuerza Aérea. Tras formar diversas empresas, la pareja acabó asociándose con Samuel Gelber, quien en 1959 se distanció de los Lane después de hacerse público un intento de soborno a un funcionario del Gobierno para lograr un contrato. En octubre de aquel mismo año, Gelber se unió a Herman «Breezy» Wynn para crear una nueva sociedad. En Knoxville, Tennessee, nacía Alpha Industries.

En un viejo sótano de una fábrica desvencijada los operarios de la empresa producían ropa militar con máquinas de coser alquiladas. El inicio de la guerra de Vietnam supuso una enorme inyección económica para la compañía, que logró cuantiosos contratos con el ejército norteamericano. El impacto del conflicto relanzó a la empresa hasta el punto de erigirse en una de las sociedades líderes de la industria manufacturera local en la década de los sesenta. Un éxito logrado, en buena medida, gracias a uno de sus productos estrella, la cazadora Flight Jacket MA-1. Una pieza que reemplazó a las chaquetas de cuero y las A-2 Jacket, de algodón, que habían lucido los pilotos de caza norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial, pero que habían quedado obsoletas ante la rápida progresión tecnológica de los aviones de combate, más pequeños, estilizados y capaces de volar más alto. Alpha Industries diseñó dos modelos de chaqueta específicamente para los aviadores de las Fuerzas Aéreas. Junto a la MA-1 confeccionó la CWU-45/P. La primera, que acabaría haciendo fortuna, estaba fabricada en nailon y únicamente disponible en color negro y verde militar. Contaba con dos bolsillos laterales, uno más pequeño situado en el brazo izquierdo y otro interior. De hecho, la cazadora era reversible, con un revés naranja chillón para poder localizar con mayor facilidad y rapidez al piloto en caso de ser abatido.

Acabada la campaña en Vietnam, la MA-1 se popularizó de la mano de los veteranos, mientras los civiles únicamente la podían adquirir a través del mercado negro o las ventas de excedentes de material militar. Ante el interés, Alpha Industries introdujo algunos cambios en su diseño para adaptarla al nuevo público, ampliando su gama de colores. Las chaquetas no tardarían en volar más allá de las fronteras de Estados Unidos, encontrando sorprendentes grupos de entusiastas, tanto en Japón como en Gran Bretaña. Fue a finales de los setenta cuando la prenda fue adoptada definitivamente por los ‘skinheads’, un estilo emergente en las islas británicas desde 1965 que entonces vivía una segunda juventud y estaba a las puertas de erigirse en un fenómeno global. Las nuevas generaciones de cabezas rapadas extremaron, por influjo del punk, la imagen de sus antecesores, apropiándose el uso de la MA-1 y convirtiéndola en uno de sus referentes estéticos. Desde ese momento, las ‘bombers’ o ‘pilots’, como también fueron conocidas, formaron parte del fondo de armario de los ‘skins’. Cuando en 1980 Steve McQueen protagonizó ‘Cazador a sueldo’ luciendo una MA-1 caqui de forro naranja, ya no quedaba ninguna duda de que las bombers eran las chaquetas preferidas de los tipos duros.

La importación del estilo ‘skin’ a España fue una tarea ardua para los advenedizos que trataban de emular la estética de sus homónimos británicos. Sin las facilidades actuales para completar su vestuario, muchos de aquellos pioneros tuvieron que esperar a que algún amigo viajero les trajera una ‘bomber’ cuando volviera de Londres. Los más impacientes se conformaron con las burdas imitaciones coreanas que compraban en tiendas de ropa militar de segunda mano. Daban el pego pero no eran lo mismo. Coincidiendo con el auge de los cabezas rapadas en los años noventa, las ‘bombers’ empezaron a abarrotar los fondos de los estadios. Los radicales del fútbol las adoptaron como prenda propia. Vestir una ‘bomber’ era «muy ultra». Una moda bien visible cuando en el gol sur del Camp Nou decidieron copiar a los seguidores milanistas y girar sus chaquetas para lucir su reverso naranja. Lo que nació como un guiño al mágico tridente holandés del conjunto italiano (Gullit, Van Basten y Rijkaard) acabó convirtiéndose en un rasgo singular del fenómeno de las hinchadas radicales autóctonas. Una característica que les otorgó justo aquello que anhelaban: visibilidad y protagonismo. Sin embargo, este auge del estilo ‘skin’, al abrigo de su propagación en las gradas, favoreció su conversión en una moda insertada en la sociedad de consumo que acabaría siendo adoptada por colectivos, como los 'makineros', completamente ajenos a los principios originales de dicha subcultura.

Apenas una década después de su eclosión en el Estado, el estilo ‘skin’ —presuntamente transgresor— se había reconvertido ya en otra moda destinada a saciar el ímpetu de rebeldía adolescente. Su pretensión de conculcar las normas sociales y el sistema imperante, a pesar de no articular ninguna alternativa, acabó reducida a un mero producto comercial más. La profusa explotación de su mercantilización favoreció la desactivación de su faceta subversiva, provocando que el estilo pasara de ser apocalíptico a integrador.

Como sucedió con las construcciones identitarias precedentes surgidas a finales de los años setenta, los ‘skins’ también acabaron siendo fagocitados por el sistema que pretendían contravenir. Así, sus principales elementos de referencia (vestuario y música) se convirtieron en bienes de consumo de masas al generar a su alrededor una incipiente industria. Ir a Londres o Perpiñán dejó de ser una cita ineludible para completar el ajuar ‘skin’. La explotación sistemática del estilo devaluó su pósito contestatario y lo convirtió en un producto convencional al alcance de cualquier bolsillo.

El resultado de este proceso fue que aquello que en su momento resultaba atrayente para los jóvenes que buscaban construir una identidad propia alejada del control parental a través de su adscripción al estilo (como el aura de clandestinidad que comportaba asumir una imagen al margen de los cánones estéticos estándar) se acabó diluyendo al popularizarse el ‘look skin’ como una moda juvenil más a partir de los noventa. De esta forma, los ‘skinheads’ se perpetuaron como una tendencia en declive entre los adolescentes, y en paralelo con un escaso ascendente entre los adultos. Incluso Mark Renton abandonó su mugrienta ‘bomber’ marrón cuando salió del hoyo.

A pesar de que el estilo ‘skin’ planteó en sus inicios retos simbólicos —en términos de desafío social— estos acabaron desvaneciéndose. Así fue como culminó el proceso que permitió reparar el orden social fracturado por su irrupción, integrándolos en el sistema como un simple entretenimiento. Los ‘folk devils’ de antaño fueron reemplazados por unos nuevos chivos expiatorios, las bandas latinas. Desde entonces los ‘skins’ desaparecieron de portadas y tertulias para convertirse en un estilo sin proyección mediática a pesar de mantener una «presencia ausente». Hasta hoy, cuando por lo menos sus características y olvidadas cazadoras han regresado por todo lo alto.

Quejicas y nostálgicos —como nosotros— tienen ahora una nueva oportunidad si son capaces de elevar sus lamentos por encima de las risas despreocupadas de miles de jóvenes que visten orgullosas sus ‘bombers’ de colores. El enfado es comprensible. En palabras de Poppy Frean, de Cargo Collective: «Me cabrea ver al ‘punk’ convertido en una moda por gente que probablemente trata con desdén al mundo sucio, ruidoso, sudoroso y depravado del que proviene». Quique Gallart, al que probablemente con razón Kiko Amat bautizó como «el primer ‘skinhead’ de Barcelona», denunciaba en una entrevista la perversión de su subcultura: «Una pena, nunca pensé que el rollo ‘skin’ llegara a convertirse en una moda tan banalizada. La generalización rompe los códigos y los vacía de contenido». Un apunte, para contextualizar: la entrevista es de 2010 y se refería solo a las nuevas generaciones que habían expandido el culto ‘skin’, poco menos que una minoría marginal, pero la reflexión sirve también para interpretar la comercialización masiva de su prenda más icónica. Un caso de apropiación cultural en toda regla.

Sin embargo, el concepto mismo de apropiación cultural está discutido, sobre todo para menesteres más serios que una triste chaqueta. Quien sospecha de él, alega que no hay culturas puras ni fronteras estancas y que la Cultura —en mayúsculas— es, por definición, un proceso de apropiaciones constantes en todas las direcciones. Al fin y al cabo, incluso los primeros ‘skinheads’ dieron la vuelta como un calcetín al uso y significado de la chaqueta de aviador, una vez esta había sido sustituida entre sus portadores originales por otras prendas que cumplían mejor su función, o sea, guarecerlos del frío. Pero, mientras que aquellos primeros cabezas rapadas se apropiaron de un objeto dejado de la mano de Dios para convertirlo en una de sus divisas más visibles, cuarenta años después sus herederos han visto cómo la industria de la moda les desnudaba sin reparos ante los ojos de todos.

No es nada personal, solo son negocios. No hay en esta explosión comercial ningún tipo de homenaje ni reconocimiento. Tampoco es asimilación, ni siquiera la pretensión consciente de aculturación de ese colectivo de jóvenes salvajes —o de buenos salvajes, en términos rousseaunianos— que alguna vez fueron los ‘skinheads’. Todo ello supondría que alguien hubiera dedicado un solo minuto a pensar en ellos, o a saber por lo menos que existían. Lo único que sucede es que una cultura dominante, casi hegemónica, usurpa un elemento característico de otra y lo deforma hasta dejarlo irreconocible en el fondo, pero confuso en la forma. Hagamos un ejercicio: pongamos a un ‘skin’ al lado de una chica pija. Las chaquetas podrán parecer idénticas, pero mientras que para ella no significa nada, para él lo encarna todo. Sin duda los tiempos cambian; ahora aquella prenda que en su momento ensalzó el machismo más exacerbado, al vincularse con la rudeza de los ‘skins’, es usada casi exclusivamente por mujeres.

Lo que está ocurriendo con las ‘bombers’ no es un fenómeno nuevo, ni excepcional. Agotado casi todo lo que el escaparate del ‘punk’ podía ofrecer, había que tirar del hilo para expoliar el patrimonio estético de otras subculturas. Raf Simons o Rick Owens han hecho de esta apropiación su sello personal —y su negocio— desde principios de siglo. Ayer fueron las chupas de cuero con tachuelas a miles de euros o sus versiones más asequibles —aunque todavía de piel, rozando los cuatrocientos— comercializadas en plataformas masivas como Urban Outfitters que ya incluían sus parches y parafernalia punk para ahorrarle trabajo al consumidor compulsivo (si los anarquistas Crass no tuvieran alergia a los abogados, podrían haber financiado su comuna hasta 2045). Hoy son las ‘bombers’, que van desde los dos mil quinientos euros de la versión de Gucci hasta los apenas veinte euros que cuestan en Zara o H&M. Y mañana ya se verá. Las modas duran cada vez menos. Y nadie está a salvo de la voracidad del sistema: más allá del ‘punk’ y sus derivados, el movimiento ‘rasta’, el ‘grunge’, el ‘metal’ o el ‘hip hop’ también han caído en sus garras a lo largo de la última década. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez «¿Por qué llevas esa camiseta si no sabes qué significa?» al ver a alguien vestido con el logo de los Ramones o Nirvana?

Grace Coddington, la cara oscura de Anna Wintour a la cabeza de Vogue, ponía de manifiesto estas contradicciones en la Met Gala de 2013, rodeada de modelos luciendo parafernalia contestataria: «Me gustaría ver a auténticos ‘punks’ por aquí, auténticos ‘punks’ de la calle, pero dudo que les hayan invitado». La cara de la norteamericana Hilary Rhoda era un poema.

Tras casi cuatro décadas de implantación de los ‘skins’ en España, ahora una de sus prendas fetiche, la ‘bomber’, se ha convertido en la nueva ‘blazer’ de moda, el complemento estrella de la temporada. La «chaqueta del 2016», según El País (asociándola equivocadamente con el movimiento ‘rockabilly’), ha sido elevada a los altares de la comercialidad más banal por marcas como Louis Vuitton o Gucci y alabada por ser sinónimo de un «’look’ fresco, juvenil y ‘supercool’» (sic). Una tendencia que riza el rizo cuando se complementa con «botas y gafas estilo aviador. Perfectas para lucir igual de ‘glam’ que las estrellas». «¡Oh, Gucci, sinceramente nos habéis robado el corazón!», exclamaban con entusiasmo en la versión británica de la revista Marie Claire, admirados ante tamaña aberración. Pero no eran corazones de lo único de lo que Gucci se había apropiado.

Quedan muy lejos aquellos años en los que los ‘skinheads’ merodeaban por las discotecas pijas de Barcelona para sustraer las ‘bombers’ que lucían aquellos que pretendían usurpar su imagen. Hoy en día no darían abasto.

#hemeroteca #libros #feminismo | Carmen G. de la Cueva: "El patriarcado quiere que nos pensemos únicas y solas"

Imagen: Diagonal / Carmen G. de la Cueva
Carmen G. de la Cueva: "El patriarcado quiere que nos pensemos únicas y solas".
'Mamá, quiero ser feminista' (Lumen, 2016) es la primera novela de Carmen G. De la Cueva, un relato autobiográfico que suena a conversación y pretende animar a otras mujeres para que también cuenten. Porque lo han vivido.
Jose Durán Rodríguez | Diagonal, 2016-12-02
https://www.diagonalperiodico.net/culturas/32498-entevista-carmen-g-la-cueva-libro-mama-quiero-ser-feminista.html

La periodista Carmen G. de la Cueva (Alcalá del Río, 1986) ha dado un paso más en el camino que comenzó escuchando a su abuela, leyendo en la biblioteca y compartiendo espacios virtuales con otras escritoras y lectoras. ‘Mamá, quiero ser feminista’ (Lumen, 2016), su primera novela, cuenta sus experiencias desde la escuela o la aceptación de su propio cuerpo, entre otras vivencias comunes a muchas mujeres de varias generaciones.

Directora desde 2014 de La Tribu, un lugar de encuentro en torno a la literatura escrita por mujeres, y fundadora de la editorial La Señora Dalloway, entiende su estreno como novelista como un modo de seguir tejiendo comunidad.

En el libro dices que, sin saberlo, desde pequeña habías buscado la manera de ser feminista, ¿lo has conseguido?

Creo que sí, o estoy en el camino. A veces me sorprendo con pensamientos, contradicciones, con ese patriarcado y esas actitudes machistas golpeando, haciéndome sentir culpable o dudar de mí misma. Es un camino largo.

¿Qué supone para ti hoy ese ser feminista?

He intentado que supusiera una creación de espacios y comunidades, lugares donde las mujeres nos pudiéramos reunir, juntar, contarnos, compartir experiencias y lecturas, hacer genealogía, algo muy necesario. Genealogía literaria, por un lado, pero también familiar: dar valor a las voces y relatos de mi bisabuela, mi abuela o mi madre, que tan importantes son. He intentado ejercer un feminismo cultural.

Esas historias que pasan desapercibidas.

La intrahistoria. Para mí fue muy importante crecer con el relato que me contaban mi abuela y mi tía Carmen sobre mi bisabuelo, el último alcalde republicano de Alcalá del Río, que fue represaliado durante la guerra civil y pasó muchos años en la cárcel sin que la familia supiese dónde estaba.

Siempre me habían contado la historia de él. La bisabuela Asunción se había quedado con los niños pero no había sabido mucho más de ella.

Hace muy poco, mientras escribía el libro, me contaron que hacía estraperlo, no sólo cuidaba de los cinco hijos. Qué importante ha sido para mí conocer que una mujer de mi edad se fuera a comprar y vender productos al puerto de Sevilla, arriesgándose a que la detuvieran cuando volvía. Cuánta falta hace el diálogo intergeneracional para seguir descubriendo esos relatos.

¿Hasta qué punto escribir este libro te ha ayudado en ese camino que mencionabas?


Mucho, porque he roto, o he intentado romper, el pudor a contar ciertas cosas. Narro una experiencia de violación, por ejemplo, que me daba mucha vergüenza contar, aunque no la sufriera yo.

¿Cómo encajas ese crear comunidad que decías con el hecho de escribir un libro, que es un acto individual?

Está escrito muy pegado a la oralidad, lo entiendo como una conversación con una amiga. Me están llegando muchos comentarios de mujeres que se sienten identificadas con las historias. Es muy emocionante porque me escriben chicas de 18 años y mujeres de 60. Hay cosas que se siguen repitiendo, hay generaciones de mujeres que pasan por lo mismo. El libro no es un acto para mí, de ser así no habría contado ciertas cosas.

¿Le llegaste a decir a tu madre que querías ser feminista?

Más tarde le dije "mamá, soy feminista". De hecho, mi madre se ha hecho feminista en estos dos últimos años, desde que creé la Tribu, y eso ha sido muy bonito. Había cosas que no veía, y leyendo se ha dado cuenta de cosas. Casi que ella me ha dicho "hija, quiero ser feminista".

¿Podría ser el libro una guía para otras mujeres?

A mí me gustaría que fuera una hoja de ruta para que las mujeres se sintieran menos solas, que es uno de los problemas de la sociedad y lo que el patriarcado quiere: que nos pensemos únicas y solas, que sintamos que lo que nos pasa sólo nos pasa a nosotras y que por eso debemos ocultarlo y silenciarlo.

El hecho de hablar y de leernos así nos puede hacer muchísimo más poderosas. Me gustaría que, al leerlo, muchas chicas y mujeres se animaran a contar, y que también sirva para seguir leyendo.

¿Te consideras excepción más que norma entre las mujeres?

No me gustaría verme como una excepción y creo que el relato no debería ser el de que somos especiales. Nos convencen de que sólo puede haber una, especial. Y lo que hacemos es competir por ese hueco, en lugar de unirnos.

Creo que este libro encaja en una tradición más anglosajona de relato autobiográfico pero espero abrir el panorama y que muchas chicas y mujeres se atrevan a contar su versión, su historia. Creo que en el libro se percibe que lo que me ha pasado a mí les ha pasado a muchas mujeres.

¿Qué valor le das a la parte gráfica del libro, con las ilustraciones de Malota?


No sería igual sin ella. La relación ha sido muy bonita y gratificante. Hemos ido trabajando juntas: yo escribía un par de capítulos y se los mandaba. Ha sido un trabajo común, sus ilustraciones no son nada complacientes. Me interesan sus retratos de mujeres.

En el libro haces una defensa muy clara de las bibliotecas públicas.

Cuando creces en una casa sin libros o tienes acceso a pocos libros, tu descubrimiento es muy accidentado y aleatorio. En las bibliotecas descubrí un universo, no era consciente de que hubiera tantas autoras a las que podía leer, de las que nunca me habían hablado. Hoy me preguntaba una periodista si llegué a la universidad sin saber lo que era el feminismo. Pues sí. A mí nadie me habló en el instituto de Victoria Kent o Clara Campoamor o la Residencia de Señoritas.

En las bibliotecas es donde está el conocimiento cuando vienes de un entorno en el que no tienes la suerte de contar con unos padres ilustrados. Me encanta el discurso del cuarto propio y dinero propio de Virginia Woolf pero para conseguir eso... Tengo treinta años, soy de una generación precaria, con cuarto propio portátil, ¿dónde puedo encontrar ese espacio? En la biblioteca. Hay que reivindicarlas, por supuesto.

Teniendo en cuenta que, desgraciadamente, nos da por votar a partidos como el PP que no fomentan la educación ni el conocimiento y que nos quieren cada vez más tontos y sumisos... Todas estas lecturas están en la biblioteca, te están esperando.

#hemeroteca #cuerpos | ¿Quién puede gritar en un gimnasio?

¿Quién grita en un gimnasio?.
Unos bramidos se celebran, y otros se sancionan. El grito no es una reacción natural, sino una marca de autoridad. Manda un mensaje: “Las instalaciones nos pertenecen”.
Esteban Ordóñez Chillarón | Pikara, 2016-12-02
http://www.pikaramagazine.com/2016/12/quien-grita-en-un-gimnasio/

En un gimnasio, hay unos bramidos, unos golpes de pesas y unos gritos que se celebran, y otros que se sancionan. El grito marca estatus en los templos del 'fitness'. No es que directamente aporte una posición superior en la jerarquía de la tribu gimnástica, sino que el estrato que ocupas te da (o no) la venia para vocear y rechinar los dientes. Esas gargantas privilegiadas se detectan enseguida en cualquier gimnasio mixto. Sus movimientos mandan un mensaje: “Las instalaciones nos pertenecen”.

Los gimnasios de Occidente, como las discotecas, repiten patrones, son intercambiables. Al entrar, ya en el vestuario, percibes que viajas de polizón en un reino que no es tuyo. Hay ‘mazaos’ que se secan los genitales al aire, con un pie montado sobre el banco como cazadores que divisan y, a la vez, marcan terreno. Te miran serios. Saludas. Callan.

Sala de máquinas. Una manada envasada al vacío en sus camisetillas orbita por la zona de las mancuernas y el ‘pess’ banca. Se despatarran para levantar pesas, aplican todas las neuronas motoras en ese movimiento, enclavijan los dientes, gritan. Al terminar, se levantan pero no descansan, más bien acechan la nueva serie de levantamientos. Se diría que piensan. Ahuecan las alas, y parecen consultarle algo de suma importancia a sus propios bíceps; o se lo consultan a los brazos de un compañero, porque en el clan de potenciales vigoréxicos disfrutan de palparse unos a otros: es común verlos emocionarse con los deltoides bien esculpidos del compañero, y amasarlos y sobarlos, o por el contrario, es fácil ver cómo les abruma la preocupación ante un amigo que lleva días sin entrenar y se ha quedado desinflado.

También se devoran en el espejo. El espejo inmenso que tienen todos los gimnasios sirve para dos cosas, para vigilar los movimientos y hacerlos bien, y para que los ases de la licra busquen la mejor perspectiva de sus músculos y se barnicen a sí mismos con los ojos. Ese barniz trata de fijar lo que sociólogos como Enrico Mora, de la Universidad Autónoma de Barcelona, llaman la corporalidad de masculinidad hegemónica.

Los gimnasios, con su diseño de rutinas y ejercicios, se encargan de dar apariencia de naturaleza y de verdad biológica a unos cuerpos masculinos y femeninos que, en realidad, constituyen una imposición social.

Eso quiso comprobar el profesor Mora al embarcarse en una etnografía en un gimnasio durante cinco años. El centro se ubica en la zona metropolitana de Barcelona. Le puso un nombre en clave: GymA. Acudía como cualquier otro cliente y lo registraba todo en la cabeza; al salir, lo anotaba en su cuaderno de campo. De ahí salieron artículos como ‘La organización social y de género del grito: ¿Quién puede gritar en un gimnasio?’. “Queríamos estudiar cómo se produce la corporalidad en un espacio que no está regido por imperativos ajenos como ocurre en una fábrica o una escuela: el gimnasio, supuestamente, parece un templo de libertad donde cada uno va porque quiere”, explica a Pikara. Sin embargo, este espacio, añade, representa la paradoja de la modernidad. “Estos lugares, de manera menos explícita, se rigen por imperativos sociales que nos someten”.

El grito no es una reacción natural, sino una marca de autoridad. Mora se percató de esto por culpa de un susto. En principio, la investigación trataba de diseccionar el entorno sexista del ‘fitness’: la segregación de espacio por actividades o las estratificaciones según el género. Un día, mientras hacía sus ejercicios, un rugido le asustó. “Era un grito muy fuerte e invasivo que me hizo interrogarme sobre mi propia masculinidad. Los demás estaban muy tranquilos y a mí me impresionó, y me di cuenta de que yo no gritaba al hacer los ejercicios”. Desde ese momento, se interesó por cómo los sentidos se organizaban socialmente en aquel entorno: la regulación de la mirada en un ambiente de fuerte carga sexual, de los olores o, incluso, del sudor: “El sudor también tiene una función psicosocial”, indica.

Suceden vigilancias automáticas en la sala. Se sueltan burlas, se cuestiona la sexualidad: “Déjate de mariconadas y ponte a sudar, no estás trabajando nada, pareces una niñata”, así hablaban los ‘dueños morales’ del gimnasio, con bromas que, por muy amistosas que sean, esconden un trasfondo controlador.

La cultura del ‘fitness’, de marcado individualismo, lejos de distender las imposiciones sobre cuáles son los cuerpos legítimos femeninos y masculinos, ha apretado más los cánones. En el gimnasio, desde el primer segundo, tratamos de construirnos un cuerpo ‘sexualmente correcto’, y todo conspira para que lo deseemos. Dejando aparte las diferencias biológicas básicas, la forma del cuerpo se moldea de manera muy consciente. El mandato es el siguiente. Los hombres, visiblemente musculados, fibrosos, de apariencia fuerte, aunque la hinchazón del músculo muchas veces tiene más de estética que de fortaleza; las mujeres, esbeltez, delicadeza y fortaleza, eso sí, oculta, disimulada. “Los monitores y monitoras son muy cuidadosos de avisar de qué impacto visual provoca un ejercicio. En las actividades compartidas, avisan a chicos y chicas para que sepan a qué juegan, una posición de mancuerna produce “bíceps de tío” y otra “bíceps de tía”, lo dicen así”, recuerda Mora.

Parafraseando a Machado, también lo natural se inventa.

Las actividades mixtas, donde ellos y ellas realizan los mismos movimientos, sin embargo, no constituyen algo corriente. En GymA, los hombres se integran en ellas siempre que no implique realizar una coreografía. “En el gimnasio, lo coreográfico está investido de feminidad. En la etnografía, hice actividades tipo zumba en las que era el único chico, mi presencia ahí era un cuestionamiento de mi propia masculinidad; son actividades que sólo se practican si quieres reproducir un cuerpo femenino hegemónico”, explica.

El grito ayuda a mapear los espacios del gimnasio, no se distribuye por todas partes por igual, sino que marca los espacios ‘jerárquicamente superiores’ de la sala: las zonas de pesos libres y máquinas más duras destinadas a trabajar el tren superior. El grito “responde a un orden institucional”, por eso no puede emitirlo cualquiera. Además, no vale cualquier tipo de grito. Debe ser un sonido gutural, grave, impulsado desde una tensión muscular muy visible, también implica un afeamiento de mandíbula importante. De no cumplir estos parámetros, pueden despertarse ciertas alarmas. Cuenta el autor del estudio que, en una ocasión, un socio habitual soltó un grito que se agudizó al final, produciendo un gemidito delgado. Enseguida se aproximaron a él a preguntarle qué había ocurrido, con curiosidad, amagando risas. Y aquel se disculpó: “Estoy resfriado”.

En realidad, estos bramidos responderían, según el sentido común, a un esfuerzo desmedido. El esfuerzo, por tanto, sería la medida lógica de calibración. Pero existen normas que lo niegan: sólo tienen derecho al grito los hombres torcaces, o sea, aquellos que exhiben un cuerpo masculino hegemónico, y siempre y cuando levanten una cantidad considerable de peso. En cambio, un chico delgado que trabaje con un peso que, en proporción, le suponga un gran esfuerzo, no podrá gritar sin enfrentarse a la extrañeza, a la burla, al aislamiento. “El grito se convierte en un signo sexista de estatus dentro del gimnasio”.

El poder se ejerce con sutileza en las salas de ‘fitness’. El saludo, por ejemplo, sigue unas dinámicas estratificadas: quién te saluda, quién es digno de saludar… “El relato de que al gimnasio se va a ‘desconectar’ es incompleto, en realidad, desconectas del resto de tu vida (trabajo, familia…) para conectarte a los mandatos de género de forma muy intrusiva y muy exigente”, señala Mora.

Los objetos también se invisten de género y pueden gritar. El golpe de pesas contra el suelo delimita, desde el punto de vista sensorial, el dominio de los hombres hegemónicos.

Ejercicios de tríceps. Mancuernas de 30 kilos. Un socio envenado, al terminar, suelta las pesas a varios centímetros de altura: caen, rebotan en la tarima. Nadie se asusta. Cambiamos de protagonista. Alguien que no sueña con aparecer en un anuncio de colonia, deja caer, en el mismo ejercicio, pesas de siete kilos. Un monitor se acerca a advertirle de que cuide el material y deposite las mancuernas con cuidado. Así lo vio Enrico Mora. Parece que las pesas de siete kilos pueden dañar el suelo más que las de 30.

No es suelo lo que preocupa, sino el privilegio del hombre-colchoneta, sólo sus pesas tienen voz en el gimnasio. La libertad de expresión, en el caso de las mancuernas, es censitaria.

Por supuesto, no existe un grito legítimo para la mujer: “Yo no lo identifiqué, el grito legítimo para la mujer está fuera del gimnasio”, confiesa Mora. La mejor prueba la ofrece la mujer culturista. La presencia de una mujer de este tipo crea el caos y la confusión. Ella ratifica que la naturaleza del cuerpo femenino no es la esbeltez suave y la debilidad, sino que son las rutinas las que diseñan esa apariencia. Según el investigador catalán, al compartir el lugar con una culturista los hombres sienten un atentado contra su identidad. La complexión que, de forma más o menos consciente, ellos perciben como prueba de su superioridad, de pronto, aparece fuera de sitio: “A GymA acudía una culturista, ellos la veían con hostilidad o con ostracismo. Aquel no era un lugar especializado en culturismo y siempre la vi sola, no hablaba con nadie”.

No hay mayor instinto que el de defender la identidad, y más si es una identidad privilegiada. La reacción de ellos era basurizar a la mujer, sacarla de la normalidad (de nuevo, de lo legítimo) a base de cuestionamientos y de burlas. Se hacían corrillos, la vigilaban de soslayo: “Mira ésta, de dónde ha salido, mira, mira, qué hace, adónde va…”. Se reían o, incluso, trataban de desautorizarla, de bajarla de esa situación corporal que ellos, mentalmente, asocian a la cúpula de la jerarquía, a través de la fantasía sexual: “¡Uy, pues ésta en la cama te destroza…!”. En su imaginario, el sexo es un terreno de dominio masculino, y así luchaban por domar algo que se les escapaba, que no atinaban a soportar: la evidencia de que el cuerpo femenino también puede competir en fuerza.

Aquella mujer culturista que no hablaba con nadie en el GymA se ejercitaba con pesos descomunales, pero jamás le asomó un grito a la boca.

jueves, 1 de diciembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #arte | Lita Cabellut, la conquista del mercado del arte.

Lita Cabellut, la conquista del mercado del arte.
Afincada en Holanda, la pintora española contemporánea más cotizada del mundo es casi una desconocida en su país. Hasta los 12 años no sabía leer ni escribir. Era pura calle. Su vida cambió cuando sus padres adoptivos la llevaron al Prado.
Isabel Ferrer | El País, 2016-12-01
http://elpaissemanal.elpais.com/confidencias/lita-cabellut/

“Mamá, yo voy a ser artista”, le dijo Lita Cabellut a los 13 años a su madre adoptiva. Fue frente a 'Las tres gracias', el famoso cuadro de Rubens colgado en el Museo del Prado. No dijo que quisiera serlo. Lo dio por hecho. Con el tiempo, se dio cuenta “de que, sin oficio, el artista es un búho ciego”. “De que la repetición no es un tabú y el lápiz es implacable y hay que respetarlo, porque esas son las herramientas indispensables”. Comprendió “que la pasión sin control acaba siendo un desperdicio de talento”. Empezó en serio a los 19 años en la Rietveld Academie de Ámsterdam, donde llegó becada, pero la primera lección, la que nunca se olvida, se la dio un anciano pintor de El Masnou, en Barcelona. Un hombre que no le dejaba borrar y le obligaba a pensarlo bien antes de dibujar el primer trazo.

“Si supiera lo mucho que aprendí de él”, asegura ella ahora, a los 55 años, después de haber entrado en la lista de los artistas contemporáneos más cotizados del mundo según Artprice, la principal base de datos del mercado de las subastas. Entre 2014 y 2015, su nombre apareció en el puesto número 333 de un total de 500. Por delante de ella solo había dos españoles, dos pesos pesados: Juan Muñoz y Miquel Barceló. Dice que para su viejo pintor de pueblo “debió de ser una tortura enseñarme, porque era una niña difícil de controlar que no quería perder un minuto”.

Una niña gitana nacida en Sariñena (Huesca) y criada por su abuela en Barcelona, donde vagó hasta ser adoptada a los 13 años por una familia pudiente. “Es una biografía tremenda, pero me da pena que se explote el lado sensacionalista de la madre que me abandona. Soy mucho más que una huérfana. Soy la madre de David, Arjan, Luciano y Marta. Una luchadora en un medio masculino. Una poeta original. Una artista. Aunque mi pasado de niña de la calle haya sido muy útil para entender la vida”, asevera rodeada de belleza en su casa-estudio de La Haya.

Los mundos que se inventaba cuando dejaba el domicilio de la abuela diciéndole “es que aquí hay mucha agua” eran su forma de ­escapar de la realidad. Aquel gesto infantil parece hoy casi poesía del absurdo, pero su trayectoria le ha ­permitido acercarse “a lo más cruel y a lo más suave sin miedo y sin juzgar a nadie”. Eso y la suerte de que “unos desconocidos tuvieran la ética de creer en mí y ayudarme”. Se refiere a sus padres adoptivos, que la llevaron al Museo del Prado. “Cuando tienes que sobrevivir no puedes crecer, y sin mi madre adoptiva no me hubiera desarrollado”. ¿Qué le contestó al oír que ya se veía artista? “Que si ­estudiaba, porque no sabía leer ni escribir con 12 años, me pondría un profesor de pintura”.

Se levanta y cruza un patio sobre el que llueve con monotonía machadiana y entra en el estudio. Un lugar amplio y luminoso, con el suelo cubierto de frenéticas salpicaduras que recuerdan el esfuerzo físico con el que aborda sus lienzos: rostros surgidos de juegos de palabras como “espejos ciegos” (de la religión y la tolerancia), “tulipán negro” (la historia de Holanda) o bien “trilogía de la duda” (formada por la víctima, el poder y la ignorancia). No es solo un ejercicio de estilo verbal. Sobre todo, el último. “Europa no sabe adónde va”, apunta, para añadir lo siguiente: “El viento de la política y el fuego de la ignorancia son dos elementos tan peligrosos que, si se juntan, puede haber un incendio histórico”.

Poseída casi por esas ideas, escribe con su equipo unos ensayos que le ayudan a componer en su cabeza los cuadros. A continuación, llama a sus modelos. “Tengo un grupo de personas que vienen a mi taller; los visto, los coloco de forma adecuada y los fotografío. Cada serie, como la dedicada a la diseñadora Coco Chanel o a la pintora Frida Kahlo, incluye lienzos de gran formato. Por eso tengo dos ayudantes, un joven colombiano y otro polaco, que preparan colores, pinceles y paletas, y mueven mi caballete gigante”.

Cabellut ha trabajado durante años con expertos químicos para conseguir en sus lienzos el aspecto craquelado de las pinturas antiguas. Es una variación del fresco que parece dotar a las caras de piel. “En las 12 capas de distintos componentes que uso para lograr mis efectos pictóricos, a veces me apoyo en la proyección y la serigrafía, en técnicas modernas con materiales de diferentes disciplinas. Desde el óleo clásico con aerosoles –nunca acrílicos– y los pigmentos de toda la vida hasta la tira usada en el ‘street art’. En fin, soy una rockera de la figuración de hoy, con admiración absoluta por los maestros del retrato”, asegura. Es su homenaje a Velázquez, Goya y Ribera. Y a Rembrandt, el holandés que la atrajo “en busca de un prisma especial de luz”.

Aún persigue esa luz y lamenta ser poco conocida en su tierra a pesar de haber expuesto en Nueva York, Dubái, Londres, París, Venecia, Singapur o Hong Kong. En agosto de 2017 presentará en Pesaro (Italia) la ópera de Rossini ‘El asedio de Corinto’ con La Fura dels Baus. En octubre, sendas muestras, en Barcelona y en A Coruña, pueden contribuir, dice, a que España le dé “por fin el beso que desearía”.

Y TAMBIÉN…
Lita la pintora española más cotizada es gitana.

A los 10 años mendigaba por las calles de Barcelona. Ahora es la pintora española más cotizada: vive en Holanda y sus cuadros valen más de 100.000 euros.
Lucas de la Cal | El Mundo, 2016-04-16
http://www.elmundo.es/cronica/2016/04/16/5707e8e3268e3e06298b4677.html
La indigente española que se ha convertido en la pintora nacional más cotizada del mundo.
María Hidalgo | Muhimu, 2015-11-09

http://muhimu.es/cultura-entretenimiento/la-indigente/
Cabellut, la indigente que se convirtió en la artista nacional más cotizada del mundo.
Abandonada por su madre, vivió ocho años en la calle pidiendo limosna. Lita Cabellut es la única española en la lista de los artistas más cotizados del mundo, pero en nuestro país nadie la conoce.
Pablo Ortiz de Zárate | El Confidencial, 2015-10-28
http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-10-28/lita-cabellut-arte-cotizada-mundo_1073541/

#hemeroteca #fundamentalismos | La costumbre de los ministros del PP de encomendarse a las vírgenes

Imagen: El Diario / María Dolores de Cospedal
La costumbre de los ministros del PP de encomendarse a las vírgenes.
La ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, refiriéndose la Virgen de Loreto este jueves en Sevilla sigue el ejemplo de compañeras como Fátima Báñez o Esperanza Aguirre. En todo caso, la palma en las referencias religiosas se la ha llevado el exministro Jorge Fernández Díaz, con sendas condecoraciones para imágenes en Andalucía, su ángel de la guarda y Santa Teresa de Jesús.
El Diario, 2016-12-01
http://www.eldiario.es/andalucia/Consejo-Ministros-encomendado-virgenes_0_586192185.html

En Andalucía ya no sorprende que un miembro de ejecutivo de Mariano Rajoy se encomiende a vírgenes o directamente las condecore, si bien no por ello deja de chocar en actos institucionales, como cuando este jueves, en la entrega del primer avión militar A400M en Sevilla, la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, le ha pedido "ayuda" a la Virgen de Loreto, patrona del Ejército del Aire.

La costumbre ya la había inaugurado en 2012 la ministra de Empleo y Seguridad Social, revalidada con el nuevo ejecutivo de Mariano Rajoy, Fátima Báñez. No dudó en agradecer a la Virgen del Rocío, tan de su tierra, Huelva, su ayuda para salir de la crisis. De reconocido fervor por todo lo que tiene que ver con El Rocío, afirmó durante una visita en el Ayuntamiento de Almonte, con motivo del Año Jubilar Mariano de la aldea: "Nos ha hecho un regalo en nuestra salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar todos los días de los ciudadanos", toda vez que hace cuatro años ya daba la ministra por superada la recesión.

Un ejemplo que por cierto gustó a otra popular, la exalcaldesa de Madrid Ana Botella quien, estando todavía en el cargo, emuló a Fátima Báñez y aprovechando la Fiesta de la Paloma el verano de 2014 le pidió más trabajo. Y sin salir de la capital, la portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, Esperanza Aguirre, se encomendaba recientemente a la Virgen de la Almudena tras conocerse los resultados de las elecciones generales en EEUU: "Hay que confiar y pedirle que Donald Trump sea un buen presidente para los americanos y para todos los demás".

Pero sin duda la palma se la lleva el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, una de las bajas en el nuevo Consejo de Ministros. Estando en el cargo condecoró con la Cruz de Plata de la Guardia Civil a la Santísima Virgen de los Dolores de Archidona (Málaga), en principio con un honor otorgado para los que hayan demostrado "colaboración" con el cuerpo. Mención que llegó después de un recurso de la asociación Europa Laica por la Medalla del Mérito Policial que el mismo ministro había firmado para la Virgen del Amor de Málaga, si bien se hizo extensible a la Cofradía de Jesús el Rico, con personalidad jurídica propia, para lograr el aval en los tribunales. Y lo consiguió.

No siempre son advocaciones marianas. También se ha reclamado la intercesión de santos. De hecho, el exministro atribuyó a Santa Teresa de Jesús, fallecida hace cinco siglos, su mano para que España salga de sus dificultades. Claro que, en este caso, el contexto se prestaba para ello porque estaba en Fitur presentando la ruta Huellas de Santa Teresa. "Santa Teresa hablaba de tiempos recios, y estoy seguro de que en estos momentos estará siendo una importante intercesora para España en estos tiempos también recios que está atravesando", comentó.

Pero sin duda, lo que más juego dio para bromas, especialmente en redes sociales, fue cuando Jorge Fernández Díaz declaró en una entrevista para La Vanguardia, que no en un acto institucional, que tiene un ángel de la guarda, de nombre Marcelo, del que tira sobre todo para que le ayude a aparcar su coche.

Y TAMBIÉN…
Cospedal, en la recepción de un nuevo avión del Ejército: "Que la virgen de Loreto nos guíe allí arriba".
La ministra de Defensa ha presidido en Sevilla la entrega del primer avión de transporte de nueva generación con el que se dota el Ejército del Aire. "Le pido que nos guía allí arriba", ha comentado delante del presidente de Airbus en España y las demás autoridades presentes para la ocasión.
El Diario, 2016-12-01
http://www.eldiario.es/andalucia/Cospedal-capacidades-A400M-ejercito-afrontar_0_586191662.html

#hemeroteca #machismo | Podemos entrega a Cifuentes el libro 'Feminismo para principiantes' y llama "troglodita" a David Pérez

Imagen: El Mundo / Beatriz Gimeno
Podemos entrega a Cifuentes el libro 'Feminismo para principiantes' y llama "troglodita" a David Pérez.
Europa Press | El Mundo, 2016-12-01
http://www.elmundo.es/madrid/2016/12/01/5840248a268e3eda118b4571.html

Las diputadas autonómicas de Podemos Clara Serra y Beatriz Gimeno han entregado este jueves a la presidenta regional, Cristina Cifuentes, el libro ‘Feminismo para principiantes’ de Nuria Varela, además de una carta en la que exponen la posición de su Grupo ante las opiniones vertidas por el alcalde de Alcorcón y parlamentario autonómico, David Pérez, sobre el feminismo.

En dicha carta, las diputadas han indicado que pese a las disputas de Pérez, sus antecedentes demuestran que es "reincidente en el desprecio y falta de respeto a las mujeres, el movimiento feminista y LGTBI".

Además de recordar que el primer edil alcorconero fue reprobado ayer por los grupos de la oposición, manifestó su voluntad de no dimitir. "Como sabes, desde Podemos nos sumamos a las voces que piden la dimisión de David Pérez y esperamos un firme posicionamiento por tu parte", han solicitado.

Por otro lado, Serra y Gimeno han reprochado al Gobierno regional que de 2009 a 2015 "recortó un 49 por ciento el presupuesto en Igualdad, Mujer y prevención de la violencia machista".

"En consonancia con esta voluntad política, el año pasado dejaron de ejecutarse 5,6 millones de euros, el 26 pro ciento del presupuesto, en la lucha contra la violencia machista", se han quejado.

Por ello, en este escenario y con el dato de 87 mujeres asesinadas por sus maltratadores en la región desde 2009, consideran "intolerables" las declaraciones y actuaciones de Pérez.

"Si realmente quieres formar parte activa de la nueva etapa política de nuestra región, no es suficiente que manifiestes tu no adhesión a las opiniones del señor Pérez, sino que es imprescindible que pidas públicamente su dimisión como diputado y alcalde", han solicitado las parlamentarias de Podemos en su carta a Cifuentes.

Por último, le han recordado que los avances en materia de derechos de las mujeres han sido impulsados por el movimiento feminista y "hay que reivindicar y reconocer esta lucha".

Durante el Pleno de la Asamblea de Madrid de este jueves también ha habido referencias a David Pérez, que aunque ha estado ausente esta mañana sí ha participado en la reunión del Grupo Parlamentario Popular, según han informado a Europa Press fuentes de dicho Grupo, que han asegurado que el parlamentario sí asistirá al Pleno esta tarde, ya que ahora está tratando asuntos municipales.

Así, durante una interpelación sobre promoción de viviendas de alquiler, el diputado de Podemos Marco Candela ha pedido al alcalde de Alcorcón que no vuelva a la Asamblea de Madrid que aquí no quieren "ni machistas, ni homófobos ni trogloditas".

A continuación, ha tomado la palabra el diputado del PP, José Manuel Berzal, que le ha respondido diciendo que el diputado que no debería volver a este Cámara es el senador de Podemos Ramón Espinar, por vender un piso "de manera irregular".

En este asunto también ha terciado -aunque ha dicho que no lo tenía planificado previamente-- el consejero de Transportes y Vivienda, Pedro Rollán, que ha respondido a las críticas de Candela a su gestión en vivienda y a la venta de viviendas sociales a fondos 'buitres' en 2013.

"Que digan que la vivienda no es un bien especulativo es que se lo tienen que hacer mirar. Ahí tienen el caso de Ramón Espinar, que no estaba en la lista general de una vivienda pública, no la puso a disposición de la cooperativa, pidió permiso a la Comunidad para venderla por un precio y la vendió por un precio superior. Yo esto no me atrevo a denominarlo como especulativo. Pero ustedes sabrán", ha concluido.

#libros #catalogos #vestimenta | Tenue correcte exigée : quand le vêtement fait scandale

Tenue correcte exigée : quand le vêtement fait scandale / sous la direction de Denis Bruna.
Paris : Musée des Arts Décoratifs, 2016 [12-01].
216 p.
ISBN 978916914640 / 49 €

/ FR / Catálogos
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Pourquoi faut-il repasser ses vêtements? Depuis quand les femmes ont-elles le droit de porter un pantalon? L’homme peut-il se maquiller? Du XIVe siècle à nos jours, ce livre offre une traversée de l’Histoire par les vêtements qui ont fait scandale. On y apprendra qu’il ne faut pas s’habiller trop court, mais pas non plus trop long, que les vêtements trop amples choquent plus que les tenues trop moulantes, que déchirer son vêtement n’est pas l’apanage des adolescents d’aujourd’hui. Les hommes en jupe et les femmes s’habillant en homme s’exposent à des critiques dont les racines profondes remontent à des interdits bibliques dont la société occidentale reste imprégnée.

#hemeroteca #vih #testimonios | La poética de Pepe Espaliú

Imagen: El Mundo / Pepe Espaliú en 'Carrying', Madrid, 1992-12-01
La poética de Pepe Espaliú.
El artista cordobés tuvo una trayectoria sólida aunque corta. Su vida, que se vio detenida a causa del Sida (enfermedad de la que cada 1 de diciembre se celebra el Día Mundial), estuvo impregnada de obras de carácter político y poético. El IVAM de Valencia recupera su figura y le dedica una retrospectiva, 'Círculo íntimo', con 75 piezas que remiten a su mundo y al carácter circular de la vida. Espaliú renace de nuevo.
Saioa Camarzana | El Cultural, El Mundo, 2016-12-01
http://www.elcultural.com/noticias/arte/La-poetica-de-Pepe-Espaliu/10152

Durante los años 80 y 90 fue uno de los artistas más significativos de España. Supo integrar aspectos políticos y críticos en su obra. Usó el arte como terapia y a pesar de su corta trayectoria sus piezas son potentes, evocan situaciones y dan pie a la imaginación, a la sugerencia. A pesar de que murió hace ya 24 años, el artista Pepe Espaliú (Córdoba, 1955 - Íbidem, 1993) sigue vivo con la retrospectiva ‘Círculo íntimo: el mundo de Pepe Espaliú’ que le dedica en sus salas el IVAM de Valencia. A través de 75 obras escogidas por José Miguel G. Cortés, comisario de la exposición y director del centro, la muestra pone énfasis en el aspecto poético de su arte.

El círculo al que hace referencia el título de la muestra remite a su mundo, al carácter circular de la vida; a nacer, vivir y renacer. Ese sentido de dar vueltas, de recomenzar, de lo íntimo del ser humano. De la vida y la muerte. De la experiencia humana y su circularidad. "Es uno de los artistas que mejor ha sabido integrar el planteamiento crítico con el carácter poético, sugerente y evocador sin caer en lo panfletario", explica el comisario. Esta revisión retrospectiva parte desde una sala en la que se muestran a varios artistas que influyeron en su trayectoria como prólogo de una exposición que "habla de aspectos como la muerte, la vinculación personal con la obra y el arte como terapia". Bourgeois, Gina Pane y Mappelthorpe son los que dan la bienvenida al personal mundo de Espaliú junto a algunas de sus frases poéticas que nos envuelven con su valentía.

"En la primera sala están las máscaras, los rostros, los óvalos, los caparazones de tortuga. En ella habla de una identidad mutilada y cuestionada, de una presencia que está ausente, donde lo que no está llama más la atención que lo que está", explica el director del museo. En la siguiente sala de la pinacoteca el tema central es la circularidad en torno a la idea del nido. Se dispone la escultura realizada con muletas pero destaca ‘El nido’, un vídeo que grabó en Arnhem (Holanda) desnudándose en una plataforma creada en lo alto de un árbol simulando la forma de un nido de pájaros gigante a modo de cobijo. Desde lo alto "se despoja de su ropa para encontrarse desnudo al final. Se trata de ir a los elementos primordiales de la existencia y dejar lo más banal para encontrarse consigo mismo".

Aunque quizá la pieza más conmovedora llega en el ecuador de la exposición. Hablamos de ‘Carrying’, una metáfora en forma de arte que habla del aislamiento y enfermedad. La primera obra "atraviesa la pared, es un objeto que sirve para dos cosas. Por un lado para transportar a los nobles y, por el otro, para hacer lo mismo con los enfermos". Pero, el fin es radicalmente distinto en ambos casos. En el primero se usa para no mezclar a la gente de diferente estatus social y, el segundo, para evitar el contagio en la sociedad. El fin es "hablar de aislamiento".

Cuando Espaliú vivía en Nueva York se hizo las pruebas del Sida y estas dictaminaron que estaba infectado. Su primera respuesta, dice el director del IVAM, fue "huir a México para olvidarse del asunto". Pero pronto se dio cuenta de que esa no era respuesta así que decide volver a la capital estadounidense y "plantea el ‘Carrying’". Entró en contacto con otros enfermos y para 1992, con motivo del Festival de Cine de San Sebastián, planteó una ‘performance’ que hablara de la enfermedad que padecía. La llamó también ‘Carrying’ y el vídeo grabado aquel día se muestra en ‘Círculo íntimo’. Él mismo lo explica en una voz en off. Sus amigos, en parejas, lo transportaban como en la ‘sillita de la reina’ por el centro de San Sebastián. En aquel momento se creía que esta enfermedad se contagiaba con tan solo un contacto con el enfermo y, por tanto, su objetivo fue hacer entender que el Sida es un asunto de la sociedad en su conjunto.

Unos meses más tarde, el 1 de diciembre de 1992, repetiría la actuación por las calles de Madrid pero en este caso asistieron a la cita personalidades como Carmen Romero, Pedro Almodóvar y Marisa Paredes. Pero a Cortés le resulta más interesante la primera, la de San Sebastián, porque "es más auténtica, está rodeado de amigos y enfermos, la producción es más deficiente, está en blanco y negro pero resulta más íntima y personal". Una "metáfora de la contaminación y de cómo impedirlo. Habla de una sociedad que no es la suya porque lo discriminan por su enfermedad", señala Cortés.

Ninguneado en algunas ocasiones por padecer Sida, la última sala está protagonizada por su conjunto de jaulas que hablan del aislamiento. Una de esas piezas está formada por un conjunto de tres piezas que contienen una bella contradicción. Se trata de "la jaula como aislamiento pero las abre por debajo y los elementos que las forman se convierten en meros hilos de hierro que dan pie a escapar". Aquí, Espaliú nos está intentando decir que hay posibilidad de escapar, de crear un mundo mejor, de llegar a un entendimiento. Esta idea la madura en ‘Luisa II’, una escultura formada por dos jaulas que en lugar de caerse se unen la una a la otra "ofreciendo una referencia al amor, de que a pesar de todo se puede construir el amor y es posible entenderse con el prójimo".

También es preciso señalar la valentía del artista de confesar públicamente que su condición de homosexual y que padece Sida. Lo hace a través del diario El País con un escrito orgulloso, en el que cuenta su batalla, una lucha en la que no piensa sucumbir ni al dolor ni al miedo. Y esa lucha la lleva a cabo a través de su práctica artística porque "su trabajo le permite vivir con una actitud valiente. Ese hombre al que llevan en la Sillita de la reina está agotado, demacrado, falto de fuerzas y capacidades pero el arte le permite estar en la calle", concluye Cortés.

Se trata, por tanto, de una manera de exponer y plantear lo personal y lo político. El arte, de hecho, "tiene que estar en este mundo, no puede aislarse porque un artista no vive en una torre de cristal sino que está en un mundo y es consciente de sus problemas y debilidades". Ahí reside la magia del arte de Espaliú, en unas obras que no son únicas, que no tienen tan solo una lectura y que invitan a la reflexión y dan pie a un conjunto de realidades sociales donde lo que importa es la manera en que se hace, con imágenes ricas y polivalentes".

Sus obras de carácter poético resaltan con ese final en el que se siente enjaulado. Una sociedad que no siente suya por el ninguneo recibido por su enfermedad. Por el desconocimiento y el estigma. Estamos, pues, ante un homenaje a la lucha contra una enfermedad de la que hoy se celebra su día mundial en forma de exposición.

#hemeroteca #vih | El amor en la cuerda floja del sida

Imagen: El País / 'Larry and Bobby Kissing', Robert Mapplethorpe, 1979
El amor en la cuerda floja del sida.
El miedo, el estigma y los altibajos emocionales son los principales obstáculos de las parejas serodiferentes.
Joana Oliveira | El País, 2016-12-01
http://politica.elpais.com/politica/2016/11/30/actualidad/1480515759_277807.html

“Soy seropositivo”. Pablo (nombre ficticio), de 45 años, cuenta que casi temblaba cuando pronunció, hace tres años, esas palabras a la mujer que sería su esposa. Diagnosticado con VIH a los 18 años —en una época en que el diagnóstico era casi una sentencia de muerte— él estaba acostumbrado a recibir el apoyo de sus familiares y amigos, pero siempre había temido el rechazo de posibles parejas. “Viví un período de depresión, me veía muy solo”, dice. La mujer con quien decidió compartir su historia no ha tenido miedo y hoy los dos conforman una pareja serodiscordante, en la que uno es VIH positivo y el otro no.

José Luis, de 41 años, llamó a su marido en el momento en que se enteró que había dado positivo, en 2014. Tras una breve ruptura en el matrimonio de 19 años, él se había relacionado con otras personas y decidió hacerse la prueba. Le atemorizaba, más que el propio diagnóstico, la posibilidad de haber infectado a su pareja. “Fue un alivio cuando él dio negativo”, cuenta.

El marido de José Luis decidió quedarse y apoyarle. Y entonces empezó la tormenta. El primer año de tratamiento estuvo repleto de idas al hospital, noches insomnes de diarrea y vómitos y altibajos emocionales propios de la enfermedad. “Él lo pasó peor que yo. Se veía impotente ante la situación”, recuerda José Luis.

El psicólogo José Manuel Guerrero trabaja con pacientes de VIH/Sida, un mal que registra cerca de 3.000 nuevos casos cada año en España, según el Ministerio de Sanidad. Él explica que los primeros meses después del diagnóstico son los más estresantes para las parejas, que se tienen que adaptar a una nueva rutina de pastillas, clínicas y análisis constantes. “Ellos están en la cuerda floja. No saben si el tratamiento va a funcionar, si la persona a la que quieren se morirá”, dice Guerrero.

Los profesionales que, como Guerrero, atienden a las parejas serodiscordantes se centran en los problemas emocionales de las parejas, una vez que los temas referentes a la vida sexual de esas personas están solucionados. Ellos se basan en el estudio Partner, presentado en 2014 en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas de Boston, que confirma la eficacia del tratamiento con pastillas antirretrovirales. En esa investigación, 767 parejas mantuvieron más de 58.000 relaciones sexuales con penetración sin usar preservativo y no se registró ningún caso de transmisión. La doctora Alison Rodger, investigadora principal del estudio, llegó a cifrar en cero la probabilidad de transmisión sexual del VIH en parejas serodiscordantes cuando la persona con VIH tiene carga viral indetectable.

“Si pueden tener una vida sexual sana, lo que esas personas necesitan es más información para bajar del umbral del miedo y poder tener una vida como cualquier otra pareja”, afirma Víctor Baceiredo, educador en salud en Adhara, un centro comunitario de VIH/Sida en Sevilla.

En la búsqueda de una vida amorosa “normal”, los cambios físicos, efectos secundarios del tratamiento, les juegan una mala pasada. El principal es la lipoatrofia, es decir, la pérdida anormal de grasa corporal, que se nota sobre todo en el rostro, brazos, piernas y nalgas. Pablo cuenta que le costó acostumbrarse a la imagen que veía reflejada el espejo. “No me reconocía en mi cuerpo”, dice.

José Manuel Guerrero explica que en el momento en que los pacientes empiezan a sentirse acomplejados, se les hace más difícil relacionarse afectivamente con alguien. Víctor Beceiro recomienda los grupos de apoyo para contornar la situación. “Es importante verbalizar y compartir esas inseguridades”, afirma. Es lo que hacen Juan Luis y su pareja, que le acompaña a cada nuevo examen o revisión en el hospital: “Hemos decidido que se nos enfrentamos juntos a la vida, todo va a ir bien”.

#hemeroteca #testimonios | Sebastián en la laguna

Imagen: Pikara
Sebastián en la laguna.
Con motivo del Día Internacional de Lucha contra el Sida, publicamos un fragmento de la última novela de nuestro colaborador José Luis Serrano, 'Sebastián en la laguna' (Egales, 2014).
José Luis Serrano | Pikara Magazine, 2016-12-01
http://www.pikaramagazine.com/2016/12/sebastian-en-la-laguna/

Es que el mundo es muy cruel, eso me dijo una mañana doña Juana, la socialista, muy cruel porque ¿qué han hecho estos pobres además de sufrir? Sufren porque vienen al mundo en una familia que no los entiende si es que no los odia. Aparecen, de repente, en un mundo extraño, como si un cuervo nace en un nido de palomas. No entienden nada porque lo que ellos sienten, en lo más profundo de su ser, es lo más despreciado por el resto, lo peor. Lo que les hace ser ellos mismos, antes que cualquier otra cosa, antes de saberse otra cosa, es un delito, es un pecado, es una enfermedad. Aun así, sobreviven a la infancia y llegan al colegio pensando que por fin respiran, que abandonan el océano y les han salido unas piernas y los pulmones se ensanchan con el aire puro y fresco, hasta que se dan cuenta (enseguida, quizá en las primeras horas) de que allí todo es mucho más cruel. Porque allí lo que querrían es matarlos. Aun así, después de muchos años, algunos culebrean en ese ambiente, los más listos, los más pragmáticos. Otros se enfrentan y salen airosos y se convierten en personas firmes y valientes. Otros (muchos, pero eso nunca se sabe porque nunca se dice) no lo soportan y se cuelgan de un árbol una tarde, ya casi a final de curso, o en Navidad. O se toman un bote de pastillas, o se cortan las venas torpemente. Los que salen se encuentran con el mundo real. Alguno incluso conocerá el amor, pero ese amor hasta hace poco era un amor oculto, desgraciado la mayoría de las veces, mirando siempre hacia ambos lados, y el amor, que ya de por sí es frágil cuando no hay ni visos de problemas, puede que se convierta en una pesadilla. Aun así, hay algunos que aman, o que aman a uno cada tarde, ¡qué más da! (Si me oyeran los del pueblo, y eso que yo solo he amado a uno, pero la verdad no importa, la verdad nunca importa, al menos en esta vida), y llegan a ser hasta felices. Puede que para ello hayan tenido que abandonar su casa, a sus amigos y a su familia, marcharse a una ciudad en la que no conocen a nadie a trabajar en puestos que no les corresponden porque han dejado pasar oportunidades (nada heredan, de nada se aprovechan). Aun así, irán de vez en cuando a sus casas por Navidad, y asistirán silenciosos a los comentarios que sus padres, hermanos y abuelos harán delante de la tele con los bailarines del programa de Nochevieja, prefiero un hijo muerto que un hijo maricón, y, aun así, los besarán en la cara tras las uvas y quién sabe si no acabarán acompañándolos al baño antes de dormir, quitándoles la ropa y ayudándoles a meterse en la cama. Pero la historia sigue, esto es como lo de las tortuguitas esas que corren desde un agujero en la playa hasta el mar, de esas tortuguitas me acuerdo siempre, a esas tortuguitas me recuerdan. Tadeo, por ejemplo, que ha llegado ansioso al mar y se ha ahogado en él. Triste destino, tristísimo destino porque el mundo es muy cruel. Porque eso es lo que te quiero contar, a eso es a lo que yo iba: si no había suficiente, si las hogueras no fueron suficientes, las torturas no fueron suficientes, los campos de concentración, los campos de trabajo o de reeducación no fueron suficientes, los insultos, los electroshock, los suicidios, las vidas destruidas, los matrimonios falsos, los hijos no queridos, las esposas y esposos postizos (destrozados también), entonces, cuando algunas tortuguitas, las más fuertes, las más listas, las más desvergonzadas, las más afortunadas, las elegidas, llegan al mar, cuando no llevan allí ni cinco minutos, entonces viene un tiburón y se las come. Porque no llevaban ni ¿diez años, quince años? bailando despreocupadamente felices por fin, lejos de sus casas y de sus amigos y de sus familias, pero libres al fin y entonces llega esto. Y sus cuerpos jóvenes, sus pálidas pieles, sus cabellos rubios, o morenos, rizados, sus músculos… todo desaparece, pero no de repente, no de golpe, no sin tiempo a pensar qué está pasando, sino despacio, delante de todos, pudriéndose porque sí, con el paladar sanguinolento, manchas rojas en la piel, oliendo a muerte (ellos, que tan bien olían siempre), con dolores en las articulaciones (ellos, que bailaban como nadie), con ausencias constantes (ellos, siempre brillantes en la respuesta, ágiles, espectacularmente ágiles), solos y abandonados, cogidos de la mano de alguna monja desconocida porque nadie les quiere ni tocar (ellos, que iban siempre rodeados de gente), haciéndose de todo encima (ellos que meaban sin salpicar porque les daba vergüenza), muriéndose a los treinta años (ellos, que habían sobrevivido a todo, que habían tenido las cuchillas tan cerca de la piel tantas veces, los botes de pastillas, la soga)… ¿un castigo de Dios a su vida depravada? ¡Pero si alguno de ellos no ha disfrutado ni de tres días de felicidad a lo largo de su vida, ni de tres días!

No sé por qué te cuento todo esto, eso decía Doña Juana la socialista, pero a alguien se lo tengo que contar. Mi pobre marido decía que alguien los iba a matar algún día, otra vez, como ya lo habían intentado tantas veces a lo largo de la historia. Pero es imposible acabar con ellos, es imposible exterminarlos porque son nuestros hijos, salen de nosotros, para acabar con ellos habría que acabar con nosotros. Lo que sí pueden hacer es amargarles la vida, eso quieren, pero ellos son listos, no todos, culebrean, se buscan la vida, y hasta son felices alguna noche en una discoteca de otro continente mientras un hombre los abraza y les besa el cuello, un hombre al que no entienden porque habla otro idioma, un hombre al que no volverán a ver, y se van con él a un callejón y hacen lo mismo que nosotros hacemos bajo bendición divina, lo mismito, y a los pocos días tienen fiebre, y en pocos meses diarrea, y adelgazan, y manchas en la piel, y vienen los herpes, la encefalitis, los tumores, la tuberculosis, lo que sea porque esa puta enfermedad (perdona, cariño, haz como si no me hubieras oído) lo que hace es exponerlos a todas las demás, a todas. Tan horrible es. Como si les quitáramos la piel y los colgáramos al sol. Expuestos, indefensos. Sin defensas, se quedan sin defensas. Hasta en la guerra se le permite al enemigo defenderse, nadie mata nunca a nadie indefenso (bueno, eso no es verdad, pero debería serlo), y ellos, pobres, así se quedan, solos, como siempre, e indefensos. Y una tarde se ven en una habitación de hospital, quizá lejos de sus casas (no Tadeo, en eso ha tenido suerte, porque su madre y la tuya son muy buenas, son buenas mujeres), y entra alguien a verlos, un desconocido, una monja (sí, una monja, a las que tantas veces se critica) les ha cogido la mano sin pensar en los peligros. Y se han agarrado a esa última mano, esa mano que quizá les hizo tremendamente infelices en su infancia cuando les habló de pecado, de infierno, de ignominias contra natura, pero seguramente no era la misma mano, seguro que esa mano que los agarra en el último momento los habría querido también de niños, hasta el infinito, no podemos juzgar a todos a la vez, es difícil, ya es difícil juzgar solo a una persona porque todos cambiamos en el tiempo, así que esa tarde se agarran a la mano de una monja que lleva un hábito blanco con una raya azul, un hábito feo y áspero, y ven el sol difuminado por la contaminación hundiéndose en el Hudson, o en el Sena, o en el Támesis, y oyen el murmullo de la monja que reza, y se retuercen con un espantoso dolor de estómago, o de espalda, y tienen los labios agrietados, y ven en el armario la camiseta blanca que llevaban en la discoteca ese último día en el que se tuvieron que volver a casa pronto porque se encontraban mal, febriles, sudorosos, con escalofríos…

Y ahora le pasa a Tadeo, aquí mismo, al lado. Nadie dice lo que es, pero todos leemos los periódicos, y lo que parece lejano (Estados Unidos, homosexuales, saunas, poppers), aquí lo vemos cercano porque Tadeo ha estado allí. Pero él sí ha sido feliz, por su madre supongo, por sus hermanos. Me consta, un día me habló de ello porque yo también le di clases como a ti, me habló de ello a la vuelta de su primer viaje, me dijo gracias, eso me dijo Tadeo, gracias, gracias por cosas que usted me dijo y de las que probablemente no era consciente, no sabía el bien que me estaba haciendo (pero yo sí lo sabía, como lo sé ahora). Allí soy feliz, aquí también lo sería, pero no puedo volver atrás, no ahora. Ahora tengo a alguien allí que es todo. Y ahora viene, y no sé (porque no habla) si su todo se quedó allí, si ya murió allí, si está allí mucho más solo que Tadeo, ni me imagino cómo fue la despedida, ese momento en el que uno entra en el hospital sabiendo que ya no saldrá porque ya lo han visto, ya han visto lo que ha pasado con otros amigos, y el otro coge un vuelo a Madrid sin decir nada a nadie por miedo a que no le dejen embarcar y en mitad del trayecto, en mitad del Atlántico, sufre un desmayo en el avión y cuando llega a Barajas ya está la ambulancia preparada. Y casi todo el mundo sabe lo que le pasa porque ya ha habido casos diagnosticados en España.

Todo eso me lo dijo ella, pero a lo mejor no me dijo exactamente eso y yo lo he aumentado con lo que he sabido después, por mi propia experiencia, por el efecto que produjo en mí la primera vez que supe de la muerte de un amigo en el hospital mientras su novio le lanzaba besos desde la calle porque no le dejaron entrar. Besos que quedaban sin respuesta porque las ventanas no dejaban ver el interior y así quedó, en la calle, lanzando besos y besos hasta horas después del fallecimiento, hasta que alguien se lo dijo y se lo llevó a casa.

#hemeroteca #vih #testimonios | Pepe Espaliú, el artista que rompió el tabú del sida en España

Imagen: El País / Pepe Espaliú, 'Carrying' en Donostia, 1992-09-26
Pepe Espaliú, el artista que rompió el tabú del sida en España.
El IVAM dedica una muestra al creador que reconoció su enfermedad y su homosexualidad en un artículo en El País y protagonizó una conmovedora acción en 1992.
Ferran Bono | El País, 2016-12-01
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/11/30/actualidad/1480537604_637486.html

Iba descalzo, sin tocar la tierra, de los brazos de unos a los brazos de otros. Como en el juego infantil de la sillita de la reina. Pero la acción de Pepe Espaliú tenía poco de inocente. Sus pies descalzos eran el símbolo de la exclusión y del desprecio social. Padecer el sida a principios de los noventa en España te convertía en un apestado. La enfermedad se ocultaba, se marginaba, se estigmatizaba hasta extremos que hoy tal vez resulten difíciles de creer a los más jóvenes.

Fue entonces, el 1 de diciembre de 1992, cuando Pepe Espaliú (Córdoba, 1955-1993) publicó un valiente y estremecedor artículo en El País, titulado ‘Retrato del artista desahuciado’, en el que manifestaba haber contraído el sida y ser homosexual. Ese mismo día repitió en Madrid su acción ‘Carrying’, y fue portado por parejas desde el Congreso de Diputados al Museo Reina Sofía, por numerosos voluntarios, entre ellos Carmen Romero, a la sazón esposa del presidente del Gobierno Felipe González, el cineasta Pedro Almodóvar o la actriz Marisa Paredes. Tres meses antes la había hecho en San Sebastián con amigos y activistas de la lucha contra el sida.

“Fue su acción más conocida, más reivindicativa, pero no dejaba también de contener la carga metafórica y simbólica de toda su obra, alejada del panfleto e insertada en su poética de la soledad y del dolor”, explica José Miguel G. Cortés, director del IVAM, museo que este jueves (día internacional de la lucha contra el sida) inaugura una exposición dedicada a este creador que escribió en aquel artículo: “El sida es ese pozo por donde hoy escalo ladrillo a ladrillo, tiznando mi cuerpo al tocar sus negras paredes, ahogándome en su aire denso y húmedo… Y, sin embargo, es este sórdido túnel el que de forma súbita y violenta me ha hecho volver a la superficie (…)”. En la mitología personal de Espaliú convivían desde lo más abyecto, influido por la literatura de Jean Genet, hasta lo más excelso, fruto de su admiración por la poesía mística de san Juan de la Cruz.

¿Y por qué ahora Espaliú, tras las dos importantes exposiciones de 1994 (en el pabellón Mudéjar de Sevilla) y 2003 (en el Reina Sofía)? “Porque es un referente del artista que retoma la frase del movimiento feminista de los 70 de que lo personal es política para desarrollar una obra muy interesante que cuestiona la ideología social y política huyendo de las visiones lineales y propagandísticas. Por eso merece la pena recordarla y descubrirla para aquellos que la desconocen”, agrega Cortés, comisario de la muestra que se podrá ver hasta el 26 de marzo.

Las esculturas de las jaulas que no llegan a cerrarse y con las que finaliza el recorrido expositivo conforman una de las salas más impactantes. También la de los carruajes, en la que el artista remite a los tiempos en que los nobles se hacían llevar en estos bellos artefactos escultóricos, sin entrar en contacto con la plebe, solo que ahora es el creador, el enfermo, el que lo ocupa, como si se tratara de una tumba móvil.

Las máscaras y los caparazones vacíos, que pintó y esculpió, también se inscriben en la temática de la muerte, el sexo, el arte como terapia y la identidad torturada que recorre la exposición. El preámbulo apunta por dónde van los tiros, al mostrar algunas obras de artistas que influyeron sobre él, como Joan Brossa, Louise Bourgeois, Cristino de Vera, Gina Pane o Robert Mapplethorpe.

En total, se exhiben unos 75 trabajos procedentes de los fondos del IVAM pero también de otras entidades, como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla, el Centro de Arte Pepe Espaliú, fundaciones Coca Cola, la Caixa y Caja Mediterráneo, Galería Pepe Cobo y colecciones particulares.

Una exposición, ‘Círculo íntimo: el mundo de Pepe Espaliú’, que viene hoy a evocar, 23 años después de su muerte, a un genuino creador que dejó su legado en obras de arte y también en escritos. Así concluía aquel artículo en El País: (...) Quizá esta vez, y me es indiferente si se trata de la última, mi hacer como artista tiene un sentido pleno, una absoluta unión con un límite existencial que siempre rondé sin conocerlo del todo, bailando con él sin llegar a abrazarlo. Hoy sé cuál es la verdadera dimensión de ese límite. Hoy he dejado de imaginármelo. Hoy soy ese límite".

Y TAMBIÉN…
El artista que hizo visible el sida en España.
Pepe Espaliú fue el primero en admitir públicamente que padecía la enfermedad.
El País, 2016-12-01
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/01/actualidad/1480614905_727721.html

#hemeroteca #vih | Día mundial del Sida: Mejorar la prevención para controlar la epidemia

Imagen: ONUSIDA / Campaña 1D
Día mundial del Sida: Mejorar la prevención para controlar la epidemia.
Casi dos millones de nuevas infecciones anuales a nivel mundial -más de 3.400 de ellas en España- evidencian un estancamiento de la efectividad de las medidas y campañas de prevención.
Francesc Martínez | gTt-VIH · Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH, 2016-12-01
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/01-12-16

En los últimos tiempos, el descenso de las nuevas infecciones por VIH a nivel mundial se ha estancado. Así, durante los últimos 5 años se ha producido una incidencia anual de 1,9 millones de nuevas de infecciones y en determinadas áreas geográficas la incidencia va en aumento.

ONUSIDA, a la luz de estos datos, manifiesta su preocupación dado lo lejos que estos datos ponen a la epidemia del objetivo ‘fast-track’ (vía rápida), que la misma organización planteó dos años atrás y que contempla que en el año 2030 el 95% de las personas con VIH estén diagnosticadas, el 95% de las diagnosticadas estén en tratamiento, el 95% de las personas en tratamiento tengan carga viral indetectable y no tengan lugar más de 200.000 nuevas infecciones durante ese año –lo cual haría que la epidemia del VIH dejara de ser una amenaza global-. Para alcanzar dicho objetivo, una meta previa es que en el año 2020 los tres porcentajes descritos anteriormente sean del 90% y que el número de infecciones anuales no pase de 500.000 (es decir, una cuarta parte de las registradas anualmente durante los últimos 5 años).

Por ello, la campaña “Hands up for #HIVprevention” de ONUSIDA para el Día Mundial del Sida de 2016 se centra en explorar los diversos aspectos clave en la prevención del VIH tales como tener una especial atención por mujeres adolescentes o adultas jóvenes; hombres gais y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH) y personas en exclusión social.

A través de fotografías con frases cortas sobre prevención escritas en la palma de la mano de las personas fotografiadas, la campaña pretende enumerar todas aquellas intervenciones en prevención capaces de cambiar la dinámica actual y acercarse al objetivo del año 2030 (y a la meta del año 2020). Así, la promoción del uso del preservativo; el empoderamiento e inclusión de grupos poblacionales vulnerables; la extensión del uso de la profilaxis preexposición (PrEP) y la eliminación de las barreras de género serían algunos de los principales mensajes de la campaña.

En el ámbito español, la Coordinadora estatal de VIH y sida (CESIDA) hace hincapié en la Declaración de París –a través de la cual se promueve que las ciudades lideren la consecución objetivo fast-track antes descrito- y la necesidad de un Pacto de estado contra el VIH, el sida, el estigma y la discriminación. Dicho pacto de estado cobra más importancia tras la publicación del informe de Vigilancia epidemiológica del VIH y el sida en España, publicado ayer por parte del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en el que se informa sobre un total de 3.428 nuevos casos de infección por VIH notificados en España en 2015. Dicha cifra podría ser aún mayor tras la corrección de los datos con los retrasos en notificación que se llevará a cabo en la próxima edición del informe (en el caso de 2014, por ejemplo, los casos notificados pasaron de 3.322 a 4.139 tras dicha corrección).

En Cataluña, bajo el lema “Estigma o Estima, Tú decides” el ‘Comitè 1r de Desembre’ (Plataforma Unitaria de ONG Sida de Cataluña) reivindica el derecho a la estima, como valor indispensable de lucha contra el miedo, la intolerancia y la aversión frente al virus y a las personas que conviven con él, por el simple hecho de ser seropositivas. Se trata de actitudes que acaban repercutiendo de forma muy negativa tanto para las personas con VIH como para la prevención de su transmisión.

Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Comunicado de prensa de ONUSIDA 01/12/2016.

Área de Vigilancia de VIH y Comportamientos de Riesgo. Vigilancia Epidemiológica del VIH y sida en España: Sistema de Información sobre Nuevos Diagnósticos de VIH y Registro Nacional de Casos de Sida. Plan Nacional sobre el Sida - S.G. de Promoción de la Salud y Epidemiología / Centro Nacional de Epidemiología - ISCIII. Madrid; Nov 2016.