viernes, 27 de febrero de 2015

#hemeroteca #libros | Esta gente entiende de libros

Imagen: El Diario
Esta gente entiende de libros
Lacalle es la primera editorial andaluza especializada en temas LGTB. Su catálogo abarca de la novela al ensayo pasando por la biografía y el cómic. En menos de un año, ya disponen de casi una veintena de títulos.
Miguel A. Parra Anguita | El Diario, 2015-02-27
http://www.eldiario.es/andalucia/gente-entiende-libros_0_361163882.html

"Las mejores historias están en Lacalle". Ésta es la máxima de la primera editorial andaluza especializada en temas LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales). Con sede en Antequera (Málaga), la editorial Lacalle se presentó en sociedad el pasado junio durante la Semana Cultural del Orgullo Gay de Madrid. En tan sólo unos meses, ya disponen de un amplio catálogo de casi una veintena de títulos que abarcan distintos géneros: desde la novela gay y lésbica al cómic, el ensayo, la biografía o la antología cinematográfica. Sus libros se pueden encontrar en librerías especializadas de toda España y se pueden solicitar en cualquier librería generalista. También se pueden adquirir por internet a través de su página web (www.editoriallacalle.com) o a través de Amazon, La casa del libro, iTunes o Google Books.

Ismael Gálvez e Inmaculada Pavía son los rostros visibles de esta aventura empresarial que nace en el seno de otra editorial. Ellos dos, junto a otros compañeros de IC Editorial, dedicada a la formación y capacitación profesional, detectaron un vacío en el mercado, una necesidad no cubierta. “Pretendemos dar visibilidad a este tipo de literatura. Creemos que una librería debe tener espacio para todos, y los libros de temática LGTB han estado históricamente relegados a un segundo plano. El lector LGTB demandaba cosas que no encontraba en Andalucía y que sí están en Madrid y Barcelona”, asegura Inmaculada, que define la editorial como “un proyecto de contenido literario de calidad, hecho desde Andalucía para todo el país”.

“Predestinadas”, de Verónica Gálvez; “¿Entiendes de cine?”, del Colectivo 0.40; o “El desierto de Aena”, de Elisabeth Larchey, son algunos de los primeros títulos lanzados por la Editorial Lacalle, que también ha publicado el ensayo “Identidad. Represión hacia los homosexuales en el franquismo”, de Lucas Jurado, o la biografía de la activista transexual Mar Cambrollé, firmada por el periodista Francisco Artacho.

A pesar de su corta vida, a la oficina de Lacalle llegan numerosos textos, de autores andaluces y de fuera de Andalucía: “A algunos de los autores les hemos hecho una propuesta por el interés que despertaron en nosotros por su recorrido literario”, afirma Inmaculada Pavía. Los textos recibidos son valorados por un comité editorial formado por Gálvez, Pavía y otros dos trabajadores de la editorial, Antonio García y Carmen García.

En la Editorial Lacalle han tenido un otoño y un invierno moviditos, llenos de presentaciones. Ismael Gálvez destaca sus últimos lanzamientos: “Cómo caerse delante de tres millones de personas y levantarse”, de Álvaro Vargas, ex concursante de Gran Hermano; y “Mucho más que dos”, de la psicóloga Marián Frías y el coaching Alberto Rodrigo.

La editorial realiza además otras actividades, “siempre en torno a la literatura”: charlas de sus autores, encuentros con los lectores, actividades del sector cultural… “Hacemos actividades que sean lo más visibles posible y que aporten al mundo LGTB y al mundo cultural”. Obviamente, el movimiento LGTB ha visto con muy buenos ojos el nacimiento de esta editorial y, de momento, no han encontrado resistencias destacables en el sector del libro.

En los próximos meses, planean expandirse hacia Latinoamérica. De hecho, participaron en la última Feria del Libro de Guadalajara (México), en diciembre; y están en negociaciones para que sus libros estén disponibles en países como México y Colombia.

jueves, 26 de febrero de 2015

#hemeroteca #machismo | El estado machista de la nación

El estado machista de la nación
Rosa Paz | El Diario, 2015-02-26

http://www.eldiario.es/zonacritica/machista-nacion_6_360873935.html

La cantidad de información que ha generado el debate del estado de la nación ha tapado una noticia que muestra un aspecto de la realidad española que no movió a la discusión ni sacó de sus casillas al presidente del Gobierno, aunque su solo conocimiento cause irritación y repugnancia. No se ha hablado mucho de ello porque, como ocurrió en un campo de fútbol, los medios de comunicación han relegado su relato a las páginas de deportes.

Pero ¿qué tiene que ver con el deporte que un grupo de aficionados jalearan a un futbolista acusado por la Fiscalía de cuatro delitos de maltrato y uno de amenazas a su exnovia? ¿Qué tiene que ver con el fútbol que esa panda de seguidores del Betis gritará “Rubén Castro, alé, Rubén Castro, alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”? Aunque ocurriera en las gradas del Benito Villamarín, ¿una noticia como esa no merecía un tratamiento en las páginas de política? ¿No merecía una mención en el Parlamento en las larguísimas horas de debate? ¿No exigía la actuación de oficio no solo de la Comisión Antiviolencia en el deporte, sino también de la Fiscalía?

Porque lo que pasó en el campo del Betis es un reflejo de la realidad de tantos varones españoles que justifican –y, por tanto, apoyan– el maltrato a las mujeres o callan cuando otros lo defienden y, con su silencio, asienten y contribuyen también a perpetuarlo. Algo estamos haciendo mal cuando en España, que tiene una ley integral contra la violencia de género de las más avanzadas, se pueden producir hechos como los relatados sin que las miles de personas que rodean a quienes los hacen acallen inmediatamente esos gritos y denuncien a quienes los profieren.

Algo se está haciendo mal cuando hay tantos hombres que piensan que cuando hay agresiones contra las mujeres es porque ellas se lo merecen. Y no solo varones de edad avanzada, esos que fueron educados en una sociedad machista, represiva y desigual. No. Un 30% de los jóvenes de entre 12 y 24 años piensan de ese modo y creen, además, que es un asunto doméstico que debe quedar encerrado en el cofre de los secretos familiares. Los datos son del estudio “Jóvenes y género. El estado de la cuestión”, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, que se conoció este mismo mes.

No se avanza lo suficiente en la igualdad entre hombres y mujeres. Siguen imperando estereotipos que hay que eliminar. Esos que proclaman que está bien que los hombres sean promiscuos –machos Alfa– pero, si lo son las mujeres, es que son putas. O esos de que las mujeres tienen que ocuparse de las cosas de casa, de los hijos y de los padres ancianos, que los varones pueden seguir con su vida profesional cuando procrean, pero las hembras tienen que sacrificar sus carreras para atender a sus criaturas. O aquellos, que parecen tan antiguos, de que las mujeres tienen que hacer lo que les digan sus maridos o sus padres, que no tienen derecho ni capacidad para decidir por sí mismas.

Y de esos patrones de conducta, estos resultados. Al 33% de los jóvenes de 15 a 29 años les parece inevitable o aceptable controlar los horarios de sus parejas, impedir que vean a sus familias o amistades, no permitirles que estudien o trabajen o decirles qué pueden y qué no pueden hacer. El 32% de las chicas toleran estas actitudes de sus parejas y a lo mejor hasta lo consideran una prueba de amor. Los datos son de un estudio del CIS realizado por encargo del Ministerio de Sanidad para conocer cómo perciben la violencia de género los adolescentes y los jóvenes. Para hacérnoslo mirar.

DOCUMENTACIÓN
Valientes y putas
Eduardo Rodrigálvarez | Mujeres, El País, 2015-02-24

http://blogs.elpais.com/mujeres/2015/02/canticos-por-la-violencia-machista.html
Clamor contra la violencia machista de ultras del Betis
El Mundo, 2015-02-24

http://www.elmundo.es/deportes/2015/02/24/54ec5397ca47410a578b4578.html

miércoles, 25 de febrero de 2015

#hemeroteca #teatro #trans | ‘Limbo’, una experiencia teatral inteligente sobre la vivencia trans*

‘Limbo’, una experiencia teatral inteligente sobre la vivencia trans*
Con pocos medios y combinando música en directo, voz, piano, danza contemporánea y una esmerada actuación, esta obra dirigida por Míriam Escurriola provoca una tormenta interior para cuestionar cómo nos sentimos hacia las normas y el control de género.
Lucas Platero | Pikara Magazine, 2015-02-25
http://www.pikaramagazine.com/2015/02/limbo-una-experiencia-teatral-inteligente-sobre-la-vivencia-trans/

Cuatro personas, un piano.

Un tema lleno de ideas erróneas.

Una apuesta teatral honesta y fidedigna que aborda de manera arriesgada las vivencias trans*. Se llama ‘Limbo’ y me muero de ganas de hablar de ella. Con gran economía de medios, en una experiencia total en la que se combina la música en directo, voz y piano, danza contemporánea y una esmerada actuación, sumada a una producción visual sin sonido pero tremendamente elocuente. Para describirla me surgía la idea de espectáculo total, que ya exploraba el compositor Richard Wagner cuando hablaba de “obra de arte total” (Gesamtkunstwerk, en alemán) para referirse precisamente a una obra que integraba música, teatro y artes visuales.

Asesoradas por activistas trans* como Pol Galofre y Miquel Missé y dirigidas por Míriam Escurriola, las intérpretes Mariona Castillo, Tatiana Monells, Ariadna Peya y Clara Peya consiguen enfrentar al público a las experiencias complejas de un chico trans* que se debate con las normas que organizan nuestra sociedad en hombres y mujeres. Es la “policía del género”, representada como un control policial en la aduana de un aeropuerto, la que vigila que cada persona encaje en las normas delimitadas para cada sexo. Una escena que plantea al público si esta situación de control es exclusiva de las personas trans*, para probablemente descubrir que este escrutinio es generalizado, si bien se ceba en aquellas personas que están en los márgenes. En un juego de desdobles y espejos figurados, asistidos por la acrobacia, sirviéndose también de un lenguaje musical cuidado, se presenta el diálogo interno de una persona cuya identidad le enfrenta a las normas sociales.

No quiero destripar toda la obra, sino reseñar la importancia de la representación inteligente de las vivencias trans*, que huye de los estereotipos y las ideas manidas, invitando al espectador, de manera activa, a cuestionar qué sabe y qué siente sobre las normas de género, las personas trans* o el control social.

La danza te ayuda a ver y entender cómo encarnamos una gestualidad y uso del espacio determinado por el género asignado, jugando con un lenguaje corporal estereotipado, desde los movimientos femeninos y sensuales de Beyoncé, hasta los toscos gestos de un jugador de fútbol o un rapero. A veces el arte consigue explicar de manera muy directa y encarnada conceptos que usando palabras pueden ser más complejos. Son precisamente las capas múltiples de estimulación, danza, teatro, canto, interpretación, videoarte, música en directo, las que consiguen envolver al público para producir una reflexión que no radica sólo en lo intelectual sino que consigue el entendimiento a través de la sensación corporal. Es casi como si te tocaran desde dentro. Nos ayuda a pensar en cómo interiorizamos acríticamente ciertas normas que nos aprisionan, donde cada persona ha de luchar por buscar un lugar que habitar, haciendo posible un cuerpo, una identidad y forjar una vida posible frente a demandas a menudo imposibles de alcanzar.

Tengo que decir que ‘Limbo’ me emocionó, y que las personas que estábamos en la sala salimos con una sensación de tormenta interior. Todas y cada una de sus intérpretes consiguen hacer de esta experiencia un lugar de cuestionamiento, tengas o no una educación musical o teatral. Esta producción extraordinaria y efímera aborda la transexualidad y las normas de género, pero excede estos límites, para apelar a cuestiones inherentes a la experiencia vital de todas las personas.

#hemeroteca #libros | Aprende a cocinar con los ositos

Aprende a cocinar con los ositos
Mikel López Iturriaga | El Comidista, El País, 2015-02-25

http://blogs.elpais.com/el-comidista/2015/02/aprende-a-cocinar-con-los-ositos.html

La sola idea de un libro de cocina dirigido a personas con una determinada orientación sexual da un poco de grimilla: ¿no es una monumental bobada que gays, bisexuales o bicuriosos guisen diferente que los heteros? Los recetarios publicados en el pasado en esa dirección confirman la absurdez de tal temática: aunque el rollo “camp” de “The gay cookbook”, publicado en los sesenta en EEUU, pueda tener su gracia, intentos más modernos como el megacursi “Cocina para gays” daban ganas de volver al armario por pura vergüenza, cuando no de someterse a electroshocks para borrar de ti cualquier posible rastro de homosexualidad.

Por eso conviene aclarar desde el principio que “Cooking with the bears” no es un libro de cocina “para” osos, sino de recetas hechas por osos. La comida es una excusa para entrar en la intimidad de algunos miembros de esta subcultura gay, que se caracteriza por su rechazo a los códigos estéticos del hombre homosexual musculado, depilado y vestido de Dolce&Gabbana. Los ositos son peludos, barbudos, gordezuelos y mullidos; el cliché dicta que lleven vaqueros y camisas de leñador, aunque su facción más “leatherona” no haga ascos al cuero. En cuanto a sus hábitos alimentarios, por sus lorcillas podemos presumir que no andan comiendo lechuga ni van contando las calorías como los adictos al gimnasio con los que comparten preferencia sexual.

El autor del libro, el fotógrafo italiano Angelo Sindaco, quiso entrar en el universo osuno por la cocina. "La idea me vino a la cabeza hace dos años", cuenta a El Comidista. "Quería explorar un mundo que es casi desconocido, sobre todo entre el público heterosexual, usando una clave universal: la comida. Lo que hice fue dar una gran patada en los huevos a la aséptica idea de los libros donde encuentras chefs superestrella o mujeres que reflejan el estereotipo de los años cincuenta de las amas de casa".

En “Cooking with the bears”, osos solitarios o en pareja comparten recetas caseras muy basadas en la tradición italiana, como la lasaña siciliana, los bucatini a la amatriciana o los tagliatelle a la boloñesa. También hay apetecibles variantes de clásicos como la "caponata alternativa", más los previsibles postres contundentes como el "cielo de mascarpone" o el “Guinness cake”. "Viajamos por toda Italia, y estuvimos en las cocinas más bonitas y más horribles que puedas imaginar", recuerda Sindaco, "pero la comida siempre fue de primera". De una forma un tanto irónica, pues no estamos precisamente ante un libro de ensaladitas, el subtítulo anuncia "recetas saludables por hombres peludos". "En Italia decimos que lo que no mata, engorda. Eso significa que mientras lo disfrutes, está bien. Y por cierto, ¡la pasta es muy sana!".

La carga erótica de la obra es evidente desde su portada. En las fotos no faltan las carnes desnudas, las poses provocativas y los evidentes guiños al sexo, pero siempre desde una perspectiva humorística. "Es más que nada un libro provocador. Hay gente que se escandaliza: '¿parejas gays peludas cocinando juntas? ¿ESTÁS LOCO?'. Ése era el objetivo. Otros lo encuentran erótico, bien por ellos. Andrea Signori, uno de mis mejores amigos, fue una gran ayuda para enfocar el proyecto. Pasamos meses -y largas cenas- discutiendo cómo desarrollarlo sin caer en los estereotipos eróticos gays. Es curioso que muchas mujeres estén comprando el libro en todo el mundo y apoyándolo con entusiasmo".

El estilo fotográfico de “Cocinando con los osos” dista mucho de las sobreproducidas puestas en escena habituales en los libros de cocina. Sindaco lo relaciona con el punk, y no le falta razón: las vajillas cuquis, los mantelitos de cuadros y las cocinas de casa en la Provenza dejan paso a escenarios mucho más crudos, menos amables y hasta podríamos decir que guarrillos, pero definitivamente más vivos y reales. En este sentido, el fotógrafo se niega a retocar sus imágenes, que son "100% sin photoshop". "Lo hago porque soy una mierda retocando. Si la foto no es buena, ya habrá suerte la próxima vez. Y definitivamente no soporto a los tíos que me dan la tabarra con el rollo 'película versus digital'. Yo uso cualquier cámara en cualquier condición, incluso mi teléfono cutre. Prefiero preocuparme del proceso creativo".

Más allá del sexo y la comida, lo que hace verdaderamente especial a “Cooking with the bears” es que cuenta historias humanas como la de Enzo, empleado en una cadena de fast food y coleccionista de Barbies; Ilario, jugador de rugby y cocinero oficial de su familia, o Mauro, conductor de ambulancias y modisto vocacional. Personas que han aceptado sus cuerpos como son y se han atrevido a rechazar los modelos de belleza imperantes. Como dice Angelo Sindaco, "gente increíble de una u otra forma".

ENLACES
Angelo Sindaco | Cooking with the bears

http://www.angelosindaco.com/cooking-with-the-bears/
Drago | Cooking with the bears
https://www.dragolab.com/en/shop/cooking-with-the-bears/

martes, 24 de febrero de 2015

#articulos #arte | La realidad me puede chupar la polla, querido

La realidad me puede chupar la polla, querido / Miguel A. López
El Museo Travesti del Perú y las historias que merecemos. In Memoriam Giuseppe Campuzano (1969 - 2013)
En: Atlántica : revista de arte y pensamiento, n. 55 (2015-02-24) 
/ ES / Artículos / Open Access
/  Arte / Filosofía / Giuseppe Campuzano / Mariconeo / Mestizaje / Museo Travesti / Performatividad / Perú / Teoría Queer / Travestismo 
TEXTO COMPLETO | CAAM · Atlántida
http://www.revistaatlantica.com/es/sumario_int.php?n=21&ed=55

Hace una década la filosofa y drag queen peruano Giuseppe Campuzano creó el Museo Travesti del Perú. Este museo, fundado en 2004, es un intento de contra-lectura marica y pensamiento interseccional promiscuo de la historia, que recolecta objetos, imágenes, textos y documentos, recortes de prensa y obras apropiadas, para realizar acciones, montajes y publicaciones que fracturan los modelos dominantes de producción de saber sobre el cuerpo. El proyecto, a medio camino entre la performance y la investigación histórica, propone una revisión crítica de la llamada “Historia del Perú” desde la perspectiva estratégica de una figura ficticia que Campuzano denomina el “andrógino indígena / travesti mestizo”. Uno de los logros de este museo ha sido colocar en el ámbito público narrativas corrosivas del transgénero que imaginan nuevos modelos de comunidad, descompletando los mitos fundacionales y las fantasías ideológicas que se esconden bajo la consigna de la nación o del Estado. [1]

La primera aparición de este museo fue como intervención en el Museo de Sitio de la Batalla de Miraflores, una de las galerías municipales en Lima que conmemoran la Guerra del Pacífico entre Perú, Chile y Bolivia a fines del Siglo XIX. El título de aquella intervención, Certamen: El Otro Sitio, era un juego de palabras que aludía, por un lado, al combate militar, y por otro, al concurso de belleza. La intervención se realizó en dos pequeñas salas del Museo de Sitio –usadas habitualmente para exhibir arte contemporáneo– pero también ocupó las galerías de la exposición permanente donde se presentaba de forma didáctica los acontecimientos de la guerra. En todos estos espacios el Museo Travesti desplegó fotocopias, fotografías, artesanías y objetos de distintos campos del travestismo para colocar los emblemas patriarcales del heroísmo nacionalista confrontado con esas otras verdaderas heroicidades minoritarias de cuerpos sexo-disidentes que tienen que hacer frente al orden social normativo para seguir viviendo.

Poco después el Museo Travesti se trasladó a las calles de Lima convertido en un pequeño quiosco rosa que exhibía imágenes y documentos históricos de la cultura travesti a través de banners, impresiones baratas e fotografías en papel. Ubicado en la entrada del Parque de la Exposición –donde se encuentra también el Museo de Arte de Lima, la principal institución de arte en Perú– esta aparición en el espacio público era un anuncio de la condición nómade, parásita y efímera del proyecto que a partir de entonces empezaría a ocupar distintos lugares como plazas, ferias, mercados o universidades. Este museo portátil no buscaba ‘representar’ a las minorías e integrarlas a los discursos dominantes de progreso y felicidad; se trataba, en cambio, de un dispositivo que ponía en evidencia el carácter teatral de toda historia y desafiaba el lugar privilegiado de la subjetividad heterosexual en todas las narraciones históricas. Pero esa condición ‘ambulante’ aludía además a otros tránsitos y movimientos: el desplazamiento de las masas populares en ida y vuelta entre las provincias y la capital, y formas distintas de migración de personas cuya vida se encuentra permanentemente en los márgenes: los seropositivos, los sin-papeles, los intersex.

Los materiales que el Museo Travesti coloca en la mirada pública no reivindican ningún tipo de identidad fija o establecida. Campuzano y todas las operaciones del museo señalan una desconfianza profunda frente a la imágenes que se erigen como representantes sociales, incitando en cambio a traicionar sus significados y subvertir sus usos en el ámbito público. Su trabajo parodia la rigidez y los bordes claramente definidos del género, advirtiendo como estas desobediencias sexuales y representaciones desnormalizadas son capaces de intervenir en las dinámicas sociales que modelan la subjetividad. En ese sentido, el Museo Travesti puede ser pensado como un gran archivo de prácticas performativas que desafían el lugar del análisis tradicional de la opresión al tomar al cuerpo trans como locus de sus enunciados –un cuerpo falso, prostético, “cuya naturaleza es la incertidumbre”. [2] No hay más verdad en estos signos que sus procesos de mutación y desidentificación, donde un cuerpo puede devenir otro. No hay más realidad que sus fraudes y desplazamientos. Una nueva, más fabulosa y gozosa verdad emerge del propio artificio.

Cartografías blandas
Entre muchas otras, el Museo Travesti nos enfrenta con dos preguntas centrales: ¿Cómo escribir la historia de sujetos que han sido continuamente borrados de la historia? ¿Qué tipo de conocimientos producen los cuerpos de minorías sexuales que aún hoy resultan ininteligibles para los modos dominantes de construcción de relatos? Al pensar los cuerpos sexuales no normativos estamos frente a un conjunto de cuerpos donde el despojo de su condición humana ha persistido históricamente no a través del registro y la vigilancia, sino por medio del silencio y el borramiento general de sus huellas en los padrones oficiales –cuando las pocas huellas existentes no han sido simplemente utilizadas para patologizar, excluir o normalizar la diferencia. Si la desaparición de estos cuerpos ha sido una característica en la formación de los archivos clásicos y las historiografías tradicionales, la tarea de concebir cartografías transfeminisas y torcidas exige una aproximación que rechace las identificaciones y que apueste por (re)inventar aquellas historias que no existen a través de cuerpos reinventados e identidades por venir. [3]

Precisamente por encontrarse los cuerpos sexo-disidentes en esta área de casi ilegalidad simbólica, los mapas y cartografías tradicionales corren el riesgo de funcionar como ‘actas de vigilancia’ las cuales en su voluntad de registrar y visibilizar las ‘minorías’ pueden terminar funcionando como dispositivos de control y disciplinamiento social. Esta paradoja exige repensar las estrategias y metodologías empleadas al momento de ‘historizar’ el espectro divergente de morfologías sexuales, y más aún, considerando como aproximarse a prácticas sociales que son aún hoy consideradas clandestinas (el trabajo sexual, la pornografía…), y para las cuales las formas convencionales de registro ponen en riesgo su existencia. [4] En ese sentido, el Museo Travesti sugiere hipótesis alternativas sobre cómo imaginar ‘cartografías críticas’ a través de la ficción que no reincidan en la taxonomía dominante de la identificación y reconocimiento sexual, y que en cambio permitan visualizar mapas sobre cómo se produce la subjetividad y como se pueden alterar la significación histórica de los cuerpos.

Es allí donde las lecturas transversales que el Museo Travesti realiza resultan poderosas herramientas de subversión de la espacio-temporalidad heterosexual: por ejemplo la micro-cartografía a partir del concepto ‘pluma’, la cual conecta el gran vestido imperial de Manco Cápac (el primer líder del Imperio Inca) con las pinturas coloniales de la Escuela Cusqueña de la América virreinal del siglo XVIII que se apropian de la iconografía católica colonial para representar guerreros alados con ropajes glamorosos, y con los trajes de las vedettes y drag queen contemporáneas. O el grupo de imágenes que Campuzano denomina ‘mestizaje’, donde teje representaciones que dan cuenta de migraciones étnicas y sexuales, como las tapadas limeñas del siglo XIX –presencias ambivalentes y por ello mismo subversivas para la identificación de género–, un cantante travesti de una ópera china presentada en 1870 en Lima, o las imágenes de negros maricones representadas por los acuarelistas de las expediciones de la Comisión Científica del Pacífico en el siglo XIX.

Y es allí también donde reside la importancia de la figura del museo. En un momento donde el mercado ha convertido las identidades sexuales en productos de consumo, y en donde los museos parecen apartados de cualquier agenda de reflexión en torno a las políticas sexuales, la fundación del Museo Travesti del Perú es una oportunidad para redefinir el papel político del museo y responder a una narrativa histórica erigida sobre los borramientos de la disidencia sexual. Su aparición es una perforación deliberada del aparato museal –que es también un aparato sexual– en tiempos donde el pragmatismo neoliberal de las economías transnacionales y el marketing corporativo de las máquinas culturales han establecido ya un patrón hegemónico de museo. Montar un Museo Travesti parece decir, por un lado, que el sujeto político ha cambiado, que las luchas históricas de las ‘mujeres’ y el feminismo hoy se quedan cortas al intentar pensar todos nuestros cuerpos insurrectos y mutantes, las putas, lxs intersex, lxs trans… Y por otro lado, significa decir explícitamente que el museo no es una técnica neutra de representación sino un dispositivo político que sanciona la mirada, controla el placer y produce identidades sexuales en el ámbito público.

A través de la apropiación del dispositivo ‘museo’ y sus cartografías torcidas el Museo Travesti colabora en desnaturalizar el falso encadenamiento de una historia heteronormativa, invocando una nueva coalición de monstruos, vírgenes post-porno, andróginos nativos e indígenas trans-andinos, todos los cuales cuestionan la construcción occidental moderno-colonial de la sexualidad y ofrecen otras posibilidades desde donde resistir y actuar. Una alianza que no responde ya a las demandas de identidad y de moralidad heterosexual sino que celebra e inspira una solidaridad del cuerpo desviado.

Posporno mariano
Campuzano ha observado también las formas de religiosidad local, poniendo en tensión la sacralidad de ciertas representaciones a través de montajes y performances que hurgan y actualizan las devociones andróginas y las adoraciones maricas no autorizadas: “de la ritualidad del andrógino indígena a la fiesta patronal y la travesti mestiza católica (…) hasta una ritualidad postindustrial como consumo y acceso social. Transformando los tópicos espiritual y psiquiátrico de unicidad (la multiplicidad de idolatrías indígenas y apariciones marianas), y de pobreza (la Virgen como el travesti por excelencia con su ajuar magnífico y sus apariciones performativas). [5] Es el propio Campuzano quien en más de una ocasión ha escenificado a través de performances el repertorio católico. Por ejemplo, en 2007, travestido como Virgen de las Guacas (Virgen Dolorosa) en el acantilado de una playa en la ciudad de Lima. Campuzano aparece inmóvil –una ‘inacción’ como él llama– e induce a una serie de “peregrinajes truncos por parte de aquellos transeúntes que, imaginando ver una Virgen refulgiendo sobre el mar, se acercan presurosos hasta avistar al maricón y batir en retirada. [6]

Estas formas de teatralización maricona del poder y resignificación de la moralidad religiosa evocan un repertorio amplio de desobediencias visuales producidas desde hace varias décadas en América Latina. Desde los dibujos de falos-altares de vírgenes de la feminista Mónica Mayer a fines de los años 70; los autorretratos homoeróticos inspirados en la iconografía religiosa popular mexicana de Nahum Zenil; los afiches y autoadhesivos con oraciones por el derecho al aborto distribuidos por el colectivo feminista Mujeres Públicas; las representaciones sadomasoquistas de la violencia política realizadas por el Grupo Chaclacayo (Helmut Psotta, Raúl Avellaneda y Sergio Zevallos) en Perú en los años 80; las experiencias litúrgicas subversivas del dúo chileno Yeguas del Apocalípsis; las procesiones callejeras de la primera santa transexual Karol Romanoff organizada por la Coordinadora Universitaria de Disidencia Sexual (CUDS) en Chile; entre varios otros. Estas obras y experiencias desarman los modelos devotos de feminidad del imaginario católico (la santa, la virgen, la beata), pero también desactivan el fuerte componente de disciplina religiosa heteronormativa que organiza y controla el comportamiento en el espacio público. Se trata de representaciones originadas como una respuesta crítica a los procesos de colonialidad en América Latina, un continente en donde la religión cumplió un rol fundamental en la instrucción de discursos civilizatorios eurocéntricos. Estado y religión, autoritarismo policial y devoción católica, han sido así parte de una fuerte matriz social que estas prácticas maricas confrontan y subvierten no únicamente parodiando la heterosexualidad santa, sino además interviniendo en la codificaciones que dividen el cuerpo social en sujetos normales y sujetos enfermos, en sexualidades correctas y sexualidades desviadas.

Campuzano también teatraliza las sexualidades de aparecen en su propio museo. En fotografías y acciones, ella misma y diversos colaboradores traen al presente a sus diversos personajes: desde huaco-retratos de la cultura Moche con figuras andróginas, santas apócrifas o máscaras de bailes andinos. Se trata de invocaciones marcadas por el deseo de hacer proliferar cuerpos utópicos, como si fueran herramientas que se ofrecen al uso. Siguiendo una reflexión del crítico Gregg Bordowitz estas re-escenificaciones de cuerpos no normativos son un “acto de tomar control de la historia al convertirse en su propio sujeto a través de la repetición. En lugar de producir una ruptura revolucionaria con la historia, el artista repite momentos de liberación queer una y otra vez al punto donde el pasado se convierte en un tiempo presente permanente” [7].

Bordowitz lo señala en referencia al trabajo de citaciones históricas queer que aparece en las películas del dúo Pauline Boudry y Renate Lorenz, y cuyas formas de invocación histórica de figuras transgénero, lesbianas y queer se aproximan a los procesos performativos del Museo Travesti. Se trata de acciones decididas a intervenir en el destino y en la significación de estas representaciones, despojándolas del elemento de violencia heteronormativa que los expulsó de la vida pública para sentirlas nuevamente como lugares de reconocimiento afectivo y experiencias plenamente vivibles. Claramente estas operaciones van más allá de simplemente mostrar cuerpos no categorizables o imaginar formas de permanecer inmunes a las desigualdades de la economía. Por el contrario, “se trata de prácticas que están en búsqueda de las posibilidades de ‘devenir en’ estas experiencias de desigualdad y jerarquías.[8] Lo cual significa también señalar la condición no totalmente colonizada de estas formas de desposesión y vulnerabilidad.

Futuros Travestis
Es significativo observar cómo ciertas prácticas performativas y técnicas experimentales de producción de historias pueden renovar los modos de intervención social, y más aún, cómo la reapropiación y perforación de aparatos institucionales burgueses –como el museo– puede abrir vías antes bloqueadas para imaginar otros territorios de existencia no-normativos. La cuestión sigue siendo cómo dar forma al campo social que es políticamente necesario para nosotras. Que haya existido un largo silencio en torno a la sexualidad no es un mero descuido. Este silencio ha sido un lugar persistente de producción de comportamientos que nos han sido legados como realidad. Siguiendo la reflexión del escritor y activista norteamericano Douglas Crimp, “lo que está en juego no es la historia per se, que en todo caso es una ficción, sino qué historia, de quién es esa historia y qué intención tiene”[9]. La sola existencia de un Museo Travesti señala la pregunta por esos significados que necesitamos para seguir vivas y resistir a las formas de dominación y normalización diaria. Se trata de la demanda por una narrativa propia, por esas ficciones capaces de liberar otras formas de existencias sin las cuales sería impensable cualquier imagen que valga la pena del futuro. No hay posibilidad de seguir atados ni ser fiel a ninguna historia. La realidad me puede chupar la polla, querido.

Notas al pie
[1] Sobre los orígenes del proyecto y sus distintas formas de trabajo ver: Giuseppe Campuzano, Museo Travesti del Perú, Lima, Institute of Development Studies, 2008.
[2] Giuseppe Campuzano, “Concepto, contexto y proceso. Un museo travesti” [2008], en: Saturday Night Thriller y otros escritos 1998-2013 (Miguel A. López ed.), Lima, Estruendomudo, 2013, pp. 66-73.
[3] Sobre ello ver: Beatriz Preciado, “Cartografías Queer: El flâneur perverso, la lesbiana topofóbica y la puta multicartográfica, o cómo hacer una cartografía ‘zorra’ con Annie Sprinkle”, en: José Miguel Cortés (ed.) Cartografías Disidentes, Madrid, SEACEX, 2008. s/p
[4] Beatriz Preciado, Ibid.
[5] Miguel A. López y Giuseppe Campuzano, “Chamanes, danzantes, puta y misses: el Travestismo Obseso de la Memoria“, ramona 99, abril 2010, p. 40.
[6] Miguel A. López y Giuseppe Campuzano, Ibid.
[7] Gregg Bordowitz, “Repetition and change: The film installations of Pauline Boudry and Renate Lorenz”, Afterall 31, Autumn/Winter 2012, p. 25. (La traducción es del autor)
[8] Renate Lorenz, Queer Art. A Freak Theory, Bielefeld, Transcript-Verlag, 2012, p. 56. (Traducción del autor)
[9] Douglas Crimp, “Getting the Warhol we deserve: Cultural studies and queer culture”, Social Text 59, vol. 12, no. 2, Verano 1999, p.49-66. (Traducción del autor)


ENLACES
El Museo Travesti

http://hemi.nyu.edu/hemi/es/campuzano-presentacion

#hemeroteca #mujeres #franquimo | Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao

Imagen: El Correo
Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao
La investigación 'Era más la miseria que el miedo' relata los abusos sexuales y la represión moral de la dictadura
Itsaso Álvarez | El Correo, 2015-02-24
http://www.elcorreo.com/bizkaia/201502/24/mujeres-franquismo-gran-bilbao-20150223192140.html

En los últimos años se han multiplicado las investigaciones sobre la represión desencadenada por la dictadura franquista, todo ello vinculado en buena medida al movimiento social por la recuperación de la memoria histórica. Uno de los trabajos de investigación más recientes es el que lleva como título ‘Era más la miseria que el miedo. Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao: represión y resistencia’, elaborada por Belén Solé y Beatriz Díaz para la Asociación Vizcaína de Investigación Histórica / Bizkaiko Ikerketako Historiokoko Elkartea ELKASKO sobre la base de 21 entrevistas en profundidad realizadas entre los años 2009 y 2013 a personas, en su mayoría mujeres, que nacieron entre 1914 y 1963. Estas historias de vida han sido recogidas mayoritariamente en la Margen Izquierda de la Ría del Nervión, en concreto en el municipio de Sestao, una de las zonas de España con mayor incidencia obrera. Los abusos sexuales, los fusilamientos y las estrictas medidas morales del régimen forman parte de este informe, que cuenta incluso con un apartado didáctico sobre el horror. "Nos planteamos hacer algo que luego se pudiese utilizar a nivel de educación secundaria y de centros para adultos, por lo que hemos incluido una serie de pautas tanto para los docentes como para los alumnos", indica una de las autoras, Beatriz Díaz.

Tras analizar los testimonios, el colectivo llega a la conclusión de que aunque la represión franquista alcanzó a toda la sociedad, "hubo mecanismos de represión específicamente dirigidos contra las mujeres y hubo también una vivencia de la represión entre las mujeres distinta en algunos aspectos de las experiencias vividas por los hombres". Esta represión se concretó "en los castigos públicos como el rapado del pelo, la purga con aceite de ricino o la obligación de limpiar determinados lugares, como iglesias o escuelas". Las autoras del estudio incide en "la violencia sexual que sufrieron las mujeres tanto en los centros de detención como durante la ocupación de las tropas franquistas como una forma de someter a esta población por medio del terror y la vergüenza". De igual modo, en los centros de detención era habitual que las mujeres sufrieran abusos sexuales como forma de presión durante los interrogatorios.

Esta forma de violencia, ejercida de forma sistemática, fue más frecuente durante la guerra y en la primera etapa del franquismo. Era practicada en un contexto social de permisividad o de impunidad, ideal para permitir que las situaciones no afloren o que las denuncias no sean consideradas. Palmira Merino, vecina de Sestao y testigo de esa época, ofrece un testimonio revelador: "No es como ahora que todo se cuenta. Eso quedaba en secreto. Eso nadie lo contaba. Sabíamos que las habían llevado pero no sabíamos lo que les habían hecho. Y ellas jamás lo han contado. Eso era como… algo tremendo". Cada día, "se pretendía anular cualquier posible resistencia; más allá de la eliminación física de algunas mujeres que se consideraron especialmente peligrosas, se pretendía la anulación psicológica de todas aquellas que pudieran mantener unas ideas contrarias a las impuestas por los vencedores", sostienen las investigadoras.

‘Es más la miseria que el miedo’ recupera la figura del que fuera alcalde de Barakaldo, José María Llaneza, quien llegó a prohibir que las vecinas salieran a la calle sin medias. De acuerdo a los testimonios recogidos, el jefe de los alguaciles era quien se encargaba de comprobar que ninguna mujer violase esta inédita norma. En el caso de los hombres, el alcalde les prohibía pasearse en manga de camisa. El informe incluye extractos de la ordenanza municipal en la que se dictaminaba cómo debían vestir los vecinos de Barakaldo. En la norma se lamentaba que muchas mujeres caminaban "en formas poco correctas y decorosas en sus vestido y ademanes, so pretexto de recrearse en las playas, haciendo como digo gala en calles y plazas a las idas y regreso de estos lugares de su escandalosa desenvoltura y desvergüenza, exhibiendo sus piernas sin recato de sus medias y simulando ir vestidas".

Hay más testimonios, el que recuerda una de las entrevistadas, Encarnación Santamaría, sobre las mujeres que se negaron a aceptar relaciones sexuales con miembros de fuerzas militares, aún bajo la amenaza de fusilamiento: "Y luego mi madre nos contaba que había chicas muy guapas, también jóvenes, que como no querían ir con los guardias, las fusilaban. Por la noche, porque no querían ir con ellos, preferían morir antes que ir con ellos". Esta misma vecina habla también del estigma de ser ‘rojo’, que afectaba a toda la población y se hizo presente en todos los aspectos de la vida cotidiana: "Decían a todas las amigas de la calle: ‘no las ajuntéis a éstas –a mi hermana y a mí– porque son rojas’. Eso lo tengo grabadísimo, hay cosas que no se olvidan nunca. De niñas, ¡cuatro años!... Fíjate tú, qué crimen". "Yo me acuerdo que un día fui a misa y había una maestra, era asturiana y tenía en Sestao mala fama por lo que había hecho. Estábamos para entrar y dice ‘todas éstas son rojas, mejor que se marcharan, a la iglesia no tienen que entrar’", evoca, por su parte, Felisa Martínez, otra vecina de Sestao.

"De repente en la mitad o en el cuarto de la película, se paraba y subía a la pantalla una foto enorme de Franco, todo Franco en la pantalla. Y la gente rápidamente se tenía que poner de pie así (brazo en alto) en el cine. Y una vez me contaba mi madre – yo eso no lo vi – que estaba ella con una amiga en el cine. Y había más gente, porque el cine de Portugalete, todo el mundo conocido, imagínate. Sale Franco…Y mi madre no se levanta. Y le decía un amigo: ‘¡Mari Carmen, levántate, que nos llevan a todos! ¡Levántate!’. Y le decía mi madre: ‘Si es que estoy mala, es que me duele la pierna’. Se tuvo que levantar. Eso era, eso era el franquismo", apunta, por su parte, Miren Begoña Sánchez Aranzeta, nacida en Barakaldo.

Juan Villanueva, de Sestao, no olvida un crimen. "En Urbinaga mataron a dos mujeres. Las fusilaron. Una me parece que se llamaba Anita. Y la otra Berta. (...) Cuando la guerra, mataron a un cura de la Campa, un tal Lahuerta, le fusilaron porque se marchó con algún batallón de nacionalistas y le habían cogido, me parece que en Vitoria y le fusilaron. Y cuando se oían estas cosas en el barrio pues esas gritaban, ‘¡había que colgarlos a todos!’… Entonces estuvo el Cabo Quilates, que era un barco, en la dársena de Portu. Era un barco–prisión. Y ahí había gente de derechas, gente destacada, de Sestao, Barakaldo, Santurtzi, Bilbao…Y fusilaron a algunos cuando los bombardeos (...). Decían que habían causado la muerte de éstos, por sus gritos y sus cosas. Fusilaron a esas dos. Dos pobres mujeres (…). Era gente de pueblo. Muy del pueblo además, y quizás hasta con pocas luces, no muy destacadas. Pero como de la Arboleda había salido la Pasionaria, Dolores Ibarruri, pues hicieron ver que éstas eran como la Pasionaria, pero en Urbinaga".

Según los datos del listado oficial de víctimas y desaparecidos de la Guerra Civil del Gobierno vasco que recaba el informe de ELKASKO, sólo en Bilbao fueron fusiladas quince mujeres, y algunas más en pueblos de alrededor como Sestao, Barakaldo, Santurtzi o Basauri. Muchas otras fueron encarceladas y, después de juicios sin ninguna garantía, les fue impuesta la pena de muerte. "A mi madre la metieron en la cárcel por decir 'esos canallas, que han matado a mi marido' y tal, no dijo más la pobre…Bueno, les dijo de todo menos bonitos. Les dijo 'cabrones' y les dijo de todo, porque yo me acuerdo perfectamente. Y nos quedamos con mi tía, hermana de mi madre, que era soltera, y mi abuelo, que hacía de padre. Teníamos cuatro años y cuando vino mi madre yo tenía doce", repasa otro testimonio. En el transcurso de la investigación (se puede consultar en la plataforma Scribd), Belén Solé y Beatriz Díaz se toparon con personas que seguían teniendo miedo a relatar sus vivencias. El terror sigue grabado en sus memorias.

DOCUMENTOS
“Era más la miseria que el miedo” : mujeres y franquismo en el Gran Bilbao, represión y resistencias / Belén Solé y Beatriz Díaz
Asociación Elkasko de Investigación Histórica = Bizkaiko Ikerketa Historiokoko Elkartea, Bilbao : 2014 [09]
82 p. : il.

/ ES / EUS / Investigaciones / SH
/ Abusos sexuales / Bizkaia / Euskal Herria / Franquismo / Memoria colectiva / Mujeres en el franquismo / Persecuciones políticas / Testimonios / Violencia
TEXTO COMPLETO | Gaizka Fernández Soldevilla
https://gaizkafernandez.files.wordpress.com/2014/09/era-mas-la-miseria-que-el-miedo.pdf
Biblioteca UPV/EHU
http://millennium.ehu.es/record=b1808268~S1*spi

lunes, 23 de febrero de 2015

#hemeroteca #libros #literatura | El nazismo quiso ocultar este libro: hoy remueve conciencias en Alemania

Imagen: PlayGround
El nazismo quiso ocultar este libro: hoy remueve conciencias en Alemania
“Hermanos de sangre” se publicó en 1932 y ardió en las hogueras del Reich. 80 años después vuelve a la vida y con ella las calles más oscuras de Berlín
Natxo Medina | PlayGround, 2015-02-23
http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/hermanos-sangre-ernst-schaffner-libro-nazis-Alemania_0_1486651321.html

Cuando los estudiantes del partido nazi se pusieron a quemar libros en 1933, la novela de un escritor desconocido llamado Ernst Haffner también ardió.

Aquel librito, titulado “Jugend auf der Landstrasse Berlin” (“Juventud en la carretera hacia Berlín”), publicado sólo un año antes, era su primera obra y sería la última. Tras las hogueras, apenas se supo nada más del autor. El país se sumió en la oscuridad y la guerra y el resto de la triste historia la conocemos bien.

Tuvieron que pasar 80 años para que una pequeña editorial alemana llamada MetroLit recuperara la misteriosa figura de Haffner y su desconocida obra maestra. En 2013, la publicaba con un nuevo título: "Blutsbrüder", causando un gran revuelo en su país de origen.

Ahora por fin la novela llega a los lectores de habla hispana como “Hermanos de Sangre”, a través de la editorial Seix Barral.

En sus páginas, Haffner describe la vida miserable de las clases bajas berlinesas en los años de crisis previos al ascenso de los nazis al poder. Una época de inestabilidad política y miseria en la que Alemania llegó a tener hasta cinco millones de desempleados.

Mientras esto sucede, la banda de los Blutsbrüder lucha por sobrevivir en las oscuras calles de los barrios obreros de la capital. Son ocho adolescentes que viven al margen, que apenas tienen nada aparte de la lealtad total hacia su banda y a su líder, un joven veinteañero llamado Jonny.

“Su nacimiento y adolescencia coincidió con la guerra y la posguerra. Incluso cuando hicieron sus primeras tentativas por andar con sus piernas arqueadas ya estaban abandonados a su suerte.”, relata uno de los primeros pasajes de la novela.

Los Hermanos de Sangre rascan marcos de aquí y de allá para poder apenas pagarse un café y unos cigarrillos, quizás alguna cerveza o un poco de licor. O tener un sitio donde caer dormidos por la noche.

Son fugitivos de la familia y de la ley que intentan mantener su código moral en medio de la guerra de pandillas, la prostitución y la delincuencia de la capital. No saben de dónde vendrá su próxima comida, pero sí la importancia de permanecer unidos a toda costa y ser libres. “¡A diñarla de hambre! ¡Sí, pero donde a mí me dé la gana!”, grita uno de los personajes.

Desde la primera escena, en la que se describen las colas de horas en las oficinas de la beneficencia, el libro de Haffner es todo crudeza, nada de azúcar. Una inmediatez que da vida a su descripción de las ceremonias de iniciación de las bandas, los rituales de borrachera y la gloria de poder comerte una sopa de guisantes caliente en medio del gélido invierno berlinés.

Hoy por hoy no se sabe exactamente por qué los nazis prohibieron el libro. Aunque describe una realidad desesperada, no se hacen declaraciones ideológicas ni se habla apenas de la atmósfera de la época, cargada de política. A los chicos de su historia poco les importaban esos asuntos, solo querían sobrevivir.

Una historia enigmática y de plena actualidad
El hecho de que la novela fuera editada por un judío es la causa más probable de que las páginas de “Hermanos de Sangre” se confundieran en el fuego junto a las de Thomas Mann, Sigmund Freud o Robert Musil.

Lo poco que sabemos de Ernst Haffner tampoco ayuda a descifrar su historia. Fue periodista y (quizás) trabajador social. Debió de conocer de primera mano las calles que describe, pero no sabemos exactamente qué hacía en ellas, aparte de observar. Antes de la guerra, solo queda constancia de haber hecho una visita al Ministerio de Propaganda del Reich, donde Josef Goebbels gobernaba con mano de hierro.

Después de eso, nada. ¿Fue Haffner asesinado?, ¿o enviado acaso a un campo de concentración? Difícil decirlo, más sabiendo que no se conserva ninguna imagen del autor más misterioso de Alemania.

Al menos su novela queda como testimonio tenebroso de un momento y un lugar que marcó la historia, y que 80 años después resuena de nuevo en las conciencias de un país al que el pasado le sigue pesando. Tal vez por eso el libro haya sido todo un fenómeno editorial en su país desde que fue recuperado.

Como si se tratara de un oscuro fantasma, “Hermanos de sange” ha vuelto en un momento en el que, por desgracia, la realidad miserable y la crisis que retrataba su autor vuelven a estar vivas en muchas calles de la Vieja Europa.

DOCUMENTACIÓN
Hermanos de sangre
Rafael Narbona | El Cultural, El Mundo, 2015-02-20
http://www.elcultural.es/revista/letras/Hermanos-de-sangre/35992 
Seix Barral publica “Hermanos de sangre”
Fernando Aramburu | Déjate de rosas, 2015-02-06
http://fernandoaramburu.blogspot.com.es/2015/02/seix-barral-publica-hermanos-de-sangre.html

#hemeroteca #homofobia | Radoslav Stoyanov: "Los derechos de las personas LGTB en Bulgaria están casi completamente aplastados"


Imagen: Philly.com
Radoslav Stoyanov · Activista LGTB en Bulgaria: "Los derechos de las personas LGTB en Bulgaria están casi completamente aplastados"
Marco Vidal González | Diagonal, 2015-02-23

https://www.diagonalperiodico.net/libertades/25825-derechos-personas-lgtb-bulgaria-estan-casi-completamente-aplastados.html

Radoslav Stoyanov es estudiante de Psicología en la Nueva Universidad Búlgara y activista por la igualdad de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans desde 2008. Participa en distintas acciones estratégicas en contra de la discriminación por motivos de orientación sexual, así como por razones étnicas, religiosas y hacia los menores de edad. En 2012 recibió el premio Activista del año del Comité Búlgaro de Helsinki y desde marzo de 2013 es parte del equipo de esta organización.

En Europa -incluyendo España- sabemos poco de la sociedad búlgara, a pesar de que las personas de este país son una parte importante de la comunidad migrant. Mucho menos sabemos sobre la situación en Bulgaria de las personas LGTB. ¿Hay derechos legales para este colectivo?

Las personas LGTB en Bulgaria pueden estar contentas debido a una relativa mayor tranquilidad y tolerancia, aunque no aceptación, de gran parte de la sociedad. Sin embargo, la condición de esta tolerancia es, a menudo, estar en el armario. Con respecto a la legislación, los derechos están casi completamente aplastados. Lo que hace más falta es que exista un marco legal para las parejas del mismo sexo, pues no pueden casarse, ni siquiera tienen derecho a la unión civil mientras que las parejas heterosexuales, por ejemplo, aunque no estén casados, tienen derecho a la unión civil. También falta un sistema de cambio de sexo, que es muy importante para el colectivo trans. La ley nos protege de la discriminación desde cualquier esfera, pero no puede ayudarnos con el acoso diario y las microagresiones a las que las personas LGTB están expuestas. El ambiente será a menudo hostil si eres abiertemente gay. El discurso del odio tiene todavía bastante difusión, y los medios y los políticos, por desgracia, no muestran mucho interés en hablar en positivo sobre este tema. Por lo general, se escucha la voz de los ultranacionalistas.

¿Hay casos de discriminación hacia personas LGTB en los últimos meses?

Probablemente haya, pero por desgracia muy pocos gays y trans denuncian estos casos. Lo que más se vive en la sociedad son los mensajes de odio de los partidos ultranacionalistas. Actualmente hay dos así en el parlamento. Anualmente ellos y los ultras del fútbol organizan una contramanifestación al Orgullo Gay de Sofía. Por desgracia, la idea de que las personas LGTB tienen que limitar sus derechos de reunión, está bastante extendida. Incluso muchas personas LGTB de Bulgaria te dirán que no tiene sentido el Orgullo Gay de Sofia ni participar en la manifestación porque es una provocación.

Azis, un cantante gay que muestra sin tapujos su orientación sexual, parece ser respetado por la sociedad búlgara. ¿Puede cualquier chico mostrar su feminidad o sólo puede hacerlo Azis porque es un famoso y aceptado cantante? ¿Cómo es la vida de cualquier persona LGTB en Bulgaria, por ejemplo en la universidad o en el trabajo?

Aparentemente se tiene consideración hacia Azis. Pero Azis, por desgracia, es una de esas imágenes públicas que han hecho mucho daño al activismo LGTB. La idea de lo que representan los gays para mucha gente en Bulgaria pasa a través de la imagen pública de Azis. Azis es tolerado, pero no es aceptado. Azis es tolerado porque es una estrella. Azis es tolerado porque su comportamiento se adecúa a una imagen escénica, a un show. Pero las personas LGTB no son sólo Azis. Azis, por otra parte, es sólo una de las muchas personas que han dicho durante años que están en contra del Orgullo Gay de Sofía. Es importante explicar que el Orgullo Gay de Sofía es probablemente muy diferente de los orgullos que vemos en Europa occidental, como el de España, por ejemplo. Nuestro orgullo de Sofía es más una marcha por la igualdad que un carnaval.

Sobre la cuestión de si puedes ser abiertamente gay en la universidad, en el año 2012, Fundamental Rights Agency of European Union publicó los resultados de una amplia encuesta sobre las personas LGTB en los países miembros de la Unión Europea. Según estos datos, el 95% de las más de 1.000 personas LGTB encuestadas de Bulgaria habían sido testigos de comentarios abusivos y humillantes respecto a otras personas en colegios o en la universidad. Pero esto no significa que no puedas vivir como una persona abiertamente gay en Bulgaria. Sólo tienes que elegir con cuidado a qué personas comentárselo y cuándo hacerlo. Pero esto es, por regla general, en cualquier parte. No sólo en Bulgaria.

Las lesbianas tienen una doble opresión: como mujeres y como homosexuales. ¿Dónde están las lesbianas en Bulgaria?¿Hay alguna asociación para los derechos de las personas LGTB? ¿Cuál es su trabajo?

Es difícil para mí responder a esta cuestión. Existe una división de la “L” con respecto a “GTB”. Como de la “T” con respecto a “LGB”. Una conocida cantante búlgara, Lucy Diakovska, durante el año 2012, salió en la versión búlgara de “Gran Hermano” junto con su novia. Pienso que las dos crearon una imagen positiva de las mujeres homosexuales en Bulgaria. En el año 2014 en Bulgaria existían, al menos, cinco ONG que se centran en la lucha del colectivo LGTB, cuya actividad es visible públicamente. Tres de ellas trabajan con la comunidad, y las otras dos organizan eventos culturales. Yo trabajo en una ONG de Derechos Humanos, que no sólo se centra en la cuestión LGTB. Nosotros trabajamos con todas las comunidades marginadas.

ENLACES
Fundamental Rights Agency of European Union

http://fra.europa.eu/en

domingo, 22 de febrero de 2015

#hemeroteca #mayores | ¿Volver al armario? No, gracias


Imagen: Hanna Jarzabek
¿Volver al armario? No, gracias
Las primeras generaciones de gais, lesbianas y transexuales que lucharon por sus derechos se están jubilando. Tienen constancia de que muchos ancianos vuelven a ocultarse cuando necesitan cuidados y exigen servicios específicos.
Núria Marrón / Fotos: Hanna Jarzabek | El Periódico, 2015-02-22
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/volver-armario-gracias-3958313

Lola tiene 64 años y ninguna de sus amigas más cercanas sabe que es transexual. «Siempre he sido muy femenina y el tema tampoco ha salido», dice. Qué quieren... Desde que con 14 años empezó a trabajar en un cabaret como cantante y bailarina, la discreción ha sido su aliada. Por pura superviviencia, enseguida intuyó que el vestido nunca debía ser demasiado chillón. Ni el peinado demasiado despampanante. Gracias a esa invisibilidad, cree, se ahorró la persecución durante el franquismo y el rosario de abusos que le han sobrevivido y que sí han sufrido muchas de sus amigas.

A diferencia de la mayoría de transexuales, Lola tampoco tuvo problemas ni en la mili ni con la familia. «La primera vez que fui con mi novio a visitar a mis padres, me encontré con una cama de matrimonio en mi antigua habitación. '¿Qué? -me soltó mi madre-. No dormiréis por separado, ¿no?'». A grandes trazos, Lola, que toma hormonas y no se ha operado, no inventaria grandes reveses en su vida. Sin embargo, hace dos años murió la pareja con la que había convivido durante más de cuatro décadas. Y entró, dice, en un «agujero negro». Al dolor de la pérdida se han sumado un montón de facturas que no sabe cómo pagar, un subsidio de apenas 426 euros, una jubilación inexistente -jamás cotizó por su trabajo en el mundo del espectáculo- y un puñado de preguntas sin respuestas claras. ¿Qué pasará cuando no se pueda hacer cargo de sí misma? ¿Quién la cuidará, si no tuvo hijos? Y, sobre todo: ¿será seguro para ella, esté en su propia casa o en una residencia, que a su alrededor descubran que su sexo es “otro” al esperado?

Formación e investigación
Estas y otras inquietudes que a un heterosexual jamás se le pasarían por la cabeza están entrando a grandes zancadas en el orden del día del colectivo LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales). Durante años, la vejez fue ignorada por la propia comunidad, en parte por su tendencia a glorificar la juventud y, sobre todo, porque durante décadas se centraron en las luchas por la equiparación de derechos. «Olvidar lo que puede padecer esta población es un suicidio», avisó ya en el 2002 la activista Beatriz Gimeno en uno de los primeros ensayos sobre la cuestión. Así que cuando las primeras generaciones que se zafaron del secretismo han empezado a jubilarse, han visto que el tráiler que anunciaba Gimeno era cierto: la tercera edad llegaba a paso ligero sin apenas investigación académica ni, por supuesto, políticas públicas específicas.

Que algo está cambiando, sin embargo, lo demuestra la aparición de fundaciones como Enllaç, que desde el 2008 da apoyo a personas mayores o en situaciones de vulnerabilidad. Esta entidad, junto con el Ayuntamiento de Barcelona, han puesto en marcha un grupo de trabajo e imparten formación especializada a cuidadores para que tengan en cuenta desde sus problemas específicos de salud hasta su fardo emocional.

Además, en colaboración con el Departamento de Trabajo Social de la Universitat de Barcelona, ultiman la primera investigación que se realiza en España sobre LGTB y tercera edad. El estudio radiografía al colectivo a partir de entrevistas a 245 personas mayores de 50 años del área de Barcelona, a las que se les ha preguntado por cuestiones que van desde la salud y la autonomía hasta los cuidados y la violencia. «Una de las conclusiones que emerge con más fuerza es que la mayor parte del colectivo quiere servicios específicos, siente que la atención que pueden recibir es poco respetuosa y temen que perder la autonomía les suponga una vuelta al armario», avanza el profesor e investigador Josep Maria Mesquida, del Grup de Recerca i Innovació en Treball Social, responsable del estudio.

En un país donde el cuidado de los padres dependientes recae en los hijos en más del 86% de los casos, los servicios de asistencia resultan vitales para esta comunidad, ya que muchos o no tuvieron descendientes o -aunque cada vez menos- los perdieron en el camino de reconocerse a sí mismos. La realidad, sin embargo, a menudo llega en forma de puñetazos. Hace años que el grupo Gais Positius denunció los insultos que algunas personas con VIH han recibido en los geriátricos por parte de otros usuarios, y que, en algún caso, había provocado que el afectado acabara refugiándose del clima hostil en un psiquiátrico. También se tiene constancia de algunas residencias que han negado la entrada a mayores seropositivos, amparándose en la normativa que limita el número de pacientes de enfermedades infecto-contagiosas.

El problema de la ocultación
La activista Paulina Blanco, una de las fundadoras de Enllaç, llega a la conversación con unos cuantos agravios más. Los ginecólogos, por ejemplo, siempre dan por supuesta la heterosexualidad y algunas instituciones -en las que por sistema se niega la sexualidad de la gente mayor- han llegado a separar a parejas. Epígrafe aparte, dice, merece el problema de la ocultación: «Una vez, fuimos a una residencia que acogía a más de 200 personas y cuando preguntamos cuántas personas LGTB había nos contestaron que ninguna. Nos echamos a reír. ¿Quién podía creerse eso? -recuerda la activista, de 65 años-. Se estima que entre el 3% y el 10% de la población es gay, pero la mayoría, al hacerse dependiente, lo esconde por miedo a ser rechazado, a que lo maltraten o le hagan el vacío, ya sea el personal o los propios usuarios.

Imagen: Hanna Jarzabek
Pako Boza: "Por fin ya puedo disfrutar del día a día"
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/pako-boza-por-fin-puedo-disfrutar-del-dia-dia-3958307

Yo no quería ser homosexual. Y luché mucho por no serlo. Ya de muy joven me sentía un bicho raro, que un pecado grave anidaba en mí. Aquello me quemaba por dentro, y más aún por no poder hablarlo con nadie. Una semana antes de casarme, fui a ver a un cura que conocía de pequeño. «Esto es una barbaridad, no lo puedo hacer», le dije. Y él me contestó que no me preocupara, que con fuerza de voluntad lo conseguiría. Y entre que yo no quería ser como era y que la ilusión de mi vida era formar una familia, equivocadamente, le creí.

Pronto, sin embargo, me di cuenta de que mi cuerpo tenía su necesidad. Por entonces ya tenía un hijo, todo se había complicado y no sabía qué hacer. Iba pasando el tiempo y la bola era cada vez más grande. En mi cabeza pensaba que con hombres podía tener sexo, pero nunca amor. Sin embargo, a los 30 años me enamoré de un señor. Y la bomba... explotó.

Tras el divorcio, empecé a ser poco a poco cada vez más yo. Sin embargo, con mis hijos, que eran pequeños, tuve fases de encuentros y desencuentros. Imagínense, ¡enterarte con 12 años de que tu padre es gay! Debe de ser traumático. Afortunadamente, mi relación con mis hijas ya es fantástica. Con mi hijo mayor la cosa aún está un poco cuesta arriba. Para los chicos es un poco más complicado aceptar la homosexualidad masculina. Pero creo que en el futuro todo se arreglará. Seguro que sí.

Mi madre no quería que me divorciara. «De cara a la sociedad y al trabajo, estarás mejor visto si estás casado», me repetía. Y es verdad que entonces el matrimonio era como un certificado de garantía de que todo funcionaba de maravilla, ¿no? Yo le contesté que ya estaba cansado de mentir, pero lo cierto es que ella llevaba razón: por entonces trabajaba en un banco y tuve muchos problemas por ser gay. Jodidos íbamos.

¡Pero menuda liberación quitarme de encima aquel estrés de pensar continuamente cómo miraba y cómo actuaba para que “no se me notara”! Yo gesticulo mucho, parezco más italiano que español, y en aquella época me obligaba siempre a ir con las manos en los bolsillos. «Las mueves tanto que se te va a notar», me repetía. También me cuidaba de no cruzar las piernas al sentarme, cosa que me sale de forma natural. Cada cuatro palabras, decía un taco. Y de muy joven, empecé a fumar tabaco negro, creía que eso me hacía más hombre, hasta que un amigo me dijo: «Vigila cómo coges el cigarrillo». ¿Qué absurdo, no?

Ahora vivo en Cardedeu. Me mudé para estar cerca de mi hija. Y me lo pensé mucho. «Un pueblo», me repetía. ¿Y si le ocasionaba problemas a ella? ¿Y si volvían los comentarios? ¿Y si me convertía en la maricona del pueblo? En la universidad para la tercera edad escuché algún insulto homófobo, no a mí, pero fue desagradable. Aquí, sin embargo, todo es perfecto. La gente me respeta como soy y, además, hay mucha vida cultural. Doy clases de ganchillo en el casal a un grupo de señoras. Como podrán imaginar, no viene ningún hombre, pero digo yo que irá siendo hora ya de romper esquemas, ¿no?

A mí me ha costado mucho llegar hasta aquí y no volveré atrás de ninguna manera. El pasado, pasado está. Ahora por fin disfruto del día a día. ¡Es obvio que estamos mucho mejor que antes! Sin embargo, creo que aún etiquetamos mucho. Que si gay, que si lesbiana, que si hetero. ¿Por qué no hablamos de las personas? Yo soy Pako. Y soy gay, sí. Pero en primer lugar soy Pako.

Imagen: Hanna Jarzabek
Marià Trabal: "Me denunció mi padre por maricón"
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/maria-trabal-denuncio-padre-por-maricon-3958301

Estuve casado. Y tengo dos hijas, pero perdí el contacto con ellas cuando me separé hace 20 años. Desde entonces vivo solo y ahora, con casi 88 años, me las apaño como puedo en este piso social. Voy a comprar solo. A la biblioteca solo. Y cocino y limpio solo. Alguna vez me veo con una prima. Pero cuando me operaron de un ojo, quienes me acompañaron fueron voluntarios de la Cruz Roja. No tengo ningún cuidador. Mi pensión de 426 euros apenas da para sobrevivir y, además, temo que venga alguien y no me sienta a gusto. Cuando vea mis pinturas e intuya que soy homosexual, ¿cómo reaccionará? Mucha gente aún piensa que ser gay es una cosa fea, y no podría vivir con eso en mi propia casa. Claro que me gustaría tener pareja, pero ya es tarde para mí: tengo la sensación de que me robaron la vida y que no pude hacer las cosas como habría querido.

La vergüenza y el miedo los recuerdo de siempre. De joven tuve novias, y me parecían dulces, pero siempre me sentí atraído por los chicos. Me esforcé mucho en apartar de mí ese fantasma. Tanto que, con 23 años, trabajando de publicista en un laboratorio, llegué a inyectarme un extracto testicular porque, imagínense, sentía que la homosexualidad superaba en mí a la heterosexualidad. No pensaba que estuviera enfermo, pero tenía miedo a que me descubrieran. Un día, durante el franquismo, la policía me pilló con un chico. Nos siguieron, nos detuvieron, y nos pidieron dinero. Si pagábamos, dijeron, no nos pasaría nada. Y así lo hice: estaba casado y me aterrorizaba que en casa se enterasen.

¿Que por qué me casé? Con 20 años me enamoré platónicamente de un chico con el que aún mantengo el contacto. Luego alterné hombres y mujeres, y finalmente dejé a las chicas de lado. No me decían nada. Pero la presión era asfixiante. «¿Cómo? ¿No tienes novia?», te decían ya a los 19 años. Y empezaba el runrún y el dedo acusador. Creo que mi madre nunca supo nada, pero cuando ella murió, en 1955, mi padre se ensañó. Una vez, en plena calle, me gritó: «¡Camina bien como un hombre!». Mis hermanos se casaron y me quedé en casa con él. Me escribía anónimos y llegó a denunciarme por comunista y maricón. Imagínense: ¡tuve que ir a declarara la policía! Después de eso me fui a vivir con mi hermano, que siempre se ha sentido avergonzado de mi homosexualidad, aunque nunca hayamos hablamos del tema. Y cuando gané una beca para estudiar inglés en Londres, huí.

Allí conocí a mi mujer, una italiana con la que me casé en 1960. Supongo que me pareció el atajo más corto para zanjar las habladurías. Duramos bastante, pero yo, lo reconozco, fui un mal marido. Al principio la cosa fue bien. Pero luego, lo poco de hombre macho y de jefe de familia que había en mí se acabó. Es la primera vez que lo digo tan claro. Fue un error mío y lo pagué. Hablaba en sueños y mi mujer se dio cuenta de qué pasaba. Me dijo que no lo comprendía, pero que hacía esfuerzos por tolerarlo. Aquello me hundió y nos separamos. Pero entonces ya era tarde para casi todo.

Me fui sin nada. Y me da igual, porque solo quería acabar. Ahora me siento libre, pero nunca hablo de mi sexualidad con parientes o amistades. Ellos ni siquiera se plantean que yo pueda ser homosexual y a veces hacen comentarios despectivos. ¿Qué por qué doy entonces este paso? No sé. Creo que un día me iré, pero que al menos mi voz se quedará aquí y, ojalá, contribuya a limpiar la mentalidad de la gente.

Imagen: Hanna Jarzabek
Maite Torres: "Mis vecinos no saben que soy lesbiana"
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/maite-torres-mis-vecinos-saben-que-soy-lesbiana-3958300

“Me estás hablando como un chico lo hace a una chica”, me dijo un verano una muchacha. Yo había tenido algún noviete, pero mi atracción por las chicas había ido creciendo de forma natural. Siempre había sido rebelde, me subía por los tejados, por los árboles. «Machota», me llamaba mi madre. Con 16 años, viví mi primera historia homosexual. Luego llegaron otras. Con chicas. Con chicos. Y luego… luego llegó el convento.

Yo iba a un colegio de monjas y había una de la que estábamos enamoradas. Creo que esa fue la razón por la que entré. ¡Qué se yo! Tenía 18 años y solo pasé allí nueve meses. La comida era escasa, estaba mal cocinada y me dañó el estómago. Además, las reglas eran muy duras: pensaban que el fervor religioso pasaba por la humillación. Yo no estaba bien, y las religiosas decidieron que me fuera. Al poco logré la readmisión y, a los dos años, me fui a otra ciudad. Allí conocí a otra monja, esta vez de clausura, y decidí entrar de nuevo en un convento. Durante ocho años fui muy feliz. Pero me enamoré de mi madre maestra y los males volvieron. Algo en mi naturaleza no me dejaba estar allí. Con el psiquiatra no me sinceré porque jamás me quedaba a solas con él. El único que conocía mis «problemas» era mi confesor, que me repetía que me dominara. Y yo lo intentaba, pero de aquella lucha solo sacaba insomnio y dolores de cabeza. Al final me fui.

Lo pasé fatal. ¿Qué haría con mi vida? Encontré trabajo como enfermera y empecé un periodo tumultuoso con experiencias bisexuales. Me quedé embarazada y arreglé un matrimonio con un señor con dos hijos. La cosa fue mal. A mí él me resultaba desagradable y era violento. Yo intentaba ser perfecta y, durante años, me sumí de nuevo en la lucha. Hasta que una Navidad no pude más. Mi hijo, de 9 años, mi hija, de 8, y yo nos fuimos de allí en bicicleta. «Papá y yo siempre hemos sabido que eras diferente», me escribió al poco mi madre. Qué alivio. Con ella, todo estaba bien. A mi hijo, en cambio, le costó un poco más, aunque ahora puede hablar del tema abiertamente.

Las cosas no eran fáciles. Cuando conocí a Rosa, que también tenía hijos, me enamoré y formamos una gran familia. Durante 14 años fuimos muy felices. Trabajamos muy duro y nos hacíamos pasar por primas, pero en el barrio supongo que se daban cuenta. A veces llamaban por teléfono y gritaban: «¡Tortillera, asquerosa, lesbiana!». La única preocupación era el trabajo. Las dos éramos cuidadoras y temíamos perderlo. ¿Cómo sacaríamos adelante a los niños? Pero como nosotras había muchas. Entonces se consideraba que solo el hombre tenía sexualidad y, de alguna manera, podíamos disfrutar de esa libertad de ser invisibles.

Con Rosa aún somos amigas, vamos juntas de vacaciones y a las reuniones cristianas LGTB. Sin embargo, los secretos han vuelto. En los apartamentos para mayores donde vivo no le he dicho a nadie que soy lesbiana. ¡Aún hay mucha gente que nos ve como a tigresas asalta-mujeres! Eso me hace sentir sola, pero mis vecinos no lo entenderían. Aquí hay una mujer a la que, por llevar pantalones, le llaman «la lesbiana». Ni idea de si lo es, pero ojalá viniera un día y me dijera: «Maite, que soy así». ¡Qué alegría me llevaría! 

DOCUMENTACIÓN
Fotoreportaje “Flores de otoño” publicado en “El Periódico”
Hanna Jarzabek, 2015-02-25

https://hannajarzabek.wordpress.com/2015/02/25/fotoreportaje-flores-de-otono-publicado-en-el-periodico/
El hombre llamado Flor de otoño
Hanna Jarzabek, 2015-02-10
https://hannajarzabek.wordpress.com/2015/02/10/el-hombre-llamado-flor-de-otono/
“Flores de otoño” y otros proyectos – BTV, Barcelona
Hanna Jarzabek, 2015-01-27
https://hannajarzabek.wordpress.com/2015/01/27/flores-de-otono-y-otros-proyectos-btv-barcelona/
La exposición de “Flores de otoño” se acerca: proyecto sobre personas LGTB mayores
Hanna Jarzabek, 2014-11-14

https://hannajarzabek.wordpress.com/2014/11/14/la-exposicion-de-flores-de-otono-se-acerca-proyecto-sobre-personas-lgtb-mayores/
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ENLACES
Centre Civic Jardins de la Pau | Hanna Jarzabek · Las Invisibles

http://imatge.ccjardinspau.org/las-invisibles/
Fundació Enllaç
http://www.fundacioenllac.cat/