lunes, 28 de mayo de 2018

#hemeroteca #violenciasexual | Yasmine El-Baramawy: “Hay que dejar de hablar de violación y hablar de respeto al espacio personal”

Imagen: El País / Yasmine El-Baramawy
“Hay que dejar de hablar de violación y hablar de respeto al espacio personal”.
Yasmine El-Baramawy, música y activista egipcia, sufrió una agresión sexual múltiple en 2012. Desde entonces, quiere que su testimonio saque a la luz todos los casos silenciados.
Alberto G. Palomo | Planeta Futuro, El País, 2018-05-28
https://elpais.com/elpais/2018/05/23/planeta_futuro/1527084645_505483.html

En Egipto, un país donde a las mujeres se les recomienda no fijar las pupilas en ningún hombre, Yasmine El-Baramawy mira de frente. A los ojos. Con una contundencia sin resquicios. Su seguridad se plasma en las respuestas rápidas, sin titubeos, y en la convicción con que defiende su postura. En noviembre de 2012, sufrió una violación múltiple en la plaza Tahrir, epicentro de las protestas que se desarrollaban en el país contra el Gobierno de Mohamed Morsi, cabecilla de los Hermanos Musulmanes. Su partido, Libertad y Justicia, alcanzó el poder tras el derrocamiento de Hosni Mubarak en la llamada Primavera Árabe.

Una turba de gente la rodeó. Empezó a notar manos “como de animales” que intentaban quitarle la ropa. Eran decenas. Desgarraron la camiseta y le bajaron el pantalón. Duró más de una hora y llegó a marearse, aunque nunca perdió el conocimiento. Creía que no salía viva. Ahora, aunque acceda sin problemas a una entrevista en una terraza del barrio de Zamalek, en El Cairo, prefiere no narrar de nuevo esta experiencia. Al mencionarle aquellos minutos se produce un escueto silencio. “Recuerdo todo, pero no me apetece contarlo de nuevo”, sentencia.

Desde entonces, esta música y compositora de 35 años es un símbolo de la lucha contra el acoso femenino en Egipto. Tras haber sufrido semejante episodio no buscó la venganza ni el rencor, sino “entender a la gente que la atacó”. “Fue mi primer objetivo”, dice. Le dolía el cuerpo y también la pasividad de los que lo vieron y no actuaron. Llegó a casa “en calma, tranquila”. Así lo rememora: “Estaba cansada y en shock, por supuesto, pero no rota ni triste. Simplemente me envolvía el enfado”. Abatida. Por la actitud de los que habían participado y de los que permanecieron mudos, parados.

Con una melena que a ratos cubre parte de su cara y un paquete de tabaco de liar con el que arma de vez en cuando un cigarrillo, El-Baramawy va desgranando esos rincones de la sociedad egipcia en los que la mujer solo tiene cabida como agente secundario. “En El Cairo tienes que ser o muy fuerte y valiente o muy sumisa, callándote y sin mostrar tus sentimientos. No hay término medio”, advierte. Las restricciones sociales y culturales —no está bien visto que la mujer trabaje fuera de casa, conduzca o baile— provocan que el día a día sea “muy duro” psicológicamente. “Todo forma parte de una situación de control. Es agotador. Hay que ser muy guerrera”.

Asume El-Baramawy que algo, poco a poco, ha cambiado. Hay grupos que ayudan ante el acoso. Se empieza a sentir cierta concienciación masculina. Pero de forma muy leve. Si antes el 99% lo veía normal, ahora es el 92%, calcula. Le sigue asombrando la gente que se mantiene aparte, que no ayuda, que hasta en la pareja considera que hay dos escalones, inferior en el caso femenino, superior en el de él. “Las chicas no tienen permiso para hacer lo que los hombres. Se espera que sean débiles, que no muestren deseo sexual, que no tengan relaciones antes de casarse… Todo es una cuestión de control”, insiste.

Tal papel femenino se extiende hasta la familia. Choca saber que entre los propios hermanos y hermanas existe una diferencia de trato o que ellos sienten que deben protegerlas. Algo que no pasa cuando la mujer en cuestión se encuentra en la calle. “Entonces se creen que las chicas son otra cosa; personas solas, sin familia”, indica El-Baramawy. Y ocurre parecido en la escuela, según explica: “Intentan ocultar la discriminación. No se dice nada. Se perpetúa el sexismo y se deja caer que si sufres un asalto es mejor no comentarlo para que no te genere un estigma social”. Añade: “Después de un ataque no se puede hacer nada, incluso siendo hombre. Siempre serás señalado”.

Sirve su ejemplo para confirmarlo. Cuando la violaron pasó un mes absorta, procesando aquello que aún removía sus tripas. Dejó de escribir canciones o tocar la guitarra, su profesión, durante año y medio. Hasta que decidió sacar a la luz el testimonio. Había puesto una denuncia, pero quedó archivada y jamás se tuvo en cuenta: ni siquiera pasó a ser considerada como penal. La impunidad legal acompañaba a la social. Su padre la persuadió para que no fuera a televisiones o radios. Su hermano, cuatro años mayor, la animó. Justo lo contrario de lo que pensaba. “Me sorprendió su apoyo”, sonríe mientras cuenta cómo esa alegría se topó con la decepción en algunos amigos de su círculo más próximo. “Decían que no era para tanto, que hay a quien le pegaban o le mataban”, lamenta. Los medios de comunicación extranjeros sacaron su caso. En Egipto se le hizo el vacío. “Algunos sitios me llamaron al tiempo, pero preferí no ir para que no quedara como que yo era la única, que era algo excepcional”, analiza.

Quería poner la semilla para que otras mujeres denunciaran una cotidianeidad asfixiante: en los dos primeros años desde la Revolución, cuando se sucedían las protestas en la plaza Tahrir, hubo unos 100 casos de violaciones grupales, contabiliza la activista. Venían precedidos por una brutal agresión a la reportera estadounidense Lara Logan, que tuvo que ser ingresada y luego contó en una entrevista de su propia cadena, la CBS, cómo unos 200 hombres fueron a pegarla. Pudo escapar de milagro, ayudada por otros manifestantes.

“Raro es quien no ha sufrido algún tipo de acoso sexual”, resume El-Baramawy, “yo pregunto a mis amigas y todas dicen que sí”. Su manera de actuar, no obstante, sigue siendo igual. Criada en Ad-Doqui, un distrito pegado por el noroeste a esta urbe de 19,5 millones de habitantes, se mudó a 6 de octubre, un municipio cercano, y se mueve en coche. “Ya apenas camino por la calle”, justifica como única transformación en la rutina. “Y no salgo tanto por sitios multitudinarios. Hacemos fiestas en casas o nos vemos en cafés del centro”, añade.

Valora el movimiento #MeToo (Yo también, iniciado el año pasado por actrices de Hollywood), que ha puesto el foco en una desdicha global. “No están acusando a los hombres, solo se están expresando. Diciendo que si yo tengo un problema, tú también, como género. Y, si lo sabes, ayúdame, no me ataques”, explica. En su país queda mucho por recorrer. “Somos 100 millones de personas y, aunque haya ciertas iniciativas y un teléfono de atención, es insuficiente. Está en nuestra naturaleza preocuparse por estas cosas. Lo mamas en tu padre, en tu marido y cualquier declaración se silencia o se intenta caricaturizar”.

¿Qué hace falta? “Deberíamos empezar en las escuelas. Desde pequeños. Creo que no tenemos que hablar de agresión sexual o violación, porque siempre volvemos a la casilla de salida. En estos casos, se culpa a ella o a él y se acaba el asunto. No se genera debate. Tenemos que hablar de espacio personal: sacar este nuevo tema iría acompañado de una mayor aceptación. Y nos permite avanzar en otros sentidos, como el de defender el derecho a ser uno mismo o hasta a ir desnudo por la calle”.

Carrera de música retomada y voz firme, El-Baramawy se considera, seis años más tarde, alguien “fuerte”. Segura de sí misma y con un papel que desempeñar frente a sus compatriotas. Cada fotograma que le aflora en la mente de lo que le ocurrió en Tahrir es un motivo por el que luchar. Y aunque no lo quiera contar de nuevo, ni delante de un té ni en sus letras de canciones, sabe que nada le impedirá jamás mirar a los ojos de los hombres.

#hemeroteca #intersexualidad #generoneutro | Holanda incluye el género neutro en el registro civil

Imagen: El País / Orgullo LGTBI en Ámsterdam, julio de 2017
Holanda incluye el género neutro en el registro civil.
Una persona intersexual inscrita como varón que luego se identificó como mujer reclamo la creación de una tercera opción en la documentación oficial.
Isabel Ferrer | El País, 2018-05-28
https://elpais.com/internacional/2018/05/28/actualidad/1527518795_375351.html

La justicia holandesa ha decidido que ha llegado el momento de actualizar el registro civil para que incluya a hombres, mujeres y los que no encajen en una de las dos categorías al nacer: los intersexuales. Un tribunal de Limburgo (sur del país) ha sentado un precedente al fallar en favor de un demandante intersexual, inscrito en 1961 como varón por sus padres, que pidió en 2001 un cambio del acta oficial para que pusiera mujer. Todavía incómodo, había reclamado a los jueces que reconocieran un “tercer género: neutro”. Este lunes le han dado la razón. De otro modo, señalan, no tendría derecho a su “autodeterminación personal, autonomía y privacidad”.

La identidad del solicitante no ha trascendido, pero sí las líneas generales de su caso. Sus padres le inscribieron como varón porque creyeron que “sería más fácil para su hijo”, en función de los informes médicos recibidos. Aunque no se pudo establecer con claridad el sexo, con el tiempo, él no se sintió reflejado en un modelo masculino. En 2001, lo intentó como mujer tras diversas operaciones. En ambos casos, el registro se adaptó. El presente fallo puede contribuir a modificar las leyes, porque hasta ahora prevalecía una decisión del Tribunal Supremo de 2007, en un caso similar. Entonces, los magistrados consideraron que “no era todavía el momento adecuado”, para un cambio de esta índole. Sus colegas de Limburgo sostienen que “ya es hora de reconocer la posibilidad de un tercer género dada la evolución social y jurídica operada”.

La decisión ha sido aplaudida por el colectivo LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales) holandés, que lo califica de “paso en la buena dirección”. La rama holandesa de la fundación internacional que aboga por los derechos de los intersexuales, subraya asimismo su contento. Lamenta, eso sí, “que el fallo sea solo válido en el ámbito de la intersexualidad; cualquier holandés debería tener esta opción”, dicen.

El artículo 1 de la Constitución holandesa “prohíbe la discriminación en función de la religión, opinión política, raza, sexo o cualquier otro motivo”. En 2017, el nuevo Gobierno de centro derecha anunció su deseo de añadir una disposición adicional a la Carta Magna, “para que prohíba específicamente la discriminación por culpa de la orientación sexual”. El plan añadía la paternidad múltiple, permitiendo que los niños pudieran tener más de dos progenitores. Ambos temas son delicados para los partidos confesionales, uno de los cuales, el protestante Christen Unie, forma parte de la coalición en el poder. Están en contra, pero se comprometieron a no torpedear la futura votación sobre el particular.

#hemeroteca #transexualidad #testimonios | La reinvención de Chelsea Manning

Imagen: El País / Chelsea Manning
La reinvención de Chelsea Manning.
La responsable de la filtración de WikiLeaks lleva un año fuera de prisión. Es activista por los derechos LGTBI, da conferencias sobre tecnología y ética y ha entrado en política.
Amanda Mars | El País, 2018-05-28
https://elpais.com/internacional/2018/05/27/estados_unidos/1527448854_841833.html

Chelsea Manning se pasea por las mesas como esos novios que en las bodas van saludando a los invitados preguntando qué tal y agradeciendo la asistencia. Pero a ella, muy menuda y vestida de negro, apenas se la distingue en el barullo hasta que se planta ante uno. “¿Cómo les va? ¿Alguna duda? El resultado no es lo que importa, sino la conversación que generen hasta llegar a él”, dice sonriente. Viste una chaqueta de raya diplomática y una falda larga, calza unas botas gruesas estilo Doctor Martens y lleva su media melena rubia semirrecogida con una pinza. Es el traje de guerra de la Manning ponente. Esta tarde, la ex analista de inteligencia, responsable de la mayor filtración de documentos clasificados de la historia estadounidense, está impartiendo un taller sobre diversidad y tecnología en el marco de la conferencia C2 de Montreal, un encuentro que dura tres días y es un tótum revolútum sobre negocios, creatividad e industria digital.

El taller de Manning habla de diversidad y tecnología, plantea preguntas por grupos y luego comenta las respuestas en público. En un momento, lanza su mensaje global: “La tecnología no es buena, no es mala, tampoco neutral, es una embarcación que sirve para diferentes objetivos”. En la mesa 18, uno de los alumnos le plantea algo más complejo: “¿De lo que estamos hablando aquí es de ética o de moral?”. Chelsea Manning sonríe, responde que es una buena pregunta y desaparece. Poco después dará una clase magistral sobre ética y vigilancia, que se suma a una charla sobre transparencia y, al día siguiente, un encuentro con varios medios de comunicación, entre ellos El País.

Los organizadores quieren sacar jugo del que es uno de los grandes reclamos del C2. Su nombre se anuncia por el megáfono como el de una estrella de rock y entonces aparece en el escenario esa figura pequeña y delgada que hace ocho años, cuando solo tenía 22 y era un joven soldado llamado Bradley, causó un terremoto diplomático mundial. Le cayó una condena de 35 años por 20 delitos. Se había desvelado a sí misma al contarle su secreto a un conocido hacker, Adrian Lamo, que la delató. “Mi familia no me apoya, no tengo más que este ordenador, unos libros y una historia sensacional”, le dijo a Lamo.

Ahora acaba de cumplirse un año desde que salió de la cárcel gracias a que Barack Obama le conmutó la pena, después de cumplir siete años y haber intentado suicidarse. Durante el presidio, y tras mucha pelea, pudo comenzar el tratamiento de cambio de sexo. En su nueva vida, Chelsea Manning ha podido dejar crecer su cabello, lleva falda y las uñas pintadas de rojo. Da conferencias, se ha volcado en el activismo e incluso quiere entrar en la política tradicional, registrando su candidatura como demócrata al Senado por el Estado de Maryland. Es un icono controvertido para la lucha transgénero y un personaje incómodo para la mayor parte de instituciones: Harvard le retiró la propuesta para ser profesora invitada para este curso, después del aluvión de críticas, y en la misma Canadá, donde ha pasado estos días, le prohibieron la entrada el pasado otoño por sus antecedentes penales. “El mundo que temía que existía en 2010 se ha desarrollado y acelerado mientras he estado fuera”, afirma. Dice que la normalización del uso y vigilancia de nuestros datos y la actuación de la policía en EE UU ha llegado a un punto tan autoritario que no le deja, añade, más opción que plantarse y protestar.

Hay quien en Estados Unidos la considera una heroína, que se sacrificó por revelar los abusos de su país en el frente, y quien la ve como una traidora. Cuando se mira su odisea resulta difícil discutir que se trata, en cualquier caso, de una figura trágica. En su nueva vida, la pregunta que sigue costando responder es por qué hizo lo que hizo.

Filtró una tonelada de cables militares y diplomáticos que transmitió a la plataforma WikiLeaks en varias fases durante 2010 con la intención, defendió en su día, de revelar los abusos de su país en las guerras de Afganistán e Irak. Destapó, en efecto, muchas de aquellas miserias, pero también todas las que tenían que ver con las relaciones internacionales, lo que los funcionarios estadounidenses escribían, pensaban e investigaban de prácticamente todos los líderes. Del interés por la salud mental de Cristina Fernández de Kirchner al relato de la vida de Gadafi y su particular guardia femenina.

Aquel terremoto confirió a WikiLeaks la fama mundial. Los cables del Departamento de Estado se publicaron en noviembre en varios periódicos con los que la plataforma fundada por Julian Assange los había compartido; entre ellos, El País. Para entonces, Manning estaba ya entre rejas. Había sido detenida a finales de mayo en Bagdad, delatada por Lamo. Este, que murió el pasado marzo, contó hace años a El País que, a su juicio, Assange se había aprovechado de la debilidad emocional de Manning, una persona muy aislada que en Bagdad estaba tocando fondo, y que no era consciente de la gravedad de sus actos.

Nació en 1987 en Crescent, un pequeño pueblo de Oklahoma, dentro de lo que se conoce como el cinturón bíblico de Estados Unidos. Recuerda haberse sentido una niña desde que apenas tenía cinco años. Sus padres, un estadounidense y una inglesa, se separaron cuando solo era una adolescente, así que vivió en ambos países. Cuando regresó a EE UU, rompió los lazos con su padre por el rechazo de este a su homosexualidad, según contaron en su día sus allegados. En Chicago, llegó a vivir en la calle y decidió alistarse en el Ejército. En 2008, se graduó como oficial de inteligencia. Y al año siguiente lo destinaron a Bagdad. Poco después se pondría a robar información clasificada y grabarla en un CD con el rótulo de Lady Gaga.

Desde 2010, WikiLeaks ha seguido con las filtraciones de documentos, nunca tan impactantes como las de 2010, aunque se le atribuye un papel capital en el caso de la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 para favorecer la victoria de Trump por las filtraciones de correos electrónicos de los demócratas.

¿Qué piensa hoy Manning de WikiLeaks? ¿Ha cambiado su opinión respecto a aquel 2010?. Chelsa escucha la pregunta en el encuentro con la prensa en Montreal. “Solo sé lo que cuentan los medios, hace ya ocho años de eso y yo he estado en prisión”, dice. Luego marca distancias sobre la plataforma: “Debe recordar que en 2010 yo intenté ir a ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’ y me dieron la espalda. Debía tomar las decisiones en muy poco tiempo. Y [los documentos] acabaron en manos del grupo que usaba las herramientas y los métodos correctos. Ahora esos métodos están más extendidos, la plataforma de descarga segura (Secure Drop) está normalizada, pero no voy a corregir mis decisiones de 2010 en base a las herramientas que están disponibles hoy en día”.

Se pone muy seria cuando se le pregunta si ha vuelta a tener contacto con Julian Assange. “Yo nunca he estado en contacto, jamás. Yo no sabía con quién hablaba”, rafirma. La persona de contacto con quien hablaba Manning era “Nathaniel Frank”, el nombre de un escritor tras el cual podría estar Assange, pero esas conversaciones son material clasificado. Su representante veta más preguntas al respecto. Entre cita y cita, jóvenes que acuden a la conferencia C2 de Montreal le piden fotos. Chelsea Manning sigue teniendo una historia sensacional.

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Los casos de abuso sexual sumergen a la Iglesia chilena en una profunda crisis

Imagen: Público / Los obispos chilenos Luis Fernando Ramos y Juan Ignacio González
Los casos de abuso sexual sumergen a la Iglesia chilena en una profunda crisis.
El Papa tendrá que pronunciarse sobre la renuncia de los 34 obispos que forman la Conferencia Episcopal del país tras la ronda de encuentros que lleva a cabo con víctimas y sacerdotes.
Meritxell Freixas | Público, 2018-05-28
http://www.publico.es/sociedad/casos-abuso-sexual-sumergen-iglesia-chilena-profunda-crisis.html

“El padre tenía gestos con los jóvenes que íbamos a la parroquia como, por ejemplo, tocar los genitales. Y a veces, al acercarse para dar un beso, como se haría con un padre, él sacaba la lengua y la pasaba por la mejilla. También había un vocabulario ambiguo, como de contenido sexual latente o implícito”. Es una pequeña parte del relato que Eugenio de la Fuente, párroco del barrio Quinta Normal de Santiago, declaró ante el primer fiscal que instruyó el caso de Fernando Karadima, el influyente párroco condenado y recluido –no en una cárcel– por los abusos sexuales y de poder perpetrados mientras era párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús del barrio de Providencia, más conocida como El Bosque.

De la Fuente, quien fue vicario de esta parroquia entre 2001 y 2009, es uno de los cinco sacerdotes que serán recibidos por el Papa Francisco en Roma del 1 al 3 de junio. Se trata de la segunda reunión que el Pontífice establece con las víctimas del ex sacerdote.

Han tenido que pasar 8 años y una polémica visita a Chile, donde no aterrizaba una autoridad papal desde 1987, para que la Iglesia Católica se hiciera cargo de aleccionar y sancionar a los cómplices de Karadima, condenado en 2010 tanto por la justicia ordinaria como por la eclesiástica y suspendido de por vida de sus funciones.

Contra los encubridores
La caja de Pandora se abrió el pasado mes de enero, tras la visita del Papa al país suramericano, marcada por las protestas en contra de la presencia de los obispos encubridores en las ceremonias papales. Pero el episodio más controvertido de la estancia de Jorge Bergoglio fue cuando, preguntado por la situación del obispo de la diócesis de Osorno Juan Barros, quien ha sido señalado como testigo y conocedor de los abusos sexuales, el Papa respondió: “No hay una sola prueba en su contra, todo son calumnias”. Unas palabras que provocaron la indignación de las víctimas y duras críticas a la máxima autoridad religiosa que, aunque luego pidió perdón por sus dichos, reafirmó su apoyo a Barros.

Una semana después, Francisco anunciaba la apertura de una investigación sobre el caso que terminó con el reconocimiento público de su error: "He incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada", manifestó el Papa en una carta enviada a la Conferencia Episcopal chilena. "Ya desde ahora, pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas", añadió. Y así fue: pocas semanas después el Pontífice recibió por primera vez a las víctimas de Karadima en Roma.

Para la segunda reunión sobre el asunto fueron los obispos chilenos quienes llegaron al Vaticano. Bergoglio quería esclarecer las acusaciones de encubrimiento del obispo Barros. Fue después de este encuentro que, hace una semana, se produjo la histórica renuncia en bloque de todos los obispos del país.

Desprestigio social
Mientras, en Chile, van saliendo a la luz nuevas denuncias de abusos sexuales –14 sacerdotes más fueron suspendidos esta semana– y la institución religiosa se hunde en una de sus peores crisis, el Papa tiene en sus manos la decisión sobre el futuro de los obispos.

“Lo ocurrido sienta un precedente inusual: nunca se había visto un castigo a una Conferencia Episcopal en pleno, incluyendo los obispos eméritos, y que haya sido citada al Vaticano para recibir una reprimenda, un llamado al orden que se respondió con la puesta a disposición de los cargos”, explica el teólogo y académico chileno Álvaro Ramis. Según él, “el Vaticano está interviniendo la Iglesia chilena directamente desde Roma, bypaseando a los obispos”.

Para el sacerdote jesuita y activista Felipe Berríos, la caída de la Iglesia Católica en Chile “es más fuerte en la medida que teníamos unos obispos de peso en la sociedad, más allá de la institución religiosa”.

En el último tiempo, la desconfianza social y el desprestigio de la jerarquía eclesiástica se ha puesto de manifiesto no sólo en el debate público, sino también en la política. Esta semana un grupo de diputados ha impulsado un proyecto de ley para terminar con los beneficios judiciales de los que gozan los obispos, entre los que se encuentra el fuero judicial que los exime de comparecer ante los tribunales civiles, sea como testigo o para confesar.

Otra iniciativa ha sido promovida por la coalición de izquierdas del Frente Amplio y busca derogar una ley que, en 2006, entregó la nacionalidad chilena “por gracia y autoridad eclesiástica” al arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, de origen italiano. Los parlamentarios lo acusan de hacer lobby para detener la nominación de Felipe Berríos como capellán de La Moneda, insultar a las personas trans y desconocer los encubrimientos de abusos.

El desafío de la Iglesia
Tras el escándalo chileno, el Papa se enfrenta a un desafío enorme que probablemente hace que hoy sea blanco de fuertes presiones de las figuras más poderosas de su entorno. “Seguramente un tercio de la Conferencia Episcopal será renovado”, pronostica Ramis. En su opinión, el viaje a Roma que próximamente llevarán a cabo los sacerdotes víctimas de Karadima servirá para recoger información de la red del entorno del condenado. Sin embargo, el gran reto pasa por llevar a cabo una renovación eclesial que garantice que no se repetirán los mismos errores. “El Papa no tiene suficientes cuadros eclesiásticos que estén en su misma línea porque quienes la asumieron fueron removidos a espacios secundarios en los 80 y no han tenido experiencia de gobierno. El resto está formado en una tradición conservadora que se cuadra con las prácticas que se quieren suprimir”, sostiene el teólogo.

El remezón que Francisco ha provocado en Chile contrasta con la pasividad con la que el Vaticano ha tomado otros casos de abusos y pedofilia en otros lugares del mundo. Una reacción que, según Felipe Berríos, en parte podría ser porque sus personas de confianza en Chile “le tergiversaron la realidad y no tuvo donde apoyarse, por lo tanto, se fue con las víctimas”. Pero también, según Ramis, porque el Papa instaló en el país suramericano una especie de “laboratorio” motivado por una opinión pública que apoya a los cambios, que el tamaño de la institución eclesiástica los permite y que existe un colectivo formado con una tradición distinta, más social, “que hoy es muy valorada y con la que se podría intervenir”.

Sea como sea, la sacudida que ha sufrido el clero chileno probablemente ha despertado las alertas en muchas diócesis a nivel global. “El Vaticano se legitima a costo de descabezar la Iglesia chilena en beneficio de la Iglesia mundial”, concluye Ramis. Berríos lo redondea: “Chile muestra afuera el desafío de la Iglesia: cambiar un estilo verticalista que se presta para el abuso sexual y de poder, por otro más sencillo, cercano a la gente y que incorpore a las mujeres en las jerarquías”.

domingo, 27 de mayo de 2018

#hemeroteca #lenguaje #politica | Los silbatos para perro y el discurso nacionalista de Rivera

Imagen: Nueva Tribuna / Albert Rivera y su 'España Ciudadana'
Los silbatos para perro y el discurso nacionalista de Rivera.
El término ‘dogwhistle politics’ -política del silbato para perros- es la expresión metafórica que se usa en filosofía del lenguaje y lingüística para denominar un fenómeno que es bastante común en el discurso político.
José R. Torices | Nueva Tribuna, 2018-05-27
https://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/discursonacionalista-albertrivera-espa%C3%B1aciudadana-ciudadanos-populismo-nacionalismo-rivera-arrimadas/20180527131936152346.html

El término ‘dogwhistle politics’ -política del silbato para perros- es la expresión metafórica que se usa en filosofía del lenguaje y lingüística para denominar un fenómeno que es bastante común en el discurso político. Un silbato político -por abreviar- es un acto de habla que se caracteriza por enviar un mensaje doble: uno al conjunto de oyentes que lo reciben -audiencia general-, y otro, un mensaje codificado que solo puede ser captado por una parte de esos oyentes -audiencia objeto-. La metáfora con los silbatos para perros es clara: estos silbatos lanzan un sonido con una frecuencia tan alta, que solo los perros pueden oírlo, pero no así los humanos. La idea es que, en un acto de habla como el del silbato político, el mensaje codificado, el que es silbado, solo es audible para una parte de los oyentes. Normalmente, este mensaje silbado comunica un contenido de naturaleza racista, homófoba o clasista. Como ha señalado el filósofo Jason Stanley, en su libro de 2015 ‘How Propaganda Works’, en nuestras democracias liberales, que un político ataque de manera explícita valores como la igualdad, la libertad o la justicia arremetiendo contra determinados sectores de la población conlleva el rechazo inmediato de la mayor parte de la ciudadanía. Por esta razón, para recibir el apoyo de los más reaccionarios y, al mismo tiempo, no espantar al electorado más moderado, muchos políticos y medios de comunicación afines usan mecanismos de propaganda política más sofisticados, como los silbatos políticos.

El estudio del fenómeno se ha centrado hasta ahora, sobre todo, en la política norteamericana. Uno de los casos de estudio es el de George Bush y su oposición a la decisión Dred Scott. Esta decisión hace referencia a la sentencia emitida por la Corte Suprema de los EEUU en el caso Dred Scott vs. Sandford de 1857. Con ella se negaba el derecho a la ciudadanía a toda persona de descendencia africana. En 2004, en un debate con el demócrata John Kerry, Bush criticó esta sentencia declarando, así, su oposición al aborto y a la decisión de la Corte Suprema de los EEUU de despenalizarlo, en 1973. La comparación entre la decisión Dred Scott y el caso Roe vs. Wade, el caso por el que la Corte Suprema despenaliza el aborto, es habitual en los círculos conservadores. La idea es que, del mismo modo que la Corte Suprema de 1857 erró al considerar que las personas de descendencia africana no eran personas, la Corte Suprema de 1973 erró al considerar que el feto no es una persona. El de Bush era, por lo tanto, un mensaje implícito dirigido a los sectores más radicales del electorado estadounidense, en concreto, a los fanáticos religiosos. Eso sí, sin mencionar nunca explícitamente en su intervención la cuestión del aborto.

El pasado domingo 20 de mayo, el partido de Albert Rivera, Ciudadanos, inauguró su nueva plataforma de participación ciudadana: España Ciudadana. Una plataforma de ciudadanos “libres” e “iguales” que “tiene que servir para recuperar la autoestima de país”, lanzada “para que los ciudadanos vuelvan a creer en su democracia, en sus instituciones, en España […], pero la España moderna, optimista, democrática, europea”. Al final de su intervención Rivera dijo lo siguiente:

“Yo no veo rojos y azules: yo veo españoles. Yo no veo, como se dice, gente urbanita y gente rural: yo veo españoles. Yo no veo jóvenes o mayores: yo veo españoles. Yo no veo trabajadores o empresarios: yo veo a españoles. Yo no veo a creyentes o agnósticos, yo veo españoles.”

Hay un sentido en el que esto que dice Rivera es trivial, pero hay otro sentido, más profundo, si se quiere, y técnico, en el que lo que dice es peligroso. Con este discurso de “ni rojos ni azules, ni trabajadores ni empresarios, ni creyentes ni agnósticos”, Rivera está apuntando al sentir común de una parte importante del electorado al que se dirige. Se trata de un electorado que se siente cómodo posicionado en un espacio político intermedio entre la derecha y la izquierda del espectro, al menos en el plano discursivo. Para este electorado autodenominado “de centro”, las palabras del líder de Ciudadanos son puro sentido común, el reflejo de una España “moderna” que está cansada de derechas e izquierdas, de Franco y de República, de empresario opresor y trabajador oprimido; una España que, como dice Marta Sánchez en su versión del himno y Rivera remarcó en su discurso, no tiene que “pedir perdón” por ser patriota. Para esa parte del electorado, las palabras de Rivera significan lo que significan.

Sin embargo, una porción de ese electorado al que se dirige Rivera es claramente ultraconservadora; algunos saben que lo son, otros no. Se trata de un electorado al que nadie se dirige explícitamente porque hacerlo espantaría a los más moderados -y a los que son ultraconservadores, pero no lo saben-, pero que tanto el Partido Popular como Ciudadanos se disputan. Para los más politizados de ese sector, el discurso de Rivera tiene un timbre similar al discurso del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera: la crítica al discurso de clases -“yo no veo trabajadores o empresarios: yo veo españoles”, así como la apelación al nacionalismo español por encima de las diferencias territoriales. Volvamos la vista a atrás y recordemos las palabras de Primo de Rivera: “España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada por los partidos y por la división engendrada por la lucha de clases. Cuando España encuentre una empresa colectiva que supere todas esas diferencias, España volverá a ser grande como en sus mejores tiempos”. Para el oído ultraconservador, y también para el fascista, las palabras de Rivera resultan extremadamente familiares. Esta familiaridad con el lenguaje usado por el líder de Ciudadanos sirve para movilizar ese tipo de voto hacia la formación naranja.

Quizás algunos lectores piensen que este análisis es equivocado, que, en realidad, Rivera buscó inspiración en el discurso de apertura de Obama en la Convención Nacional Demócrata de 2004, en Boston, y no en Primo de Rivera. Sin embargo, este hecho no cambiaría nada el análisis aquí presentado. Como bien ha señalado el politólogo Roger Senserrich en su artículo Copiar a Obama y sonar como Primo de Rivera, hay dos diferencias fundamentales que creo que ayudan a entender por qué mensajes tan similares desde el punto de vista semántico pueden dar lugar a reacciones tan dispares en los oyentes. Son los aspectos pragmáticos del lenguaje, que tanto filósofos como lingüistas han estudiado desde hace décadas, los que explican ambas diferencias en el discurso. La primera tiene que ver con el contexto desde el que se profiere el mensaje: los problemas políticos que más preocupan a la ciudadanía de cada país, los aspectos sin resolver del pasado reciente que siguen teniendo eco en la actualidad, cuáles son los valores y cómo son representados en cada país, etc. La segunda tiene que ver con el estatus del hablante: no es lo mismo que quien apele a la unidad sea, como en el caso de Obama, alguien que pertenece a un colectivo que ha padecido y padece una discriminación sistemática por pertenecer a dicho colectivo, que ser parte, como ocurre con Rivera, del colectivo más privilegiado, cada uno en sus respectivos países.

Lo peligroso de este tipo de discursos, además del engaño a la audiencia general, es que el silbato político puede ejercer su efecto persuasivo en la audiencia objeto incluso sin que esta sepa que está siendo movilizada por razones que despreciarían. Uno de los rasgos centrales de este tipo de acto de habla es que el hablante puede negar que haya comunicado el mensaje silbado sin entrar en contradicción con lo que ha dicho explícitamente. Por eso, aunque reprochemos a Albert Rivera que con su discurso está mandando mensajes codificados -deliberadamente o no- a los sectores más ultraconservadores del electorado español, él siempre podrá negarlo sin producir extrañeza. Lo esperanzador es que, como ha mostrado la politóloga Tali Mendelberg de la Universidad de Princeton, hacer explícito el mensaje silbado y ponerlo sobre la mesa para su discusión puede reducir el impacto que el mensaje silbado tiene en la audiencia objeto, al menos en esa parte que es, sin saberlo, ultraconservadora.

José R. Torices. Filósofo y doctorando en el Departamento de Filosofía I de la Universidad de Granada.

#hemeroteca #sexo #feminismo | Sexo y empatía. Las bases éticas del follar

Imagen: ctxt
Sexo y empatía. Las bases éticas del follar.
Introducir la empatía en cualquier relación quiere decir preocuparse por el otro o la otra, por su bienestar, y nada de esto está reñido con ningún tipo de sexo (excepto el machista)
Beatriz Gimeno | ctxt, 2018-05-27
http://ctxt.es/es/20180523/Firmas/19815/sexo-feminismo-empatia-sexualidad-machista.htm

A raíz de lo ocurrido con la sentencia de La Manada, en los días (ya semanas) siguientes, hemos hablado y escrito de muchas cosas relacionadas con el feminismo y no estrictamente con la sentencia en sí, que también. Digamos que la sentencia, como antes el 8M, está sirviendo para levantar muchas alfombras y levantarlas incluso de sitios donde hacía años que nadie se ocupaba de barrer. Esta sentencia ha provocado indignación porque antes estuvo el movimiento #MeToo y porque una gran parte de la revuelta feminista de los últimos tiempos tiene que ver con la violencia sexual, es una revuelta contra las violaciones y el acoso, contra la sexualidad machista, en definitiva. Así que por fin se nos presenta la oportunidad al feminismo de hablar más de sexo. Porque el sexo es el elefante blanco que está en una habitación y nadie parece ver. Y no se trata sólo de denunciar, castigar o perseguir, no se trata de aumentar las penas, sino de reflexionar acerca de qué es esa “cosa escandalosa” (parafraseando a Donna Haraway y refiriéndola aquí a la sexualidad patriarcal) y qué relación tiene con la desigualdad social, con las relaciones de género, con el poder, con la política. Es hora de volver a pensar la sexualidad como una construcción política que incide en las relaciones sociales de manera fundamental.

¿Entendemos lo mismo por “sexo”?
Al fin y al cabo parece que hay una discordancia muy evidente cuando un juez ve jolgorio donde otros jueces vieron dolor extremo; cuando los violadores y todos sus palmeros están convencidos de que hubo sexo y cuando las mujeres sabemos que allí hubo una violación. Es evidente que la discordancia sobre lo que entendemos por sexo alcanza incluso al interior del feminismo. De hecho, algunos de los asuntos más polémicos dentro de éste, como la prostitución o la pornografía, tienen que ver con el sexo, con lo que entendemos por sexo y también con lo que entendemos, en definitiva, por sexo ético. En realidad, nadie dentro del feminismo niega que el sexo es un lugar en el que se dilucidan relaciones de poder socialmente construidas. Esta consideración no es nueva, el feminismo de la Segunda Ola, al fin y al cabo, nació como una teoría radical de la sexualidad pero hacía mucho que la sexualidad patriarcal no se ponía en el punto de mira de la mayoría del feminismo como ahora ha ocurrido. Y surgen preguntas necesarias: ¿Cómo influye la construcción sexual masculina y patriarcal en la realidad, en las relaciones entre hombres y mujeres? ¿Qué relación guarda dicha sexualidad con la construcción de la subjetividad masculina? ¿Podemos deconstruir la sexualidad masculina hegemónica? ¿Es necesario follar de otra manera para ser más iguales? ¿Hay una manera justa de follar? ¿Hay una manera ética o la ética no tiene nada que ver con follar?

Cualquier cosa que tenga que ver con la sexualidad requeriría de un libro extenso, pero de manera concisa pienso que no podemos renunciar a tener criterios éticos con respecto a cualquier acto en el que intervenga la voluntad porque somos seres morales; y quizá en el sexo menos que en muchos otros porque la sexualidad es un pilar de nuestra subjetividad, y también porque implica una relación con otro/a(s) persona(s). Sabemos también (y eso no lo niega casi nadie) que la sexualidad patriarcal está muy relacionada con el dominio (la conquista) y no tanto con la reciprocidad o la igualdad. Digamos que la mayoría de la gente asume que hay una ética de mínimos que aplica en el sexo: el consentimiento. Pero en estos momentos han surgido voces feministas que piden que se vaya más allá y han problematizado la propia noción de consentimiento aplicado al sexo. Sin duda que el consentimiento significó un avance en su día teniendo en cuenta que hasta hace poco este era irrelevante y aún lo es en gran parte del mundo. Puede que a la hora de plasmarlo en los códigos debamos referirnos a él como concepto jurídico, pero sí pienso que, al menos desde el feminismo, podemos problematizarlo. Por una parte porque es evidentemente un factor de desigualdad que nos sitúa a hombres y mujeres en lugares diferentes, con subjetividades diferentes, deseos diferentes, modos de follar también distintos y supuestas diferentes necesidades. Somos las mujeres las únicas que consentimos, mientras que ellos desean y actúan; nos follan. Nosotras, así, nos situamos como objeto deseado y pasivo, mientras que ellos son el sujeto activo que, con suerte, pide el consentimiento para el acceso a nuestro cuerpo. El consentimiento, además, puede comprarse con dinero o con otro tipo de bienes, materiales o inmateriales; puede darse incluso a cambio de amor. Puede conseguirse de múltiples maneras pero siempre desde posiciones de poder diferentes: son ellos los que buscan conseguirlo, comprarlo, forzarlo y nosotras las que lo poseemos como un bien con el que negociar. Y alrededor de esta concepción del consentimiento se levanta una construcción inmensa de desigualdad material y simbólica: ellos desean, necesitan, follar; nosotras consentimos (o no) que nos follen.

Entonces, para que follar sea ético ¿basta con el consentimiento (y qué clase de consentimiento) o tenemos que ir más allá si queremos que la sexualidad y lo que lleva aparejado, promueva, refleje, posibilite, eduque en la igualdad entre hombres y mujeres y procure una distribución igualitaria de placeres y bienes simbólicos? ¿Qué tiene que ver todo eso con la empatía? ¿Es necesario follar con empatía para que sea un follar ético e igualitario o eso entorpece la idea que tenemos del sexo? Cuando una tuitera (@magdalenaProust) mezcló sexo y empatía se armó un lío tremendo. Follar con empatía es quitarle toda la gracia al sexo dijeron muchos y muchas. La pregunta entonces es ¿qué es follar con empatía? ¿Es necesario? ¿Es feminista? Creo que sí, que es necesario y que es necesariamente feminista. Y lo es porque la sexualidad masculina hegemónica, al menos en el plano del deseo, se construye, no sobre la cosificación de los cuerpos (que puede ser un elemento del deseo), sino sobre la deshumanización. Y a la hora de interpretar esta construcción sexual, a la sempiterna deshumanización patriarcal le tenemos que unir la ideología neoliberal que impone una interpretación de la relación sexual como algo absolutamente individual y sin consecuencias más allá de dicha relación; que ha borrado de nuestras cabezas la posibilidad de analizar estructuras materiales e ideológicas que construyen la realidad, también la sexual. Introducir la empatía en el follar (o en cualquier otra relación) quiere decir preocuparse por el otro o la otra, por su bienestar, quiere decir tener la capacidad para ponerse en su lugar, y nada de esto está reñido con ningún tipo de sexo (excepto el sexo machista): el sexo casual, el sexo con muchas o muchos, el sexo con desconocidas/os, el sexo fuerte, el sexo incluso voluntariamente cosificador... el sexo como sea, siempre que se sepa que ahí, al otro lado, hay un ser humano, una mujer, con su propio deseo y con el mismo derecho a que dicho deseo sea atendido y respetado. Creo que siempre es mejor no tratar a las personas como un medio que hacerlo, que las relaciones sexuales tienen siempre que incluir preocupación activa por la(s) otra(s) persona(s), por su bienestar, por su placer; que se debe educar a los hombres de manera que ninguno se muestre indiferente frente al malestar sexual de una pareja, para que aprendan a identificar este, para que el bienestar sexual de la otra(s) sea tan importante como el suyo propio. Las mujeres deben también aprender a expresar su deseo, sus malestares, sus preferencias al follar y los hombres tienen que aprender a escucharlas, respetarlas, percibirlas, tenerlas en cuenta... Por tanto, sí, empatía.

Gayle Rubin, con la que coincido en pocas cosas, define muy bien en qué marco deben moverse los encuentros sexuales para que puedan ser considerados éticos. Dice Rubin que los encuentros sexuales tienen que ser juzgados por la manera en la que las partes se tratan una a otra en el nivel de consideración mutua; por la presencia o ausencia de coerción y por la cantidad y calidad del placer que se dan. Esto es la empatía al follar, nada más y nada menos. No hay ética sin feminismo y el feminismo es también una ética. Así que creo que toca, sí, comenzar a exigir a los hombres comportamientos éticos también en el terreno de la sexualidad, lo que en definitiva no es más que asumir y contemplar la plena humanidad de aquella(s) con quien(es) se folla. Parece fácil, pero hay toda una construcción masculina del deseo, de la sexualidad, del follar, que impone lo contrario. Y eso es justo contra lo que se ha levantado el feminismo.

#hemeroteca #poblacionmigrante | Una minoría que gana presencia

Imagen: El Diario Vasco / Familia Freire-Pineda
Una minoría que gana presencia.
Crece la población inmigrante en Gipuzkoa y uno de cada diez ciudadanos ya es extranjero. Cuatro testimonios de personas foráneas residentes en el territorio reflejan las distintas realidades detrás de la migración a otro país.
Aiende S. Jiménez | El Diario Vasco, 2018-05-27
http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/minoria-gana-presencia-20180527185044-nt.html

La población extranjera tiene cada vez más presencia y por lo tanto más peso en la sociedad guipuzcoana. La evolución del porcentaje de personas nacidas fuera del Estado que se han instalado en el territorio en los últimos años muestra una tendencia siempre ascendente y hoy ya suponen el 9,5% del total, o lo que es lo mismo, uno de cada diez guipuzcoanos ya es de origen extranjero. En algunos municipios como Arrasate, Errenteria o Tolosa la población inmigrante casi se ha triplicado en la última década y en otros como Ordizia o Beasain el número de vecinos extranjeros supera el 10% del total.

Los últimos datos del padrón a 1 de enero de 2018 revelan que la población inmigrante en Gipuzkoa se cifra en 68.288 personas. Y ninguna de las historias que existen detrás de cada una de ellas es igual. Son distintas las razones que les llevaron a dejar su país, la forma o medio por el que llegaron hasta aquí, así como las circunstancias que han rodeado su nueva vida una vez en el territorio. Conocemos cuatro de esas miles de historias, que son un reflejo de lo que supone ser una minoría en un sitio extraño al que han acabado llamando hogar.

Familia Freire-Pineda. De Ecuador y Colombia, viven en Ordizia desde el año 2000. «La gente piensa que tenemos hijos para vivir de las ayudas»

Cuando Janet y Javier Freire eran muy pequeños sus padres decidieron salir de Ecuador en busca de una vida y un futuro mejores para sus hijos. Ese sitio lo encontraron en Ordizia, donde la familia se instaló y lleva viviendo desde hace 18 años. Los niños, ya grandes, han creado sus propias familias. Javier tiene cuatro hijas con Juliana Pineda, una colombiana a la que conoció durante una Semana Grande en Donostia. Ella, que vivía en el barrio de Gros, se mudó a la localidad goierritarra.

Javier asegura que en su caso no le costó salir de Ecuador. Tenía ocho años, y reconoce que cuando volvió a su país años después de vacaciones no se acostumbraba a la vida de allí. En Ordizia estaban sus amigos, su casa y era feliz, aunque reconoce que al principio el euskera fue un reto muy complicado para él y sus dos hermanos.

Eso no le impidió acudir al Parlamento Vasco en el año 2000, donde recuerda que él y otro compañero de clase cubano leyeron unas frases en euskera delante de todos los miembros de la cámara.

Tanto él como su mujer creen que en Gipuzkoa «se ayuda mucho a la gente que viene de fuera», aunque Javier insiste en que «también debería ayudarse a los que son de aquí y lo están pasando mal». No obstante reconocen haber vivido situaciones en las que se les ha juzgado por el simple hecho de ser extranjeros. «Mucha gente no ve bien que tengamos cuatro hijas porque se piensan que lo hacemos para vivir de las ayudas. Una vez en un bar una señora señaló el carrito de nuestra niña y nos dijo: 'Eso que lleváis vosotros lo pagamos nosotros'», cuenta ella. «Es injusto», añade Javier, «porque los dos trabajamos y no recibimos ayudas de nadie». Bueno sí, de su suegra, quien les echa una mano para poder dar a basto en el cuidado de las cuatro niñas.

Javier ha conocido lamentablemente el lado más crudo del racismo, el que va ligado a la violencia. «Fue en Madrid, donde pasamos unos meses cuando llegamos a España. Unos chicos mayores del cole me metieron una paliza», cuenta.

Salvo esos hechos que consideran anecdóticos, toda la familia afirma ser «feliz» en Ordizia, «donde siempre nos hemos sentido bien». Tanto que Juliana nunca ha vuelto a Colombia. «¿Eso lo dice todo, no?».

Imagen: El Diario Vasco / Naziru Issah
Naziru Issah, 19 años, Ghana. Llegó en patera y vive en Villabona.

Naziru Issah narra su historia esforzándose en encontrar las palabras en castellano que expresen todos los recuerdos que bombardean su memoria. El camino hasta llegar a Gipuzkoa no ha sido ni mucho menos fácil. Con 16 años, este joven, el hijo mayor de una familia ghanesa, decidió que tenía que hacer algo para ayudarles. «La vida allí no es fácil, así que dejé los estudios y decidí salir del país», explica.

Comenzó entonces un peligroso viaje desde Ghana a Níger, después Argelia, hasta llegar a Marruecos, donde pretendía embarcar en una patera con la que alcanzar la costa española. Asegura que él tuvo suerte, «porque conocía a un chico de mi barrio que se ocupaba de gestionar el paso de las personas y me ayudó mucho», señala Naziru «Murió, le apuñalaron», se apresura a añadir.

Porque para muchos inmigrantes el riesgo de morir cruzando las fronteras no está solo en el mar. Antes de embarcar, pasó un tiempo escondido en un campamento en un bosque con otras muchas personas que, como él, buscaban salir, aunque fuera arriesgando sus vidas. Él, recuerden, era tan solo un adolescente de 16 años que había dejado su casa y su familia muy lejos.

Por fin, llegó hasta Málaga, después de mes y medio de trayecto. «Fue muy rápido, hay mucha gente que se queda meses esperando en Marruecos para salir», cuenta. Allí pasó cuatro meses, compartiendo un piso que otro hombre ghanés había comprado en un pueblo malagueño del que no sabe ni el nombre «porque llegamos de noche y nos escondimos para que no nos pillara la Policía».

¿Cómo llegó hasta Gipuzkoa? «Después de un viaje tan largo pensé que no me podía quedar en la esquina de España, así que me fui hasta la otra punta». Como era menor de edad, primero pasó por el centro de menores de Uba, en Donostia, gestionado por la Diputación de Gipuzkoa. Más tarde se fue a un piso de acogida en Beasain, donde pasó dos años con otro chico marroquí. Una vez cumplió la mayoría de edad dejó de contar con esa protección foral y tuvo que buscarse la vida por su cuenta. «He pedido la RGI para poder vivir porque estoy estudiando carrocería y ahora vivo solo en Villabona», cuenta con orgullo.

Idas y venidas, en un país nuevo en el que se habla otro idioma, siendo menor de edad y muy lejos de su familia. «Ha sido duro, porque me he sentido muy solo, de hecho aún me siento así, pero he tenido suerte y vivo para contarlo». Explica que en su país la gente es «más sociable, más abierta», y coincide con el tópico de que los vascos son más cerrados. No obstante asegura que aquí ha hecho amigos, «no muchos, pero sí muy buenos».

Su mayor preocupación ahora es dominar el castellano, con el que se desenvuelve a la perfección aunque su exigencia sea mayor. El futuro se lo imagina aquí. Por una razón con un peso incontestable. «Aquí cambió mi vida. Aquí me han dado una educación mejor y me han dado una oportunidad para empezar de nuevo, y soy muy feliz».

Imagen: El Diario Vasco / Paco Sánchez y Milenka Mejía
Milenka Mejía, 61 años, Bolivia. Casada con Paco Sánchez, de Ordizia. «Como en todas las sociedades, hay gente racista y gente buena»

Cuando Paco Sánchez sale a dar una vuelta por su pueblo la gente que le conoce lo primero que le pregunta es: '¿Qué tal Milenka?'. Su mujer, que lleva catorce años viviendo en Ordizia, está totalmente integrada entre sus amigos y su entorno. Se conocieron por Internet, y tras un tiempo chateando Paco viajó a Bolivia para conocerla. «Yo era muy feliz allí, no tenía ninguna intención de irme, pero por razones de salud que afectaban a mi marido me vine con él a Ordizia», aclara Milenka Mejía. La inercia le empuja a dar explicaciones, consciente del estigma que aún existe hacia las mujeres latinas. «He vivido de todo, pero cuando llegué noté desconfianza, porque me ven como una sudamericana que viene a aprovecharse del dinero de uno de aquí», se queja.

Un cliché prejuicioso que queda muy lejos de la realidad. Con 18 años Milenka se fue de Bolivia para estudiar cinco años en Rusia, «porque me gusta conocer otras sociedades, otras culturas y aprender de gente nueva». Quizá por ello creyó importante que sus hijos, a quienes dejó en Bolivia cuando salió de allí con Paco, también volaran de su país para conocer mundo. Ahora los dos viven en Euskadi, uno en Barakaldo y la otra en Irun. «Vinieron empujados por mí, pero les avisé de que no venían al paraíso, sino a un lugar que era muy diferente a lo que conocían», señala.

Milenka cuenta que cuando llegó a Ordizia no le costó encontrar trabajo. Sabía donde buscar. «Era consciente de que mis opciones pasaban por limpiar pisos o cuidar de personas mayores», afirma. No se equivocó. Los datos revelan que las mujeres latinoamericanas conforman buena parte del nicho de trabajo del sector doméstico. Empezó así, como empleada de hogar, para después pasar a trabajar en un centro de día. Pero no era suficiente. «Me matriculé en la universidad, en Donostia, donde me saqué el título de Trabajadora Social. También me apunté a un máster, pero no lo llegué a terminar», relata con pesar.

Aunque ella tiene un círculo de amigos en Ordizia, admite que se ha encontrado de todo, «gente muy racista y gente muy buena, como ocurre en todas las sociedades, da igual que sean del primer, segundo o tercer mundo», afirma. Ella aplica la filosofía del 'vive y deja vivir'.

Cree que detrás de los comportamientos racistas está la falta de información. «Y de respeto», añade su marido. «La gente de un lugar exige a los que llegan de fuera que se integren, pero ellos no se preocupan por entender sus costumbres sociales y culturales, y al final lo que ocurre es que los inmigrantes acaban compartiendo el tiempo con otros inmigrantes».

Imagen: El Diario Vasco / Max Hu y su madre
Max Hu, 24 años, China. Vive en Errenteria con su familia. «Tengo más amigos guipuzcoanos que extranjeros»

En el restaurante La Gran Muralla de Errenteria, Max Hu coge los pedidos por teléfono y sirve las mesas. En la cocina su madre prepara los platos que aparecen en la carta. Su padre gestiona el restaurante. Esta familia china salió de una localidad cercana a Pekín hace diez años para instalarse en Gipuzkoa. Max, que ahora tiene 24 años, y su hermano pequeño, de 16, han crecido aquí. «Primero vivimos en Alicante unos años, pero después vinimos en Errenteria, donde mi padre montó el restaurante», cuenta Max, quien echa una mano en el negocio familiar.

Afirma que la vida como parte de la sociedad guipuzcoana «es mucho más tranquila y más fácil» de lo que era en China. Al llegar siendo apenas unos críos ni a él ni a su hermano les costó hacer amigos. «Hay gente racista, pero en general la gente es muy maja, sobre todo los jóvenes», asegura. De hecho, afirma que tiene «más amigos guipuzcoanos que extranjeros», rompiendo con ese otro cliché de que los chinos solo se juntan con otros chinos.

Max sigue manteniendo contacto con sus amigos de la infancia, que todavía viven en China. Hace unos años volvió a su país y lo encontró «muy cambiado, muy moderno». Su futuro, no obstante, lo imagina en Gipuzkoa. «Me quiero quedar». 


«Los flujos migratorios dependen de las crisis y desde 2015 ha habido un repunte»
A. S. Jiménez | El Diario Vasco, 2018-05-27

http://www.diariovasco.com/sociedad/flujos-migratorios-dependen-20180527001710-ntvo.html

En los últimos 20 años la población inmigrante de Gipuzkoa ha pasado de ser una pequeña a una gran minoría. En 1998 en Gipuzkoa vivían algo más de 5.000 personas nacidas en otro país, mientras que los últimos datos provisionales del padrón a 1 de enero de 2018 reflejan que ya hay 68.288 habitantes de origen extranjero que conviven en el territorio.

Gipuzkoa ha registrado cifras récord de habitantes desde 2015. Un fenómeno demográfico provocado por el aumento de la llegada de población inmigrante, que ha contrarrestando el descenso de la autóctona, provocado por el envejecimiento de la sociedad y el descenso de la natalidad -los últimos datos revelan que es el territorio vasco donde más descendieron los nacimientos en el año 2017 (-7,3%), con 438 bebés menos-.

Esa diferencia en el saldo entre población local y extranjera también se refleja en la comparativa de las dos últimas décadas en Euskadi. Según los datos recogidos por Ikuspegi, el Observatorio Vasco de Inmigración, basados en estadísticas del Instituto Nacional de Estadística, desde 1998 la población autóctona ha perdido a 79.812 personas, mientras que se han ganado 179.841 de origen extranjero. En el último año llegaron a Euskadi un total de 9.586 personas procedentes de otros países, 2.827 de ellas a Gipuzkoa. Unas cifras que duplican a las del año anterior y que supone el mayor incremento en ocho años.

Gorka Moreno, presidente de Ikuspegi y doctor en Sociología por la Universidad del País Vasco, explica ese aumento del flujo de inmigrantes por la relación que los movimientos migratorios tienen con las crisis financieras. «Desde 2009-2010 ya se observa que la llegada de personas a Euskadi sufrió un fuerte descenso, una tendencia a la baja que se mantuvo durante toda la crisis hasta 2015, cuando hubo un repunte que en los dos últimos años no ha hecho más que consolidarse», señala.

La crisis provocó asimismo que el saldo exterior en Gipuzkoa -la diferencia resultante entre las personas que llegan al territorio y las que se van-, fuese negativo durante los años duros de la crisis. «Cuando hablamos de migraciones hay que tener en cuentan los que vienen y los que salen, porque no todo el que llega se queda», explica Agustín Unzurrunzaga, de SOS Racismo. «A partir de 2015 la tendencia vuelve a modificarse y Gipuzkoa vuelve a ser un lugar de interés para las personas inmigrantes», señala.

En especial para los extranjeros nacidos en países de Latinoamérica, que suponen el 70% del total de personas que llegaron en 2017, especialmente procedentes de Nicaragua, Honduras, Colombia y Venezuela. «La latinoamericana es una población que responde a los ciclos económicos y al mercado laboral, y además se adaptan de mejor manera al nicho de cuidados de personas mayores y labores domésticas, en especial las mujeres», explica el presidente de Ikuspegi, que recuerda que esa es la razón principal por la que más de la mitad de la población inmigrante que reside en Euskadi son mujeres. «El hecho fundamental que explica el cambio de tendencia en la llegada de extranjeros es el número inmigrantes de Sudamérica», confirma Unzurrunzaga.

No obstante, ambos insisten en que el porcentaje de población inmigrante residente en Euskadi (9,4%) está muy por debajo de la media del Estado, situada en el 13,6%. «La gente cree que en Euskadi vive más gente extranjera de la que realmente hay, no importa el porcentaje», afirma Moreno, quien se muestra optimista al pensar que el aumento de la presencia de población extranjera en el territorio vasco puede contribuir a la atenuación del racismo. «El hecho de que nuestros hijos e hijas compartan clase con niños de otras nacionalidades es positivo en ese sentido».

Diferencias por municipios
Los 68.288 extranjeros que viven actualmente en Gipuzkoa están distribuidos entre municipios, algunos donde tienen una mayor presencia. Es el caso de Ordizia y Beasain, donde la población inmigrante supone un 14,78% y un 11,59% del total respectivamente. Por otro lado, la localidad en la que más ha aumentado el número de extranjeros en la última década es Tolosa, donde se ha pasado de 522 personas en 2007 a 1.260 en 2017, según datos del INE. En cifras totales, las localidades que más cantidad de inmigrantes concentran son, por orden, Donostia, Irun y Errenteria.
  • El dato
  • 14% de la población de Ordizia es de origen extranjero, la cifra más alta en todo Gipuzkoa. Le sigue Beasain, donde suponen un 11%, Irun, donde representan el 9% del total de vecinos y Azkoitia, donde son el 8,2%, según datos del INE referentes al Padrón continuo.
  • Donostia. Localidad donde viven más personas inmigrantes, un total de 12.541 personas (sin contar las nacionalizadas) y que suponen el 6,72% del total.
  • Irun. El padrón tiene contabilizadas 5.611 personas de origen extranjero en Irun, una cifra que ha aumentado un 55% desde 2007.
  • Errenteria. Tercera localidad con más ciudadanos extranjeros, un total de 2.458, un 120% más que la cifra de 2007.

#hemeroteca #capitalerotico | Loris Sven Karius: El guapísimo portero que ha conquistado el corazón de los madridistas de todos los sexos con sus fallos

Imagen: El Español / Loris Sven Karius
El guapísimo portero que ha conquistado el corazón de los madridistas de todos los sexos con sus fallos.
Loris Sven Karius, el jugador del Liverpool, consiguió convertirse el sábado en el protagonista de la final de la Champions.
Elena Bustamante | El Español, 2018-05-27
https://www.elespanol.com/corazon/celebrities/20180527/guapisimo-portero-conquistado-corazon-madridistas-sexos-fallos/310469118_0.html

Loris Sven Karius (24 años) se convirtió el sábado en el verdadero protagonista de la final de la Champions entre su equipo, el Liverpool, y el Real Madrid. Sus fallos contribuyeron a que los merengues se llevaran el título a casa, pero su carisma y belleza consiguió algo que ni se podía haber imaginado al principio del encuentro: conquistó los corazones de todos los madridistas.

Mientras los futbolistas se afanaban en ganar el partido, muchos de los espectadores buscaban en internet quién era ese guardameta de melena rubia y piel teñida por la tinta.

Sin embargo, y para disgusto de muchas merengues, el corazón de Loris ya tiene propietaria. Se trata de Pamela Reif (22), una joven ‘influencer’ que se hizo conocida en las redes por sus consejos ‘fitness’. La pareja comenzó su relación a principios de 2017 gracias a una afortunada presentación entre conocidos, según el periódico ‘Bild’.

Al joven futbolista atributos no le faltan, ya que además de su impresionante físico, es conocido por ser un apasionado de los animales, sobre todo de su perro Banksy, y está concienciado con distintas causas sociales con las que contribuye.

Razones que no han pasado desapercibidas para los espectadores merengues. Aunque Loris perdiera el sábado la Champions, ha conseguido ganar un gran número de fans en nuestro país.

#hemeroteca #aborto | La gran victoria del ‘sí’ en la consulta del aborto reafirma a la nueva Irlanda

Imagen: El País / Celebración del 'sí' al aborto en Irlanda
La gran victoria del ‘sí’ en la consulta del aborto reafirma a la nueva Irlanda.
El 66% de los irlandeses vota a favor de reformar la Constitución para permitir la interrupción del embarazo.
Pablo Guimón | El País, 2018-05-27
https://elpais.com/internacional/2018/05/26/actualidad/1527328272_231784.html

Irlanda rompió con su pasado, culminó su modernización social y mandó un poderoso mensaje al mundo al aprobar, por un contundente 66,4%, la legalización del aborto. El histórico resultado del referéndum, nuevo hito en una corriente feminista global e imparable, se celebró en Dublín por una generación joven y cosmopolita que toma las riendas del último bastión del conservadurismo católico. El sí ganó en el campo y en la ciudad, entre hombres y mujeres. El último tabú ha caído en un país que, tras aprobar el matrimonio igualitario hace tres años, rechaza definitivamente la injerencia de la Iglesia.

La contundencia del resultado, 66,4% frente a 33,6%, supone una histórica victoria de la Irlanda joven y cosmopolita. La victoria representa un nuevo avance para el feminismo global, cuyos millones de ojos estaban puestos desde hace días en este país de apenas 4,7 millones de habitantes, en busca de más inercia para una ola que se antoja imparable. Y entraña, por último, una aparatosa derrota de las poderosas fuerzas ultraconservadoras globales, que habían volcado sus recursos en defender el último fortín del catolicismo más reaccionario.

A las tres de la tarde del sábado, la nueva Irlanda se congregaba ante el castillo de Dublín, donde tenía lugar un recuento de los votos que iba constatando la aplastante victoria anticipada la víspera por los sondeos a pie de urna. Los abrazos y las lágrimas de emoción revelaban que ya nada iba a detener un momento que en todos los corros se calificaba de “histórico”. Prominentes figuras de la campaña del no ya habían reconocido su derrota.

Pasadas las seis de la tarde, terminaba el recuento y revelaba que dos de cada tres votantes habían optado por legalizar el aborto. La participación fue la más alta de los 21 plebiscitos que se han celebrado en el país desde que en 1996 los irlandeses votaron por la legalización del divorcio. Irlanda, donde un 78% de los ciudadanos se define como católico, rechazó simbólicamente la intromisión de la Iglesia en los asuntos sociales, meses antes de que el papa Francisco viaje al país, en la primera visita papal desde 1979.

“Somos un país decente y compasivo que se preocupa por sus ciudadanos. Este es el momento de la constatación definitiva del cambio en Irlanda”, decía el diputado David Norris, de 72 años, el primer cargo electo abiertamente gay del país, que pasará a la historia como el hombre que logró la descriminalización de la homosexualidad en Irlanda en 1988.

El primer ministro, Leo Varadkar, llegó al castillo de Dublín junto a Simon Harris, ministro de Sanidad y uno de los héroes de la batalla por la despenalización del aborto. Fueron recibidos con vítores. Harris anunció que el mismo martes pedirá formalmente al Gobierno que apruebe su borrador de nueva normativa del aborto, para que se convierta en proyecto de ley y pueda iniciar su tramitación parlamentaria. El líder del Fianna Fáil, principal partido de la oposición, garantizó que los diputados de su formación que apoyaron el no en la campaña, 32 de 44, “no se interpondrán en el camino de la voluntad del pueblo irlandés”. El primer ministro dijo confiar en que la nueva legislación esté aprobada antes de final de año.

La victoria del sí supone la derogación de la Octava Enmienda, añadida en la Constitución de la República de Irlanda tras un referéndum en 1983, que equipara el derecho a la vida de una mujer embarazada con el de su feto. Esa es la base de una prohibición casi total del aborto, incluso en casos de violación, incesto, anomalía fetal o riesgo para la salud de la madre.

El restrictivo régimen legal produjo una exportación del problema, como denunció la campaña del sí, a costa del sufrimiento de las mujeres: cada año, cerca de 3.500 mujeres viajan al extranjero a abortar y 2.000 más adquieren ilegalmente píldoras abortivas en Internet, arriesgándose a penas de cárcel.

La propuesta del Gobierno, que tramitará ahora el Parlamento, contempla el aborto legal en las primeras 12 semanas de gestación sin tener que justificar su decisión. Después, hasta las 24 semanas, las mujeres estarían autorizadas a abortar si su vida o su salud estuvieran en riesgo o si el feto no pudiera sobrevivir fuera del cuerpo de la madre. La campaña del no defendió que la propuesta del Gobierno va demasiado lejos y oculta un “aborto a demanda”, pero lo cierto es que el texto equipararía la normativa irlandesa con las de los principales países europeos.

“Lo siento. Espero que esto absuelva la culpa de mi país”. El mensaje, escrito en una postal de la campaña del sí por Triona Barrow, de 25 años, iba dirigido a Savita Halappanavar, fallecida en 2012 de una septicemia, después de que se le negara la interrupción de un embarazo que acabaría causándole la muerte. Su caso fue el detonante para que muchas jóvenes decidieran sacar a la calle una rabia que hasta entonces las consumía por dentro. El rostro de Savita, pintado en un mural del centro de Dublín, amaneció este sábado cubierto de flores y mensajes.

Confiada en que el recuento confirmaría la aplastante victoria, como haría horas después, Triona llevó su mensaje a Savita con un ramo de flores a primera hora de la mañana. “Estamos ante una Irlanda nueva”, decía, cubierta de lágrimas de emoción. “Esto quiere decir que la sociedad por fin se fía de las mujeres. Lo siento, no puedo parar de llorar, creo que estaré así todo el día”, advertía.

Triona había votado en Roscommon, el pueblo donde nació, en el único condado que votó no al matrimonio igualitario en 2015, convertido en símbolo de la Irlanda rural y reaccionaria. El sábado, hasta en Roscommon ganó el sí (57%). Las líneas que separaban la Irlanda cosmopolita de la conservadora y católica se difuminaron. En la Irlanda rural ganó el sí. Solo en una circunscripción, la de Donagal, se impuso el no, y lo hizo por solo un 51,87%.

Emoción y júbilo
Ganó el sí entre las mujeres y entre los hombres. Ganó en todos los grupos de edad, excepto entre los mayores de 65 años. La incorporación al censo electoral de miles de jóvenes que no pudieron votar hace tres años es uno de los factores que explican los casi cuatro puntos más que cosechó el sí en este referéndum respecto al del matrimonio igualitario de 2015. La barrera de la edad es la única que quedó un poco en pie el sábado en Irlanda, y es una barrera que inexorablemente cae con el tiempo.

El viernes por la noche la emoción por la victoria apenas se disimulaba en el Pantibar, templo de la noche gay dublinesa, donde la bandera del arco iris ondeaba sobre dos enormes murales por el sí. Al borde de la medianoche, el dj paró la música y conectó con la televisión pública para que el público escuchara los resultados del segundo sondeo a pie de urna: el sí ganaba por goleada. Los fieles irrumpían en un jubiloso estruendo, antes de bailar desatados al ritmo irónico de Las chicas solo quieren divertirse, de Cindy Laupper, y Fe, de George Michael. “Esto es enorme”, opinaba Maureen Ryan, de 26 años, con los pies doloridos tras las duras jornadas de campaña. “Es una Irlanda nueva, moderna y compasiva. La lucha no ha terminado, aún hay conquistas pendientes, pero es un inmenso paso adelante”.

Presión para el norte
El histórico voto por la legalización del aborto en la República de Irlanda redobla la presión sobre Irlanda del Norte, la nación británica con la que comparte isla. Irlanda del Norte mantiene un extremadamente estricto régimen del aborto, que no está permitido ni siquiera en casos de violación, incesto o anomalía fatal del feto. La secretaria de Estado británica de Mujer e Igualdad, Penny Mordaunt, dijo el sábado que la contundente victoria del sí al sur de la frontera trae “esperanza” a Irlanda del Norte.

La legalización el aborto en la República de Irlanda facilitará el trámite a las norirlandesas condenadas a viajar para abortar, que podrán hacerlo en un futuro próximo por carretera. En 2016, más de 700 mujeres norirlandesas cruzaron el mar de Irlanda para terminar sus embarazos en Inglaterra.

Promover un cambio en la legislación del aborto en Irlanda del Norte es un asunto delicado, en la medida en que el mayoritario Partido Unionista Democrático (DUP), extremadamente conservador en cuestiones sociales, es el sustento del Gobierno de Theresa May, desde que la primera ministra británica perdió la mayoría absoluta en las elecciones del año pasado. Figuras de los principales partidos británicos se pronunciaron el sábado a favor de una reconsideración de la estricta normativa.

Pero el DUP dejó claro que revisarla no entra en sus planes. Irlanda del Norte “no debe ser presionada a aceptar un aborto a demanda”, dijo Ian Paisley, diputado del DUP en Westminster e hijo del fundador del partido.

#hemeroteca #feminismo | Casa de las Mujeres de Donostia: Un hogar para seguir creciendo en femenino

Imagen: Noticias de Gipuzkoa
Un hogar para seguir creciendo en femenino.
Tras ocho años en funcionamiento, las cifras del último ejercicio muestran que la Casa de las Mujeres ha ganado casi 250 nuevas socias. Cuatro de ellas, junto a dos más veteranas, reflexionan sobre su experiencia personal y sobre el proyecto.
Arantzazu Zabaleta | Noticias de Gipuzkoa, 2018-05-27
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/05/27/vecinos/donostia/un-hogar-para-seguir-creciendo-en-femenino

No es un lugar donde acudir a llorar. “Bueno, eso también”. Pero sobre todo es un lugar al que las mujeres acuden a “reír, a gritar, a hacer, a actuar...” La Casa de las Mujeres de Donostia, tras ocho años de andadura, se ha convertido en algo más que un punto de encuentro. Cuenta con casi 1.000 socias y más de un centenar de personas atraviesa a diario la puerta de las instalaciones de la calle Okendo. Algunas vienen a un taller, a una charla, a un curso, a consultar el ordenador, a jugar al ajedrez, a organizar una protesta, a buscar ayuda o asesoría jurídica, a conocer gente... Y muchas de ellas se quedan, dan un paso más y se integran en algún grupo de trabajo o comisión.

“Te apetece devolver parte de lo que recibes y aportar tú algo”, cuenta Susana Hernández Aparicio. Lleva unos seis años en la Casa de las Mujeres y, sentada junto a otras cinco mujeres que han decidido integrarse en el proyecto más recientemente, reflexiona con este periódico sobre lo que significa y lo que ha supuesto para ella, que comenzó en la batucada, siguió participando en algunos cursos y ahora trabaja en distintas comisiones.

“Yo había venido a charlas y a cosas puntuales. Y al final te vas enganchando”, explica a su lado Arantza Lucas Ortega. Como ella, el resto de las participantes en esta cita comenzó visitando la casa atraída por alguna amiga o conocida y para acudir a actividades concretas: “A mí me hablaron del curso de autodefensa y me encantó cómo se trabaja, conecté con las demás y se convirtió en una cita casi religiosa”, apunta riendo Ane Baztarrika, que participa ahora en distintas áreas de trabajo de la Casa de las Mujeres.

“Es muy fácil, es cómodo”

Una de esas áreas es la comisión de ecofeminismos, en la que coinciden Maria Alonso del Val y Lidia Montesinos Llinares. “Para mí era importante trabajar en grupo estos temas”, cuenta Maria. De un modo u otro, las relaciones que se crean entre quienes se citan en las instalaciones de Okendo son claves para todas. “Hay mujeres de distinta edad, procedencia... la transversalidad del proyecto permite eso”, añade Lidia, que apunta que incluso hay un grupo de antropólogos haciendo un estudio sobre la Casa de las Mujeres como espacio de relaciones. La diversidad es muy amplia y, sin embargo, todas tienen en común la perspectiva feminista que les ha llevado a la calle Okendo. “Eso lo facilita, es muy fácil relacionarse con otras mujeres aquí, es muy cómodo; construir ese tipo de relaciones costaría más fuera de aquí”, reflexiona Arantza.

Disfrutar, emocionarse, maravillarse

“Aquí te das cuenta de que muchas cosas que te suceden no te suceden a ti porque estás loca, sino porque son resultado de la estructura que hay detrás y que nos condiciona a todas”, apunta June González Bertiz, coordinadora de la Casa de las Mujeres, que añade que esos factores comunes hacen que sea fácil ponerse en el lugar de las otras y compartir. “Es un paso hacia el empoderamiento el pasar de estar sola con tus problemas a tomar conciencia de ellos y actuar”, señala Maria. Por eso, es básico que las instalaciones de la calle Okendo sean un espacio de “seguridad, confianza y confidencialidad”.

Pero más allá de compartir experiencias o “de llorar”, el proyecto busca actuar. Y, para eso, el primer paso es dotar a las mujeres de un discurso, ponerle palabra y que cada una pueda responder a muchas preguntas desde una nueva perspectiva.

“No se trata solo de detectar que estamos en una situación peor por el hecho de ser mujeres, sino que se trata de actuar y ver que tenemos capacidad de incidencia, que podemos movilizarnos, y eso da mucho chute”, sonríe June mirando a las demás. “Se trata de gritar; en autodefensa gritamos mucho”, añade Ane.

“Y también de reír”, coinciden. “Nos lo pasamos muy bien”, apunta June, que ha detectado cómo muchas mujeres mayores que vienen, por ejemplo, a talleres o cursos concretos, además de descubrir una nueva perspectiva que les hace revisar su relato de vida, disfrutan, se entusiasman, se maravillan y se ríen. “El proyecto no se centra solo en la idea de víctima, es mucho más”, señala Lidia.

Un colectivo y una red, no un servicio
Esto es posible por la perspectiva transversal de la Casa de las Mujeres, que enlaza ocio, política, arte, formación y ayuda. “Había una necesidad muy clara de un espacio como éste. Creo que por eso hay ya casi 1.000 socias”, apunta June. De todas ellas, casi 250 han sido nuevas incorporaciones en 2017, señal de que el proyecto goza de buena salud y está creciendo. “Hace unos años no se conocía apenas, ahora sí, se ha ido consolidando, haciendo su sitio, y también hay menos reticencias de las que podía haber hace unos años”, considera Susana.

Gran parte de lo que es ahora el proyecto se debe a su estructura: además de contar con financiación de la Diputación, el centro está cogestionado por técnicos del Ayuntamiento y por las propias asociaciones de mujeres, a través de comisiones y grupos de trabajo, una reivindicación clara desde que se empezó a gestar el proyecto. “Eso hace que los temas que se tratan, la agenda, los marcamos nosotras, se trabajan entre todas, no depende una institución externa”, apunta Lidia. Por eso, la Casa de las Mujeres no es un servicio con determinadas usuarias, “sino un colectivo” y una “red bidireccional”, porque “recibes y aportas”. Hay usuarias, pero muchas de ellas en algún momento deciden dar el paso y convertirse, también, en organizadoras. “Y eso, el formar parte de la gestión del centro, es también una herramienta de empoderamiento, te ayuda a contribuir”, apunta Macarena Múgica Urbistondo, recién incorporada al debate.

Todas insisten en que parte del éxito del centro ha sido que distintas asociaciones y distintos feminismos han conseguido sentirla como suya y hacerse su sitio y, en ese sentido, también cada una de las socias ha encontrado su lugar. “Puedes pensar que no tienes nada que aportar y te das cuenta de que sí”, apunta Arantza. “Además de ir sanando, vamos aportando y descubriendo y desarrollando nuestras fortalezas, porque aunque hemos oído el mensaje contrario desde el otro lado de la calle, sabemos que estamos preparadas para muchas cosas y que somos capaces”, añade June.

Tías, abuelas, madres, amigas...
Y es que más allá de la experiencia en las instalaciones de Okendo, todas inciden en que su participación en el proyecto les está suponiendo también un desarrollo personal, “es parte de un proceso de aprendizaje”. Y ese proceso lo están desarrollando mujeres de 18 años, de 30, de 50 y de 70. “Aquí se ve a mujeres de 18 y de 80 entendiéndose y creando juntas y eso en otros espacios no es tan común”, señala Susana. Por eso, además de a sus amigas, invitan a la casa a “tías, abuelas, madres...”. “Se hacen muchísimas cosas, hay de todo. Que se acerquen y lo descubrirán”, apunta Ane.

Algunas de esas actividades, como la fiesta de la Casa de las Mujeres o algunas reuniones, tienen que hacerlas fuera de las instalaciones de Okendo que, tras ocho años, se les han quedado pequeñas. “Por las tardes suele estar todo ocupado a diario, no tenemos un espacio multicultural debidamente acondicionado... Para cuadrar alguna reunión nueva hay que hacer un puzle... No cabemos”, afirma June, que cree que contar con instalaciones mayores ayudaría a reforzar la tendencia al alza y el crecimiento del proyecto.

Mientras tanto, de todas formas, siguen trabajando y animando a quien las quiera escuchar a que se acerque al número 9 de la calle Okendo. “Seguro que todas encuentran su espacio”, añade Susana. Ellas lo han encontrado y aseguran: “Esto engancha”.
  • Los datos
  • 2010. Año de creación de la Casa de las Mujeres, una demanda histórica de colectivos de mujeres.
  • Objetivos. Pretende ser un punto de encuentro para articular a colectivos que trabajan por la igualdad. También hacer crecer el movimiento feminista y atraer a más mujeres a él.
  • Socias. El curso 2016-2017 se cerró con 843 socias, un 30% más que el año anterior. Más de un centenar de mujeres acuden a diario a Okendo.
  • Cogestión. Cuentan con financiación foral y municipal y el Consistorio aporta también las instalaciones y una trabajadora que colabora en la gestión con las representantes de las distintas asociaciones, organizadas en comisiones y grupos de trabajo.

El Consistorio busca un nuevo emplazamiento.
La fuerte subida de socias y de actividades deja pequeñas las instalaciones de la calle Okendo.
Arantzazu Zabaleta | Noticias de Gipuzkoa, 2018-05-27
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/05/27/vecinos/donostia/el-consistorio-busca-un-nuevo-emplazamiento

La Casa de las Mujeres cerró el curso pasado con 843 socias, 243 más que el anterior, y cuenta ya con cerca de un millar. Recientemente, además, ha recibido el premio Elkarlan que otorga el Gobierno Vasco a proyectos que promuevan la generación de valor público compartido para satisfacer las necesidades y retos sociales y que sean capaces de activar procesos de empoderamiento de personas y colectivos.

Crear este espacio era una demanda histórica de movimientos feministas y colectivos de mujeres de la ciudad y, una vez creado, pretende ser un espacio de encuentro para conectar a colectivos y asociaciones que luchan por erradicar la desigualdad, generando fortalezas y sinergias. Es también un espacio para hacer crecer y fortalecer el movimiento feminista a través de la sensibilización y de atraer a mujeres individuales que no estaban asociadas.

Las comisiones y grupos de trabajo de la Casa de las Mujeres conforman, de este modo, una amplia oferta de servicios y actividades en torno a siete ejes: violencia, autonomía económica, ‘artivismo’, cuidados, interculturalidad, autoestima y teoría de género.

Así, en la variada programación de este año, por ejemplo, la Casa de las Mujeres ofrece talleres para comunicar de manera eficiente, para lograr herramientas para un proyecto laboral y elaborar el currículum sin que se invisibilice, para construir nuevos modelos de cuidados o sobre la moda como instrumento de empoderamiento, entre otras cuestiones.

También hay grupos de empoderamiento a través de distintas actividades: hay un teatro de las oprimidas, autodefensa feminista, un banco del tiempo, un laboratorio de arte, una mirada feminista a la historia del arte, grupos de clown, ajedrez, batukada, de ciudades literarias y una escuela feminista de lectoras, por ejemplo.

La Casa de las Mujeres ofrece, asimismo, distintos tipos de servicios o ayuda a quien se acerque a sus instalaciones: asesoría para trabajadoras del hogar, asesoría jurídica en distintos ámbitos, campañas de convalidación de estudios, asesoramiento social, servicio de ordenadores y acceso a Internet, asesoramiento, apoyo o autoayuda.

Consciente de que el equipamiento actual en el número 9 de la calle Okendo se está quedando pequeño, la concejala de Igualdad, Duñike Agirrezabalaga, afirma que el Ayuntamiento pretende buscar un emplazamiento más adecuado.