jueves, 3 de octubre de 2019

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Imagen: La Tercera / Judith Butler
El género, lo queer y la política según Judith Butler.
Patricio Tapia | La Tercera, 2019-10-03

https://www.latercera.com/practico/noticia/genero-queer-politica-judith-butler/845507/

La preocupación central de Judith Butler ha girado en torno a las relaciones de poder y su instauración como formas identitarias. Pero, de manera más concreta, han sido sus teorizaciones sobre la identidad de género y sexual sus intervenciones más destacadas y de mayor figuración. Acá una guía para entender sus ideas.

¿Tiene alguna importancia política la teoría? Judith Butler es feminista, pero también ha criticado el feminismo, especialmente por su noción de identidad que deja fuera de su “ordenamiento” a las “disidencias sexuales” (gais, lesbianas, trans, inter, etc.). Sus ideas teóricas (por ejemplo, sobre la “performatividad”) las ha aplicado en sus libros más recientes a problemas políticos concretos y ha postulado una ética en base a la vulnerabilidad.

De manera que no deja de ser sorprendente, Judith Butler es una autora no sólo reconocida sino también conocida. Suelen ser muy pocos los intelectuales que con sus disquisiciones académicas escapan al estrecho ámbito de su quehacer universitario para alcanzar una presencia social más amplia. En su caso, desde un principio, su labor ha sido una indagación intensamente filosófica, presentada con un estilo de no pocas exigencias, a veces reiterativo, interrogativo, opaco y altamente alusivo. Pero incluso quienes no concuerdan con las formulaciones de Butler reconocen la repercusión que sus planteamientos han tenido en una amplia gama de disciplinas (desde el derecho hasta los estudios literarios) con las que sus intereses se vinculan, y que finalmente han trascendido hacia ciertas causas o activismos políticos.

Su preocupación central ha girado en torno a las relaciones de poder y su instauración como formas identitarias. Pero, de manera más concreta, han sido sus teorizaciones sobre la identidad de género y sexual sus intervenciones más destacadas y de mayor figuración.

Del sujeto al “queer”
Nacida en 1956 Butler estudió filosofía en la década de 1980 y su primer libro, ‘Sujetos de deseo’ (1987; Amorrortu, 2012) examinó los efectos de la obra de Hegel en los filósofos franceses del siglo XX. Sus libros posteriores se basan en parte importante en ideas del psicoanálisis, el feminismo y el posestructuralismo, todos los cuales se ensamblan en sus cuestionamientos de la identidad.

La influencia de Michel Foucault, por ejemplo, y sus estudios históricos de las construcciones variables de la sexualidad en momentos y sociedades diferentes le dieron a Butler una base para sus propias formulaciones del género y la sexualidad como entidades que no son fijas; por otra parte, las teorías del lenguaje de Jacques Derrida complementaron esas posiciones. Por la importancia que Foucault y Derrida tuvieron para ella, se ha tenido como una representante del posestructuralismo. Pero, en todo caso, después de sus elucubraciones sobre el “género performativo” y las posibilidades de la parodia o del drag, ella es considerada como la teórica queer por excelencia. Por cierto, con ‘queer’ (‘raro’), se hacía una apropiación de un término que se usaba para herir o insultar.

La teoría ‘queer’ surgió de la convivencia (no siempre pacífica) y la conjunción (a veces dificultosa) de una serie de otras teorías que se ampliaron a planteamientos feministas y psicoanalíticos. Butler, por ejemplo, abreva en Freud para formular su teorización de la heterosexualidad como una estructura de identidad “melancólica”, en base a una “pérdida” primaria impuesta socialmente o bien al rechazo del deseo homosexual. La “heterosexualidad melancólica” es una de las contribuciones importantes de Butler a la teoría ‘queer’.

Las corrientes ‘queer’ —inspiradas en la obra de Butler— le han criticado al feminismo su regulación del término “género”, por considerar que consolida un binarismo masculino-femenino de “matriz heterosexual”, dejando fuera de su “normalización” a las “disidencias sexuales” (no sólo homosexuales y lesbianas, sino también transexuales o intersexuales, entre otros). Estas corrientes han sido provechosas para el feminismo porque lo han obligado a introducir otras categorías en su concepción del género.

Sexo y género
Si las corrientes conservadoras se manifiestan, mediante campañas incluso, contra la “ideología de género”, también el concepto de género ha sido puesto bajo sospecha por las teorías de Butler. Para ella el mismo término es “el emplazamiento para la pugna entre varios intereses”, como escribe en ‘Deshacer el género’ (2006; Paidós, 2018).

En el más conocido de sus libros, también considerado como uno de los más importantes, ‘El género en disputa’ (1990, Paidós, 2019), Butler criticaba la distinción entre “sexo” como algo biológico y “género” como algo socialmente construido. Desestima la idea de que el género o el sexo sean “una cosa sustancial” y argumenta en el sentido de que una cultura no sólo heterosexual sino heterosexista establece la coherencia de esas categorías para mantener un orden en que hombres y mujeres están llamados o incluso forzados a ser heterosexuales. Afirma que las identidades de género que no se ajustan a este sistema exponen cómo las normas genéricas son instituidas y mantenidas por el orden social. Como ejemplo cita el caso de Herculine Barbin, un hermafrodita del siglo XIX que no se puede clasificar dentro de los términos del género heterosexual, que siempre supone una correlación simple entre sexo y género. Tales “disonancias” genéricas demuestran que el género es no sólo una construcción, sino algo “performativo”, otra de sus ideas de mayor influencia.

En ‘Cuerpos que importan’ (1993; Paidós, 2002) la autora señaló que frente a los cuerpos “inteligibles”, hay otros que son “abyectos” porque no tienen sentido en los esquemas predominantes. Y en lugar de suponer que el sistema de dos sexos se complica repentinamente cada vez que se ve enfrentado con algo “raro” o extraño, era necesario preguntarse cuáles eran las condiciones en las que algo o alguien parece raro o extraño. Aquí estaría el centro del concepto ‘queer’.

Pero así como las disonancias genéricas serían demostrativas de la “performatividad”, también ella se manifiesta en prácticas paródicas como los ‘drag’.

Performatividad, performance y drag
En ‘El género en disputa’ Butler plantea que el ‘drag’ o travesti sirve como la instancia más notoria de lo “extraño”, generando una interpretación que pone en duda la naturalidad del sistema de dos sexos: “Al imitar el género, la travestida manifiesta de forma implícita la estructura imitativa del género en sí, así como su contingencia”. El travesti no sólo revela al espectador la ilusión de género como identidad original y permanente, sino que también sirve para entender el género como una actuación más que como una esencia, es decir, como una “reiteración estilizada de actos”.

En ‘Cuerpos que importan’, por su parte, respondiendo a ciertas acusaciones, vuelve más compleja esta explicación de la performatividad al distinguir entre el género como algo “performativo” (“la cita forzada de una norma”) y el ‘drag’ como una “performance” (“la cita paródica de una norma “). Lo que queda, es la idea del ‘drag’ como ocasión para un acto interpretativo que permite ver lo que usualmente consideramos propiedades permanentes como una práctica más bien cambiante. El género sería obligatorio de una manera que el ‘drag’ no lo es, aunque ambos serían actuaciones imitativas carentes de un original al que imitar. El drag sería una actuación artística y no la reproducción fiel de un contenido que supuestamente imita.

Pero Butler no postula que la identidad de género sea una “actuación”, ya que eso presupondría la existencia de un sujeto o un actor que actúe. Lo que ella afirma es que es la “performance” la que existe antes del que la realiza. Este argumento, que ciertamente no es fácil de entender, ha llevado a no pocos intérpretes y lectores de sus libros a confundir “performatividad” con “performance” (ella ha admitido que, en un principio, cuando formuló la idea, tampoco diferenciaba muy claramente ambas nociones).

Ahora bien, en parte, la noción de “performatividad” generó una serie de controversias por quienes consideraban que su pensamiento socava la acción política. Por ejemplo, las objeciones de la filósofa Martha Nussbaum en uno de sus afilados artículos se dirigían a lo que ella percibía como la falta de compromiso de Butler, porque todas sus meditaciones llevarían a una aceptación pasiva de la situación existente o bien a actos de protesta menores o simbólicos. Nussbaum no consideraba la parodia y la resistencia como alternativas suficientes para las mujeres oprimidas. Pero la acusación de Nussbaum no es del todo justificada considerando las derivas posteriores de Butler en lo se ha dado en llamar su “giro ético”.

Ética y política
Butler ha tenido un continuo interés en el dolor y el duelo frente al desarrollo de una ética política, desde sus obras posteriores al 11 de septiembre estadounidense (del 2001) cuando enmarca las reacciones a tales eventos en términos de la precariedad de la vida. De esta suerte, argumentó que la venganza violenta de las medidas tomadas por el gobierno de su país no sólo negaban la condición vulnerable de las personas sino que amenazaban aún más su seguridad.

La ética que Butler comenzó a desarrollar en escritos como ‘Vida precaria’ (2004; Paidós, 2006) o ‘Deshacer el género’ es potencialmente global y surge de una experiencia humana común de vulnerabilidad y, en particular, de vulnerabilidad a la violencia. ‘Vida precaria’ contiene una serie de ensayos en los que Butler reflexiona sobre la política después de los acontecimientos señalados, especialmente como una oportunidad perdida: cuando en lugar de intentar redefinirse como parte de la comunidad global, en Estados Unidos se instaura un discurso nacionalista y mayores mecanismos de vigilancia y censura.

En uno de sus libros más recientes, ‘Cuerpos aliados y lucha política’ (2015; Paidós, 2019), la tesis principal es que la actuación en conjunto puede cuestionar las distribuciones jerárquicas del poder. La unión de cuerpos es ella misma una forma de política. Vuelve aquí sobre su noción de “performatividad”, pero la usa para iluminar la política de la calle. Insta a pensar en los efectos políticos que se producen cuando los cuerpos aparecen en la plaza pública. Según Butler, los cuerpos reunidos en asambleas tienen un “efecto significante” e incluso cuando las personas se paran en silencio, sus cuerpos “dicen” que no son desechables. Al reunirse en gran número, son además menos vulnerables, pues aparece la idea de la precariedad. Para ellas las grandes manifestaciones, ocupaciones y vigilias (desde la Primavera Árabe y “Occupy Wall Street” hasta “Black Lives Matter”) exponen el cuerpo, pero también resaltan su necesidad de refugio, comida, cuidado o empleo. De cierta manera, el libro es el intento más explícito de Butler de reunir una serie de temas presentes en el conjunto de su obra: desde las políticas de género, “performatividad”, cuerpo y lenguaje que figuran en sus escritos de la década de los noventa hasta aquellos más recientes sobre la vulnerabilidad y la precariedad.

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